Bajo tu mascara

Cap.1

Una extraña jugadora

¿Cumplo con los requisitos?

El mundo de los casinos, yo he vivido en ellos durante toda mi vida, mi madre era una mujerzuela que se acostó con varios hombres adinerados, claro que ella no era tonta, no era un puta barata de esquina, no claro que no, sus clientes, después de una intensa noche de apuestas llenas de ceros, iban a ella, como la sexoservidora cara que era, daba buenos servicios, a temprana edad pude observar algunos, no son recuerdos nada agradables, pero, ¿Quién ha tenido una infancia memorable en todo el sentido?...

Bueno, tal vez la chica de la que les voy a hablar esta noche la allá tenido.

Aún recuerdo cuando la vi por primera vez.

Llegó tocando mi puerta.

— Señorita. —Una voz, irrumpió en las paredes de mi habitación.

— Willow —la reprendí inmediatamente. — ¿Cuántas veces tengo que decirte que toques la puerta antes de entrar?

Willow, era una chica sencilla, su humilde origen era muy notorio, lo cual me sacaba de quicio. Su cabellera oscura siempre estaba impecable sujeta por un pequeño pasador, regalo de sus padres supongo, jamás he visto una pizca de maquillaje en su rostro, pero nunca faltaba en él una mancha de suciedad, debido a las labores que yo misma le asignaba. Ella era un blanco perfecto para humillar cada que se me diera la gana.

— Lo lamento mucho —ella enseguida bajo la cabeza, tenía poco tiempo conmigo, pero fue suficiente para que entendiera cuál era su lugar.

— Oh, Willow —me levante del pequeño banco, donde le estaba dando unos retoques a mi maquillaje frente al tocador.

Camine segura y firme hacia la chica, me deleito ver como apretaba de forma nerviosa aquel uniforme que la servidumbre utilizaba en mi casa.

— ¿Qué voy a hacer contigo? —le pregunte mientras tomaba su rostro, sus ojos verdes me miraban afligidos y sus labios se apretaban entre ellos reprimiendo lo que sea que me quisiera decir.

— Te propongo un trato —sonreí— esta semana ha sido muy dura para ti —sin su consentimiento le di un leve apretón en las costillas, que ya estaban bastante marcadas— si la visita de hoy es de mi agrado, dejaré que comas dos veces al día y si no…

Puse mis manos sobre sus hombros, ella era más baja que yo, el hecho de que estuviera bajo mi merced me hacían verla aún más pequeña, tan aplastable, me sentía con poder sobre de ella, era una sensación extraña, que nunca había sentido. No soy una buena persona, y ella lo sabe, no espera ningún acto bondadoso de mi parte.

Sentí que su cuerpo tembló, su garganta hizo el gesto de tragar, pero estoy segura de que estaba seca, y no solo por el hecho de que no la había dejado tomar agua todo el día de ayer. Willow me tenía miedo, eso me satisfacía.

— Es una chica —dijo— no sé de quién se trate…

No terminó de hablar cuando yo ya le había dado una fuerte bofetada en rostro, en mis dedos siempre llevaba anillos, los que claramente lastimaron el rostro de la joven frente a mí.

Su débil cuerpo se tambaleó, pero alcance a tomarla por el cuello de su blusa.

— ¡¿Dejaste entrar a una desconocida a mi casa?! —mi tono era elevado, grité sin importarme quien estuviera en la parte baja de mi casa.

— Sin embargo, lejos de estar enojada, estaba complacida por la situación.

— Ella… —su cabeza estaba agachada, su voz sonaba nerviosa— ella dijo, que Eda Clawthorne, la había enviado.

Cambie mi rostro por uno sorprendido, tratando de ocultar mi miedo hacia esa mujer, esa vieja, después de que ella comenzará a encargarse de los negocios sucios en las Islas Hirvientes, las cosas se habían complicado para mí.

Deje a Willow de lado.

— ¿Dónde está ella?

— Está esperando en la entrada principal.

Salí sin mirar a la chica maltratada. La aparición de esa joven era extraña, y más si era enviada de la Dama Búho, como se daba a conocer ella.

Quien diría que esa chiquilla le daría una vuelta de 180° a las cosas por esos rumbos.

La vi mientras bajaba las escaleras, estaba vestida de forma sencilla, su cabello corto y castaño, en su rostro se podían observar sus rasgos latinos, sus manos se ceñían nerviosamente a un bolso de lana, bastante feo, que apretaba contra su cuerpo, a su lado, una maleta de color marrón, nada que llamara la atención.

Su vista estaba fija, hasta que escucho el eco de mis zapatos, me miro con sorpresa y miedo. Yo por mi parte no perdí el toque amenazante que me caracterizaba en ningún momento, debía demostrar desde un inicio quien era yo.

— Usted, es Bosha, ¿verdad? —pese a su postura sencilla y nerviosa, pude distinguir algo cuando la conocí.

Pesé al nerviosismo, pude notar una chispa en sus ojos, una motivación, la cual descubrí después.

— Así es —dije orgullosa, mirándola de arriba abajo.

Ella sonrío.

— Verá, mi nombre es Luz Noceda, la Dama Búho me ha enviado con usted.

Antes de contestar de forma arrogante, de su bolso ella saco un sobre.

Me dijo que le diera esto.

Estiro el objeto hacia mí, el cual arrebate de sus manos. El sobre tenía el sello distintivo de la Dama Búho, era autentico, ya me había enviado ese tipo de sobres ya los había recibido desde la llegada de la Dama Búho.

Me giré de nuevo a ver a aquella chica.

— Quiero que te quede claro —le mostré el sobre— esta es una invitación, a un juego sin retorno. Nada volverá a ser igual si te quedas aquí.

— Lo sé —contestó ella— pero mis motivos para estar aquí son más grandes que yo misma.

Sonreí. Me comenzaba a intrigar.

— ¡Cat! —grité.

Enseguida la mucama se hizo presente.

— Dígame señorita.

—Lleva a la invitada a una de las habitaciones disponibles de la casa, ayúdale a instalarse y ofrécele todo lo que necesite.

— Sí, señorita.

Cat se giró hacia la recién llegada.

— Acompáñeme, señorita.

Cat quiso llevar la maleta de Luz, pero ella se lo impidió.

— Quisiera llevarla yo —dijo la muchacha, y así ambas se fueron.

Creí que la llegada de aquella joven sería igual que las otras, alguna joven a la que Eda usaría en sus trampas para sacarle dinero a los Blight o darle asilo como esas ratas a las que tenía saboteando los trabajos del puritano de Belos, ofreciéndole una vida diferente, pero la vida en las Islas Hirvientes nunca sería diferente, simplemente ese tipo de chicas terminan con un final trágico o en la cárcel, pero Eda me había dado "protección", ella no se metía con mi negocio de trata de blancas, y, hasta cierto punto me encubría, y yo le daba asilo a las chicas que lograban obtener su protección, al igual que le daba propiedades para que ella se pudiera escabullir junto con sus otros búhos. Claro que aquí hay que saber jugar en varios bandos para sacar el mayor provecho, tenía tratos con los Blight para proporcionarles "agradable compañía" a sus clientes.

Pero, esta historia no va por ese rumbo, y aquella chica, Luz, no era lo que yo esperaba.