Disclaimer: los personajes no son míos, les pertenecen a sus respectivos dueños.
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Capítulo Final: Querida hija
Pasaron cinco días desde que el Régimen militar que inició el coronel Bahamut dejó de existir, todavía se sentía la alegría de haber acabado con esa pesadilla en los soldados de ambos lados, aunque los prisioneros de guerra no faltaban. La ayuda que había mencionado la doctora Ziegler meses atrás se volvió realidad: ¡Las fuerzas GUN llegaron al planeta! El apoyo bélico de ese ejército venido de otro lugar se encargaba de brindar ayuda médica como la eliminación de enemigos en escaramuzas y batallas. En sesenta días, la Tierra quedó completamente libre.
Ian junto a Baptiste se acercaron a la tienda junto con un par de botellas de cerveza en manos.
–¡AMELIE! Mira lo que conseguimos.
El moreno corrió las cortinas en donde pudo verla luchar con su brazo enyesado e Ian fue a ayudarla.
–Gracias – Agradeció ella al tener su remera bien colocada.
–¿Aún te duele cuando mueves los dedos? – Preguntó el mitad lobo.
–Apenas, en unos días ya me tienen que sacar esto.
–Suerte que no te rompiste alguna pierna… Oye ¿Quieres?
–¿No es un poco temprano para beber, Bap?
–Son las doce, Amelie. – Dijo el moreno.
–¡Es tarde!
Amelie se levantó de golpe, produciendo un pequeño quejido al mover brusco su brazo. Entre ambos, la calmaron.
–Haz hecho suficiente, Amelie. Te mereces un descanso.
Ian después de hablar terminó su botella en un par de tragos. La mujer supo que tenía que hacer algo mucho más importante.
–¿Dónde está Junkrat?
…
32 horas después…
El helicóptero descendía a tierra firme, en donde las tropas salieron desde las puertas laterales. Esperaron a que su comandante al mando salga junto con los demás. Jack Morrison ordenó que se movieran.
Las tropas de desplazaban entre el denso bosque con Junkrat como su guía. Hanzo tensó su arco al escuchar ruidos en las copas de los árboles, al ver qué eran solo pájaros, se calmó. Ashe pudo ver con sus binoculares una casa asediada por la naturaleza a su derecha, unos metros más adelante. Fue extraño ver que con las rocas se formaba un perfecto camino con algunos arbustos adornando los bordes hasta llegar a la entrada principal del lugar. El grupo entro, sabiendo que no habría amenazas igualmente no sacaron sus dedos de los gatillos. Se dispersaron entre los pisos.
Ian y Baptiste se acercaron a la sala de estar, en donde encontraron una tetera y la taza ambas vacías. En la chimenea había restos de ceniza.
En un cuarto, Angela Ziegler junto a Brigitte y Jack vieron papeles en el suelo con bocetos. En uno de esos intentos de dibujo que estaban en la mesa, se encontraba una adolescente sentada en el pasto mirando el amanecer. En la esquina de la hoja, notaron que las letras eran de Fareeha por la forma de la escritura. El comandante sabiendo ese idioma, leyó el título del dibujo.
"El sueño de Monika"
Amelie con la compañía de Junkrat se acercaron a la cocina mientras el resto de los soldados registraba la casa. Ella comenzó a inspeccionar con la mirada el lugar. Los únicos dos platos que había estaban en el lavadero. El horno no tenía comida ni siquiera en los frascos de vidrio, solo insectos.
En una de esas, Amelie miró por la ventana…
Un nudo en la garganta se produjo al ver ese machete clavado en esa colina. Sin pensarlo salió corriendo hasta llegar ahí con Junkrat pisándole los talones. No era necesario preguntar, Amelie supo desde que llegó aquí que encontraría a Fareeha Amari de esta forma.
–No quería decirte la verdad… – La voz de Junkrat se notaba pesada – Estabas tan decidida en cumplir esa promesa. Quería que tu esperanza de mantenga en alto. Si tienes ganas de mandarme al demonio, tienes derecho a…
–No. – Amelie lo interrumpió – De alguna forma lo sabría… Junkrat, gracias por apoyarme… ¿La tienes a mano?
Sacó de su bolsillo la carta de Ana dándosela. Supo que era un momento muy íntimo, así que junto a una sonrisa y una palmada en la espalda, Junkrat se alejó para dejarla a solas.
Bajo la estricta regla que le dijo Ana que si o si la carta tendría que leerla su hija, Amelie haría los honores. Fue difícil abrirla con una mano, el yeso no ayudaba mucho. La recogió del suelo tras soltarla por los nervios. Suspiró al ver las primeras letras. Escuchó el canto de unas aves que pasaron cerca junto al ligero viento de esa mañana. Comenzó a leer.
Junkrat bajó la vista al notar que la francesa cayó en lágrimas.
…
Esa misma tarde se organizó una limpieza en la zona. Una nave de GUN ayudó en la logística mientras las tropas de tierra junto con los soldados se aseguraban de que no haya resistencia enemiga. Cerca de la casa, de preparó la comida para todos. Amelie sostenía una botella de vino con un vaso de vidrio colocado en la boca del envase mientras se acercaba a Junkrat que, terminó de comer el segundo plato de carne asada. Tanto como Ian y los demás supieron las intenciones, los dejaron solos no sin antes saludarla con respeto.
–¿Es para mí?
Él vio como Amelie le servía vino en el vaso y ella se quedó con la botella, haciendo que se riera unos momentos.
–Se que no te gusta el vino, pero es lo más fuerte que conseguí.
–Entonces ¿Cómo estás? – Preguntó él.
–Enojada… algo triste, un poco confundida… pero en verdad, estoy en paz. Junkrat, Jack encontró dibujos ¿Sabes quién es la que aparece dibujada?
En un trago, terminó el vino a lo que Amelie le sirvió un poco más. Soltó una pequeña risa al recordarla.
–Mira: no se de dónde salió, si ese robot era un proyecto fallido o apareció de la nada. Venía con Fareeha y parecía que se llevaba muy bien. La ayudé a enterrarla cuando… bueno. Pero sabes, la vi feliz.
–¿Cómo se llamaba? – Preguntó Amelie.
Se acomodó para responderle mientras frotaba su barba.
–Monika.
–Si la ves, agradécele de mí parte. Al menos se que no estaba sola. Me alegra.
Junkrat asentó. Hubo un momento de silencio a lo que aprovecharon para tomar vino.
–La Tierra está libre de dictadores y locos con machetes, empezaré de cero en mí granja. Tal vez me dedique a la producción de alcohol. Malditos robots, espero que la estén manteniendo. ¿Qué vas a hacer tú, Amelie?
–Pasé por un camino extraño, Junkrat. De aquí a allá, de allá a acá. Guerras, muertes. Tomaré tu decisión como un ejemplo: empezaré de cero… pero no aquí.
–¿Qué?
–Este lugar ya, no lo veo como antes. Tengo buenos recuerdos si pero, no es lo mismo ¿Me entiendes? En Mobius, es diferente. Puedo vivir en un campo si quisiera, aunque dejaría las amistades que hice aquí.
–No será imposible no volvernos a ver, con los tipos que vinieron de ese planeta de abrirán nuevas puertas diplomáticas. No estarás lejos, podríamos ir de vacaciones a Mobius, aunque pase un tiempo.
Junkrat posó su mano en el hombro de la mujer. Entendía su postura y le diría lo que se más desea.
–Ve y haz una vida nueva, Amelie. Te lo mereces.
…
La nave de carga regresaría a Mobius para buscar nuevos suministros médicos. Los pilotos tenían órdenes de llevar a dos pasajeros con ellos. Mientras esperaban en la cabina de mando, chequeaban el estado de la máquina.
Brigitte suspiró al ver su armadura siendo guardada en las cajas dentro de la nave. Se colocó la mochila al mismo tiempo que el grupo de acercaba a despedirse tanto de ella como de Amelie.
–Es una pena que te vayas, grandota. – La voz de Ian de oía triste.
–Vamos a estar comunicados, no me pongas esa cara.
–La cara de perrito mojado ya la tiene. – Dijo Ashe a lo que algunos se rieron, llevándose un golpe en el hombro de parte de Bob, su robot.
–¿Estás segura de que no quieres venir con nosotras, Angela?
–Estas personas necesitan un médico que los ayude, Brigitte; mándale saludos a Shadow.
–Serán dados… ¿Dónde está Amelie? Se está tardamos mucho…
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Pasó un largo tiempo viéndose al espejo. Esa mirada ya la había reconocido antes. Ya no era la guardaespaldas personal de un genocida ni un experimento de laboratorio, es Amelie Guillard. Secó su rostro con la toalla y viéndose a los ojos, sonrió. Salió del baño y agarró su bolso con su ropa, dirigiéndose a la pista.
El grupo supo que era una despedida, la volverían a ver si, pero ella tendría que restaurar los momentos que le fueron arrebatados. Amelie se detuvo viendo a cada uno de los que estaban ahí. Jack Morrison, Angela Ziegler, Hanzo Shimada, Ashe con Bob, Ian y Baptiste sabían que diría algo antes de irse con Brigitte.
–No quiero extender mucho y tampoco pretendo ponerlos sensibles, quiero decirles que a pesar de saber las cosas que hice, nunca perdieron la fe en mí.
–Nunca lo hicimos. – Angela notó que la francesa se le humedecieron los ojos.
–Ahhh ¿Vas a llorar? – Ashe entre risas la enredó con sus brazos.
Entre todos la abrazaron al mismo tiempo que le daban coscorrones y halagos. La nave prendió los motores, esa fue la señal. Brigitte como Amelie se subieron mientras los demás las despedían. La máquina comenzó a desplazarse por la pista hasta levantar vuelo en esa hermosa mañana, con destino a Mobius.
Que buen día para empezar…
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Un años después…
Ciudad Gótica 22:00 hrs
En los callejones de la ciudad del crimen, un vagabundo cayó al suelo al ver que de repente apareció una especie de portal rojo y dentro de él, salía un animal antropomórfico con una máscara de metal y un rubí brillando en su pecho; al mismo tiempo en New York en otro portal salía una chica latina hackeando la cámara que tenía encima usando su mano.
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"Querida hija…
Toda madre quiere lo mejor para sus hijos; que crezcan sanos, que formen una familia y hagan una hermosa vida con o sin nada. No estaré ahí para verte como la mujer que eres. Siempre supe que mí destino era morir en batalla, defendiendo al planeta, a mí país y a ti; era mí deber como agente de Overwatch. Te prometí que cuando la guerra terminara, haríamos una casa en las montañas, lejos de todo. Bueno, creo que será una promesa que nunca cumpliré. Si hubiera una forma de evitar esto, con gusto lo haría.
Bahamut rodeó la isla en donde estoy, esta es mí última oportunidad de "hablar" de madre a hija. Widowmaker de encargará de entregar ésta carta a tus manos y cuando la leas, bueno, ya sabrás lo que pasó.
No quiero alargarme, y se está agotando la tinta.
Fareeha, hija mía, eres lo más maravilloso que me pasó en la vida y estoy orgullosa de ti.
En donde quiera que estés, yo estaré ahí, acompañándote.
Te quiere, tu madre, Ana Amari…
Amelie, si estás leyendo esta parte… gracias."
