Este fanfic fue escrito para el Festival de Draco Bottom 2021 "Draco In Love" del grupo de facebook Draco Malfoy Pasivote Muerde Almohadas.

PeonyDonut , una gran amiga mía se encargó de hacer dos bellos fanarts para ilustrar esta historia, los cuales podrán ver en la versión de este fanfic publicado en AO3 o en Wattpad.


Era el inicio del verano en Londres, la temperatura estaba a veintidós grados, a pesar de que afuera aún se notaba el rastro de humedad en el pavimento que había dejado la lluvia de la tarde.

Draco había encendido los ventiladores y ahora se dedicaba a limpiar con sumo cuidado y destreza los vasos de cristal con una franela de algodón. Cualquiera que conociera su pasado se preguntaría con justa razón el por qué, Draco Malfoy, descendiente de la ancestral casa de los Malfoy, no usaba magia para limpiar unos simples vasos y copas. La respuesta era sumamente sencilla. El heredero de los Malfoy había perdido toda su fortuna, o para ser más precisos, su padre lo había hecho al enredarse con un grupo de magos oscuros; al caer el líder, cayeron muchos de sus seguidores, principalmente los más cercanos, y a raíz del arresto, el ministerio había exigido una indemnización por el daño ocasionado a la comunidad mágica, daño que fue pagado con toda la fortuna de las familias de dichos seguidores.

Para los Malfoy, solamente había quedado la gran mansión, pero al morir sus padres, Draco decidió que no quería vivir allí, sin padres, con un par de elfos domésticos como única compañía; así que liberó a los elfos, abandonó la mansión y se fue de Wiltshire en busca de mejor suerte.

Luego, habían ocurrido una serie de eventos que lo llevaron hasta allí, trabajando como el dueño de un clásico bar inglés en Londres muggle. Sirviendo bebidas a los clientes y limpiando mesas. El lugar era pequeño, pero bastante tranquilo y acogedor. No era el tipo de sitio al que acudían grandes grupos de personas, simplemente algún transeúnte solitario, quien ni siquiera deseaba hacer charla, y en raras ocasiones algún grupo pequeño de universitarios; esa tranquilidad a Draco le gustaba.

La campanilla de la puerta sonó como solía hacerlo cada vez que un cliente entraba al lugar, Draco apartó la vista del vaso y echó una rápida mirada a la persona que iba entrando. Resopló al reconocer a Millicent.

─ Es lindo saber que te alegras de verme ─dijo con una sonrisa condescendiente y tomó asiento en medio de la barra.

Draco arqueó una ceja.

─ ¿Daiquirí? ─cuestionó el rubio, dejó el vaso y la franela para tomar la pinza de la cubeta de hielos.

Milli sonrió.

─ Ya sabes que es mi favorito ─respondió ella mientras veía a Draco comenzar a preparar la bebida.

─ ¿Y a qué debo tu visita? ─preguntó.

La mujer suspiró. De pronto pareció deprimida.

Al rubio le preocupaba Milli; la bruja aún mantenía contacto con el mundo mágico, de hecho, aún vivía allí, a pesar de que gran parte de la población la seguía señalando con el dedo. Ella no había hecho nada, o al menos nada que se considerara un delito. Pero el recuerdo de haber formado parte de la Brigada Inquisitorial y las cosas que hizo durante sus años de colegio la apuntaban como una de las indeseables.

─ He intentado vender la mansión ─dijo de pronto, logrando que Draco saliera de su ensimismamiento─, pero al ser la gran mansión Malfoy de la que estamos hablando no es sencillo; las personas huyen o simplemente se niegan a siquiera contemplarlo en cuanto me escuchan mencionarla. Lo siento de verdad, Draco. Sé que necesitas el dinero para pagarle a… ─se detuvo y miró hacia la esquina oscura del bar, un lugar reservado únicamente para un cliente especial─. Hoy no ha venido ─susurró.

Draco colocó la bebida frente a ella.

─ Hay ocasiones en las que no viene ─respondió como si se tratara de cualquier cliente.

─ Y eso te hace sentir triste ─afirmó la bruja mirándolo con un poco de lástima.

La campanilla volvió a sonar, esta vez era un hombre maduro, no rasurado y parecía cansado, llevaba el saco colgado al brazo y su maletín de trabajo en una de las manos. Draco lo observó llegar a una de las mesas.

─ No es así, no me importa que no venga ─se apresuró a responder antes de disponerse a atender al cliente. Limpió la mesa y tomó la orden, volvió a la barra para comenzar a preparar la bebida─. ¿Por qué me sentiría triste por su ausencia? ─completó una vez estuvo frente a la bruja.

Draco odiaba que hiciera tal cosa. De verdad lo odiaba. ¿Por qué sentir lástima por él? aún peor, ¿por qué sentir lástima por algo que no sentía?

Ella frunció el ceño e hizo una mueca con la boca. Draco detestaba que hiciera eso, porque solo significaba que no creía en sus palabras y en cambio se estaba haciendo una rara idea en la cabeza.

─ Tal vez porque te gusta ─argumentó, luego tomó la copa y sorbió una buena cantidad de líquido.

─ ¡No me gusta y tal como has dicho, necesito el dinero para al fin poder comprarle este bar y así no volverlo a ver en mi vida! ─exclamó sintiendo ira y vergüenza ─Blaise también insistía con eso cada vez que lo visitaba, ambos eran tan insistentes─, volvió de nuevo a la mesa del cliente y le entregó un vaso y una botella.

Milli solo se limitó a observar sus movimientos y sus expresiones, Draco pensaba que no, pero ella lo conocía bien, tantos años de convivencia no habían sido en vano.

─ De acuerdo, será como tú digas, después de todo siempre tienes la última palabra ─bebió el resto de su daiquirí y se puso de pie─. Continuaré buscando un posible cliente, estoy segura de que existe alguien lo suficientemente loco y rico que quiera comprar una mansión donde vivió el mismísimo Voldemort.

Draco hizo una mueca al escuchar el nombre.

Era sorprendente como Millicent ahora era capaz de pronunciar aquel nombre sin miedo, siendo que alguna vez el boggart de la bruja fue ese temible mago oscuro.

El resto de la noche transcurrió tranquila, a excepción de que Milli había generado inestabilidad en las emociones y pensamientos del rubio. Ella no tenía razón y, sin embargo, sus palabras hacían mella en su corazón.

Cuando llegó al pequeño apartamento que rentaba, lo primero que hizo fue echarse sobre la cama, ni siquiera buscó el pijama, se sentía agotado, emocional más que físicamente. De inmediato se quedó dormido, caso poco habitual en él. Y soñó.

Soñó con esa noche. Cuando llegó a Londres oculto con su capa. Entonces su cabello aún era corto, así que podía ocultarlo bien con el gorro.

Recordando el nombre de uno de los grandes amigos de su padre, decidió probar suerte e ir con él.

─ Draco, eres tan parecido a tu padre ─odiaba que dijeran que se parecía a Lucius y a pesar de eso, con los años su cabello creció hasta la altura de los hombros, sin embargo, a diferencia de su padre, siempre procuraba mantenerlo atado en una coleta alta; principalmente en la temporada de calor─. Me entristece mucho lo que ha ocurrido con tus padres, es una pena que ya no se encuentren entre nosotros, y por supuesto que te ayudaré.

El hombre, al que Draco había acudido se llamaba Peyton Johnson, era un excelente abogado ex trabajador del ministerio. También considerado un sangre pura adinerado, pero jamás como las familias ancestrales. El hombre no había sido juzgado ni había ido a prisión ya que convenientemente había huido de Inglaterra antes de que Voldemort revelara su regreso.

─ Señor Johnson, yo quisiera hacerle una propuesta ─el mago mayor asintió─. Estoy buscando alguien que quiera comprar la mansión…

Fue interrumpido.

─ Lamento decirte esto muchacho, pero la mansión Malfoy actualmente no tiene ningún valor, al menos no lo tendrá a los ojos de los magos con gran fortuna; tu hogar ya no representa nada, ha perdido su valor ahora que todos saben que allí vivió el mago más tenebroso de los últimos años.

─ Pero podría acondicionarla para vivir allí, mantiene mucha de su elegancia y está en muy buenas condiciones.

El hombre negó.

─ Si decidiera vivir allí mi reputación quedaría en duda. ¿Lo comprendes verdad, muchacho?

El rubio simplemente se limitó a asentir, y reprimió la furia que creció en su pecho al saber que no tenía nada mejor que ofrecer.

─ Necesito ayuda en mi negocio ─dijo Peyton de pronto─. Te puedo ofrecer un puesto allí, ¿te gustaría?

Draco despertó con un fuerte dolor de cuello, se sobó suavemente mientras se levantaba, luego miró hacia el reloj de pared, apenas eran las cinco de la mañana, no había dormido más que tres horas. De todos modos, se puso de pie y fue a la cocina para preparar un poco de té.

Mientras bebía su té earl grey pensó en lo que había soñado, no eran más que recuerdos del pasado, un pasado que sin importar qué, siempre lo alcanzaba. Apartó la taza y se frotó los ojos con fuerza. Debía volver a la cama antes de que se hiciera más tarde.

Esta vez se cambió y se cubrió con las sábanas, pero no pudo conciliar el sueño, se quedó pensando, nuevamente recordando.

De pie, detrás de la barra del Lounge bar, recibiendo las copas que el barman acomodaba rápidamente en su charola se encontraba su versión más joven. Una vez recibió el número de bebidas solicitadas, fue lo más rápido que pudo hacia la mesa central donde varios magos y brujas conversaban animosamente. Colocó las bebidas de acuerdo a como las habían solicitado mientras se preguntaba por centésima ocasión la razón por la que Johnson había decidido abrir un bar donde atendieran magos en vez de elfos domésticos. Era bastante humillante para una persona de tan prestigiosa estirpe. Tal vez se trataba de eso, al ser un Malfoy era más exótico que se dedicara a repartir las bebidas por el lugar.

─ Vean, escuché decir al dueño que este es un Malfoy ─indicó uno de los hombres mientras lo señalaba, el rubio pensó que la gran cantidad de Whiskey de fuego consumido le hacía abrir la boca sin moderación, pero aun así se sintió fatal cuando todos los presentes lo observaron fijamente. Incluso algunos rieron con burla.

─ ¿Necesitan algo más? ─cuestionó pareciendo imperturbable.

─ Muéstranos tu marca tenebrosa, mortífago ─ordenó otro de ellos. Draco sintió que un nudo se instalaba en su garganta y una ferviente ira crecía desde el fondo de su corazón.

─ ¡Apresúrate! ─escuchó decir.

La presión que sintió, más la fuerte música y el exceso de cuerpos sudorosos a su alrededor hizo que se sintiera mareado. Quería decir algo, defenderse, iba a hacerlo, estaba a nada de gritarles que se fueran a la mierda cuando un absoluto silencio gobernó el lugar.

Draco, al igual que todos los presentes, centró su atención en aquel que iba entrando al bar. Llevaba una fina túnica oscura que le amoldaba bien, haciéndole ver guapo y elegante, una persona totalmente distinta a la que una vez conoció, no obstante, su cabello continuaba siendo un desastre y aun usaba las horribles gafas que disimulaban muy bien la cicatriz que cruzaba su ojo izquierdo. Por eso es que todos lo reconocieron en cuanto entró al lugar. Iba junto con su gran amigo de toda la vida Ron Weasley, al igual que Hermione Granger y, detrás de ellos Neville Longbottom.

En segundos la música volvió y todos continuaron con sus actividades como si nada de eso hubiera ocurrido; por su parte, Draco aprovechó la distracción para huir de los clientes problemáticos.

─ Ve allá y toma la orden ─indicó el barman señalando hacia los recién llegados.

Draco valoró: ¿qué es más humillante? ¿Mostrar la marca tenebrosa de tu antebrazo o tomar la orden de tus ex compañeros de colegio y ahora héroes de guerra? A quienes, por cierto, no había tratado muy bien en el pasado.

La respuesta era obvia para el rubio, pero aun así se tragó su malestar y caminó hacia la mesa del fondo. El lugar donde solían sentarse los que deseaban una convivencia solitaria.

─ ¡Hola, soy Draco y esta noche estaré a su servicio! ─sintió que sus mejillas se calentaban mientras recitaba las palabras de siempre. Pronto, los cuatro pares de ojos se centraron en él. Afortunadamente, Potter lo hizo por breves segundos.

─ Solo queremos una botella de Whiskey de fuego y dos cervezas de mantequilla ─respondió Weasley, Granger asintió hacia él con una sonrisa y luego volvió su mirada hacia Harry.

Eso fue mejor de lo que él esperaba. Porque bueno, él creía que al final los Gryffindor se burlarían de él y le recordarían todas las cosas malas que había hecho durante sus años de colegio, pero nada de eso sucedió y no podía definir si estaba aliviado o enfadado. Tal vez habría sido mejor que se burlaran de él, así la culpabilidad que aun sentía cesaría solo un poco. Pero no, ellos actuaron como si se tratara de un mago cualquiera, uno que ni siquiera habían conocido y eso lo hizo sentir peor.

El resto de la noche pasó sin contratiempos, casi de madrugada Potter y sus amigos se fueron, dejando una buena propina y una pregunta en Draco. ¿Por qué Potter parecía ausente?

La respuesta no llegó, pero si algunas ideas surgieron en la cabeza del rubio dos días después, cuando Harry volvió, esta vez solo, y se sentó al fondo de la barra.

─ Atiéndelo tú ─dijo el barman, quien en teoría era el jefe más directo de Draco, así que debía obedecer, aunque no quería hacerlo.

Resopló antes de acercarse con recelo.

─ Yo… ─se sentía nervioso, y frente a Potter no lo podía ocultar. Pero cómo no iba a estar nervioso si el hombre mantenía el ceño fruncido y miraba hacia el centro del lugar como si estuviera juzgando a todos los demás.

─ Lo que sea está bien ─de pronto recitó Potter con indiferencia.

Draco recordaba que la noche anterior no había bebido ni una sola gota de whiskey, tampoco de cerveza de mantequilla, así que se preguntó qué podría preferir. Por irónico que pueda sonar, no quería hacer algo que provocara a Potter.

Después de meditarlo un par de segundos sirvió un negroni que contenía bitter camparí y un poco de brebaje de raíz de margaritas. Lo colocó cuidadosamente frente a Potter y este lo bebió de un solo trago.

─ Dame otro ─indicó, Draco se apresuró a servirlo.

Potter lo bebió igual que el anterior, de un solo trago y ordenó un vaso más. Después, depositó los suficientes galeones para pagar la bebida más una buena cantidad de propina para Draco y salió del establecimiento.

El rubio no pudo dormir esa noche, preguntándose y respondiéndose a sí mismo múltiples posibilidades de la razón por la que Potter pudo haber cambiado tan drásticamente.

Al día siguiente el barman lo felicitó por atender a Potter tan bien, el mago estaba feliz, ya que al parecer no solo Draco había recibido una buena propina. Y claro, el rubio lo miró mal, no había hecho nada más que ordenarle que él se encargara de todo.

─ No me mires así, Harry Potter es un hombre que da miedo ─dijo el otro tratando de justificar su decisión.

─ ¿Por qué tenerle miedo al mago que salvó a todo el mundo mágico? ─con sinceridad, se sintió enfadado, Potter había hecho tanto por la comunidad mágica y que un tonto dijera algo así del moreno… simplemente sonaba estúpido.

─ No soy el único, muchos le temen ─se encogió de hombros─. Tú mejor que nadie debe saber que Harry Potter murió en Hogwarts, cuando enfrentó al señor oscuro, pero volvió de la muerte, desde entonces todos lo señalaron como el mago más poderoso de esta era. Hicieron festejos y le rindieron homenaje, pero el hombre en lugar de agradecer se encerró en la casa de Sirius Black y nadie lo volvió a ver hasta hace aproximadamente medio año, son raras las ocasiones en que sale por eso cada vez que lo hace todos le prestan tanta atención. Pero cuando reapareció traía esa expresión enfadada, como si odiara al mundo. Piénsalo, puede ser incluso peor que el Señor Tenebroso si decide atacarnos.

Draco escuchó la anécdota hasta el final, estaba consciente de que Potter había desaparecido por un tiempo, él creyó que se había ido a otro país o algo parecido, pero escuchar que permaneció encerrado por cuatro años en una triste y lúgubre casa como lo era la de los Black le hizo responderse parcialmente la pregunta de la noche anterior. Potter se había dado la oportunidad de descansar; una vez la carga con la que vivió desde pequeño se hubo desvanecido. Pero Potter no había cambiado tal como lo sugería el barman. Como cualquier niño de su edad, Potter había disfrutado, reído y convivido con sus amigos y compañeros, había tratado de ser feliz, después de todo cabía la posibilidad de que no sobreviviera en la batalla contra Voldemort, no obstante, había regresado de la muerte y en el proceso las secuelas de la guerra que vivió por fin lo alcanzaron, revelando esa nueva faceta de Harry Potter.

Pero parecía que el mundo mágico continuaba demandando la atención y protección del Niño que Vivió, siendo que no le correspondía, y ahora malagradecidamente le temían. Draco ni siquiera se molestó en sentir simpatía por el barman, sus fundamentos no tenían coherencia, en cambio, Potter tenía todo el derecho de ignorar al mundo que únicamente le había quitado y nunca le había dado nada.

A su vez, se sorprendió de sí mismo por mostrarse empático con la situación de Potter, lo atribuyó a que él mismo continuaba cargando con los errores del pasado, con las secuelas de las traumáticas experiencias vividas y que la misma comunidad no le permitía olvidar el tormento que había pasado viviendo junto a Voldemort.

De pronto se sintió identificado con Potter y eso le dio una nueva misión en la vida. Si Potter recibía hostilidad por aquellos a los que había salvado, él se comportaría amablemente para demostrarle su gratitud por haberlo salvado del fuego maldito y de Azkaban. Esa sería la forma en que pagaría su deuda de vida.

Y así lo hizo, en los días posteriores, Potter volvió a aparecer en el bar. Siempre se sentaba en el mismo lugar y bebía lo que Draco le preparaba, no importaba que clase de bebida fuera.

Incluso poco a poco comenzaron a cruzar palabras. Al principio simplemente con respecto al clima o el ambiente del lugar, pero poco a poco comenzaron a hablar de otras cosas, Potter siempre procuraba preguntarle cómo se encontraba y en ocasiones sumaba preguntas sobre preferencias y pasatiempos. El rubio se tomaba la libertad de responder solo lo que quería, pero eso también generó que se sintiera cada día menos alejado de Potter. Y entonces ocurrió, Draco se sintió tan cómodo con Potter que se abrió a él, por primero y única ocasión.

─ ¿Te quedarás toda la vida trabajando en este bar? ─cuestionó el moreno mientras observaba el hielo de su bebida derretirse lentamente.

Draco negó con la cabeza.

─ Mi sueño es poner mi propio negocio, obviamente no será como este. Mi negocio será un bar inglés clásico, solamente serviré bebidas clásicas: Martinis, margaritas, daiquirís, mojitos, negronis, manhattan y pisco sour.

─ ¿Todas esos son cocteles muggles? ─reconoció Potter, Draco se encogió de hombros.

─ Mi bar será muggle, estoy harto de este mundo.

Harry pareció notablemente sorprendido por lo que dijo el rubio, y con justa razón, lo que estaba diciendo era un discurso que no emitiría el clásico Draco Malfoy, aquel sangre pura prepotente que conoció en Hogwarts.

─ ¿Y por qué no los has hecho? ¿Qué te lo impide?

─ El dinero ─resopló con ironía y volvió a sus actividades, dejando a Potter abandonado en la esquina de la barra.

Después de eso no volvió a ver a Potter en largo tiempo, tal vez dos semanas o tres, pero para Draco pareció largo tiempo. Cuando volvió a saber de él, fue de la manera más inesperada.

Llegó al trabajo a la hora usual de la tarde, Johnson estaba allí y le sonrió con cariño.

─ Draco, muchacho, alguien ha venido a hablar contigo.

─ ¿Quién es? ─cuestionó.

─ El señor Harry Potter, mencionó algo de esperarte afuera…

Draco no se quedó a escuchar el resto, salió del bar tan rápido como pudo y miró hacia ambos lados de la calle; el hombre estaba parado al otro lado de la calle, lo observaba con una expresión fría.

El rubio cruzó la calle en cuanto estuvo libre de automóviles y se posicionó frente a Potter expectante a lo que iba a decir.

─ Iremos a dar un paseo ─informó tajante.

Draco abrió la boca para negarse, tenía que trabajar, sin embargo, Harry continuó hablando.

─ Antes de que digas algo hiriente o fuera de lugar te pido me acompañes ─podría haber dicho que tenía que trabajar, pero por la promesa que se hizo a sí mismo aceptó.

Potter y él fueron al Londres muggle y caminaron por varias calles hasta que Harry se detuvo frente a un local con un gran letrero en blanco adornando la parte superior.

─ ¿Entramos? ─Draco asintió.

El lugar estaba claramente en proceso de decoración, no sabía que negocio pretendían montar allí, pero era perfecto para… ¡Su bar inglés!

Miró a Potter esperando una respuesta.

─ ¿No te parece que es perfecto para montar un bar? ─mencionó el moreno como si nada.

─ No, no puedo aceptarlo ─se apresuró a decir. Primero su deuda de vida y luego esto. Era demasiado, demasiado para deberle a Potter. Y él no podía darse ese lujo─. ¿Qué es lo que quieres a cambio? ¿Humillarme? ¿Burlarte de mí?

Harry frunció el ceño.

─ Solo quiero ayudarte, ¿acaso eso tiene algo de malo?

¿Qué si era malo? ¡Era muy malo!

─ No necesito tu lástima, Potter. No necesito deberte más de lo que ya te debo.

Harry pareció sorprendido por las palabras, sus ojos verdes se oscurecieron y su expresión se transformó a una más seria.

─ No es por lástima que lo hago. Pero si te hace sentir mejor, diré que sí quiero algo de ti.

Draco resopló. Él lo sabía, siempre lo supo. Potter no le ofrecería el local de sus sueños nada más porque sí.

─ ¿Qué quieres? ─cuestionó con hostilidad.

─ Me gustan las bebidas que preparas, pero odio el bar de Johnson. Así que pensé… ¿por qué no ir a un lugar más tranquilo? Un lugar dónde pueda pasar el rato sin que la gente me mire de manera extraña y donde no me tengan miedo.

El rubio se sorprendió al saber que Potter estaba consciente de lo que la comunidad mágica pensaba de él.

─ Además, nunca le pagué a tu madre lo que hizo por mí.

Al ver la expresión desconcertada del rubio agregó:

─ Ella me salvó, pensé que lo sabías.

Draco negó. Quería estallar y decirle al imbécil que dejara de hablar estupideces, pero al mirar el lugar y pensar en lo mucho que se parecía a lo que imaginó, al darse cuenta de que aceptando ya no pasaría por la humillación continua de los clientes, decidió tomar la oportunidad.

Harry hizo una mueca parecida a una sonrisa y sus ojos verdes brillaron brevemente.

─ ¿Qué dices? ¿Aceptas?

Draco asintió.

─ Entonces es todo tuyo, has del lugar lo que creas conveniente.

Y desde ese día ya habían pasado tres años.

El tiempo había transcurrido tan rápido.

Se dio cuenta que el sol ya alumbraba con fuerza en el exterior, miró al reloj, eran las ocho de la mañana. ¿Cómo era posible que se hubiera quedado tanto tiempo pensando?

Se puso de pie con intención de ir a tomar una ducha, tenía que ir a comprar algunos suministros para el bar y la mañana era el mejor momento para hacerlo.

oOOo

Draco estaba sirviendo una serie de bebidas a un pequeño grupo de jóvenes cuando cuatro hombres entraron al establecimiento. Resopló al reconocerlos.

En el muggle como en el mundo mágico la gente problemática existía. Esos tipos trabajaban para un hombre que supuestamente era el líder o dueño de la zona, Draco aun no comprendía como operaban y seguía preguntándose si en verdad el jefe de los mequetrefes era el "dueño" de las calles de Londres. Como sea, no era la primera vez que llegaban para amedrentarlo, exigiendo una cuota mensual para mantener al bueno para nada del jefe, por supuesto, Draco se había negado a dar el dinero y tal como las otras veces sabía que los hombres habían entrado para exigirle nuevamente la paga.

─ Ya les dije que no voy a pagar nada, así que pueden largarse a lamerle la polla a su jefe ─dijo sin mirarlos, estaba muy ocupado preparando las bebidas de sus clientes como para andar lidiando con esa bola de perdedores.

─ Yo que tú cuidaría más mis palabras ─dijo el idiota con el corte en la mejilla, quien se sentó en la barra y tomó una de las botellas que yacían allí.

Draco entrecerró los ojos, se estaban tomando sus libertades, pero mantendría la calma.

─ Paganos ahora, rubio ─dijo otro mirándolo fijamente.

Draco llevó una de sus manos debajo del mostrador y buscó a tientas su varita. Sabía que no debía usar magia en un lugar público y mucho menos frente a tantos muggles, pero si esos hombres estaban poniéndose pesados no tenía una mejor opción. Eran bastantes para enfrentar a puño limpio.

En el momento en que sintió la vibración de la magia de su varita a lo largo de sus dedos, vio a otro de los hombres colocar un arma en la barra. Definitivamente tendría que hacer algo al respecto.

Levantó de inmediato la varita al ver que otro de los hombres también sacó su arma y amenazó a los clientes de la mesa.

Fue cuestión de segundos, Draco no lo esperaba, siempre creyó que se trataba de simples fanfarrones, pero al escuchar el sonido del disparo que iba en dirección a los clientes le hizo odiarse por subestimar a los muggles.

Antes de que fuera demasiado tarde, lanzó un protejo al grupo de chicos, logrando de este modo que la bala fuera repelida.

Al darse cuenta de que el hombre del corte en la cara lo estaba apuntando lanzó un desmayo, todos cayeron inconscientes.

Los clientes comenzaron a gritar, por lo que también tuvo que desmayarlos y por supuesto, tendría que lanzarles un obliviate. A todos.

─ ¡Carajo! ─exclamó al darse cuenta de que tendría mucho qué explicarle al ministerio y dudaba que fueran condescendientes con él.

Estaba pensando qué hacer cuando sintió un fuerte dolor en el hombro, como si le hubieran lanzado un hechizo punzante. Se llevó la mano a la zona, descubriendo que su camisa estaba húmeda, entonces se dio cuenta de que estaba manchada de sangre.

─ ¿Draco? ─escuchó la voz de Potter quien ya se encontraba junto a él con barita en mano─. ¿Qué ocurrió? ─entonces vio la gran mancha en la camisa y se acercó a examinarlo─. ¡Oh, Merlín!

─ Estos hombres han estado molestando, diciendo que debo pagarle a su jefe, pero me he negado a hacerlo y…

─ ¡Eres tan inconsciente! ¡Esos tipos son peligrosos, personas de la mafia, pudieron haberte asesinado!

─ ¡Y eso qué! ¡No voy a darles dinero!

─ Eres…

─ ¡Los del ministerio…! ─Draco recordó que en de un momento a otro llegarían.

─ No importa, yo me encargaré de ellos, ahora necesitas ir a un hospital ─Harry invocó un patronus, dijo unas cuantas palabras y después el ciervo atravesó entre las paredes del local─. ¡Vamos! ─tomó a Draco del brazo.

─ ¿A dónde vamos? ─se apresuró a preguntar─. No quiero ir a San Mungo.

─ No puedo llevarte a un hospital muggle ─reprendió Harry, en ese momento las rodillas del rubio cedieron, provocando que casi cayera de no ser porque Harry lo sostuvo firmemente de la cintura.

─ Será suficiente con eso, ellos saben cómo sacar balas ─antes de que Harry refutara agregó─: ¡Por favor, te lo suplico!

Eso fue suficiente para que cediera. Se aparecieron en un lugar alejado, Draco supuso que Harry sabía cómo moverse en un lugar lleno de muggles, así que no se resistió cuando fue arrastrado por las calles hasta llegar al hospital.

─ ¿Qué pasará con la gente del bar? ─todavía fue capaz de preguntar.

─ Ya he enviado a alguien que se encargará de todo ─respondió el moreno.

Después eso las cosas ocurrieron bastante rápido, o al menos esa fue la percepción del rubio, quien tenía vagos recuerdos de haber entrado al hospital, hombres vestidos de blanco lo subieron a una camilla y luego se debió desmayar, pues no volvió a saber de sí mismo hasta que abrió los ojos y lo primero con lo que se encontró fue con un techo pulcramente blanco.

─ ¿Cómo te sientes? ─esa fue la voz de Potter.

Parpadeó repetidas veces hasta que logró mantener los ojos abiertos, el rostro de Potter ya estaba en su campo de visión.

─ ¿Draco? ¿Me escuchas?

El aludido asintió.

Harry suspiró, parecía aliviado.

─ Perdiste mucha sangre, afortunadamente lograron estabilizarte.

─ ¿Qué sucedió con los muggles?

─ ¿Estuviste a punto de morir y primero preguntas por los muggles? ─dijo Harry sonriendo.

─ He despertado, eso debe significar algo bueno ─respondió quitándole importancia a su situación.

Harry negó con la cabeza, pero no había dejado de sonreír. Para el rubio era una reacción extraña, hace mucho que no veía sonreír así a Potter, estaba seguro de que la última vez que lo vio hacerlo fue en el colegio, tal vez en sexto año, no podía recordarlo con claridad.

─ Hermione se encargó de todo. Antes de que llegaran los agentes del departamento de regulación mágica, ella y Ron estaban allí y resolvieron el asunto.

─ ¿Sabían que yo...?

Harry negó.

─ Me encargué de eso. No te preocupes por nada más que tu recuperación.

Draco resopló.

─ Tengo que volver al bar.

─ Mmm… sobre eso… ─Harry pareció indeciso, así que Draco lo motivó a hablar sin rodeos.

─ Ya dilo, Potter.

─ No podrás usar el brazo derecho en un buen tiempo, primero debe sanar la herida y después debes hacer una serie de ejercicios de rehabilitación para que recuperes el movimiento de tu brazo.

─ Y eso significa que…

─ Tendrás que dejar el bar por un tiempo.

El rubio se mordió el labio inferior, el bar lo era todo para él. Además, con las ventas diarias es con lo que había sobrevivido durante los últimos años; había ahorrado, pero ese dinero estaba destinado para comprarle el bar a Potter, algún día.

─ No puedo dejar el bar ─sentenció.

─ Tampoco puedes preparar bebidas si tu brazo es inservible.

Draco meditó la situación, Potter tenía un punto importante que argumentar, tal vez si hubiera ido a San Mungo la situación sería diferente, pero sin duda a estas alturas todos en el mundo mágico estarían enterados de que el ex mortífago Draco Malfoy atendía un bar clásico inglés en Londres muggle y muchos no desperdiciarían la oportunidad para asistir allí y molestarlo, ¡no gracias!, prefería el anonimato.

─ Tendrá que ser como tú dices, Potter.

─ Quiero decir algo más.

Draco no pudo evitar rodar los ojos.

─ ¿Qué es?

─ Quiero que te mudes a mi casa, Grinmauld Place.

Su expresión cambió drásticamente, ¿De qué carajos estaba hablando Potter? ¿Mudarse con él? ¿Qué clase de broma macabra era esa?

─ No me mires tan sorprendido. Es mejor que estés con alguien que pueda cuidar de ti mientras te recuperas.

─ ¿Y tú cuidarás de mí? ─cuestionó sarcástico.

─ Si, es decir, no solo yo, también Kreacher, el elfo doméstico de los Black ─se apresuró a decir, de pronto parecía nervioso─, estaba en Hogwarts, pero son vacaciones así que ha venido a Grinmauld Place, no sabe qué hacer con sus vacaciones ─empezó a reír─, de todos modos… él lo hará, él sabe qué hacer, además, ya sabes, estará más que complacido de tener la oportunidad de servirte, por eso de la pureza de sangre y bueno también eres un Black…

─ Potter, si aceptar hará que te calles con gusto digo que sí, pero por favor cierra la boca, mi cabeza va a explotar.

oOOo

Un mes, Draco tenía que pasar en casa de Potter un mes.

No era demasiado, pero el tiempo puede ser bastante relativo; una hora puede pasar como un segundo y un mes podía ser tan tortuoso como un año entero. Pero las cosas no ocurrieron como Draco las presagió. En realidad, la convivencia con Potter no era tan mala y tener a Kreacher satisfaciendo todos sus caprichos era realmente placentero.

El rubio estaba sentado en uno de los sofás del salón leyendo un libro cuando apareció Kreacher con té y galletas.

─ Le traje té, Señor Draco.

El rubio agradeció.

El elfo hizo una reverencia, parecía muy feliz de que Draco le agradeciera el gesto, luego desapareció para hacer otras actividades.

─ Admite que estás complacido ─Potter estaba detrás de él.

─ Admito que es bueno tener a alguien que haga todo por mí.

Potter comenzó a reír, luego dio vuelta al sofá y se sentó frente al rubio.

─ ¿Ya te sientes mejor?

Draco asintió.

─ Ya no duele y pronto podré deshacerme de esta cosa ─señaló el cabestrillo.

─ Genial, es hora de tu baño.

Draco arqueó una ceja, su mirada fija en Potter quien parecía nervioso.

─ ¿Qué?

─ Han pasado cuatro días y necesitas un baño ─el moreno desvió la mirada.

Extraño, pensó Draco.

─ Bien, entonces llamaré a Kreacher.

─ Yo te ayudaré ─de pronto, Potter parecía menos nervioso─. Es decir, Kreacher fue a hacer las compras, además, después de bañarte necesitarás que alguien limpie la herida y Kreacher no sabe cómo se debe limpiar una herida de ese tipo.

─ ¿Y tú sí? ─preguntó arqueando una ceja.

Harry asintió repetidas veces y luego agregó:

─ Aprendí, cuando estuvimos buscando… cuando estábamos huyendo de los mortífagos, Hermione me enseñó, ya sabes, por si ocurría algo.

El rubio asintió de acuerdo. Le creía, era posible que Potter hubiera aprendido muchas cosas cuando estuvo huyendo con sus amigos, sin embargo, Kreacher sabía cómo limpiar una herida, los elfos domésticos estaban capacitados para hacer cualquier tipo de tarea, por eso le causaba mucha curiosidad saber la razón por la que Potter quería ser quien lo ayudara a bañarse.

─ Está bien, prepárame el baño ─dio la orden como si Potter fuera un elfo doméstico y al ver la cara de desconcierto en el otro comenzó a reír.

─ Bueno, al menos ya sonríes ─le respondió antes de ir a llenar la bañera, esta vez fue el rubio quien quedó con la expresión desconcertada.

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Cuando Draco entró al baño no esperaba encontrarse a un Harry Potter en calzoncillos.

─ ¿Qué es lo que estás haciendo? ─sus ojos estaban muy abiertos y centrados en el torso del moreno, quien lucía varias cicatrices a lo largo de su cuerpo.

─ Preparo el baño ─Potter lo miró brevemente antes de volver a lo suyo─. Tendrás que sentarte aquí ─señaló un banquito que se encontraba dentro de la tina.

Draco continuaba inmóvil en el umbral.

Entonces Harry se detuvo y lo miró fijamente.

─ ¿Ocurre algo malo? ─preguntó.

Draco iba a preguntar por qué se había quitado la ropa, pero de último momento decidió que era mejor no mencionar nada al respecto. Si no lo mencionaba sería menos incómodo ser lavado por el hombre, quien al parecer leyó sus pensamientos, pues dijo de pronto:

─ Me he quitado la camisa porque no quiero mojarme ─empezó a reír como si se tratara de algo gracioso e inmediatamente se giró hacia la bañera, el rubio juró que lo vio sonrojarse.

«Eh… apresúrate, antes de que el agua se enfríe.

─ Si eso ocurre, entonces lanza un hechizo para calentarla. No es demasiado complicado. Por cierto, ¿Esperas que me bañe con la ropa puesta?

─ ¿Eh? ─Harry giró rápidamente. Se miraron por varios segundos, ninguno decía nada, eso provocó que de pronto Draco se sintiera tímido y avergonzado, la pregunta no había sido impropia estrictamente, pero su mente perturbada hizo su interpretación propia─. ¡Ah, sí! ¡Eh, no! ¡Quiero decir… no! ─en unos cuantos pasos llegó hasta donde el rubio se encontraba─. Te-te ayudaré.

Y llevó las manos al cabestrillo el cual desató con destreza. Después seguía la camisa, en ese punto detuvo sus manos por unos segundos, luego continuó, cada botón fue desabrochado lenta y cuidadosamente.

En ese momento, el corazón de Draco comenzó a latir fuertemente y temió que Potter se diera cuenta; reprendió y reprendió a su corazón, esperando que se detuviera, pero no funcionó.

Mientras tanto, Harry retiró cuidadosamente la camisa, detuvo su mirada en el rubio, grandes cicatrices atravesaban su abdomen y su pecho.

─ Lo siento ─susurró.

─ ¿Qué? ─cuestionó desconcertado.

─ Yo fui quien…

El rubio se dio cuenta de qué hablaba y se quiso llevar las manos a su cuerpo con intensión de protegerse. Eso provocó que el hombro herido le doliera y exhalara un quejido.

─ ¡No te muevas tan repentinamente! ─reprendió el moreno mientras lo tomaba de los antebrazos para evitar que continuara moviéndose; Draco se sonrojó furiosamente y desvió la mirada─ Cuando la herida sane completamente, tendrás que usar un soporte para tu hombro ─agregó Harry solo para hablar de algo mientras miraba hacia la cremallera del pantalón que ahora debía quitar─. Voy a… ─dijo.

─ Si, apresúrate, me está dando frío.

Draco no quería pensar en Potter quitándole los pantalones mientras yacía arrodillado frente a él medio desnudo, así que se concentró en mirar su marca tenebrosa, aunque de inmediato se arrepintió ya que le hizo preguntarse qué estaría pensando Potter sobre la marca en su antebrazo; el recuerdo de lo imbécil que había sido Draco en el pasado y el símbolo de aquel que arrebató muchas vidas, entre ellas a muchas personas importantes para Potter.

─ Levanta las piernas ─pidió el moreno, Draco obedeció por inercia, así, Harry retiró el pantalón y lo acomodó junto a la camisa, el momento de retirar los calzoncillos fue mucho más incómodo que antes y el rubio pensó que se iba a excitar, afortunadamente después de mucho rogar internamente eso no sucedió─. Vamos, siéntate donde te he indicado.

El rubio decidió que por el momento no deseaba pensar más, todo a su alrededor eran situaciones o pensamientos incómodos y ya se sentía mareado de tanto intentar controlarse.

Harry lo lavó con sumo cuidado, tratando siempre de no lastimarlo. Después lo secó minuciosamente con una toalla suave. Pasaron a la habitación donde le ayudó a ponerse la ropa interior y los pantalones.

El hombre secó su cabello con sumo cuidado y después lo cepilló lentamente.

─ Tu cabello es bastante largo y suave… ─pronunció, miraba fijamente las largas hebras rubias mientras pasaba el cepillo lentamente─, me gusta.

Draco levantó la mirada, Potter parecía asustado y se había detenido.

─ A-Ahora voy a cambiar tu vendaje y limpiaré la herida ─anunció de pronto, echó el cepillo a un lado y fue en busca de vendas y algodón.

¿Qué fue eso?, se cuestionó mientras observaba a Potter ir y venir.

Algo en Draco se estaba saliendo de control, a cada momento que pasaba era peor, y cuando Harry se dedicó a cambiar los vendajes y hacer todo el procedimiento de limpieza, Draco aprovechó para observar de cerca al hombre; la cicatriz que cortaba su ojo parecía más profunda de lo que se hubiera imaginado y sus ojos eran mucho más verdes de lo que se alcanzaba a ver desde lejos. Tenía unas pestañas muy largas y su piel morena brillaba ligeramente, tenía un rastrojo de barba, desde lejos era imperceptible, pero de cerca podía notarse claramente el oscurecimiento de la piel que provocaba el bello.

─ ¡Listo! ─Draco levantó la mirada, ambos estaban muy cerca uno de otro, el corazón de Draco volvió a latir como loco, incluso sintió que sería posible que se saliera de su pecho.

También se preguntó hace cuánto no salía con alguien, porque ahora Potter le parecía bastante atractivo, después se preguntó si el moreno se atrevería a besarlo y si lo besaba… ¿Cómo reaccionaría? ¿Correspondería? ¿Llegarían a algo más? No, seguro Harry se detendría antes de avanzar más. No obstante, todo era absurdo, Potter jamás lo besaría ni por error, pero si él fuera quien besara a Potter…

Entonces Kreacher apareció en la habitación y ambos se alejaron de inmediato.

─ La sangre sucia lo busca, amo Harry ─dijo el elfo con hostilidad.

Draco quiso reírse al ver la cara de Potter, pero logró contenerse, solo se limitó a observar como el moreno reprendía a Kreacher por llamar sangre sucia a Granger.

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Potter estaba todo el tiempo a su alrededor. Cuidando a cada momento que nada le faltara y que estuviera cómodo o que no se sintiera mal, también lo bañó hasta que él pudo asearse por sí mismo y cada una de esas ocasiones su corazón siempre palpitaba incontrolado mientras su imaginación volaba hasta llevarlo a escenarios donde Potter lo besaba o en unos más descabellados se atrevía a ir más lejos que un beso.

Kreacher también estaba muy pendiente de él. Tal vez a esas alturas ya debería sentirse sofocado, pero la realidad era que se sentía feliz. Antes, hace muchos años, había deseado la amistad de Potter y por alguna extraña razón el destino lo había compensado con Potter sirviéndole tal como si tratara de su elfo doméstico personal, pero mejorado. Pensándolo mejor era una especie de mayordomo, pero no cualquier tipo de mayordomo; era uno atractivo y encantador.

"Draco, admítelo, estás enamorado de Potter", era una de las líneas de la ultima carta que Millicent le había enviado después de que él le contara que estaba viviendo con Potter y sobre todas sus atenciones y otras cosas. Por supuesto, hasta antes del disparo, Draco no había pensado mucho en la posibilidad de estar enamorado de su ex enemigo de colegio, de hecho, tal vez no había querido pensar en ello. Pero ahora era inevitable no pensarlo y estar cien por ciento seguro de que sí, hace mucho estaba enamorado de Potter; tal vez ocurrió durante sus años de colegio o durante la guerra, posiblemente ocurrió cuando volvieron a reencontrarse o era como decía Milli, siempre estuvo enamorado de él. No importaba como fuera, ahora su mente y corazón lo habían aceptado y no tenía idea de cómo iba a enfrentar ese gran problema. De pronto no quería irse jamás de Grinmauld Place y la deuda no dejaba de rondar en su cabeza. No sabía qué hacer y lo único que Milli le aconsejó fue: "Ánimo, tú puedes confesar tus sentimientos", ¿Acaso estaba loca?

Draco ahora usaba un soporte para el hombro, en un par de días habría sanado por completo y entonces tendría que regresar a su pequeño y solo departamento. Y todo volvería a la normalidad. Trabajar en el bar era algo que no dejaría de hacer por nada del mundo, pero lamentaba que tendría que hacerlo bajo las mismas circunstancias de siempre. Bueno, al menos ahora ya no lo molestarían los mafiosos. Potter se había encargado de eso, aunque Draco no sabía cómo lo hizo y por más que preguntó la respuesta no le fue revelada.

Tampoco quería volver a estar solo por otra fuerte razón. Desde que le habían disparado no había dejado de tener pesadillas, algunas veces aparecía Voldemort y en otras su padre y su madre, después de eso se despertaba alterado, sudado y jadeante y en cada una de esas noches Potter había estado allí, consolándolo,

El sanador muggle había dicho que era completamente normal, ya que era uno de los síntomas que se podían presentar después de sufrir un evento traumático de ese tipo. Pero hace tanto que Draco no soñaba con el pasado que la sola idea de pasar por esos episodios sin Potter lo aterrorizaba.

Sin embargo, pensar y pensar en eso no hizo que las cosas ocurrieran de manera distinta. Unas semanas después estaba completamente recuperado y era momento de partir.

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─ Entonces ya te vas… ─Draco continuó guardando sus cosas en el equipaje sin prestar atención real a las palabras de Potter.

«Aunque puedes seguir quedándote.

Draco cerró la maleta y lanzó un hechizo para encogerla antes de mirar a Potter.

─ ¿Y para qué tendría que seguir quedándome? Ya estoy bien, así que trabajaré en el bar para pronto poder pagarte.

El moreno frunció el ceño, su expresión alegre se transformó en una consternada.

─ Te he dicho en muchas ocasiones que el bar es tuyo.

─ ¡¿Cómo puedes decir eso tan a la ligera?! Potter, no sé en qué estás pensando, pero no soy tu proyecto de caridad ─estaba harto, ¿Hasta cuándo Harry entendería que no se sentía bien operando un negocio que no había pagado él mismo? ¿Hasta cuándo entendería que comportándose así solo le hacía reafirmar que él jamás sería otra cosa para Potter más que un tipo que merecía la lastima del Héroe del mundo mágico?

─ No eres un proyecto de caridad, Draco. Nunca lo has sido.

─ ¿Entonces qué? Lo que sea que le debías a mi madre se esfumó cuando ella murió, no trates de pagar tu deuda conmigo ─a estas alturas ya no le importaba mostrarse tan vulnerable.

─ Tampoco estoy tratando de pagar una deuda ─Harry caminó en su dirección, dio pasos lentos, pero precisos. Draco por inercia retrocedió y solo se detuvo cuando sus piernas tocaron el borde de la cama.

─ Eh-eh ─al tener al moreno tan cerca se sintió nervioso, las palabras se atoraron en su boca y solo se concentró en mirar fijamente a los ojos de Potter, que a pesar de que llevaba gafas, se podía observar claramente como sus ojos verdes resplandecían con gran intensidad.

─ ¡Te amo! Desde hace mucho te he amado ─confesó, si Draco estaba sorprendido antes, ahora se encontraba atónito─. Después de enfrentar a Voldemort me sumí en la depresión y dejé todo atrás, pero entonces mis amigos vinieron a rescatarme y después de tantos meses de insistencia al fin lograron sacarme de esta casa. Esa noche, cuando nos rencontramos solo había decidido salir por la insistencia de Hermione, pero cuando te vi sentí algo aquí ─se tocó el pecho en el área del corazón─, una esperanza. Tú me salvaste ese día y cuando lo comprendí me propuse que no volvería a dejarte solo.

─ Potter, no juegues con mis sentimientos, es dema…

─ ¡No estoy jugando, de verdad te amo! ─llevó sus manos a los hombros del rubio y se impulsó hacia el frente provocando que perdieran el equilibrio y ambos cayeran sobre la cama. Harry cayó sobre Draco; sus rostros estaban muy cerca, prácticamente podían sentir el aliento del otro.

─ Draco ─dijo con sinceridad─, si no me amas recházame ahora o de lo contrario te besaré.

El rubio detuvo su respiración, Potter no estaba jugando, en verdad le estaba confesando sus sentimientos, y él… levantó la cabeza lo suficiente para que sus labios tocaran los del otro mago. Su brazo curado subió hasta que su mano se enredó en el cabello rebelde y lo atrajo hacia abajo.

Draco descubrió algo, no solo amaba a Harry Potter, amaba ser besado por él y amaba estar así, con Harry sosteniéndolo. Era cierto que aún faltaban muchas cosas por resolver, Potter seguía siendo un hombre deprimido y Draco continuaba culpándose por muchas cosas que ocurrieron en el pasado, pero al menos ahora se tenían el uno al otro para seguir adelante.

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Epílogo

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─ Te ves cansado ─cuestionó Millicent, Draco la observó brevemente antes de darse la vuelta y buscar un par de copas para verter las bebidas que los clientes que acababan de llegar solicitaron.

─ Está cansado ─susurró Blaise hacia Milli.

─ No, no lo estoy.

─ Vamos Draco, con nosotros no puedes fingir, lo sabes ─dijo Zabini con una sonrisa ladina.

─ No sé qué pretenden al preguntar algo así…

─ Nada, de verdad, solo nos preguntábamos… ─canturreó la bruja.

─ ¿Qué tan elevado es el apetito sexual del Héroe del Mundo Mágico? ─completó Blaise.

Draco casi dejó caer la botella de pisco de entre sus manos.

─ ¡Están locos! ¿Qué clase de pregunta extraña es esa? ─a pesar de intentar ignorar la pregunta de sus amigos, no pudo evitar que sus mejillas se enrojecieran.

Millicent por su parte comenzó a reír.

─ ¿Acaso vas a decirme que ese cansancio que sientes no es por pasarte el tiempo libre haciéndolo con Potter? ─preguntó entre risas, Blaise la secundó.

─ Eres asquerosa ─gimió fingiendo estar enfadado.

Por su parte Milli y Blaise seguían riendo.

─ Bien, dejaremos de burlarnos de ti. Es solo que eres tan adorable cuando te sonrojas ─declaró antes de beber el resto de su bebida─. Por cierto, ¿Está noche no vendrá? ─e hizo un ademán con la cabeza señalando el lugar favorito de Potter, aquella esquina oscura al fondo de la barra.

─ Ya te lo he dicho muchas veces, no siempre viene.

Milli se encogió de hombros, luego se puso de pie y dejó unas monedas en la barra.

─ ¿Ahora usas dinero muggle? ─ella solo sonrió.

─ Nos vamos, Draco. Cuídate ¿quieres? ─agregó Blaise haciendo lo mismo que Millicent.

Caminaron rumbo a la salida y antes de que Blaise tomara la manija la puerta se abrió, del otro lado se encontraba Potter quien los miró sorprendido por algunos segundos.

─ Hola, Potter ─saludó la bruja con una gran sonrisa.

─ Qué hay, Potter.

─ Bulstrode, Zabini… Hola ─pronunció el moreno correspondiendo al saludo.

Harry permitió que ellos salieran antes de cruzar el umbral y mientras la puerta se cerraba escucharon que Millicent gritó:

─ ¡Cuida a Draco y ya no lo agotes tanto!

Draco se sonrojó furiosamente.

─ ¿De qué estaba hablando? ─cuestionó Harry una vez llegó a su lugar favorito. Draco negó con la cabeza repetidas veces.

─ Honestamente no lo sé.

Dijo como si realmente no tuviera idea. Harry por su parte simplemente sonrió.

─ ¿Por qué sonríes? ─preguntó el rubio.

─ ¿No puedo sonreír nada más porque así lo quiero? ─cuestionó fingiendo estar ofendido.

─ No cuando sé que estás pensando algo que no me va a gustar ─Harry soltó una sonora carcajada. Draco no pudo evitar pensar en lo mucho que había cambiado Harry; en realidad no es que hubiera cambiado, solo había vuelto a ser el mismo hombre alegre y vivaracho que conoció el Hogwarts. El rubio sabía que se debía a que Harry trabajando arduamente en superar sus traumas y el psicomago decía que se debía a la presencia de Draco. Honestamente, al rubio le agradaba saber que él influía en la mejora de su pareja, aunque nunca lo admitiría en voz alta y, por el contrario, siempre diría que era solo por el trabajo propio de Harry. También sabía que Harry le daba la razón solo para mantenerlo contento, pero ya se lo había dicho a todos sus amigos y a los Weasley. "Draco es mi salvación", se la pasaba diciendo cada vez que alguien traía el tema a colación. Aunque en realidad… Draco pensaba que era Harry quien lo había salvado, siempre lo salvaba, pero ya no le parecía un problema, ahora lo catalogaba como una bendición.

─ Solo sonrío porque cada que te veo me siento más y más enamorado de ti.

Draco carraspeó y caminó hasta el otro lado de la barra, el sonrojo que ya se había disipado cuando Milli gritó volvió con más fuerza, ahora incluso se sentía acalorado, a pesar de que el otoño estaba terminando.

Potter idiota, pensó.

Más tarde, cuando ambos estaban en casa y mientras Draco se desabrochaba la camisa, Harry apareció atrás de él.

─ ¿Ya te he dicho que me encanta como se te ve ese color? ─declaró mientras observaba su pecho y abdomen por el espejo.

Draco se dio la vuelta, estaba sonriendo.

─ Si, lo has dicho como unas cinco mil ocasiones desde que comenzamos a dormir juntos.

─ Siento que no es suficiente.

El rubio no pudo evitar sonreír más.

─ Ya no sonrías o me matarás.

─ Mmmm, me pregunto qué habría hecho el Señor Tenebroso de saber que una sonrisa sería más efectiva que un Avada.

Harry comenzó a reír.

─ Pero no cualquier sonrisa ─dijo mientras se acercaba. Unos cuantos pasos al frente y rodeó el torso del rubio por debajo de la camisa abierta. Después depositó un suave beso─. Es hora de ir a la cama ─declaró impulsando al rubio hacia arriba para que este se abrazara a su cuerpo. Draco por inercia envolvió sus piernas y brazos en el moreno.

─ Todavía no termino de cambiarme ─declaró haciendo un puchero.

─ ¿A quién le importa si he de quitarte el pijama de todos modos?

Draco negó con la cabeza como si en verdad desaprobara lo que su pareja estaba diciendo.

Harry lo llevó hasta la cama donde lo depositó con cuidado y luego se subió sobre él. Mientras se besaban Harry aprovechó para despojarlo de los pantalones y la ropa interior y él mismo se quitó la camiseta.

─ Voy a…

Draco iba a quitarse la camisa, pero Harry lo detuvo.

─ Ya te lo he dicho, me encanta como te va ese color; tus ojos grises resaltan más y tu piel se ve incluso más blanca…

─ Ahora vas a decir algo de mi cabello ─agregó.

─ Amo tu cabello ─Draco no pudo evitar sonreír─. Tu sonrisa también es hermosa.

Después de la muerte de sus padres, Draco creyó que jamás volvería a ser feliz, tal vez con el tiempo las heridas sanarían y su vida se estabilizaría poco a poco, pero no creía que habría más que eso y mucho menos que se enamoraría de la persona que menos imaginó.

─ ¿Pasa algo? ─preguntó Harry con el ceño fruncido, Draco se dio cuenta de que se había perdido en sus pensamientos.

─ No, es que… soy muy feliz.

─ Yo también ─Y lo besó.

FIN