Ima hitori janai
Capítulo 4:
Al día siguiente, Allen salía de su casa rumbo a la escuela, estaba nervioso y a la vez entusiasmado de ver a Road, lo que no se esperaba era encontrarla en la puerta de su casa.
—Buenos días, Allen.
El chico casi se atraganta con el pan que estaba comiendo, al verla ahí parada.
—Buenos días, Road.
—Vayamos juntos a la escuela.
La chica no le dio tiempo ni de contestar y lo agarró de la mano para llevarlo consigo.
A Allen le pareció una buena idea, parecía que todo iría bien de ahora en adelante y se estaba dando cuenta de que tomarse de la mano ya era una costumbre entre los dos.
Lavi fue uno de los pocos que los vio llegar, así que apenas tuvo oportunidad, no perdió tiempo en preguntarle.
—¡Felicidades, Allen! — le dijo en los baños—tú y Road ya son novios.
—No, no es eso—corrigió el chico.
—Pero, los vi llegar tomados de la mano.
Allen se sonrojó.
—¿Nos viste?
—No es que hayan sido muy discretos.
—Es que ayer pasaron muchas cosas, ya sé cuál es su secreto y desde eso parece que se nos volvió costumbre tomarnos de la mano.
—¿Y eso es todo? ¿No le has dicho que te gusta?
—Directamente no.
—¿Directamente? Entonces, ¿se lo dijiste entre líneas?
—Algo así.
—¿Y qué vas a hacer ahora?
—Quería que pasara un poco el tiempo para decirle, pero no creo poder guardar el secreto mucho más, pero Lavi ¿y si me rechaza?
—¿En serio crees que te rechazaría? ¡Estás ciego! ¡Ya todos en el salón saben que se gustan!
—¡¿Todos?!
Al parecer Allen era bastante despistado.
—Ya te dije, no es que sean muy discretos y es bastante obvio, la verdad. Pero, sabes una cosa, tienes que estar feliz de tener a un amigo como yo.
—Estoy feliz por ello, pero ¿a qué te refieres?
—Toma, gané unas entradas gratis al parque de diversiones, si lo único que necesitas es entrar en ambiente, esto te ayudará.
—¿Para mí? ¿Seguro? ¡Pero te las dieron a ti!
—No tengo con quién ir, es mejor que los aproveches tú.
Allen abrazó efusivamente a su amigo.
—¡Te amo, Lavi!
—¿Por qué a mi si puedes decirme tan fácil que me amas?
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Mientras Allen acompañaba a Road a su casa el viernes por la tarde, intentaba llenarse de valor para invitarla.
—Road—le dijo justo en la puerta de su casa—, Lavi me regaló dos boletos para el parque de diversiones, ¿te gustaría que fuéramos el domingo?
Road se quedó callada unos momentos, mirándolo, antes de responder.
—Hace mucho que no voy a un parque de diversiones.
—Entonces, ¿eso es un sí?
Su rostro se iluminó esperando una respuesta positiva.
—Sí, pero—Road dudó—, ¿es una cita?
El chico había estado meditando acerca de ese detalle, desde un principio quiso pedirlo directamente, pero no se había atrevido, pero Road le estaba dando la oportunidad y no la desaprovecharía.
—Sí—afirmó.
Road sonrió dulcemente, haciéndolo sonrojar.
—Entonces, me parece perfecto.
—¿Paso por ti a las diez?
—Claro, nos vemos el domingo.
Road siempre le sorprendía con las nuevas reacciones que tenía y le alegraba que él fuera el único testigo de ellas. No olvidaría esa sonrisa fácilmente. Después del día en que le contó su secreto, ella había sido más atenta, atrevida y abierta con él, pensaba que probablemente esa era la Road que aún tenía escondida en un caparazón.
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La chica entró felizmente a su casa, estaba demasiado emocionada por lo ocurrido, después de todo, él le gustaba cada día más y más, incluso ya había pensado en confesarse, pero dado que él ya había dado el primer paso, esperaría a que él se declarara primero, después de todo, estaba segura de que a él también le gustaba.
El domingo a las 10 en punto, Allen tocaba el timbre de la casa de Road. No había dormido mucho esa noche por estar pensando, en cómo, cuándo y dónde se le iba a declarar. Ya tenía todo listo, pero cuando Road salió de su casa, todos sus pensamientos e ideas fueron reemplazados por su imagen. Apenas pudo saludarla como se debía por la impresión.
Se dirigieron al parque tomados de la mano como les gustaba.
Ese día, disfrutaron todo lo que pudieron. Se subieron a todos los juegos mecánicos de altura, incluida la montaña rusa. Gritaron, rieron y disfrutaron de la compañía del otro.
Una vez satisfechos, se pusieron a comer todo lo que encontraron, desde hot dogs, hasta hamburguesas, desde papas a la francesa, hasta un helado frito.
Ya estando bien llenos, fueron a otros juegos más tranquilos, jugaron canicas, entraron a la casa del terror y a la de los espejos.
Se divirtieron como no hacían en años.
Ya estaban anocheciendo y se dirigían a la salida, mientras Allen se quería golpear en la cabeza, aún no le había dicho nada y se le acababa el tiempo.
Entraba en desesperación, cuando unas chicas se pararon frente a ellos.
—Hola chicos, ¿están en una cita? ¿No les interesaría subir a la nueva noria? Hoy es la primera noche que está activa.
—¿Es nueva? —preguntó Road, —si mal no recuerdo, no había una noria.
—Así es, es nueva.
—Vamos Allen, siempre he querido subir a una.
La chica jaló a su amigo, y guiada por la señorita, llegaron al juego.
—Por el día de hoy es gratis, así que solo necesitan hacer fila.
—Gracias.
Allen rio al ver la cara entusiasmada de Road.
—En verdad quieres subir.
—Sí, siempre lo he querido.
Pero, en ese momento se dio cuenta de algo. No iba a subir sola, iba con el chico que sabía que quería declarársele. Bueno, esa era una buena oportunidad.
Allen solo la miraba mientras ella veía el paisaje nocturno de la ciudad a través de la ventana. Podía ser algo cliché, pero ¿ese no era buen lugar para decirle?
Lo nervios regresaron más fuertes que nunca, pero era ahora o nunca. Todo lo planeado lo había olvidado, así que actuó cómo su cuerpo, mente y corazón, le indicaron al momento.
—Road—llamó y se acercó a ella. Justo cuando volteó a verlo, Allen aprovechó la oportunidad y le dio un pequeño beso en los labios. Ella parpadeó sorprendida con aquel inesperado contacto. No se imaginó que él podría hacer algo como eso tan repentinamente.
—Me gustas—susurró apenas, Road solo lo escuchó por la cercanía que tenían. Y aunque ya se lo esperaba y deseaba, le costó unos segundos procesar la información. Segundos que Allen se le hicieron eternos, pero para su buena suerte, ella sonrió y un sonrojo cubrió su rostro. Temblorosa acercó sus manos al rostro del chico y cerrando los ojos, le devolvió el beso. Ahora fue él a quien tomó por sorpresa, pero cerró los ojos para devolverle el beso y disfrutar de ese nuevo contacto.
—Tú también me gustas, Allen—fue lo que ella respondió apenas se separaron. Se miraron a los ojos y rieron apenados.
Allen estaba rebosante de felicidad, así que no dudó en decir la pregunta.
—¿Te gustaría ser mi novia?
—Sí quiero—le contestó inmediatamente.
El chico la tomó de las manos y ambos se acercaron a la vez, para compartir un nuevo beso.
Lamentablemente, el viaje en la noria no era eterno, pero para ellos sería un lugar especial.
Esa noche, ambos durmieron con una sonrisa en su rostro y en sus sueños recordaban aquéllos primeros besos que compartieron.
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Al día siguiente, fue Allen quien pasó a recoger a Road a su casa para ir a la escuela. Lavi nuevamente los vio entrar tomados de la mano, así que se acercó a verificar que su plan hubiera funcionado.
—Buenos días, Allen.
—Hola, Lavi.
—Y dime, ¿mis consejos funcionaron?
—Así es, te debo una por esas entradas.
—Lo sabía, solo era cuestión del ambiente—comentó totalmente alegre por ver a su amigo feliz—Felicidades a los dos.
Allen no podía estar más que agradecido por el apoyo que siempre le había dado. Pero, mientras estaba distraído hablando, no se percató de nada, hasta que Road lo jaló de su camisa hacia abajo y lo besó, ahí frente a todos los estudiantes que entraban a sus clases. Varios vieron la escena sorprendidos y avergonzados y Lavi no perdió la oportunidad de burlarse.
Allen quedó rojo de inmediato, pero cuando Road lo soltó, notó que ella miraba a Lenalee y a sus amigas, quienes los observaban con auténtico asombro.
—Tenía que hacerles saber que ahora sí eres mío—expresó Road sonriendo, lo que causó más burlas de Lavi.
Definitivamente, Allen no podía haber elegido a mejor chica.
