8. Me cansé de contarte historias que no me creía ni yo.
Steve miraba perplejo a sus idiotas amigos, todos rodeando a Sharon y con sonrisas un poco falsas.
—¿Cómo dicen? —preguntó, sin creer que acabaran de sugerir lo que sugirieron.
—Sal con Sharon —dijo Bucky, sosteniendo a una poco convencida Sharon por los hombros—. Saca un clavo con otro clavo —el resto asintió, muy sonriente. Sharon, en cambio, se cruzó de brazos y rodó los ojos, bufando. Creía que Steve estaba siendo idiota, pero en realidad era el grupo entero. Suficiente tenía el pobre rubio con sus sentimientos por Tony como para añadirle otro problema a su caótica vida amorosa.
—No, no —se levantó del césped, alzando ambas manos y negando—. Me fastidiaron lo suficiente con Tony, es muy atrevido de su parte querer meterme a alguien más —bajó las manos y sonrió amable a Sharon—. Sin ofenderte.
—No me ofendes —respondió ella, liberándose del agarre de Bucky—. El supuesto idiota tiene razón, idiotas —se volteó al grupo, sin deshacer su postura—. ¿No tiene suficiente con sus sentimientos hacia el otro idiota? Lo último que necesita es una novia que, evidentemente, no quiere.
—Oye, es para que deje ir esos sentimientos y quite esa cara de perro aplastado que carga —protestó Loki, recibiendo un golpe en la nuca de parte de Bruce.
—Sí se pasaron —dijo, sobándose la mano. El golpe dado le había dolido un poco—. Ahora no hay nada que podamos hacer, no debimos empujarlo a una conclusión apresurada.
—¡Pero se aman y son almas gemelas! —exclamó Clint, agarrándose la cabeza con ambas manos—. Me voy a quedar calvo de puro verlos ir y venir. Que sí, que no, que tal vez... ¡Ross y Rachel dieron menos vueltas!
Entonces, empezó una discusión en el grupo; un debate entre si Ross y Rachel eran buena pareja que terminó en una reflexión sobre la situación de Steve y en qué posición estaba en la escala de "malo" a "peor que Hitler" lo que habían provocado. Sharon, después de rodar los ojos y desearle una muy buena suerte, se marchó, pensando en que Steve era un santo al aguantar a tremendos amigos, que tenían buenas intenciones, pero malos métodos.
—En lo que ustedes deciden si son peores que Hitler, me voy a escritura madura; no quiero llegar tarde —se despidió del grupo, que seguía enfrascado en su debate, y avanzó hacia la única clase que tomaba casi solo; la compartía con Bruce y Loki, pero esos dos seguían en su debate y él agradecía el tiempo a solas; podía reflexionar sobre su situación y su vida en general, algo que le gustaba hacer. Analizarse y ver qué podía mejorar para estar más cómodo con su persona, era, la mejor manera de gastar su tiempo y espacio en el disco duro. Aparte, estaba la consecuencia de que crecía como persona.
Desenredó sus audífonos y, algo masoquista, puso la playlist que compartía con Tony a espaldas del resto, aquella que escuchaban en el cuarto cuando el día había sido pesada. Dejó que Monkey Wrench de Foo Fighters lo relajara, en lo que él caminaba por el pasillo de la academia e ignoraba las sonrisas coquetas que recibía. Carajo, él solo quería la sonrisa de Tony, no la de sus compañeras.
—¡Steve, Steve! —se quitó un audífono al ver a Tony correr hacia él—. Steve, ¿no tienes mi tarea de química?
—¿Por qué tendría tu tarea de química? —preguntó confundido, sosteniendo al castaño por los hombros en cuanto éste se detuvo, a centímetros de distancia. No pudo evitar sonreír por la cercanía, sonrisa que borró al ver la preocupación en el otro.
—No sé, estoy idiota y pensé que a lo mejor, la dejé en tu carpeta —Steve se pasó la mochila al frente, sacando su carpeta y entregándosela a Tony. Aún faltaban diez minutos para que su clase empezara, tenía tiempo de sobra. Tony abrió la carpeta y empezó a buscar entre los papeles—. Si no está acá, me mato. Stephen tampoco la tiene, no sé dónde pude dejarla —ahogó un bufido al escuchar ese nombre, tan parecido al suyo.
—Estás distraído —dijo, buscando él en un folder que cargaba por aquello de las moscas, folder en el cual, a veces, llevaba la tarea de Tony, porque sabía que el otro era un poco distraído (ahora más) y la dejaba en el cuarto—. Sabía que dejarte tener novio era mala idea —dramatizó, esperando sacar una sonrisa en Tony, cosa que logró.
—Ah, cierra el pico —ambos rieron—. ¡Ajá! —exclamó, sacando una hoja y con una sonrisa grande en el rostro. Tomó a Steve por los hombros y lo vio fijamente, teniendo que alzar un poco la mirada por esos centímetros que le sacaba el rubio—. Me salvaste el culo, ¿qué haría sin ti? —Steve sonrió, y esa sonrisa se le desvaneció un poco al recibir un beso en la mejilla—. ¡Te debo una! —Tony ya se había ido corriendo, alzando una mano a Steve. El rubio llevó una mano a ese espacio besado, sintiendo un leve y agradable ardor ahí.
Sintiéndose en las nubes, y ahora escuchando Think about you (que, dicho sea de paso, quedaba de maravilla) entró a la clase, algo vacía aún. Se sentó cerca a la ventana, viendo a través de ella, pensando en Tony. Sí, definitivamente pensaba en él y era en el único en quien pensaba. Se permitió sonreír y disfrutar de ese sentimiento tan agradable que provocaba Tony, solo cuando no pensaba demasiado en el asunto; calentaba su pecho y lo relaja mucho, era algo así como una droga.
Guardó sus audífonos al ver entrar a la maestra, la misma que le daba Español y la misma que a Tony le encantaba molestar. Exhaló por la nariz al ver ese caminar y el pequeño moño que siempre llevaba, había un algo en esa maestra que le causaba mucha gracia y lo ponía de buen humor. La clase empezó sin mucho ajetreo, solo un leve regaño a Bruce y Loki por entrar un par de minutos tarde, seguramente por debatir en el grupo. Steve disfrutó la primera media hora, le gustaba esa clase; hasta que esa maestra de divertido moño dijo algo que logró borrarle esa sonrisa y quitarle el buen humor.
—Entonces, jóvenes, su atención al frente —fue lo primero, esa pequeña frase que indicaba malas noticias. Tensó la espalda y apretó la mandíbula, preparándose para el golpe—. Esta vez, escribirán un ensayo sobre una persona cercana a ustedes —primer golpe; algo así como en el estómago—: su compañero de cuarto —y ese golpe fue en los testículos—. Descríbanlo o descríbanla con cariño, como si sí les agradara; qué hace, qué le gusta, qué no le gusta; permítanme y permítanse conocerle un poco más —ahora la vieja saltaba con ambos pies sobre su entrepierna. Quería dejar de pensar en Tony de manera obsesiva, y ahora tenía que escribirle un puto ensayo—. No les diré el valor del proyecto, pues quiero que lo hagan de corazón. Quién sabe, a lo mejor descubren algo nuevo —sí, una manera de matarse con tortura incluida.
No pudo evitar poner un leve puchero; él amaba los trabajos de Escritura Madura, pero ese era como una piedra en el zapato que no sacaría en mucho tiempo. Quién sabe cuánto.
—Tendrán el tiempo que necesiten, no más de tres semanas, pero tampoco quiero trabajos el día de mañana.
Una piedra que no sacaría en menos de una semana, pero tampoco en más de tres.
Bufó frustrado, viendo el papel en blanco frente a él. Llevaba una media hora sentado, con el lapicero en la mano y una hoja en blanco en el escritorio. No sabía cómo iniciar, había tanto sobre Tony para decirle a esa vieja amargada; pero las palabras no le bastarían para explicar lo maravilloso que era el castaño, o lo importante que era en su vida. No, el léxico no le alcanzaba para describirlo y eso lo estresaba de sobremanera. Escuchó la puerta ser abierta y vio entrar al dueño de sus suspiros, algo decaído y evidentemente cansado.
—Esta vida de estudiante no es lo mío —suspiró el castaño, avanzado hacia su cama y dejándose caer en ella con un gruñido—. ¿Y tú? ¿Qué pasiones?
—Con este ensayo —gruñó. Soltó el lapicero y se levantó, estirándose de paso, sin ver la mirada que Tony le echó. Avanzó hacia su propia cama y también se dejó caer en ella, soltando una queja por el impacto.
—¿Sobre qué es? —se puso nervioso; no le tenía que decir que era sobre él, era una regla de la tarea, porque podría recibir ayuda y sería trampa.
—Alguien que quiero mucho —error uno.
—¿Y sobre quién lo harás?
—Eh... Sharon —se golpeó mentalmente, no podía ser tan idiota; podría haber dicho Bucky o Sam, pero no, tuvo que decir Sharon, justo cuando Tony creía que le gustaba. Es que, esa historia de que iba a ser sobre Sharon no se la creería nadie.
Tony, por su parte, no pudo evitar fruncir el ceño y sentirse levemente decepcionado. Tenía la ilusión que sería sobre él, tal vez la pelea con Strange lo había dejado idiota; lo suficiente para pensar eso. Sacudió la cabeza y puso la mejor sonrisa traviesa que tenía en su colección.
—Pero no te gusta Sharon, claro —comentó. Steve le lanzó una almohada, y rió en respuesta, algo aliviado de que se la creyera, pero decepcionado por lo mismo. ¿En serio creía que le gustaba Sharon? Mira que había que ser ciego para no ver que le gustaba él—. Oye... ¿escuchamos música? —Steve alzó una mano, aceptando la propuesta—. Okey, hazme espacio.
—¿Y si lo conectas a las bocinas? —señaló las pequeñas bocinas en el escritorio. El primer paso para superar el gran crush en Tony sería poner distancia, así empezaría a acostumbrarse a una vida sin él. Bueno, tampoco era para tanto.
—La magia de escuchar música juntos es hacerlo en la misma cama, genio —respondió Tony. No esperó respuesta y se lanzó a un lado del rubio, volteando a verlo y sonriendo grande—. Hola.
Steve rodó los ojos, pero sonrió en respuesta—: Hola.
El resto de la tarde y parte de la noche pasó entre canciones y sonrisas. Y un Steve llorando por dentro.
Y un Tony ligeramente celoso de Sharon. Pero no iba a admitirlo, al menos no en voz alta.
