Percy Jackson, pertenece a Rick Riordan.

(N/A: Esto se me ocurrió hoy mismo, a eso de las 3:00am, y lo he escrito a esa misma hora)

La heroína que no quería serlo (One-Shot)

Solía ser indiferente, ante todo aquello, que ocurría a mi alrededor. Estudiaba, solo para que mi madre, no perdiera el tiempo, gastando el dinero, que decidían en mí.

Y cada vez, algo raro había llegado a pasar, en alguna escuela y tuve que irme; esto me llevó a enfadarme conmigo misma, y a proponerme, no volver a tener que cambiar de escuela, la próxima vez.

Pero siempre ocurrió. Lo cual significaba, que abandoné a mis amigos, abandoné a los maestros...

E hizo, que (nuevamente) mi madre gastara dinero en mí, buscándome otra escuela. —Que estupidez —pensaba en cada una de las ocasiones, que yo era expulsada de una escuela, y mi madre me pedía calmarme, para ir a buscar una nueva escuela (por centésima ocasión). —Por favor. Concéntrate en tu novela —le pedía yo. —Mientras tanto, bien puedo trabajar en la tienda de dulces... O algo así.

Ella me decía, que no era un problema. Pero yo sí que lo veía así.

Solía asistir a clases, y grabarlas. Usando una pequeña grabadora, que robé de una tienda de espías, y prestaba tanta atención como podía en clases, y después, cuando volvía a casa, conectaba la cámara a la computadora, y repasaba la clase, tratando de aprender aún más, de lo que había visto en el colegio.

No me importaba si a Gabe, no le gustaba verme en casa, pues siempre iba y hacía lo mismo: encerrarme en mi habitación, y repasar.

Grover era molesto. Había intentado hacerse mi amigo, una y otra vez, a pesar de que yo le decía, que se quedase al margen, y que no me estuviera siguiendo.

Acabé ahorcándole un par de veces, hasta desmayarlo, y cuidándome de que no sufriera de alguna estupidez de la mente, por qué no le llegara la sangre suficiente al cerebro... Después, me iba por mi lado.

El profesor Brunner, solía presionarme más que al resto de los alumnos, incluso si sabía que yo padecía de esa mierda del THDA y de Dislexia. Solía decirme: "Solo aceptaré lo mejor de ti, Perci Jackson".

Y yo, solía responderle: "Le diría que espere sentado, pero sería insultarlo. Solo evite preocuparse por mí, y no saldrá desilusionado". Él siempre decía su línea y yo, siempre contestaba con la mía. Pero el parapléjico era admirable: No se rendía conmigo. En esos momentos, yo le dedicaba una sonrisa de tristeza, e imaginariamente, le colocaba una mano en el hombro.

Un día, en el museo, la profesora de Álgebra, estaba comportándose raro. Y, después de que yo (de alguna manera, que no me interesaba averiguar), mandara a volar, a la buscapleitos del colegio, gracias a que controlé el agua; pues la profesora, me hizo acompañarle. Y algo claramente, estaba mal en mí, pues vi a la profesora transformarse en un monstruo muchísimo más arrugado, de lo que ya era, con alas de murciélago, y un látigo en una mano, quién me exigía decirle, dónde estaba, quién sabe qué objeto.

Algo en mí, se disparó, escuché al profesor Brunner, me agaché, esquivando el látigo de la profesora, le di una patada en la barbilla, para después tomarla por la muñeca, en la cual llevaba el látigo; mientras escuchaba algo de metal, caer al suelo y repiquetear; le doblé la muñeca a la profesora demonio, le di un rodillazo en el estómago, y la empujé contra la pared, para luego ahorcarla, con su propio látigo. —No tengo ni puta idea, de lo que me estabas hablando —le dije, mientras apretaba el agarré del látigo, cortándole la respiración, y pisándole una mano, mientras que le agarraba la muñeca de la otra mano. —Pero: Como todo en este mundo de mierda, puedes estar segura, de que me importa un puto cero a la izquierda. —Y apreté el agarre, hasta que logré sacar adrenalina, fuerza extra y la decapité, para que se desvaneciera en el aire, y se desmoronara en un montón de arena dorada.

Solo pasó una hora, después de eso, y al subir, había una profesora a quien jamás había visto, pero que todos conocían. Y, aunque me colmaba los putos nervios, me obligué a tomarme dos pastillas, y callarme la boca.

Días después, estando en mi habitación del colegio Yancy, y teniendo afuera, un tiempo muy feo, mientras intentaba estudiar, todas las palabras me saltaban de la página. —Dislexia de mierda. —Gruñí. Tomé un objeto especial, muy parecido a una regla y leí en voz alta. Logrando tomarme el tiempo, para entender gran parte de aquello. Me puse de pie, me despeiné y fui a buscar al Sr. Brunner.

Entonces, al acercarme, reconocí la voz de Grover. — (...) Preocupado por Perci, señor.

—No ha pasado nada. Fue su imaginación —dijo él. —La niebla en los demás, la convencerán de eso.

—Pero señor, ella la vio —dijo nervioso. —Se acerca el Solsticio y si no podemos...

—Se tendrá que hacer sin ella —dijo el profesor Brunner.

Hice algo estúpido, pero sinceramente, me tenía sin cuidado. Especialmente, cuando un alumno y un profesor, hablaban sobre mí, casi a mis espaldas. Abrí la puerta, causando que ambos girarán la mirada, asustados. El miedo en sus ojos aumentó, cuando me vieron allí. Yo los miré del mismo modo, en el cual solía hacerlo: Con indiferencia, hacía los humanos y la vida, en general. — ¿Qué tendrán que hacer sin mí? —pregunté. Fruncí el ceño, y vi que el profesor Brunner, del Sr. Brunner, solo tenía el torso, pues en lugar de piernas, tenía el torso de un caballo... Pegado a su torso de humano, llevaba un arco en la mano derecha y un Carjac, cargado de flechas. Reconocí la amenaza potencial, y solo obedecí a mi instinto de supervivencia, más primario, lanzándole contra él, mientras que Grover gritaba, golpeándolo en el rostro, hundiendo los dedos en los ojos del Centauro, logrando quitarle el arco de las manos y agarré un par de flechas, para luego retroceder, y apuntarle a cada uno, con una flecha. — ¿Qué buscan ustedes dos de mí? —Les pregunté, haciendo que se removieran asustados. Tensé la cuerda. —Saben muy bien, cuanto odio repetirme. ¿Qué buscan ustedes dos de mí? Y prefiero una respuesta para hoy mismo, ¿Saben?

—P... Perci... —dijo Grover nervioso, intentando levantar las manos.

—Ni lo intentes, Grover... Claro: Si es que ese es tu nombre. —Le advertí. — ¡¿Y bien?! —Gruñí con enfado... Y, el mismo desinterés, que me caracterizaba.

—Como... Como te das cuenta: soy un Centauro —dijo el Sr. Brunner lentamente, reconociendo la amenaza de muerte, de mi parte. —Y Grover, es un Sátiro. Yo... Nosotros... Pertenecemos a un lugar, llamado... Campamento Mestizo. Debes saber, Perci, que los dioses Olímpicos, son reales. Aquellos, de los que hablamos en la clase de latín. —Tomé un respiro, lista para dejar ir la flecha. El hombre, reconoció la amenaza. —Y ellos... Ellos... Se mueven con el tiempo, en dónde sea que brille la llama. —Entrecerré mis ojos. —En dónde sea, que esté la llama del Oeste. Primero en Grecia, luego fueron a Roma, después fueron a Alemania, a Francia. Gastaron mucho tiempo en Inglaterra y Alemania, y ahora, están aquí. En los Estados Unidos. Solo debes de mirar la arquitectura de los edificios dedicados a los asuntos políticos en Washington, o Atlas en Rockefeller Center, o como el Águila de Zeus, es el símbolo de tu país. Te... —Miró de reojo a Grover, rápidamente, me moví hacía mi izquierda, acercándome más a Brunner, por si Grover intentaba algo, ante la mirada que le dio el Sr. Brunner.

—No... No voy a dañarte, Perci —dijo él, nervioso. —Soy... Soy tu amigo...

—Pues yo jamás, te he considerado como un amigo —repliqué. —La última vez que hice un amigo en un colegio, terminé abandonando ese colegio luego de que, en una salida, de alguna forma, hice que un cañón se disparara y le destruí el coche a un profesor. Jamás volví a ver a Oliver, y siempre me ocurren cosas raras, alrededor. Así que luego de unos tres colegios, decidí que jamás, volvería a hacer un amigo. Al fin y al cabo, la humanidad está llevándose al puto planeta, al puto infierno, y no nos queda mucho tiempo... Con algo de suerte, algún arbolito quedará atrás, con alguna especie, y los animales repoblaran el planeta, tomando lo que siempre fue suyo y la raza humana, mandó a la mierda.

—Típico pensamiento, de una hija de Deméter —dijo el Sr. Brunner, riendo entre dientes, por un instante. —La naturaleza, por delante de la humanidad.

—Acérquese más a la cabra, por favor. No tendré un tiro, lo suficientemente limpio, como para darles a ambos, si están tan alejados —gruñí. —Y soy yo, quién lleva el arco. Ahora.

—No queremos dañarte, Perci —me juró Grover pálido, mientras que el Sr. Brunner, se acercaba a él, permitiéndome tener un tiro perfecto, en cualquier momento.

— ¿Y cómo puedo yo, estar segura de eso? —pregunté yo. —Hablaban a mis espaldas, sobre mí, después de todo.

—Pe... Perci —dijo el Sr. Brunner... O quien quiera que fuera. —Hay Sátiros, en todas las escuelas del país. Los enviamos a todas ellas, en busca de los hijos de los dioses. Y para que luego, los guíen a un campamento de verano, dónde estos se podrán entrenar, para llegar a ser héroes, algún día. Reconocen a los Semidioses (o Mestizos, como les llamamos, actualmente), por su olor y luego, nos avisan a mí y al Sr. D, quién es el director del Campamento.

—Tu olor es fuerte. Eres una Semidiosa muy fuerte —dijo Grover. —Tu padre, es un dios muy importante. En cualquier momento, los monstruos podrían encontrarte. Tu madre... Tu madre fue la amante de un dios olímpico y naciste tú, pero... Desconocemos de cual. Y, aun así, tu padre era alguien muy... Muy fuerte e importante... ¡para el Olimpo, quiero decir! Hueles... Tu olor de semidiosa, se destaca mucho. Necesitas venir al Campamento. Tu padre, sabrá dónde es.

—No me interesa —arrojé el arco, al otro lado de la habitación, para que a Quirón y a Grover, les costara agarrarlo. O al menos, que caminaran un buen tramo, permitiéndome a mí, escapar. Quebré la flecha y la arrojé a las patas de los dos. Unos minutos después, cuando Grover llegó a la habitación, lo arrojé contra la pared, y le dije que se largara a la habitación de Brunner o Quirón... como él quisiera ser llamado. —Lo último que quiero, es tener a un mentiroso encima mío. Lárgate. Y espero, no volverme a cruzar con ninguno de ustedes dos, nunca jamás. —No le importó su mirada de tristeza o que él se viera a sí mismo, como si me hubiera traicionado. Solo me recosté en la cama y me quedé dormida.

Al día siguiente, en el autobús, cuando ya no soporté los estúpidos ruegos de Grover, para que lo perdonara, me bajé dónde pude, y me fui a casa, a pie.

El asqueroso novio de mi madre, era de lo peor, y me saludó muy groseramente. Me largué a mi habitación, y cuando se fueron sus amigos, y él me vino a buscar, lo patee y lo ahorque, ordenándole que se largara de mi casa, en ese momento.

Le acabé metiendo una media en la boca, y le aplasté los testículos, hasta escuchar que estallaban. Lo saqué de mi habitación, y me aseguré de que se fuera.

Mi madre me dijo, que iríamos a Mountauk.

Yo no quería ir, porque significaba, que ella querría hablarme de mi padre.

Quería hablarme de un dios, que nos había abandonado, hace ya muchos años, y nos dejó con el asqueroso ex-novio (ahora) eunuco de mi madre.

Mi madre se sorprendió, cuando yo le dije, que no quería ir a la playa. Me preguntó si algo había pasado en el colegio, y solo le dije, que le había pedido a Grover, dejara de intentar hacerse mi amigo, porque me ponía de los nervios, y era fastidioso.

Ella suspiró y me dijo, que todo estaba listo, para irnos a la playa. Yo gruñí, y una vez más, en mis trece años de existencia, me preguntaba por qué seguía sin irme de casa, y obligando a mi madre, a gastar su dinero en mí y en mi educación, cuando era obvio, que acabaría suicidándome del hastío que me provocaban los humanos.

Cuándo finalmente estábamos en el coche y casi llegando a la cabaña, la vi rejuvenecer y sus ojos iluminarse. Ella amaba ese lugar.

Ese lugar a mí, me calmaba.

Pero todavía lograba, que el mundo me importara una mierda.

Unas horas después, bien entrada la noche, escuchamos como alguien llamaba a la puerta. Fui a abrir, y al ver a Grover allí, sin siquiera preguntarme el cómo llegó, lo tomé por el cuello estrangulándolo, mientras que nos decía, que debíamos de irnos. Terminé lanzándolo a la arena mojada, y fui a ayudar a mi madre, con las cosas, mientras que ella me preguntaba, por qué no le había dicho, que me habían atacado.

Me defendí diciendo: —La niebla hizo su trabajo, me hizo creer que sufría otro ataque alucinatorio, y tomé la medicina, para tratarla —Mi madre dejó de lado el empacar, pero yo ya había terminado, me colgué la maleta gigante, al hombro. Me acerqué a ella, y guardé lo último, agarrando también su maleta y saliendo de la casa, guardando todo en el portamaletas, mientras me subía al auto, y veía a Grover subirse con nosotros. Le ordené bajarse, pero él no me hizo caso, mi madre se subió y empezó a conducir, diciéndome que íbamos al Campamento de verano, al cual mi padre quería enviarme. Yo le dije, que no me interesaba lo que un hombre que nos había abandonado, quisiera de mí. Ella me dijo, que solo quería mantenerme a salvo.

No le contesté. Sabía que no podía decirle, que solo se preocupara por su vida, y no por la mía. Así que contesté: — ¿Y por qué tendría que importarme a mí, lo que quisiera un hombre, que te abandonó, cuando yo ni siquiera había nacido?—Miré a Grover. Quién masculló algo, sobre hijos de Ares, a lo que yo contesté:—Esto es culpa tuya y de él—Lo pensé.—De los tres —Mi madre y Grover me miraron, y yo dejé salir un suspiro.—Tuyo, de Quirón y del imbécil de mi padre, que nos abandonó a manos de Gabe —entonces, cuando estábamos cerca, fuimos embestidos. Y lo vi ante mí. — ¡¿ES EN SERIO?!—Gruñí furiosa, mientras escuchaba a mi madre, indicándome, como salvarme.— ¡¿El puto Minotauro?!

— ¡Persi! —Dijo mi madre.— ¡Llévate a Grover, sube hasta el pino y pide ayuda!

—Vienes conmigo—Le dije a mi madre, mientras prestaba atención, a la puta criatura mitológica ante mí.

No podría atravesar la línea de propiedad, cariño—Dijo ella.

Quería decirle "Entonces, me quedo", pero decidí no decirlo, y esperé al puto Minotauro, que se abalanzó sobre mí. Mi madre me gritó, para que yo lo esquivara, pero en su lugar, me metí entre sus piernas, salí por la espalda, me colgué de su cuello y su torso, para luego arrancarle un cuerno, que le clavé en la frente, haciéndolo mugir y desaparecer, igual, que la señora Dodds. Hice lo que me decía, y cargué con Grover, directo, hacía aquel pino. Me giré y la vi comenzar a caminar, en medio de la oscuridad, en busca de un coche, que pudiera llevarla a cada. —Vaya mierda —Gruñí, cuando llegué a la colina, y vi a un grupo de jóvenes de mi edad, y a... —Sr. Brunner, es un placer, volverlo a ver... Supongo —Le dije, mientras dejaba caer a Grover, y me pasaba una mano, por el cabello. —Agradezca... Qué no cumplí mi palabra, pues tengo la costumbre de hacerlo.

Él asintió. —Bienvenida, al Campamento Mestizo, Persi. Ven por favor, hay mucho de qué hablar. —Lo seguí, hasta una casa de gran tamaño, pintada de azul, e incluso con los relámpagos, me puso una película, de un hombre de los años cincuenta, que te contaba lo que era el Campamento Mestizo, y para qué servía. Pero ya Quirón me lo había contado. Y puedo decir, que no estaba impresionada, ni interesada en nada de lo que veía.

—Gracias Quirón. Pero sabes que yo, ya sabía todo esto —le dije aburrida. —Y sigue sin impresionarme, y el rango de importancia, por absolutamente nada, no ha aumentado. —El hombre solo suspiró y me pidió dormir, en la enfermería. Acepté.

—Mañana, recorreremos el Campamento, conocerás a los campistas —me dijo.

—Prefiero vivir, apartada de todos, Quirón —gruñí. —Odio a los humanos. Descansa, Centauro.

El centauro, no perdía el buen humor. —Descansa... Semidiosa.

A la mañana siguiente, al despertarme, una chica rubia de ojos grises, muy nerviosa, me preguntaba por lo que habían robado y que no había mucho tiempo. Yo atiné a contestarle. —No tengo idea de lo que me hablas, ni me interesa, rubia. —Luego de indicarme dónde podía bañarme y entregándome una muda de ropa, con una camiseta anaranjada, que, al igual que la de la chica, decía en el frente y en letras negras CAMPAMENTO MESTIZO, Quirón y la chica rubia, me llevaron a ver las cabañas, y solo la tercera, me llegó a interesar. Más cabañas, cada una personalizada, según el padre de aquellos que vivían dentro. La chica, me acercó a la cabaña 11, de Hermes y el rubio idiota, que se llamaba Luke Castellan y que era el jefe de los de la 11, dijo ser hijo de Hermes y que, a su padre, no le importaba, que los no reclamados, vivieran allí. El tipo me dijo, que me podía quedar, en una sección del suelo, y me entregó mi propia colchoneta. —Gracias, Castellan. Eres más amable, que la rubia esa.

—Los Olímpicos, han perdido algo importante, Persi —me dijo él, sonriéndome. —Y ella, quiere saber lo que es. Nadie lo sabe. —Pero yo sí supe, que el rubio lo sabía.

Horas después, ese mismo día, estuve practicando con muchas cosas. El tiro con arco, no era lo mío. Tampoco era veloz y una ninfa me ganó en una carrera. Le interesé a la líder de la cabaña de Ares, pero ella era más fuerte que yo. Yo no era buena en el metal, como los hijos de Hefesto. Solo fui buena en canoa.

Cuándo la rubia intentó auxiliarme con mi dislexia, le demostré que no lo necesitaba, y por mi cuenta, aprendí a leer en griego antiguo, luego de seis días y cinco noches.

En la competencia de Captura la Bandera, derribé a bastantes chicos de Ares, cosa que asombró a todos, y permitió a Castellan, pasar con la bandera, y darnos la victoria vacía.

Entonces, un puto perro demonio, se me lanzó encima, y yo lo recibí, controlando el agua del arroyo conscientemente, quebrándole las patas, el torso, y ahogándolo. Entonces, un holograma de un tridente, apareció sobre mi cabeza, y Quirón me llevó a mi cabaña, dónde pude respirar, al poder permanecer sola.

Todos me hacían a un lado, por ser hija de uno de los Tres Grandes, excepto Luke y Clarisse, el primero por enseñarme a usar una espada, y la segunda me veía interesada, por mi desinterés hacia la vida humana y la brutalidad con la que asesiné al perro del infierno.

Quirón y Dionisio, me hablaron de que el Rayo de Zeus estaba perdido y yo tenía que recuperarlo, por ser hija de Zeus y porque este último, viendo que su hermano rompió un juramento que tenían desde la II Guerra Mundial, me creía la ladrona, por encargo de mi padre. Fui a ver a la momia oráculo, y al bajar, le conté la profecía a Quirón, quien me dijo, que podía llevar a dos personas conmigo, siendo Grover una de ellas.

Yo lo rechacé de inmediato, recordándole que él y Grover no eran de fiar. En eso, la chica rubia, se hizo visible, y me gritó, por desconfiar de Quirón y de Grover, para luego decirme, que vendría conmigo.

Yo me negué, diciéndole que era mi búsqueda, y que yo podía elegir con quién ir. Quirón aceptó esto, y le dijo que me llevaría a Clarisse, y que solas, nos bastaríamos.

Quirón me entregó una espada, que mi padre le había entregado en el pasado, y él se juraba, que me pertenecía a mí. Clarisse y yo, nos fuimos con Argos, una criatura creada por la tía Hera, quien tenía miles de ojos, y era el vigilante del Campamento, y me ponía nerviosa.

Al llegar a la ciudad, nos encontramos con las Benévolas, y una de ellas, era la Sra. Dodds. Me las arreglé para detener el bus, y nos bajamos, antes de que Zeus lo hiciera explotar el puto bus.

Caminamos, y nos topamos con Medusa, a quien decapité, y nos fuimos hacía el oeste, encontrándonos con el padre de Clarisse, a quien le caí bien, por mi forma brusca y desinteresada de ser.

Cuando nos pidió recuperarle su escudo de porquería, me topé con unas raras estatuas de Cupido, que no me pintaban a muy normales en un parque acuático abandonado. Así que decapité una de las estatuas, todas se activaron, y crearon una red de seda o algo así. Descendí, agarré el escudo de Ares y la bufanda de Afrodita, y nos fuimos de allí, encontrando a Ares, a quien solo le devolví su escudo, nos entregó una bolsa de tela, que no parecía llevar nada encima. Nos hizo subirnos a un camión que transportaba animales de circo, a los cuales calmé, lo mejor que pude, y luego nos bajamos, ya estando en las Vegas, y desde allí, luego de matar a un monstruo, le rogamos su dinero mortal y sus Dragmas, llegando ante Caronte, justo cuando sentí que algo cambió en la bolsa de tela, encontrando que era el Rayo Maestro.

Nos fuimos de allí, y le devolvimos el Rayo Maestro a Zeus.

Entonces, apareció Hades, exigiendo el regreso de su Casco de Invisibilidad, y yo noté cuán nervioso se puso Ares. Yo le dije a Hades, que la bolsa se puso pesada, y decidí investigarla, porque hasta entonces, fue muy liviana, sin nada dentro, y que encontré el Rayo, tal y como lo había descrito Quirón.

Todos lograron apresar a Ares, y arrebatarle el Casco de Invisibilidad de Hades, quien me agradeció, por descubrir la treta, y a Ares se lo llevaron de allí, mientras que yo abrazaba a Clarisse, quien se echó a llorar en mi hombro, por el destino incierto de su padre, al haber traicionado al Olimpo.

Mi padre, Poseidón, se bajó de su trono e intentó abrazarme, pero yo desenfundé mi espada y le amenacé con ella, insultándolo, por haber abandonado a mi madre y por jamás habernos auxiliado económicamente, y solo venirme a reclamar como su hija, por todo este embrollo del Rayo y el Casco. Le dije que sabía, que jamás me hubiera reclamado, de no ser porque Zeus lo creyó el ladrón, le cuestioné si era razonable o si razonaba en algún momento, pues le había puesto los cuernos a su esposa y me concibió, incluso sabiendo que su juramento, tendría que haber sido sagrado. Dejé caer mi espada y la tapa del lapicero, al suelo. Con un mensaje obvio: "Agárralo, si quieres".

Mostré respetos al Consejo Olímpico, les hablé de mi sueño, y de cómo casi fuimos llevadas al Tártaro.

Nos fuimos, y al volver al Campamento, quemamos nuestros sudarios, pues regresamos vivas; y nos dieron laureles por volver con vida.

Cuando me retiré a mi cabaña (Abriendo la puerta de una patada), encontré una nueva espada, y un mensaje de mi padre, diciéndome que lamentaba, lastimarme con su decisión, pero que estaba orgulloso de mí.

Detrás de mí, apareció el dios Apolo, quien me cuestionó por mi desinterés hacia el mundo mitológico, entremezclado con una ira ciega. Le dije que no era su asunto, y le pedí entregarle una nota a mi padre. Él aceptó, y le entregué la espada, y la nota que me escribió, mirándome extrañado y sin entender.

—Los hombres son lentos —le dije, sonriente. Él me devolvió la sonrisa. —Pero él es un Dios. Tiene una eternidad, para entenderlo.

Los días siguientes, mientras me debatía si quedarme o irme, decidí irme de ese sitio de locos, pero vi a Luke entrenando, con una espada rara, que no era totalmente de Bronce Celestial, y cortando los muñecos de práctica, con esa cosa.

Cuando me notó, me invitó a dar un paseo por el bosque, y yo acepté.

Algo estaba mal con Luke, y él mismo, me lo demostró esto después, al darme un discurso de porquería. Yo reconocí quien era su amo y quien intentó atraerme, hacía el foso.

Me arrojé contra él, controlando el agua y haciendo que está lo atacara, distrayéndolo, logrando desarmarlo de su nueva espada, la tomé, le até con cuerdas de agua, para inmediatamente después, atravesarle el pecho con su propia espada, mientras que manipulaba la sangre, para que abandonara más rápidamente, el cuerpo de Luke, dejando allí, su cadáver; y rociando los árboles y plantas, con la sangre del traidor.