Fueron solo cinco palabras. Pero por un segundo Sam pensó que el soldado de invierno se había vuelto a activar mientras su compañero golpeaba con una excesiva fuerza a la muchacha dejándola inconsciente.
- ¿Qué has dicho? - Preguntó con voz de hielo y fue entonces cuando se dio cuenta de que no iba referida a él la conversación si no al hombre que se levantaba con el labio partido y el casco desabrochado.
- ¿Eh? No sé, nada, creo.
- Sí, sí lo has hecho. - El rubio intercambió una mirada con su compañero quien se encogió de hombros.
- No lo sé. No lo estaba pensando, sólo estaba peleando.
- "Puedo estar así todo el día" - Repitió Bucky y los presentes se miraron entre ellos sin saber qué problema residía en aquella frase.
- Sí, supongo. Estaba haciéndome el chulo, supongo que habré dicho algo así.
- ¿Por qué? - Se volvió hacia él y su mano de vibranium se abrió y se cerró lentamente. - ¿Por qué has dicho eso?
- Yo qué sé. - De manera protectora Walker aferró aún más fuerte el escudo esperando poder parar el ataque que estaba seguro iba a recibir. Pero Bucky fue más rápido.
El soldado de invierno solo había sido parado una vez, durante una misión y fue por obra de Steve Rogers. La única vez que había fracasado, y eso había sucedido porque los recuerdos asaltaron su mente. John no tuvo tanta suerte. Nadie pudo anticiparse ni leer los movimientos. Un golpe, un giro, una llave y de repente estaba en el suelo con un hombre de ciento seis años sentado sobre su estómago y una mano de metal sujetado el escudo. Bucky le arrancó el casco del todo y se le acercó hasta quedar a milímetros de su cara.
- Hijo de puta. - Gritó con sorpresa, pero sus músculos se relajaron de pronto.
Tras ello se levantó de un salto mascullando lo que parecían un millón de palabrotas en ruso. Se llevó la mano de carne al pelo y se lo alborotó. Después le miró, le señaló y balbuceó un par de palabras. Sacudió la cabeza antes de hablar y decidió que era mejor guardar silencio.
- ¿Todo bien? - A su lado Sam le miraba preocupado sin entender nada.
- Si. - Balbuceó incoherentemente.
- ¿Seguro? - Y el otro sacudió la cabeza afirmativamente. - Pues entonces vámonos. El papeleo es vuestro, nosotros ni siquiera hemos estado aquí. - Se dio la vuelta y el otro le siguió, pero la voz del nuevo Capitán América les frenó de golpe.
- Eh Bucky, gracias por la ayuda. - Dijo con una sonrisa sincera.
- No me llames así, solo Steve puede llamarme así. - Gimió y aceleró el paso para superar a Sam que le miraba sorprendido.
El viaje de vuelta fue tedioso. Wilson no hacía más que preguntar, mirarle y sacar conclusiones en alto, pero Barnes se negó a contestar a ninguna de sus preguntas, se quedó muy quieto en su asiento mirando a la nada, sumido en sus pensamientos, hasta que el aterrizaje le obligó a volver en sí. La terapia tampoco ayudó aquella tarde, estaba más perdido de lo que realmente parecía, aunque por una vez la psicóloga no pareció molestarse.
- Pareces preocupado. - Susurró.
- ¿Cuánto hace que conoce a John Walker? - Y ella le miró sorprendida.
- Hace unos cuantos años. Coincidimos en …
- En SHIELD. - La mujer abrió los ojos asombrada. - Usted trabajó para ellos, bajo las órdenes de Fury.
- Si. - Aceptó sumisamente. - Él también estuvo allí. Pero no hay datos de aquellas actividades, no encontrarás ningún tipo de prueba que pueda relacionarlo con nada, aunque por supuesto te diré que jamás perteneció a Hydra. Ha ayudado muchísimo más de lo que crees a deshacerse de esos cabrones.
- La creo. Usted lo supo todo este tiempo. Que sea mi psicóloga no fue un acto del azar. Todo esto ya estaba planeado. - Ella tomó aire antes de explicarse.
- Nick Fury contactó conmigo después del lapso. Me habló de ti, de tu historia y de lo que había pasado con Steve. Se movieron algunos hilos y aquí estamos ahora. Supongo que esto plantea ciertas dudas.
- Si. Yo … necesito pensar en ello.
- Lo entiendo. Pero deberías estudiar todas las opciones. Comprender que hay más gente ahí fuera que se preocupa por ti James. Más de la que te puedas imaginar.
La sesión acabó con un silencio incómodo y Bucky abandonó el despacho para dirigirse al bar más próximo para beber una cerveza. De hecho, podría beberse el bar completo, pero sabía que todo aquel alcohol no llegaría más que a producirle un pequeño hormigueo en los dedos de las manos. Por ello se decantó por una única bebida, no la necesitaba, pero le vendría bien en frescor y sobre todo la soledad de una mesa perdida en un rincón. Aunque sus deseos no se vieron satisfechos durante mucho tiempo. Un hombre se sentó frente a él con dos botellines rebosantes de espuma.
- Creía que ibas a arrancarme la cabeza. - Bromeó John, y Bucky le miró confuso.
- Podría haberlo hecho y no hubieras podido defenderte.
- Lo sé. - Bebió un trago y jugó con el cristal de la bebida. - Supongo que tendrás un montón de preguntas.
- No. Ahora ya no. - Clavó sus ojos azules en él y le hizo estremecerse. - Ahora puedo entender lo que le hizo quedarse.
- Mi hermana tenía cinco años cuando papá entró por la puerta. - Dejó caer. - Me contó que mamá le disparó nada más verle. Debió de ser gracioso, pero bueno yo aún no había nacido.
- ¿Tienes una hermana? - Pregunto atragantándose.
- Nos llevamos unos cuantos años. Mamá me tuvo bastante mayor. Pero siempre nos hemos llevado bien. Ella es un poco especial, como yo.
- Lo que no entiendo es porque cuando le dio el escudo a Sam no me contó nada. - Su mirada triste estaba fija en la bebida.
- Supongo que es porque tendría que haberte contado muchas cosas. - Bucky le miró con reproche. - No me muerdas yo solo soy el mensajero. El viejo la palmo y Sam no tomó el relevo así que bueno, me cabree un poco y tuve que meterme en medio. No fue algo que meditase mucho.
- Esa es otra. ¿Por qué no te lo dio a ti?
- Podría decirte que porque era un cabrón, pero en realidad se que lo hizo para protegerme. Tú sabes cómo van las cosas cuando eres un súper soldado, no importas como persona, solo lo que puedas hacer. Las pruebas, los hospitales. Papá siempre quiso mantenernos lejos de eso. Pero yo no podía quedarme de brazos cruzados. Mamá arregló muchas cosas para que yo entrara en SHIELD.
- Supongo que Peggy no veía las cosas como él.
- Y que lo digas. Aún recuerdo cómo gritaban. Te diría que mi admisión en el equipo fue motivo de divorcio, pero llevaban separados más de veinte años para cuando yo entré en la agencia.
- ¿Separados? Eso no es posible. Yo vi la alianza en el dedo de Steve siendo un anciano y Peggy seguía viva cuando lo sacaron del hielo.
- Si, bueno, papá volvió a casarse. Hace un par de años. - Bucky le miró sin entender nada y espero a que el otro continuase la historia, pero John no parecía querer hablar de ello. - Oye pasaron muchas cosas en esa época. Mamá intentó retener a papá. Evitar que hiciera tonterías, pero fue imposible. Al final se cansó y le echó de casa. Ya sabes, lo normal. Después de todo casi se carga la realidad.
- ¿Como que casi se carga la realidad? - John bufó y se golpeó la cabeza contra la mesa al darse cuenta de que había hablado demasiado.
- Vale tú ganas, te contaré lo que sé. Pero recuerda que en aquella época yo solo era un crío. - Bucky asintió y John se mordió el labio antes de empezar. - Papá apareció un día por la puerta cuando Margaret tenía cinco años, casi seis. Y por lo que me dijo, él no pensaba quedarse. Tenía que devolver unas gemas para evitar la destitución del mundo y volver a su tiempo para no alterar la realidad. Pero algo salió mal.
- ¿A qué te refieres?
- Su dispositivo falló. Algo se rompió y no funcionó. Le llevó tan solo unos años al futuro y no pudo volver a hacerlo funcionar. Fueron años bastante jodidos, al parecer papá ayudó a mamá a crear la organización y a rastrear a Hydra, cosa que no debería haber hecho. Y la lió pero bien. Adapto futuros, cambió hechos, y eso mosqueo bastante a una anciana. Una tía calva con muy mala leche. Pero lo que acabó con su paciencia fue cuando papá se marchó a una misión a Rusia y vino con un … inesperado souvenir.
- Rusia. - Susurro Bucky y se estremeció ante los recuerdos que aquel lugar evocaban.
- Te trajo a ti. Él no podía olvidarte. No podía simplemente sentarse en el sofá e ignorar el hecho de que en algún lugar tú estabas siendo torturado. Así que agarró el petate y se fue en tu busca. Mamá nunca se lo perdonó.
- Eso es una jodida mentira. Si Steve hubiese cambiado la realidad yo no estaría aquí. Así que invéntate otra cosa antes de que te …
- No estás prestando atención. Steve cambió la realidad. Alteró el futuro por ti, jodio el mundo por ti y tuvo que vivir sabiendo que jamás serías libre. La fastidió tanto que la anciana tuvo que ir y conjurar un montón de cosas para revertir todo lo que hizo y poder mantener la realidad casi intacta. Pero no fue suficiente. Papá ya te había salvado, así que estabas con él. La anciana prácticamente tuvo que crear un hilo de realidad paralelo a la que debía ser. El anciano se cruzó con el joven en el funeral de Peggy. Eso sí que fue un trabajo de alta costura tío.
- Ella, ¿reacomodo la realidad?
- Bueno, si no lo hubiese hecho él no podía haberle entregado el escudo a Sam. La anciana dijo que era uno de esos momentos trascendentales en la historia, que no podía alterarse. Así que hicimos malabarismos para llegar a donde estamos ahora. - Se encogió de hombros y dio un trago a la cerveza.
- No lo entiendo. No entiendo nada. ¿Steve me liberó?
- No sé si esa es la palabra adecuada. Estuvisteis juntos 71 años. - Y Bucky abrió los ojos de par en par. - Os casasteis en una ceremonia civil poco antes del lapso. Papá no quería esperar más, decía que no, pero le daba miedo desaparecer cinco años y no encontrarte al regresar.
- ¿Nos casamos? ¿Conmigo? Te estás quedando conmigo. Ya vale de tonterías voy a partirte la cara.
- ¿En estos meses a qué nunca has estado en su casa? - Bucky le miró con desconfianza mientras inventaba excusas de porque no había tenido la necesidad de ir allí. - No fuiste porque no te invitó. Por qué la casa estaba llena de recuerdos tuyos. Por qué había sido tan feliz a tu lado que no quería abrumarte con el dolor de la pérdida. Sabía que si te alejaba te daba la oportunidad de rehacer tu vida.
- No es cierto. No tiene sentido nada de lo que dices.
- Tengo setenta años papi. No tengo motivos para mentirte y, además, hay una lápida en el cementerio con dos nombres grabados. Si no me crees simplemente ve a su casa.
John se acabó la cerveza de golpe y dejó sobre la mesa un juego de llaves y tras garabatear en una servilleta dos direcciones que James se vio en la obligación de visitar.
La primera parada fue a un apartamento a las afueras de Brooklyn, cerca del barrio donde se crio. Los recuerdos hablaban por sí solos, demasiado alto para su gusto. Tanto que estuvo casi seguro de que se trataba de una puesta en escena. Si no hubiese sido por los cuadernos de dibujo jamás lo hubiese creído posible. Pero allí estaba, su rostro recreado con trazos limpios y algún que otro esbozo en los que las manos del artista habían comenzado a flaquear. Vio la edad hacer mella en su retrato. Vio las fotos colgadas de las paredes y un millón de cosas más que le hicieron acudir al cementerio.
La lápida estaba allí, clara como el agua. Dos nombres, cuatro fechas. "Amados esposos y padres" rezaba el epitafio y Bucky no pudo evitar llorar. Fue en otra vida, pero pudieron ser felices y eso debía bastar.
- John dijo que vendrías. - La voz de una mujer le sacó de su estupor. - Yo no las tenía todas conmigo.
- ¿May? ¿Tú eres la tía de Peter?
- Hola papi. - Saludo aguantando las lágrimas. - Sé que para ti esto no tendrá sentido, pero me alegro mucho de verte. Aunque ahora seas más joven que yo. Es todo tan raro.
- No es posible. - Y ella se encogió de hombros. - ¿Es una broma?
- Ojalá. Si estás aquí es porque John te lo ha contado todo.
- Ha dicho un millón de cosas incoherentes y sin sentido.
- Sí. Supongo que es un buen resumen de nuestra vida. - Y dicho eso se acercó hasta una lápida cercana y la levantó de golpe, arrancándola de la tierra, para acto seguido volver a colocarla en su sitio. Bucky se acercó y la tomó a pulso con su mano de carne. La piedra era sólida, una mujer normal no hubiera podido hacer eso. - Ben fue un hombre maravilloso, de lo más normal. Jamás creí que una vida tan mundana pudiera llevarme a convivir con súper héroes otra vez, pero … bueno que te voy a contar ya conoces a Peter.
- ¿Él es?
- No. Lo suyo fue mala suerte. Le picó una araña radiactiva. Pero, en fin, él salva el mundo y yo me hago la tonta fingiendo que no se nada.
- Creo que me va a estallar la cabeza.
- Ven a casa. Tomemos un té. Sería bueno poder hablar contigo otra vez. Aunque te parezca raro hubo una vida en la que fuiste mi mayor confidente.
Bucky la siguió aún sorprendido. Se dejó arrastrar hasta una casa de dos plantas, rodeada de enormes hectáreas de bosque. Una casa llena de fotografías de él, de Steve y de los niños que habían criado.
- Si, esa es mamá. - Dijo señalando la fotografía que Bucky observaba. - Le perdonó rápido, en cierto sentido. Te ayudó a liberarte del control mental de Hydra.
- Era una gran mujer. - Asintió ante aquellas palabras. - ¿De verdad fuimos felices aquí?
- Puedes jurarlo. Extraño y maravilloso al mismo tiempo. Pero que te voy a contar. Tú tienes ciento seis años y yo cumpliré setenta y ocho en agosto.
- Esto es, bueno, todo es tan extraño. Siento que nada es real, que Fury va a entrar por la puerta en un momento y va a decir que todo fue una puesta en escena.
- Si te sirve de algo él también se sorprendió mucho cuando se enteró. Fue en el funeral de mamá, Saron piensa que soy una especie de prima lejana, ella no reconoció a papá, pero Fury si, fue cuando llevó el ataúd. Le costó, pero al final papá aceptó a hablar con él. - La mujer río y Bucky recordó las pocas veces que había visto a Peggy hacerlo. Era una risa sincera, de esas que ya no quedaban. - Casi le dió un infarto cuando te vio salir de la cocina en pijama. Curioso, ya que después fue el padrino de vuestra boda.
- ¿En serio? - Preguntó sorprendido.
- Si, él fue muy comprensivo. Teniendo en cuenta la situación. Ya sabes dos supersoldados jóvenes a su cargo, que estaban frente a él envejecidos y pensando en casarse. Todo un lío. Pero supongo que en general no salió tan mal.
- Todo lo que dices, es tan raro. Si te soy sincero no sé ni cómo sentirme. Una parte de mi siempre ha querido a Steve más de lo que debería, pero es raro. No está bien, yo soy raro.
- Bueno él también lo era. Supongo que por eso encajabais tan bien.
- En mis tiempos no era tan fácil estar con chicos. Te podían matar por ello. Y Steve, tú lo conociste como el Capitán América, en pleno esplendor, pero para mí siempre fue ese chico de Brooklyn, canijo, asmático y frágil. Aún me estaba acostumbrando a que no se enfermase durante el invierno.
- Bueno, si no recuerdo mal, en aquella época, tú eras un Casanova que cambiaba de novia cada semana.
- Arrastraba a Steve a un montón de citas, y cada una acababa peor que la anterior. Siempre esperé que hubiese una chica que viese en él lo que yo veía. Y cuando Peggy lo hizo no me lo tomé tan bien como debería.
- Si, esa parte la recuerdo bien. Mamá y tú os respetabais, es más os queríais, pero siempre estaba ese pequeño sentimiento de resentimiento acumulado porque el otro tenía lo que el uno quería. Todos podíamos notarlo en casa. Todos, menos papá claro. Él siempre decía que os lleváis muy bien y sonreía.
La tarde paso apacible entre historias y recuerdos y Bucky pronto se dio cuenta de lo fácil que era hablar con ella. Vio fotografías antiguas con cumpleaños celebrados, vio fiestas y risas y también vio su propia boda. Fue su propia vida reflejada en imágenes y a la vez que irreal también le resultó maravilloso. Porque esa vida, que sin saber había vivido, había sido la que siempre había deseado.
Cuando se despidió entrada la noche, con un álbum de fotos bajo el brazo y el corazón lleno de paz, se aseguró de grabar bien el número de su hija en el teléfono. Era extraño y agradable poder hablar de lo que de verdad sentía por su mejor amigo sin ver el rechazo o la lástima reflejada en los ojos de su interlocutor. May había crecido viendo ese amor reflejado en su hogar y lo aceptaba sin dudar.
Las semanas siguientes las llamadas y los cafés se sucedieron. Más a menudo con May que con John, pero aun así la actitud del rubio se volvió menos descarada o quizás fuese porque ahora entendía de dónde venían las confianzas que se tomaba el otro. No fue sino hasta que regreso a la consulta de la psicóloga que él mismo fue consciente del cambio que su vida había dado. Seguía hablando de Rogers, pero ya no había esa sombra oscura de traición y soledad cuando pronunciaba su nombre.
- Parece que estás aceptando tu nueva vida en esta realidad. - Dijo la mujer con una sonrisa. - Tu forma de expresarte me revela que ya no estás enfadado con Rogers.
- Tenía que irse. Debía intentar ser feliz después de todo lo que hizo por este mundo. - Sentenció el hombre y la doctora asintió satisfecha. - Pero le sigo echando muchísimo de menos.
- Y así será mientras vivas. Pero poco a poco se convertirá en un recuerdo agradable y no en una losa que tiraba de tu cuello ahogándolo. Ya lo verás. - Mirando el reloj añadió. - El tiempo de hoy ha concluido, la semana que viene podríamos empezar a hablar sobre la tensión sexual que existe entre Samuel y tú y la mejor manera de aligerar el ambiente.
- Con todo el respeto del mundo. Váyase a la mierda doctora. - Cogió la chaqueta y salió echo un balín mientras la doctora reía a carcajadas.
En la puerta del consultorio Sam le esperaba con un café y un bollo para él, preguntándole qué tal iba y dejando caer detalles de la misión que les había sido asignada, mientras le estudiaba detenidamente. También él, a quien no le había confesado la verdad, se había percatado del cambio.
- La doctora dice que hay tensión sexual entre nosotros. - Sam alzó una ceja, pero no hizo mayor escándalo.
- Vamos que te ha visto cara de estar necesitado.
- Supongo. - Se paró en seco y le miró a los ojos. - Estaba enamorado de Steve. O lo estoy, no estoy seguro de haberlo superado. - Sam se giró en redondo y coloco sus manos sobre los hombros de Bucky.
- Lo sé. Y también sé que él sentía lo mismo por ti.
- ¿Cómo lo …?
- Yo sí estuve en su casa. - Y su sonrisa le reconfortó.
En ese instante se percató de que Wilson si era un buen amigo y de que estaría allí esperando a que él pudiese contarle toda la historia cuando se sintiese preparado. ¿Tensión sexual? Ni hablar, no había nada de eso y si lo hubiese aún no estaba preparado para ir más allá de una recién inaugurada y sincera amistad.
