Capítulo 1: Cuándo me enamoro

Las primeras gotas de lluvia resbalaban por los viejos y grandes ventanales del edificio de Artes de la Universidad Estatal. Las ramas golpeaban suavemente y las nubes se aglutinaban sobre el horizonte anunciando las primeras lluvias del verano.

Trabajadores como alumnos vestían de ropas abrigadoras, de acuerdo al clima que acompañaba a aquella mañana.

En el último salón del segundo piso, una joven de cabellera larga y roja como la grana, posaba su cabeza sobre sus morenos brazos. Sus grandes ojos cafés, sin ningún hilo de alegría, no perdían de vista cada gota de lluvia, no por interés o fascinación ante aquel fenómeno climático, sino por aburrimiento. Llevaba mas de 23 minutos sin prestar atención a las palabras del profesor Pixis, ya lo conocía, en más de una ocasión le había impartido clases, y la introducción a las diferentes asignaturas que impartía siempre era el mismo discurso de dos horas. Aburrido, sofocante, no había mejores palabras para describirlo.

La noche anterior se había desvelado jugando en línea con su mejor amigo, Connie, y ahora sufría las consecuencias. Aunque siendo sincera con ella misma, de lo que más se arrepentía era haber jugado tanto tiempo, provocando su primera falta, no había llegado a su primera clase del día.

A cada minuto, a cada segundo, a cada tic tac se le dificultaba más y más mantener sus ojos amielados abiertos.

Y cuando menos lo esperaba la sagrada campana resonó en los pasillos de aquel viejo edificio. Y sin esperar ni un minuto más, Sasha se levantó de su banquillo dispuesta a regresar a casa y al fin degustar de aquel flan que había preparado el día anterior, sin embargo, para su mala suerte, un brazo la sostuvo del hombro evitando su huida.

- ¿A dónde crees que vas?- era su mejor amigo Connie.

- Yo... sólo...-

- Nada Sasha, quedamos en ayudarle a Jean en limpiar el anfiteatro.-

- Pero...-

- Pero nada, y vamos porque si no nos empezará a gritar.-

Y sin más el pequeño chico calvo empezó a empujar a su mejor amiga hacia su destino, mientras que esta se quejaba en voz baja.

- Pero ¿por qué tenemos que ayudarle? A mi no es a quien le interesa la nueva chica.-

- Sasha, ¿recuerdas que aceptaste porque nos prometió invitarnos a comer pizza?-

Y en ese momento la joven pelirroja recordó aquellas deliciosas orillas crujientes y cubiertas con ajonjolí, que contrarrestaban con su interior relleno de queso suave y elástico; y su hipnotizante sabor a pepperoni. Y totalmente convencida y hambrienta, Sasha caminó más rápido al anfiteatro.

Al llegar vieron a su amigo de cabello bicolor junto a una joven de cabello negro y ojos grises. Era evidente que su amigo esta loco por aquella chica, pero de ella no estaban tan seguros que correspondiera a los afectos de Jean.

Connie y Sasha sintieron lastima por él, pero no el suficiente por haberlos involucrado en ello.

A los pocos minutos empezaron a llevar las cajas que tenían ya empaquetados en aquel lugar. La remodelación del teatro requería toda la ayuda de los estudiantes de teatro y danza, quienes eran los que ocupaban aquellos espacios. Y ellos no tendrían ningún problema con ayudar, claro, si fueran de artes escénicas, pero no ellos eran de artes plásticas.

Tras tres horas de duro trabajo, Sasha cargaba la última caja con un montón de telas, lo que parecían unas alas y montón de artilugios para las vestimentas utilizadas en las presentaciones.

Sasha podría jurar que nunca había visto tantos colores y texturas diferentes en un lugar tan pequeño, o más bien en sus vidas, ¡Ay, los de teatro! pensó.

Aquel montón de confeti de colores apenas le permitían ver el camino frente a ella. Porque si, el trabajo no sólo consistía en ordenar todo, si no también en llevar el viejo material a la bodega atrás de la piscina de la facultad, la cual estaba bastante lejos del teatro.

Con la poca visibilidad que tenía Sasha caminaba hacia ahí, a la vez que maldecía a su tonto amigo enamoradizo y jurando que se las cobraría. Porque definitivamente todo aquel trabajo no equivalía a esa pizza. ¡NO! ¡Claro que no! Eso al menos tendría que ser una semana de almuerzos gratis.

Y por estar ocupada maldiciendo a su amigo, no lo vio...

¡ZAZ!

El golpe fue tan fuerte que Sasha cayó sobre su parte trasera. ¡Auch!

- ¡Disculpa! – dijo un joven de grandes ojos azules y cabellos rubios.

- ¡Auch! – fue lo primero que pronunció y lo que su mente desorbitada le permitió. Todo había sido tan rápido que sus pensamientos estaban entorpecidos. Lo único que podía pensar con claridad era en sobarse la cabeza, todo había ido a caer justo ahí para después esparcirse por todo el suelo.

- Discúlpame, no fue mi intención- Se disculpó el joven por segunda vez mostrándole una sonrisa.

- No fue nada- mintió, el golpe había sido demasiado fuerte. Y con sinceridad, no sabía que le dolía más, sus glúteos o su cabeza.

sin embargo, para su sorpresa, la mano del chico ahora se posaba frente a ella, en un ademán de ayudarla a levantarse.

La pelirroja no se negó y con ayuda del chico se levantó del suelo. Se sacudió sus glúteos ahora llenos de tierra, y estaba por agradecerle el gesto cuando vio algo que la molestó. No fue la caída, sino el hecho que aquel rubio no la viera a los ojos, como si la ignorara.

- Nuevamente, discúlpame- Y tras decir esto, el ojiazul se retiró.

A Sasha le pareció sumamente grosero, ni siquiera la ayudó a levantar un sólo antifaz, ni una sola pluma.

Por el coraje que sentía, sacó todo el aire de sus pulmones en señal la molestia que sentía. Sólo vio como se alejaba aquel chico de cabellera rubia y ojos azules, y de pésimos modales.

Tras el accidente Sasha terminó de ayudar a su amigo, y como se había propuesto ahora Jean le debía una semana de almuerzos gratis a ella y a Connie.

En un nuevo día, en el cual para su suerte servirían hamburguesas de desayuno en la cafetería de la Universidad, cosa que sucedía una vez al mes y en este caso el cuarto día de pago de su amigo, los tres amigos con suma alegría por con sus almuerzos, bueno al menos dos de ellos, se dirigían ya con sus bandejas llenas a una mesa donde sentarse.

- Ahí hay espacio- dijo Connie señalando una mesa en el fondo del comedor, al cual sus amigos no se negaron y dirigieron hacia aquel lugar.

- Al rato los alcanzo- dijo Jean justo antes de llegar a la mesa. Recibiendo la cara de desaprobación de sus dos mejores amigos.

- ¿Es en serio?- dijo el calvo cuando vio las verdaderas intenciones de su amigo.

- Al rato los veo, ¿si?- y sin decir más se alejó antes de que empezara una disputa con sus amigos.

- ¿Puedes creerlo? nos ha cambiando nuevamente por esa chica- agregó el chico.

- Lo sé, y ni siquiera le hace caso.-

- Exacto... Pobrecito-

Comentaba aquel par mientras veían como el traidor de su amigo se sentaba en la mesa donde estaban los chicos nuevos e Historia, una de sus amigas.

La joven rubia al verlos les hizo un ademán para que los acompañaran a la mesa, a lo cual Connie sin pensarlo dos veces, aceptó, pero al dar un par de pasos hacía aquella mesa se percató que su amiga no lo hacía.

- Sash, ¿no vendrás? -

- No- contestó tras pensarlo un par de segundos.

- ¿Por qué no? A caso ¿es por Jean? Sabes que es un idiota que se le alborota la hormona fácilmente y ahorita sólo esta emocionado por esa chica... creo que se llama Mikasa.

- No es eso Connie- acotó la oji-café.

- Entonces ¿Por qué? – cuestionó mientras miraba hacía la mesa donde Historia les seguía haciendo señales, a la vez que Jean tomaba asiento junto a la chica de cabello negro, el chico nuevo de ojos verdes los miraba y el rubio se mantenía con su rostro en la mesa.

- Es ese chico... el rubio - agregó al ver la cara de desconcierto de su amigo.

- Mmm ¿Qué hay con él?-

- Es un grosero, el otro día me tiró al suelo junto con todo lo que llevaba cargando en ese momento. Y no me ayudó a recoger ni un sólo antifaz. Además, nunca me miró a los ojos, como si se creyera mejor que todos.-

- ¿En serio? Pero si Historia me dijo que era un joven muy amable.-

- Ósea Connie - la pelirroja giró los ojos hacia el cielo como si la respuesta fuera obvia- Era Historia, todos son amables con ella-

Su amigo asintió a las palabras de la oji-café, tenía razón. Historia por su belleza siempre obtenía sonrisas de todos.

- Aunque... creo que estás exagerando Sasha.

- Mira si quieres ir tú, adelante, yo no lo haré - terminó su amiga, y el chico titubeo un momento y sin pensarlo más le indicó a la rubia que sería después, dejándola desconcertada.

- ¡Vamos! Allá hay asientos.-

Así los dos amigos se dispusieron a desaparecer sus almuerzos.

El resto de su segundo día de clases siguió como si nada hasta que llegó la clase de deportes.

Sasha se cambió, vistiéndose con un top deportivo, encima una playera floja, se colocó sus rodilleras y se amarró sus tachones, y cuando su piel se cubrió de bloqueador se dirigió a la cancha de futbol, deporte que practicaba desde los 8 años.

Antes en su viejo parque cerca de su casa, unas piedras enormes delimitaban el área de donde se suponía irían los arcos, ella, Connie y Jean, jugaban por horas junto a sus demás amigos. Ahora era de las mejores y formaba parte de la selección de la universidad, por lo que había dejado los espacios improvisados por una cancha de pasto bien cuidado y arcos reales.

Al pisar ese hermoso pasto verde fue como si sus pies tuvieran un imán al balón, y se dispuso a jugar con él en lo que llegaban las demás chicas.

Tenía cierta curiosidad por quienes serían las nuevas. Cuán grande fue su sorpresa al ver a la chica de ojos grises. Lo primero que pensó es que ahora Jean no se perdería ninguno de los partidos, y sinceramente, eso le molestaría un poco, Jean no siempre venía a verla.

-¡Hola!- saludó la pelirroja, tenía que acumular puntos para su amigo.

-¡Hola!- contestó con voz queda la chica de cabellos negros y rasgos asiáticos.

Al parecer no era muy conversadora, pero ella era Sasha Brauss, a la cual todo el mundo conocía por sus buenas pláticas y su gran apetito.

- Mi nombre es Sasha, Sasha Brauss, soy de Artes plásticas, 6o. semestre. Tú eres nueva, ¿cierto?

-Si, soy Mikasa Ackerman, acabo de ingresar a la facultad de ciencias, estudio Biología –"Cerebrito" pensó la pelirroja.

-¡Oh genial! Y te gusta el fútbol por lo que veo, ¿cierto?- Continuó con su enorme sonrisa.

Y así entre aquellas jóvenes empezó una conversación que sin saberlo sería el inicio de una sincera amistad que con el tiempo se haría fuerte e irrompible.

Al finalizar el entrenamiento, donde no sólo la azabache se había unido, sino otras tres chicas, se dirigieron hacia los vestidores junto con Historia, la capitana del equipo. Mikasa disculpándose con ambas se retiró antes, saliendo casi corriendo.

Al salir del baño Sasha se encontró con la imagen de la nueva chica con el semblante relajado y con una pequeña sonrisa, mientras le colocaba la gorra de la chamarra a su amigo rubio. La imagen era encantadora, la sonrisa de aquel chico era cautivadora y su risa contagiosa.

De un segundo a otro su amigo de ojos verdes y cabello castaño los alcanzó, y de un salto abrazó a sus amigos, lo cual ocasionó más risotadas entre los jóvenes. Sin querer Sasha sonrió ante aquella escena. No sé dio cuenta cuánto tiempo se les quedo viendo hasta que la pelinegra la saludó en forma de despedida, a lo que ella respondió con una sonrisa. Al parecer el joven oji-verde eso le sorprendió y también le devolvió una sonrisa a la pelirroja, sin embargo, el joven oji-azul no respondió, al contrario, siguió con su mirada al frente. A Sasha eso le molestó, no podía creer la actitud tan mala que tenía aquel joven. Era claro que su enorme sonrisa sólo era para los suyos y nadie más.

Los siguientes días transcurrieron normal para la pelirroja, es decir, asistió a todas su clases, por más aburridas que fueran, como se espera en la primera semana de clases. Sólo con el detalle que ahora tenía una nueva amiga, Mikasa.

Aunque no la podía ver siempre porque sus carreras eran diferentes y por ende sus horarios también, si la veía cuando ambas practicaban futbol y uno que otras veces en la cafetería o el algún pasillo.

Al fin el viernes llegó y con él nuevos planes. Por la tarde, tras finalizar sus clases había quedado en ir al centro comercial a comer junto con Mikasa, Jean, Connie e Historia. Era la primera salida del semestre y el día pintaba para ser uno excelente. Estaba tan de buen humor que decidió esperar a Jean y Connie, quienes ensayaban con su banda.

Sasha caminaba en los pasillos del departamento de Música. Era cierto que Jean estudiaba Ciencias Políticas y Connie artes plásticas, al igual que ella, pero eso no evitaba que como pasatiempo tocaran la guitarra y la batería, respectivamente, y por ello ahora formaban parte de una banda de rock.

La infraestructura del departamento de música era de una forma peculiar. Sus salones estaban conformados por tres paredes opacas, normales, y la cuarta, la que daba a los pasillos era un gran vidrio que permitía ver a quienes estuvieran adentro, sin embargo, no dejaban escapar el ruido.

Sus grandes ojos iban de un lugar a otro, cautivados por quienes ocupaban aquellos cubículos. A veces con un profesor o solo alumnos, pero todos con un instrumento. Podía ver todo tipo de instrumentos.

Sasha giró y giró en esos pasillos, mas no encontraba a sus amigos.

Sin esperarlo, entre guitarras, chelos, pianos, melodías lentas o rápidas, alegres o tristes, escuchó una que atrajo toda su atención. Siguiendo aquellas notas tristes llegó hasta el final del pasillo.

Una puerta abierta permitía que escapara el hermoso sonar de un violín, acompañado de una cinta con el resto de la orquesta, tocaba una triste canción, una melodía que transportó a la pelirroja a un triste y bello recuerdo, su madre.

El violín a manos del joven oji-azul se incrustó en cada una de las fibras cardíacas de la joven, y sin hacer un ruido, las lágrimas rodaron por sus rosadas mejillas.

Lágrimas silenciosas caían hasta desaparecer en el suelo. Silenciosas como su dolor. Y hasta ese momento se percató que no era la única que dicha melodía afectaba. El joven interprete con ojos azules como el cielo derramaba lágrimas, gruesas y cristalinas, lágrimas sincronizadas con los acordes que producían sus finos dedos.

Sasha no podía quitar sus ojos de aquel joven que sufría como ella. ¿Y como hacerlo? si a cada movimiento del arco y cada partitura tocada, El Adagio de Albinoni, la canción favorita de su difunta madre, se abría paso en el espacio y tiempo.

Sasha sumergida en su propio dolor, en su propio recuerdo, disfrutó cada nota hasta que una voz interrumpió su penar.

-¡Sasha!- eran sus amigos quienes la habían buscado al no verla llegar al ensayo, como había prometido.

- ¡Vámonos Sasha! tengo muchísima hambre- comentó Connie agarrándose el estómago que hacía ruidos extraños por la falta de alimento.

- ¿Qué haces aquí? Pensé que nos buscarías- agregó su amigo alto.

- Yo... - quiso explicarse, pero calló cuando el joven intérprete salió de la habitación con su violín en la espalda.

- Con permiso- dijo y continuó su camino, sin mirar a su alrededor.

Sus amigos por inercia al igual que ella, se hicieron a un lado para dejarlo caminar.

- Sasha, ¿estabas llorando?- preguntó el más bajo, y en eso vio que el joven rubio se volteaba hacia tras cómo queriendo corroborar que no había sido el único, y claro que no lo había sido, prueba de ello era el rastro de agua que ambos compartían en sus rostros.

- Si... - se limitó a contestar, aún consternada por aquel sentimiento, por aquel momento. Y antes de que su amigo volviera a preguntarle, Jean se adelantó...

- ¿Armin?- y acto seguido el joven de ojos azules se giró sobre sus talones y sonrió a su amigo.

"Armin" con que ese es su nombre, pensó la pelirroja.

- ¡Hola!... Jean ¿Cierto? -

- Así es, ¿Cómo has estado?-

- Bien gracias - contestó, sin embargo lo que llamaba la atención de la pelirroja es que el tal Armin no miraba a su amigo, siempre su mirada estaba perdida en otro punto- ¿y tú?

- Bien, gracias. ¡Oye! Déjame presentarte a mis dos mejores amigos- el ojiazul sólo sonrió como respuesta- Él es Connie es un poco cabeza dura, pero te caerá bien- dijo con una sonrisa en la boca y evidente socarronería. Y antes de que su amigo pudiera darle un golpe por tan pésima presentación, agregó- Y ella es Sasha, alegre y despistada la mayoría del tiempo.-

- ¡Oye!- reclamó el chico calvo.

- ¡Mucho gusto!- interrumpió la pelirroja, ignorando por completo el comentario de su amigo y ofreciéndole un apretón de manos al chico nuevo, mas este la dejó con la mano al aire.

- Gusto en conocerlos, chicos- dijo el ojiazul- mmm necesito irme, se me hace tarde... luego nos vemos.-

- Por supuesto, Armin- dijo Jean despidiéndose por los tres.

- Adiós- finalizó el rubio, y comenzó su andar, pero antes que este desapareciera por el pasillo el joven alto le gritó.

- ¡Oye, Armin! ¿Irás a la plaza hoy con nosotros?-

- Si, cuenta con ello. Nos vemos al rato- y así desapareció por el pasillo. Dejando a una joven aún más desconcertada que antes.

Sasha no podía creer la actitud del ojiazul. Todo su semblante y a la hora de hablar sólo transmitía una calidez y sencillez. Sin embargo, ahí estaba sin dirigirse a los ojos, además la había dejado con la mano en el aire ¡Que grosero era!

Sin más, los amigos se retiraron discutiendo del ensayo de la banda, excepto la chica, que estaba perdida en sus pensamientos.

Sasha, Connie y Jean, eran viejos amigos se habían conocido en desde la secundaria y desde ahí habían sido como uña y mugre. Cada día era una aventura nueva.

Jean, era el más alto de los tres y por alguna razón desde mediados de la preparatoria había decidido pintarse la mitad de su cabello en un tono más claro. Su actitud lo hacían el más sensato de los tres, si Sasha o Connie tenían un problema siempre acudían a él por un consejo. Connie era el más bajo de los tres, y desde que lo conocían tenía el pelo rapado. Por años trataron de convencerlo de que se lo dejara crecer, y un buen día, cuando perdió una apuesta con la pelirroja lo hizo, la imagen del chico con el cabello estilo afro nunca salió de la mente de sus dos amigos. Y por último, Sasha o Sash como preferían decirle sus amigos, era una joven alegre y demasiado despistada. Su carácter dulce, alegre y muy juguetón, se complementaba perfectamente con el de Connie, siendo ambos el dolor de cabeza para el más alto.

Su amistad era fuerte, nada los separaba, y la universidad no fue la excepción. Cuándo iban en doceavo grado y Jean les externó su inquietud de irse a estudiar a San Francisco en vez de otra Universidad más cerca a su ciudad natal, Sasha y Connie no dudaron en seguirlo. Ambos querían salirse de Minnesota, y si tenían que pagar hospedaje, por que no hacerlo juntos. Así su búsqueda por cual inició y la Universidad Estatal de San Francisco ganó.

No lo negaría el día en que le dijo a su padre que quería irse a estudiar a tal universidad no fue tan cardíaco cuando le dijo que había decidido rentar una casa junto a Connie y Jean. El hecho de que viviera con dos hombres a su padre no le pareció, pero el saber que eran ellos lo tranquilizó. Conocía bien la amistad de los tres. Esos dos chicos eran los hermanos que ella no tenía, podía confiar en que la cuidarían.

Desde que se conocieron los tres amigos siempre regresaban juntos a casa, y la universidad no fue la excepción. Siempre se esperaban para regresar juntos a la casa, pero sin saberlo las cosas estaban por cambiar.

Al finalizar su última clase ese viernes. Bueno, no. En caso de Sasha su maestra había cancelado la clase y dicho que se reunirían hasta la próxima semana. Esto le había permitido salir al mismo tiempo que Connie. Su plan era esperar a su amigo que saldría a esa hora y así regresar, hacer de comer algo e irse a la plaza dónde habían quedado en ir con los demás. Sin embargo...

- No podré regresar con ustedes. Los veo al rato en la casa o tal vez hasta la plaza, no sé. Yo les aviso-

Jean los había abandonado por ir a acompañar a su casa a esa chica Mikasa. Eso no les molestaba, lo que si, era que les hizo esperar y escuchar su plan para conquistarla.

Al menos ahora descansarían de estar escuchando las mil formas en la que el joven conquistaría a la azabache, a lo que lo que no pudieron, ni quisieron, evitar burlarse.

Tras esto, ambos continuaron su camino, pero para sorpresa de Connie su amiga pronto se sumergió en sus pensamientos.

- ¡Sash!- no recibió respuesta

- ¡Hey Sash! – volvió a obtener la misma respuesta.

- ¡Sasha!- gritó con más fuerzas.

- ¿Eh? -

- ¡Al fin contestas, mujer! -

- Perdón - dijo algo apenada - estaba...-

- ¿Qué? A caso ¿Pensabas en unos ojos azules?- dijo el chico mientras juntaba ambos puños a la altura de su pecho y simulaba que enviaba besos al aire.

- ¿Eh?-.

- ¡Oh vamos, Sash! Ahora me vas a negar que el chico nuevo te gustó. – dijo mientras levanta las cejas una y otras vez.

- ¡¿Qué?! ¡CLARO QUE NO! -.

- Pero si no lo dejabas de ver, ¡admítelo ya!- la presionó mientras le daba un pequeño golpe en su hombro.

- No, no es por eso... es por lo que te dije el otro día. ¡Es un grosero! - el chico arqueó las cejas, sin saber a lo que se refería su amiga - ¿a caso no lo viste? No me regresó el saludo, me dejó con la mano en el aire, ¡qué falta de modales!

- ¿Estas bromeando verdad?- dijo el chico con evidente asombro en su rostro.

- ¡Claro que no! Estabas ahí, ¡¿Cómo no lo viste?!

Connie al ver la genuina reacción de su mejor amiga se dio cuenta que no bromeaba y sin poderse contener más se echó a reír.

- ¡No puede ser!... - seguía riéndose tan fuerte que se llevó sus manos a su estómago- En serio Sash... – dijo apenas pudiéndose controlar y limpiándose una lágrima que amenazaba con salirse - En serio Sasha, eres la persona más distraída de este mundo- y continuó riéndose.

- ¿De qué hablas? -.

La pelirroja no recibió respuesta, su amigo no podía contenerse. Era tal su ataque que algunos que también esperaban el camión ya empezaban a verlos. Tras unos minutos más de risas, al fin contestó.

- Sabes Sash, dejaré que lo investigues por ti misma- y sin más le hizo la parada al camión que iba al centro, no a dónde vivían. Necesitaba unos materiales que comprar.

- ¡Connie, explícate! - insistió la oji-café, mientras sus orbes miel solo veían como su amigo ya daba el primer pie en el camión.

- Nos vemos al rato, cariño- la ignoró el chico, y antes de que subiera por completo, le dijo - Por cierto, Sash no se te olvide llevar lentes- y Sasha vio como su amigo se soltó a reír una vez más a la vez que se cerraba la puerta tras de él

- ¿De qué demonios habla? –

La chica no comprendía a lo que se refería su amigo y rindiéndose, pues era claro que ya no le diría nada, se dirigió a su casa.

Al llegar se percató que aún tenía dos horas antes de reunirse con sus amigos en la plaza. Dos horas que aprovechó para comer, hacer un poco de tarea y bañarse. Sin embargo, en todo ese tiempo no dejó de pensar en las palabras de su amigo. ¿Qué era lo que no había notado?

No podía dejar de pensar en ello y en aquel chico de cabellera dorada.

¿Por qué se comportaba así?

Y tras ponerse sus jeans, unos tennis a juego con su playera verde olivo, y dejándose el cabello suelto, tomó su mariconera, cartera y celular para salir rumbo a la plaza. Sus amigos en toda la tarde no habían llegado.

Iba más temprano de la hora acordada, por lo que decidió irse mejor caminando.

El centro comercial no estaba lejos sólo era de cruzar el parque y un par de cuadras, además, era un día hermoso para caminar.

La cuesta del sol apenas comenzaba por lo que el cielo empezaba a pintarse de rosa, naranja y morado, y el toque de las nubes esponjosas, hacían del cielo, una hermosa vista.

Sasha caminaba tranquila con los audífonos puestos, y a casi todo volumen de su ipod, escuchaba una de sus canciones favoritas, cuando me enamoro, un dúo.

Si la luna sería tu premio, yo juraría hacer cualquier cosa por ser su dueño, por ser tu dueño...

Si en tus sueños escuchas el llanto de mis lamentos, en tus sueños no sigas dormida, que es verdadero, no es sueño...

Me alegro que a veces el final no encuentre su momento...

Y ahí estaba la chica pelirroja cantando y bailando a la mitad del parque, sin importarle que la gente la viera raro o se riera de ella, no le importa, ella era feliz en su mundo. Y algo en su interior le decía que ese día sería grandioso.

Cuando me enamoro, a veces desespero...

Cuando menos me los espero ,me enamoro.

Se detiene el tiempo, me viene el alma al cuerpo. Sonrió...

Sonrió, cuando me enamoro.

Cantaba, hasta que sus ojos se posaron en un cabellera rubia.

Sasha calló de golpe, mientras que en su rostro se dibujaba una fina sonrisa que casi de inmediato se desvaneció. Frente a ella caminaba el chico de los ojos azules, y dudando un par de segundos en los que se debatió qué hacer, la balanza al fin se inclinó hacía alcanzar a ese chico y platicar con él.

Las palabras de su amigo aún resonaban en su cabeza en sobremanera, y quería saber su significado.

- ¡Hola, Armin! – saludó.

- ¡AH! – al parecer lo había espantado

- ¡Perdón! No quise asustarte- dijo, y tan rápido como había llegado a lado de aquel chico se percató que había sido mala idea, ahí seguía él sin voltear a verla.

- No, no te preocupes... Sasha ¿Cierto?-.

- Ehm... si, soy la amiga de Jean - contestó no muy animada.

- Si... ¿también vas a la plaza? -.

- Si... si quieres podemos ir juntos- se sintió algo tonta por tal ofrecimiento, el chico ni la miraba, era claro que lo incomodaba, pero no sabía el por qué. ¿Qué había hecho para que la tratara así?.

- Por supuesto, sería un placer ir juntos- contestó el joven esbozando una enorme sonrisa.

¿Qué le pasaba? pensó. Y tras una pausa donde la chica quería encontrar la respuesta a su pregunta, continuó.

- ¿Y vienes mucho por estos lados? - era un pésimo tema de conversación, y ella lo sabía, pero no quería que se hiciera un silencio incómodo.

- No, la verdad es que nos acabamos de mudar y aún no me acostumbro a estos caminos- dijo el chico con la mirada al frente.

Y para sorpresa de la pelirroja, Armin desdobló un bastón, y moviéndolo de un lado a otro, comenzó a caminar.

Sasha no lo podía creer, e inevitablemente las palabras de su amigo le llegaron como un enorme golpe a su mente...

Es broma, ¿verdad?

Sasha, eres la persona más distraída...

Dejaré que lo investigues...

Y justo ahí lo había descubierto.

Por eso nunca la miraba a los ojos.

Por eso no le ayudó a levantar las cosas.

Por eso no respondió a su saludo.

Armin estaba ciego, era invidente.

¡QUE TONTA ERES SASH! – se dijo internamente mientras se golpeaba la frente.

N/S:

¡Hi!

Como apertura a mi cuenta de FF traigo este fic. Ojalá les haya gustado y atrapado.

Actualmente, llevo más capítulos en lo que es Wattpad, poco a poco los iré subiendo en esta plataforma, al igual que mis demás historias.

Sin más, gracias por leer :3