Disclaimer: los personajes no son mios, les pertenecen a sus respectivos dueños.

.

.

.

.

.

Capitulo 2: Bienvenida

.

.

El recién llegado presentó síntomas de una enfermedad respiratoria, debido a los intentos desesperados por respirar y el sangrado al escupir saliva. Aún esperamos que lleguen familiares o algún tutor por la niña que vino en la ambulancia. Lamentablemente el esposo del paciente está al otro lado del mundo, pero sabe de la mala noticia según su agente. No podemos decirle a la pequeña que su madre no sobreviva los próximos meses según los estudios realizados.

Clave Roja.

Personal disponible tiene que ir a la habitación 016.

.

.

Amelie despertó. Lo que le pareció extraño fue que estaba colgada de los píes. Su sangre bajó, y su cabeza daba vueltas queriendo explotar. Se alteró al no tener ropa, estaba desnuda. No había señal de sus prendas. En la mesa a junto, se encontraba un cuchillo, un par de tijeras, unos pedazos de ropa (probablemente de su campera térmica) y unas vendas. La habitación era vacía, era todo de metal y tubos traspasaban las paredes frías. Notó también que, a un lado de su cuello, tenía un pequeño corte en su piel, en donde su sangre salía de gota a gota, manchando el suelo. Por alguna razón, quien quiera que fuera, la querían viva. Lo que la sujetaba era una cuerda, y para liberarse, tenía que balancearse hacia la mesa, agarrar el cuchillo y cortar la cuerda. Sólo que, de la puerta, tenía miedo de que alguien venga y la encuentre haciendo eso.

-¿Por qué me quitaron la ropa? ¿Qué querían fijarse?

Dejó de moverse al escuchar pasos. Eran dos hombres con uniformes. Entrecerró los ojos, mientras podía verlos y escucharlos. Pasó tanto tiempo lejos de la Tierra que olvidó el lenguaje ruso. Los sujetos intercambiaron palabras, uno de ellos la señaló y el otro asentó. El que la había apuntado con el dedo, le entregó a su compañero un cuaderno y una lapicera. Después de intercambiar opiniones, se separaron. El tipo que se encontraba en la habitación se acercó a Amelie. Comenzó a escribir en la libreta mientras veía cada rincón de su cuerpo. Con la lapicera, tanteó su ombligo ¿Qué quería saber? No había regresado a este planeta para que la atrapen otra vez. El soldado al darse vuelta, la mujer aprovechó para alzar su torso y con sus manos, quebrarle el cuello. El cuerpo del sujeto se desplomó junto con la libreta. Ella comenzó a balancearse nuevamente y logró tomar el cuchillo. La desesperación pudo cortar la cuerda. Ya en el suelo, comenzó a desvestir al soldado. Su uniforme le quedaría un poco grande, aunque la talla en estos momentos no importaba nada.

-Huele raro… - Dijo Amelie ya vestida como el soldado. – Éste tipo es viejo, como de unos cincuenta años. El casco y la máscara me tapan la cara. Debo recuperar la carta.

Al darse cuenta que mató a un tipo, en una habitación donde ella estaba capturada, alertaría a los demás. Rompió el foco de la luz, para que al prenderla no habría electricidad que ilumine el lugar. Abrió la puerta y respiró hondo.

El pasillo era largo, y había otras habitaciones. En el fondo logró ver una cámara de seguridad. Al darse cuenta que había una cámara, pensó que probablemente sus cosas estén ahí, aunque sea peligroso. No le importaba el medikit o sus armas, lo que le importaba recuperar es la carta de Ana. Los carteles estaban en ruso. Pudo guiarse por las flechas mal pintadas. No había mapa, eso era malo. Al llegar a la sala de seguridad, después de caminar en círculos, pudo ver por las pantallas que, estaba en el aire. Ella se encontraba en el cielo, en una enorme nave. En la sala había tres soldados sentados, y uno parado tomando algún líquido caliente. Amelie al tener objetos que le ocultan la cara, pudo pasar desapercibida en el lugar. Comenzó a mirar y pudo ver la carta, debajo de una carpeta. ¿Cómo haría para agarrarla? En un rincón, había un tacho de basura. Lo tomó y comenzó a buscar papeles. Mientras los demás seguían hablando, pudo agarrar la carta y la tiró dentro del tacho, haciendo parecer que arrojó basura. Con total normalidad, se acercaba a la salida.

Amelie se asustó al oír que el ruso que sostenía la taza caliente le habló. Continuó dirigiéndole la palabra pero no pudo saber que decía. Al notar que los demás la observaban, sólo asentó. Él y los otros tiraron algunas cosas que no servían en el tacho. Querían saber si tiraría la basura. Uno de ellos habló y el resto rió. Salió de la sala de seguridad, aliviada.

-Eso estuvo cerca. – Murmuró.

La prioridad ahora era escapar de esta nava, sea como sea. No sabía su destino ni el cargamento que llevaba consigo, pero con soldados dispuestos a matar, tenía que ser derribada. Amelie tenía experiencia en sabotear vehículos, además venía de otro planeta que le enseñaron más cosas de las que sabía. Primero, tendría que encontrar un paracaídas, segundo, colocar explosivos en cualquiera de los motores de la nave y tercero, salir viva.

La alarma no se había disparado. Aún no notaron que se escapó y mató a uno de los suyos.

-Tengo que buscar algún explosivo. Debo escapar de aquí.

Dejó en un rincón el tacho con la basura dentro. Se guiaba con los carteles que estaban pegados, aún estando en ruso. Pasó una patrulla de dos tipos, parecía de rutina. Pudo notar en el dibujo que veía una persona con un encendedor en la mano, que prohibía el paso a esta sección. Miró a ambos lados, y entró.

.

Los pilotos seguían su curso prefijado. Hablaban su lengua, intercambiando palabras con los soldados que pasaban por la cabina. Uno de ellos notó en el sistema que el motor derecho de la nave fallaba, como el sistema eléctrico. Junto con la alarma roja, se sintió una gran explosión.

(Shadow of the Colossus ost a despair filled farewell)

Tanto como los tripulantes, las cajas y todo lo que se pueda mover, comenzó a desplazarse hacia la derecha lentamente. El altímetro disminuía al paso de los segundos. De los diez mil metros, bajó a nueve mil. Amelie tenía que esperar a que bajara más, si saldría de la nave a esa altura, la falta de oxigeno sería un enemigo mas. Los soldados se percataron de que la "Vdova" como la llamaban los rusos de aquí, se escapó. Usarían fuerza letal contra el prisionero.

-¡Vdova!

Un soldado pudo reconocer al objetivo, que no dudó en dispararle. Amelie respondió de la misma manera, usando la escopeta que agarró. Cada pasillo que recorría, tenía las luces rojas, la nave seguía bajando. Ya saboteó los motores, ahora tenía que encontrar una salida al exterior. Al entrar en una sección, pudo ver el cuchillo que se le venía al cuello. Una patrulla la acorraló y no tenía intenciones de dejarla con vida. Logró atrapar al soldado y ponerlo de espaldas a ella, y el resto disparó, matando a su colega. Empujó al tipo contra los demás y se acercó rápidamente al de su izquierda. Le golpeó la entrepierna, quedando con el cuerpo bajo y usándolo para desplazarse por la espalda. Desarmó al que se le venía de frente, continuó con un culatazo del arma y disparó al de atrás. Amelie recibió un golpe en sus costillas para luego ser capturada del cuello. Le pisó el pie con el talón y al estar libre por segundos, continuó con un codazo en la tráquea. Ya con todos fuera de combate, continuó corriendo.

Al tener acceso al área exterior, lo que buscaba estaba colgado en un gancho: un paracaídas. Sin pensarlo, salió. Corría por la nave lo más pegada al techo posible, con el viento en su contra. Las patrullas le disparaban al pasar cerca de las ventanas y las barandas que conectaban cada parte del lugar. Saltó un hueco del puente con las balas pasando cerca de ella, quedando colgada y con un vacío a sus pies. Continuaban gritándole "Vdova" mientras disparaban. Amelie subió nuevamente y buscó la mejor parte para tirarse. Una explosión sacudió la nave y fragmentos del ala derecha se desprendían, avivando el fuego y el humo en esa zona, aumentando la velocidad de descenso. Usando el viendo a su favor, saltó y regresó al mismo lugar. Movilizándose hasta la cola, con los motores dando el esfuerzo para amortiguar la caída. Notó vegetación abajo. Miró hacia atrás y vio figuras que se acercaban. Más explosiones se detonaban y los motores llegaban al máximo de su capacidad. Cerró los ojos y tomando valor. Saltó al vacío.

.

.

.

Compró un pequeño ramo de flores. Unas bellas rosas rojas. Tendría tiempo de ir unos minutos al cementerio antes de llegar a la escuela de danza. Tomó un taxi y en minutos llegó al lugar del descanso eterno. Tras pagar el viaje, entró al lugar. Había un funeral a unos metros. Una pareja de ancianos miraba una lápida. Bajo un árbol, estaba la tumba de su madre. Amelie Guillard sonrió al ver la foto de su hermosa progenitora y ella de bebé. Dejó el ramo de rosas.

Cuando regresó hace unas semanas a bailar, cuando ya estaba lista, le costaba otra vez moverse. Hasta la profesora veía que le costaba algunas técnicas, pero veía esas ganas de continuar aún cuando se equivocaba. Una de las virtudes de Amelie era levantarse después de haberse equivocado.

Regresó a la mansión Guillard después de la clase. Papá traería una amiga a cenar. Supo que después de doce años era momento de seguir el camino. Amelie no quería pretender ser la mejor hija del mundo solo para complacer a la visita. Es su casa y ella decidiría que ponerse. No un vestido caro, si no algo más cómodo. Se sentó en el sofá mientras tenía los auriculares puestos y esperó.

Al pasar unos momentos, vio por el rabillo de ojo movimiento. Su padre y su compañera habían llegado.

-¡Papá! No te escuché lo siento… - Se disculpó Amelie.

-Sé que estuviste ocupada hoy ¿La foto sigue ahí?

-Si pa, sigue en buenas condiciones. Le dejé unas rosas a mamá. – Ella suspiró. – ¿Nos vas a presentar?

-Oh lo siento. Amelie, ella es una compañera de trabajo, la señora Katya Volskaya de Industrias Volskaya.

Ambas mujeres se estrecharon la mano.

-Tú padre me habló mucho de ti, Amelie.

-¿Eres de otro país? Lo siento señora Volskaya.

-Nada de formalidades conmigo, Amelie. Soy rusa y llámame Katya… por favor…

La elegante mujer sonrió

.

.

.

Abrió los ojos. Pensó que al saltar de la nave y aterrizar entre aquellos arboles la matarían por el fuerte choque. Su cabeza tenía una pequeña cortada. Su pierna derecha como su abdomen tenían vendajes que cubrían las heridas producidas por las ramas. ¿Quién tuvo la amabilidad de curarla? ¿Y quien fue el que la trajo a una carpa? Podía oír pasos alrededor de donde estaba acostada. Escuchó algunas charlas que el tema era de ella. La gente del lugar hablaba de Widowmaker, es el tema del día. Se percató de que alguien quería entrar a la carpa, los sujetos que vigilaban le dejaron paso. Ella cerró los ojos para aparentar que dormía. Escuchó al que entró que se rió levemente.

-Sé que estas despierta, Widowmaker. – Dijo él. – Vaya espectáculo el que creaste ¿eh? ¿Derribaste esa nave tú sola? Menos mal que el paracaídas te salvó.

-¿Cómo sabes de… tú? Yo te conozco…

Amelie se apoyó en sus manos, quedando con el torso arriba. Ese rostro se le hacía muy familiar. La ultima vez que lo vio fue cuando… dejémonos de detalles. Pasó tanto tiempo lejos de este mundo, y fue una gran sorpresa al verlo con vida.

-¿No recuerdas como me llamo, capitán?

-Ya no soy capitán ni nada de eso eh…

-Jean Baptiste Augustin. – Le hizo recordar el nombre.

-Jean… JEAN ¡JEAN! Por dios, sigues vivo… ¿Cómo? – Amelie se la veía sorprendida.

El moreno se levantó sonriente. La ayudó a ponerse de pie. Hasta él se impactó de que sea abrazado por ella.

-También me alegra verte Widow. ¿Puedes caminar?

-Si puedo. – Apenas movía las piernas. – Jean por favor dime que esto no es un sueño.

-No lo es capitán. – Dijo Baptiste mientras caminaba con ella por el campamento. – oh lo siento Widow, es que la última vez que nos vimos, tenías ese rango.

-Pasaron tantas cosas aquí como en donde estuve, Jean. – Amelie sentía las miradas de las personas del lugar.

No había militares, solo gente que sobrevivía como podía es esa mañana fría. Algunos tenían armas de guerra pero se notaba que no eran soldados ni pertenecían a Talon o al Régimen, si es que aun existía aquí. El y ella continuaron caminando por el campamento.

-Jean debo preguntar: ¿Cómo sobreviviste?

El moreno sonrió, - Después de que el coronel Bahamut traspasó ese portal contigo* (1) las cosas con el Régimen empezaron a ponerse un poco heavies aquí. Él mantenía el orden en el mundo, DeadEye Joe quedó a cargo y todo Talon sabía que no lo manejaría bien. Cuando Reaper me ordenó que capturara a Fareeha.

-Espera ¿Viste a Fareeha Amari? Debo entregarle algo muy importante, una carta que Ana le escribió.

-¿Ana Amari sigue viva? – Preguntó Jean.

Amelie se quedó callada, eso bastaba para responder la pregunta. * (2)

Ambos terminaron en un edificio que servía como base de control. Unos de los guardias saludó a Baptiste y después apretó un botón que, activó la puerta. Supo que sería llevada al que estaba a cargo del campamento. Había cajas de suministros, armas y medicamentos. Unos tipos se quedaron viéndola. Había una chimenea con fuego, que calentaba la habitación, y frente a la leña en llamas, se encontraba una figura grande, con sobretodo y capucha. Se notaba que el sujeto era musculoso, y mas alto que Jean y Widow juntos. El moreno se acercó a su oído.

-Eh Widow, no te asustes cuando lo veas, es el mismo pero con algunos cambios que se notan mucho. – Le murmuró

-¿"Es el mismo"? ¿Quién es? – Le respondió de la misma manera.

Jean Baptiste se acercó a una mesa, y se sirvió agua. Un vaso para él y uno para ella. Se lo entregó se sentó en una silla, dejando a Widowmaker frente al tipo. Sin darse vuelta, empezó a hablar.

-Widowmaker, la verdadera, supongo. – Dijo.

La voz era muy fuerte, estaba como alterada, un poco mecánica.

-Eh… ¿Si? Gracias por atender mis heridas, pero tengo una tarea que hacer aquí. Primero: tengo un millón de preguntas. ¿Qué pasó aquí? ¿Quiénes son ustedes? ¿Quién eres?

-Jean y yo debemos ir a la isla de Malta, y tú iras con nosotros mientras respondo todas tus preguntas y después respondes las mías. – el tipo se rio nervioso. – Quiero ser franco contigo, Widow. Aunque tenga una apariencia diferente a la de ustedes…

-¿Apariencia?

-Soy el mismo. Widow… - El sujeto se dio vuelta.

La expresión facial de Amelie era de sorpresa. Los brazos eran prótesis robóticas. El resto del cuerpo iba del humano al animal. Tenia cola y cabeza de lobo, como si un perro se tratase, pero ella ya tenía experiencia en seres que hablaban, hasta tenía un amigo de ese tipo. * (3)

-Widow… soy yo… Ian. De la resistencia. ¿me recuerdas?

Comenzó a buscar en su mente el nombre Ian. Hizo fuerza por momentos hasta que la lámpara se encendió al recordarlo. Si cuando lo encontraron estaba muerto ¿Cómo terminó así?

-¿Ian? ¿Qué te pasó?

.

.

.

.

.

Continuará…

.

.

.

.

.

*1 *2 : hacen referencia al fanfic Rises: Héroe Rojo, donde Widowmaker es testigo de la muerte de Ana Amari por el coronel Bahamut.

*3 : Hace referencia a Nack la comadreja, habitante de Mobius y amigo cercano de Widowmaker en su estadía en dicho planeta.

Capitulo 2 entregado! Vamos conociendo que pasó en el planeta Tierra de a poco, y vamos reconociendo viejos rostros. Ian ha vuelto de la muerte, y el que lo trajo otra vez tiene una conexión directa con la creación de Widowmaker, que se revelará en el siguiente capitulo! Nos estamos leyendo! Gracias a todos y buen lunes!