Ima hitori janai
Capítulo 3:
El fin de semana llegó acompañado de una fuerte tormenta.
Allen no pudo salir de su casa en todo el sábado y ya era domingo al medio día y la lluvia seguía cayendo a cántaros. La luz eléctrica iba y venía por ratos debido a los truenos y relámpagos que surcaban el cielo. Estaba totalmente aburrido y miraba su celular con una cosa en mente.
—¿Le hablo? Nos hemos mensajeado antes, pero nunca hemos hablado, aunque me pregunto si la señal no fallará.
En la pantalla del celular se vislumbraba el nombre de Road y el joven oprimió llamar.
.
Road no lo soportaba, ¿por qué justo ese día tenía que llover de esa manera? Los recuerdos cruzaban su mente uno por uno, demasiado lento como si otra vez fuera ese día, invadiendo su mente y dejándola en un estado de ánimo decadente.
En un intento más de no escuchar los truenos se cubrió con sus sábanas, hecha un ovillo en su cama, escuchaba música con los auriculares, pero era inútil, no podía tranquilizarse. Su rostro era bañado con múltiples lágrimas, intentando concentrarse en leer los mensajes que habían compartido las últimas semanas, cuando de repente una llamada entró.
Era él.
Quitó aprisa los auriculares y contestó.
—¿Road? —le dijo Allen al otro lado de la línea, ella no podía hablar, su voz no salía—¿me escuchas?
La chica sollozaba constantemente, la voz de Allen era una gran ayuda en ese momento, pero el chico escuchó los sollozos y se alarmó.
—¿Estás bien? ¿qué te sucede? ¿te duele algo? ¿te heriste?
En ese momento, un relámpago cruzó el cielo y acto seguido se escuchó el impacto de un trueno, en el estado en el que se encontraba, Road no pudo evitar gritar.
—¿Qué sucedió? — le preguntó alarmado— ¿estás bien?
—¡Ya no lo soporto! —gritó ella, sorprendiendo más al chico—no quiero, ya no puedo más con esto…
Allen se alarmó aún más con esa frase, ¿qué le ocurría?
—¿Estás en tu casa? —preguntó aprisa—voy para allá, no me tardo.
Allen colgó la llamada y corriendo lo más rápido que pudo se puso su impermeable y botas y salió directo a casa de Road. Aunque no estaba lejos, hubiera llegado más rápido si no estuviera lloviendo tanto. Lo malo fue que, aunque recordaba la dirección, no sabía qué casa era exactamente, así que tuvo que acercarse a cada una de las que estaban en esa calle, hasta que encontró una que decía Kamelot.
No entendía aún qué ocurría, pero presentía que no era un simple temor a las tormentas y la razón seguramente era de lo que estaban hablando los profesores.
Entró a la casa sin llamar o preguntar por ella y por suerte la puerta estaba abierta.
—¡Road! —gritó, mientras se quitaba las botas y el impermeable y los dejaba en el suelo del recibidor. —¿Dónde estás? ¡Soy yo, Allen!
Al no obtener respuesta, optó por subir las escaleras, encontrándose con dos pasillos. Ella podía estar en su habitación, pero ¿cómo iba a saber cuál era? Dado que no sabía dónde estaban los encendedores y probablemente no había luz eléctrica, alumbró las puertas con la lámpara de su celular. Abrió cada una, pero todas estaban vacías, hasta que, por fin en la última puerta, vio que tenía el nombre de Road en ella y entró aprisa. Vislumbró un bulto en la cama, ella estaba escondida bajo las sábanas. La destapó, iluminando un poco su rostro. La encontró con una expresión llena de tristeza y terror, cubierta totalmente de lágrimas. Jamás la había visto así y le dolió demasiado. Rápidamente la estrechó entre sus brazos, subiendo a la cama con ella.
—Ya estoy aquí, ya todo está bien.
Road se sostuvo fuertemente de Allen, llorando con más fuerza. Él estaba ahí con ella.
Por aproximadamente una hora Allen estuvo frotando la espalda de Road para que sacara todo lo que había contenido. No dijo nada, lo creyó innecesario, era mejor estar allí, lo sabía bien.
La tormenta poco a poco fue deteniéndose y la luz eléctrica se encendió de repente, gracias a eso pudo observar bien a su alrededor, la habitación de Road era la de una chica normal de su edad o ese creía, con toques cute y góticos a la vez, tal y como ella vestía. Al lado de la cama, había una mesita con fotografías, vio una especialmente que le llamó la atención. Conocía muy bien esa fotografía, tenía la misma en su casa, pero ¿por qué Road también la tenía y no le había dicho nada?
Sintió que se había calmado y lo miraba apenada. Él le sonrió y le limpió las lágrimas sobrantes.
—¿Te sientes mejor?
La chica asintió.
No quiso presionarla después de lo ocurrido, así que evitó preguntarle sobre la foto, sin embargo, ella lo soltó y se acercó a la mesita para tomar la fotografía y dársela.
—Los conociste y yo no lo sabía—dijo ella—yo soy la bebé y ellos son mi familia y como sabes, fallecieron hace exactamente un año, hoy quise alejarme y distraerme, pero la lluvia comenzó, por lo que tuve que regresar. El clima fue exactamente el mismo que hace un año, debido a la fuerte tormenta, el auto en el que iban, cayó de un puente, yo hubiera estado allí, pero ese día no quise ir solo porque no tenía ganas de salir, desde ese día cambié, me convertí en la hija que mi padre deseaba, aplicada y dedicada, yo era una rebelde, solo me importaba yo misma. He estado soportando esto por un año, pero hoy exploté.
Allen la abrazó fuertemente contra su pecho, acariciando su espalda y su cabello con cariño.
—Road, no era tu destino estar ahí ese día y si me lo permites, recuerdo una conversación que escuché el día del funeral de tu familia, no sé quiénes eran los que hablaban, pero dos señoras dijeron que tus padres estaban muy orgullosos de ti, dijeron que tu padre era el hombre más feliz del mundo por tener a una hija como tú y siendo honesto, desde ese día quise conocer de quien hablaban.
—¿En serio? — preguntó Road con esa nueva información.
—Hablo totalmente en serio, pero ese día, no sabía en dónde estabas.
—Estaba en el hospital con fiebre de casi 40 grados, por el shock que sufrí al enterarme de lo sucedido.
—Eso explica por qué no nos conocimos ese día.
—Pero Allen, ¿cómo sabías en dónde vivo?
Allen agachó la cabeza con un poco de vergüenza, era cierto, supuestamente él no sabía dónde estaba su casa.
—Honestamente, el otro día, el maestro de física me pidió que llevara unos documentos a la sala de maestros, pero se me cayeron y al poner en su lugar una de las hojas, vi tu nombre y lo leí, ahí estaba tu dirección…
Road notó claramente que Allen estaba muy apenado de admitir eso.
—Además, ya que estoy diciendo estas cosas, ese día también escuché a otros dos maestros hablar sobre ti, la conversación me hizo darme cuenta de que algo ocurría tal y como sospechaba, pero no sabía exactamente qué era.
—Entonces, sí te diste cuenta de que algo me pasaba.
—Era como si intentaras ocultarme algo, pero ahora lo entiendo y está bien, pero lo siento, me entrometí dónde no me llamaban.
—No tienes porqué disculparte, además, gracias a eso, lograste venir a ayudarme.
—Siempre estaré aquí para ti.
Un silencio extraño se extendió entre ellos, Allen lo había dicho tan de repente que no había pensado cómo sonaba exactamente eso, pero así se sentía. Por suerte, el momento incómodo pasó cuando Road le sonrió.
—Estoy en problemas…—pensó el chico.
—Oye Allen, ¿podrías hacerme otro favor?
—Cualquiera, solo dime.
—¿Me acompañarías a un lugar?
—Claro, además la lluvia ya paró.
—Pero ¿me puedes prometer que no me dejarás sola?
—Nunca lo haré, Road.
Allen volvió a avergonzarse con su respuesta, su boca lo estaba traicionando.
Siguió a Road al lugar donde quería ir, pero no se esperaba que fuera precisamente el cementerio.
—No había tenido el valor de venir a verlos, además, ni siquiera sé exactamente cómo encontrarlos, planeaba preguntar en las oficinas.
—No es necesario que preguntes, yo te llevo, ellos están junto a Mana y, de hecho, cada vez que vengo a ver a Mana, los visito también a ellos, aunque no sepan quién soy.
Cuando llegaron frente a las tumbas, Road sujetó con fuerza la mano de Allen antes de ponerse a hablar. Uno a uno se los presentó a Allen.
Su padre Sheryl.
Su madre Trisha.
Su tío Tyki.
Su hermano Wisely.
Sus primos gemelos Jasdero y Debitto.
Su prima Lulubell.
Su primo Skin.
Y su tío Neah, el hermano gemelo de Mana.
—Hay muchos gemelos en tu familia, Road—mencionó Allen para aliviar un poco el ambiente.
—Sí, algún día tal vez yo tenga gemelos.
Allen empezó a imaginar a dos bebés, uno igualito a Road y otro como él…
—Este no es un buen momento para eso—se regañó mentalmente.
Road se sentó frente a las tumbas y siguió hablando con ellos, Allen le dio su espacio, aunque ella no lo soltaba para nada.
—Familia—dijo después de un rato—les presento a Allen Walker, él es el hijo adoptivo de Mana, ¿pueden creerlo? Que chico es el mundo. Vamos a la misma escuela y estamos en el mismo grupo y es gracias a él que puedo tener el valor suficiente para venir a visitarlos.
Allen no sabía qué decir ante eso, así que solo intentó presentarse.
—Mucho gusto a todos, me llamo Allen Walker, soy amigo de Road, yo cuidaré de ella, así que no se preocupen.
Nuevamente avergonzado por las cosas que salen de su boca, decide hacer lo mismo.
—Te presentaré a Mana.
Justo al lado de Neah, estaba la tumba de su hermano gemelo.
—Hola Mana, hoy vine a visitar a tu familia, además quiero presentarte a alguien, ¿recuerdas a la bebé de la foto que te gusta? Pues, te la presento. Ella es Road Kamelot, somos amigos y ella es…una persona especial para mí—admitió después de una pequeña pausa.
Después de un rato más de plática, el cielo comenzaba a ponerse de un tono rojizo, las nubes se habían ido y ya estaba atardeciendo por lo que decidieron regresar.
—Un arcoíris—dijo Road de repente, camino a casa, al ver como uno de los fenómenos naturales más bonitos, se mostraba frente a ellos.
Allen observaba tanto al arcoíris como a Road, después de lo acontecido ese día, no tenía dudas de que quería proteger a esa chica, quería cuidarla y tal vez algo más con el paso del tiempo.
—Road—llamó débilmente, dándose un poco la vuelta para verla de frente—, aquí, bajo este arcoíris, te prometo que nunca volverás a estar sola y de eso me encargo yo.
Lo había hecho, había expresado sus sentimientos más sinceros y ahora estaba totalmente avergonzado por ello.
Road sonrojada lo abrazó como respuesta.
—Gracias Allen, me alegra haberte conocido.
Esa noche ninguno de los dos durmió mucho, solo querían pensar en el otro.
