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-¿Me dirías exactamente a dónde vamos, Ágatha?- preguntó frustrado.

-Paciencia querido, paciencia...ya no estamos lejos...- sonrío.

Por consejo de Ágatha, conjuró un cambio de ropa un poco más "discreto", pues las pocas personas que se atrevían a curiosear sobre su persona terminaban desconfiando de el debido a su apariencia poco tranquilizadora.

Conforme se acercaban al sitio en cuestión, Stange comenzó a percibir aquella extraña energía con un poco más de intensidad. Y lo hizo ponerse en alerta ante cualquier amenaza.

Caminaron unas 3 manzanas más hasta que finalmente llegaron a su destino.

-¡Ta-da! ¡Aquí lo tienes, nene!.- gritó de forma exagerada y extendió el brazo. Stephen gesticuló con incomodidad en respuesta y se abrió paso hacia el terreno baldío al cual lo había traído Ágatha.

Caminó unos pasos hasta llegar al centro, y fue cuando sintió toda aquella energía concentrarse debajo de sus pies.

Ese debía ser el punto de origen.

Se agachó, tocó la tierra con su mano mientras cerraba los ojos para concentrarse, y con su mano libre comenzó a realizar una serie de hechizos en el aire. Poco a poco del suelo fue emergiendo un halo color escarlata que trepó lentamente por el brazo del Hechicero.

-Mmm...lindo truco...- opinó con aires de suficiencia. La astuta bruja tomaba nota mental. No había quitado el dedo sobre el renglón en su deseo de querer apoderarse de los poderes de Wanda y poder salir del todo de su control, y vio en Stephen Strange una buena oportunidad de la que debía tomar ventaja en el momento oportuno.

Se incorporó lentamente y miró con asombro la extraña energía que serpenteaba sin un patrón definido sobre su extremidad. -¿Qué es esto?- murmuró.

-Magia del Caos.- Ágatha caminó en su dirección. -¿Puedes sentir su poder, no?.- preguntó con malicia.

Rió ligeramente y la miró. -¿Magia del Caos?.-hizo una breve pausa.- Eso sólo es un mito pagano.- dijo escéptico.

Sonrió.-Oh...¿Eso crees?...los mitos pueden llegar a ser muy reales...- se agachó y arrancó un poco del césped marchito. -"Repete momentum"- su semblante se oscureció.

-¡¿Qué estás haciendo?!-

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Había pasado toda la mañana removiendo prolijamente las hojas secas de sus hermosos árboles de cerezo, cuidando de no estropear los nuevos retoños en el proceso.

La jardinería era de las pocas cosas que le traían paz, y que además, se le daba bien.

Durante su estadía en el orfanato había adquirido el hábito de cuidar de las plantas y el huerto del mismo, habiendo devorado libros enteros sobre el tema en la biblioteca. Cuando algo le interesaba a la pelirroja, no se detenía hasta conseguir toda la información posible.

Retiró un poco de sudor de su frente y suspiró agotada; sólo quedaban un par de hojas más que retirar.

-¿Wanda?-

Su corazón dio un vuelco al escuchar esa voz, que le era bastante familiar por alguna razón. Tomó un poco de aire y giró sobre sus hombros para encarar al dueño de la misma.

Le reconoció de inmediato.

-Strange...- musitó.

El le sonrió en respuesta. -Que tal, Wanda...¿Podemos hablar?- su voz reflejaba tranquilidad.

La pelirroja asintió. - Sabía que tarde o temprano aparecerías.- habló con un marcado acento Sokoviano. Stephen la miró con curiosidad.

Tragó saliva. -Cometí muchos errores...y...lastimé a muchos.- admitió. La culpa podía verse reflejada en sus ojos vidriosos.

El Hechicero se sorprendió brevemente ante su sinceridad. Cuando llegó a Westview no había podido entender la razón por la cual todos los habitantes la habían acusado directamente de causarles sufrimiento.

Fue Ágatha quien, con un hechizo de memoria residual, logró aclarar todas sus dudas, aunque aumentando sus inquietudes. Le había revelado que era una bruja, pero que no era de ella de quien debía preocuparse, pues existía una amenaza de proporciones apocalípticas que, de no ser controlada a tiempo, destruiría la realidad tal y como la conocían. Pues se trataba de un ser "Nexus".

-No vine aquí para hablar de Westview.- la miró fijamente.

Wanda gesticuló con extrañeza. -¿Entonces a qué viniste? ¿No se supone que proteger la realidad es tu trabajo?.- se aproximó hacia el.- ¿Acaso no vas a castigarme?...- recriminó, incrédula.

Stephen se mantuvo en su postura y no retrocedió ni un milímetro.

-Creo que estás pagando las consecuencias de tus actos con creces, o ¿me equivoco?- respondió terminantemente.

La pelirroja lo miró con amargura y le dio la espalda. -No entiendo entonces qué haces aquí...- su voz se entrecortó.

Ante su reacción, Stephen se sintió un poco culpable y quiso suavizar la situación. -Disculpa, no quise ser descortés, pero es indispensable que me contestes algo, Wanda.- dijo seriamente.

Ella se recompuso y lo encaró.

-¿Qué cosa?- preguntó molesta.

-¿Has estado teniendo pesadillas?-

Continuará...