Todos los personajes y escenarios pertenecen a J.K. Rowling


Las semanas pasaron y Charlie se recuperó con normalidad y volvió al ruedo con sus dragones.

Los Weasley regresaron a Inglaterra encantados con el nuevo Draco, a Ron aún le costaba aceptar que ahora el rubio era parte de su familia.

Las semanas pasaron como agua, pasando a meses y los meses a años.

La primera navidad que Charlie y Draco pasaron juntos como pareja en la Madriguera fue algo épico y que muchos hubieran pagado por ver. El rubio al principio se sintió fuera de lugar. Las caras de Hermione y Harry no tenían precio. Pero Granger (ahora Weasley) como siempre, siendo la más sensata y racional del trío, supo afrontar la situación de forma madura. Y cuando Draco pidió hablar con ella en privado en el patio trasero, para ofrecer una sincera disculpa por todos los insultos cuando niños, Hermione sólo sonrió y aceptó su disculpa.

Esa no fue la única celebración que pasaron en la Madriguera. Las Navidades o Años Nuevos en la morada de los Weasley se estaba volviendo tradición para Draco, ya que Molly les pedía tanto a Charlie como a él que apartaran alguna de las dos fechas para pasarla en familia.

La relación entre Charlie y Draco iba excelente, claro que tenían ciertas discusiones como cualquier pareja normal, pero de unos cuantos días sin hablarse por flú o mandarse cartas no pasaba y siempre las reconciliaciones eran mejores.

Charlie seguía trabajando, obviamente, en la Reserva, aunque hay que darle como punto a favor que ya no se lastima tan seguido y tan gravemente . Tal vez se debía en gran parte al anillo que le había dado Draco pero bueno, algo es algo.

Draco había ascendido en el hospital. Sólo hacía guardias dos veces al mes, tenía un consultorio dentro del hospital donde atendía algunas emergencias pero principalmente a pacientes con diversas enfermedades mágicas y complicaciones por heridas provocadas por criaturas mágicas y daños provocados por hechizos que fueron mal atendidos o a destiempo.

Tenía un poco más de flexibilidad de horario y más tiempo libre. Charlie y él se podían ver más seguido.

Siempre trataban de programar sus vacaciones en las mismas fechas. A petición de Draco, han habido veces en que salen a algún país y turistean; pero otras veces, a petición de Charlie, se quedan en la vivienda de alguno, sólo ellos dos y hacen cosas juntos.

Ya llevaban 4 años de pareja y Charlie había estado ahorrando desde hace un tiempo para sorprender a Draco, quería que fuera un momento especial, sentía que ambos estaban en un momento de sus vidas y relación casi perfectos.

Ya estaban en Diciembre y acababa de ser el cumpleaños de Charlie cuando recibieron una carta de la madre de Draco pidiéndole que por favor considerara pasar esa Navidad con ellos en la Mansión, que ella misma se aseguraría que su padre se comportara y pudieran pasar un rato ameno. Además quería celebrar que sería la primer Navidad de Lucius como hombre libre, finalmente había cumplido su sentencia de 10 años.

Draco no estaba para nada seguro de ir, seguía sin agradarle estar en la mansión y menos después de aquella disputa con padre años atrás.

-Deberías ir, amor; son tus padres. Sólo so días. Además, tu madre prometió controlar a tu padre ¿no? Tal vez hasta se disculpa por lo de aquella vez.

-¡Ja! Mi padre disculpándose, eso sí lo quisiera ver- dijo Draco irónico

-Bueno, puede que no se disculpe pero sí que pases un bueno momento con ellos. Son tu familia y te quieren. Desde ese día de la carta donde se enteraron de lo nuestro no has vuelto a verlos- trató de convencerlo Charlie.

-No lo sé, Char. Algo me da mala vibra de esto, ¿por qué ahora? ¿Por qué no el año pasado?

-Porque el año pasado tu padre aún tendría medio año más que cumplir de condena. Este año ya es libre, si lo que dice tu madre sobre celebrar su libertad es cierto. Mira, Draco, ¿qué es lo peor que puede pasar? ¿Que te exija que termines conmigo? OTRA VEZ ¿Que te reproche que trabajes como medimago? OTRA VEZ ¿Que te diga que retomes tu lugar como heredero y cumplas con tus compromisos? OTRA VEZ… Draco, si eso pasa, vuelves a mandarlo al diablo y yo vendré corriendo a verte ¿está bien?

-¡Agh! Está bien, confirmaré mi asistencia en la mañana.-dijo Draco a un sonriente Charlie-¿Qué harás tú en Navidad? ¿Te quedarás en la Reserva o irás a la Madriguera?

-No, me quedaré en Rumania, le cambié a Zoe el trabajar el 24 por el 31 de diciembre. Así podremos estar en la Madriguera para Año Nuevo.

-Ok.

Llegó el 23 de diciembre y Draco estaba terminando de empacar para pasar el 24 y 25 con sus padres en la Mansión, el sólo pensarlo aún le revolvía el estómago pero esperaba que esa discusión con sus padres hace años los haya hecho recapacitar.

Se apareció dentro de los terrenos de la Mansión Malfoy y un Bouncey estaba esperándolo

-Buenas tardes, Amo señorito Malfoy, la Ama lo espera en el salón de té. Amo, permita que Bouncey se encargue de su equipaje, señor.- dijo el elfo señalando la pequeña maleta

-Gracias, Bouncey, iré a ver mi madre

Draco comenzó a caminar hacia el salón que Bouncey había mencionado y no pudo evitar pensar "qué diferencia" con relación a la vez anterior que estuvo ahí. Tocó suavemente la puerta y escuchó el suave "adelante" de su madre desde el interior.

-Madre- saludó Draco con un beso en la mejilla a Narcissa.

-Draco, querido. Gracias por aceptar la invitación para pasar estas fechas con nosotros. Te hemos echado de menos.

-Y yo a ti, madre ¿Cómo has estado?

-Yo estoy bien, querido. Pero háblame de ti. ¿Cómo va tu trabajo en París?

-Va… bien, de hecho muy muy bien. No hace mucho recibí un ascenso.

-Me alegra, dragón. Y ¿Cómo se encuentra el Señor Weasley?- preguntó su madre sacando de balance a Draco, nunca pensó que preguntarían por Charlie.

-Pues… Charlie se encuentra bien, madre. Sigue trabajando en la Reserva- Aseguró Draco sin saber qué tanto su madre había preguntado por genuino interés o sólo por educación y demostrar a Draco que al menos lo intentaba.

-Me alegra. Recuerdo que siempre te interesaron los dragones. Cuando tenías 3 años, siempre fingías volar y hacer ruidos de dragón cuando creías que nadie te veía. Siempre querías que te leyera historias y libros relacionados a ellos.- mencionó Narcissa con una leve sonrisa al recordar a su pequeño hijo.-¿Deseas té, querido?

-Eh… sí, gracias, madre.

Unos minutos después, apareció un pequeño elfo anunciando que la comida estaba lista para cuando los amos desearan almorzar. Tanto Draco como Narcissa se pusieron de pie y caminaron al comedor, donde Lucius ya se encontraba sentado, a la cabeza de la mesa como siempre.

-Padre- saludó Draco con un ligero asentimiento de cabeza.

-Draco, qué bueno que aceptaste la invitación de tu madre.- dijo Lucius serio.

Draco y Narcissa se sentaron a la mesa y poco después comenzaron a comer en completo silencio. Bueno, Draco no se quejaba, siempre habían sido así las comidas o cenas en la Mansión, y al menos así se evitaban conversaciones que nadie quisiera tener.

La comida terminó y Draco se excusó para retirarse a su habitación y refrescarse un momento. Cuando estuvo dentro del que fue su dormitorio durante su infancia y adolescencia, el menor de los Malfoy se permitió respirar con normalidad. Se acercó a su equipaje y sacó un pergamino, pluma y tintero.

Charlie, He sobrevivido las primeras 3 horas en la Mansión sin que nadie le reclame nada a nadie, sin gritos y sin discusiones, considero esto una clase de récord. Tal vez no haya sido tan mala idea después de todo y sí pueda subsistir estos 2 días. Por cierto, mi madre preguntó por ti, algo que se me hizo extraño, pero quizá sea un buen comienzo al cambio ¿no? No sé si pueda escribirte en la mañana del 25, por lo que aprovecho esta carta para desearte una feliz Navidad y decirte que tengo tu regalo escondido en tu cabaña, espero que lo encuentres antes del próximo año. Con cariño, Draco Lucius Malfoy.

Draco salió de la habitación hacia la lechucería de la mansión

-Hola, Schatten- dijo acariciando a la hermosa lechuza negra- Llévale esto a Charles Weasley, y espera por respuesta, es posible que escriba una.

El ave salió volando y Draco se quedó admirando el paisaje alrededor de la mansión. Estaba nevado pero era hermoso. Le gustaba el aire de tranquilidad que había en ese momento. Al menos siempre disfrutó de estar en la lechucería, incluso cuando todo estalló y esa casa más que un hogar, se volvió un infierno.

Después de una hora ahí, decidió bajar, se encontró con su padre en las escaleras, ambos se detuvieron y miraron fijamente. Lucius se veía cansado, deteriorado, casi podía jurar que enfermo. Ninguno dijo nada durante un par de minutos. Lucius suspiró y se dio media vuelta caminando hacia su estudio. Draco negó levemente y bajó hacia la cocina.

-Amo Señorito Malfoy, ¿en qué le puede ayudar Biadhy? ¿desea algún pastelillo o bollo antes de la cena? Biadhy puede prepararlo para usted, señorito.- dijo la elfina entre sorprendida y nerviosa por ver a Draco ahí. Los amos nunca bajaban a la cocina.

-No, no, Biadhy, estoy bien, sólo vine por un té- dijo Draco tratando de acercarse a la estufa, la pequeña elfina se puso más nerviosa y comenzó a temblar.

-Amito, permita que Biadhy se lo prepare, Biadhy se lo llevará a su habitación en unos minutos.- dijo la pequeña elfina apresurándose.

-No te preocupes, Biadhy. Yo lo preparo, de cierta manera me relaja.- dijo tomando una tetera y una taza.

-Está… está bien, amito.- dijo Biadhy un poco insegura.

Draco terminó de preparar su té y comenzó a beberlo de vuelta al salón.

-Draco, querido, ¿estabas..? ¿Estabas en la cocina?- preguntó su madre confundida.

-Así es, me apetecía un té- dijo Draco con simpleza, su madre prefirió no decir nada al respecto.- Madre, ¿podríamos hablar un momento en privado?

-Claro, hijo. Vamos al salón de té.

-Madre… En el par de ocasiones que he visto a mi padre hoy, lo he notado algo… desmejorado. ¿Tiene algún problema de salud?- preguntó Draco en cuanto entraron al salón de té.

-Claro que no, Draco. Tu padre se encuentra bien.- dijo Narcissa seriamente

Draco la miró seria y analíticamente.

-Madre, sabes que soy medimago ¿cierto? Puedo ver que no está bien. Por favor no me mientas, si ya se encuentra en algún tratamiento puedo revisar que tenga las medicinas correctas o si desean que no interfiera está bien, es su derecho. Pero no me mientas.- dijo Draco preocupado.

Narcissa parecía pensar que decir.

-Draco… tu padre no desea que tú te enteres de nada. Así que esto no debe salir de aquí. Él ha estado teniendo dificultades para respirar los últimos meses. De hecho lleva alrededor de dos años con problemas, pero se exacerbó recientemente. Se fatiga con facilidad y ha perdido peso. Algunas veces sufre mareos y sangra de la nariz- describió su madre.

-¿Ya vio a algún medimago? ¿Cuál fue el diagnóstico? ¿Qué tratamiento está siguiendo?- preguntó Draco intranquilo.

-No ha visto ningún medimago. Es… complicado conseguir algún sanador que desee atender ex-mortífagos. Y más completo que desee venir a la Mansión a revisarlo. Igualmente, después de nuestra… conversión la última vez que estuviste aquí, nos pareció mejor no arriesgarnos a meter a alguien que pudiera buscar venganza en vez de ayudar a tu padre.- dijo Narcissa resignada

-¿Eso quiere decir que no ha sido atendido ni revisado por ese malestar? Madre, ¿por qué no enviaste una lechuza? Yo podría haber…

-Lucius no quería que supieras, Draco- interrumpió Narcissa

-Pero… ¿por qué? Yo puedo ayudar, tengo los conocimientos, puedo hacer de las mejores pociones, yo… ¿Tanto le molesta que sea medimago? ¿Tanto le importa su orgullo? Puede morir por esto. Puede ser peligroso.- dijo Draco enfadado.

-No es eso, Draco. Cuando empezó con las molestias y vimos lo complicado de conseguir un buen medimago, le di la opción de pedirte que lo revisaras pero…se negó a que supieras que estaba enfermo, ya sabes, no quería lucir débil y menos después de su confrontación. Pasó el tiempo y comenzó a empeorar, insistí en querer mandarte una lechuza pero él aseguraba que te negarías, que no querrías tratarlo después de que él arruinó tu vida, que no lo ayudarías por tu odio hacia él.

-¡Eso es… es ridículo! Para empezar no lo odio a él; odio el que intente seguir controlando mi vida sin detenerse a preguntar qué es lo yo que quiero. Odio que a pesar de todo lo que hemos pasado, de a donde nos ha llevado el orgullo y los ideales equivocados, él no esté dispuesto a cambiar. Genuinamente creí que después del juicio el cambiaría, pero sigue igual que hace 10 años. Segundo, no me negaría a atender a nadie, por más mal que me pudiera caer, es mi obligación como medimago. Y menos me negaría a atender a mi propio padre.- dijo Draco enfadado mientras se ponía de pie y encaminaba a la puerta.

-Draco, ¿adónde vas? - preguntó su madre siguiéndolo

-Al estudio. Estaba ahí hasta hace un momento. Hablaremos de estos disparates. Él necesita atención médica.- dijo Draco caminando con pasó ágil.

Llegaron al estudio y Draco tocó la puerta un par de veces sin recibir respuesta, la abrió y lo que encontraron Narcissa y él les arrancó un jadeo de sorpresa.

-¡LUCIUS!

-¡PADRE!- gritaron madre e hijo al ver al hombre inconsciente sobre el escritorio, su nariz sangraba y no parecía respirar. Draco se acercó inmediatamente, tomó su pulso y se alivió de sentirlo, aunque leve, seguía ahí.

Draco lo trasladó a su habitación y empezó a hacer diversos hechizos sobre Lucius. Unos segundos después su padre recuperó la consciencia.

-¿Draco?

-Padre, necesito que respires lo más profundo posible, retengas el aire y lo sueltes cuando te indique- dijo Draco con tono profesional.

-¿Qué estás haciendo?

-Respira profundo, retén el aire hasta que te diga- repitió Draco. Lucius hizo lo comandado de mala gana.

Cuando Draco terminó de revisar a su padre estaba más preocupado que antes. Sus pulmones no se oían nada bien, ahora entendía los problemas para respirar y los desmayos.

-Padre, por los hechizos de revisión que te he practicado, parece ser que tienes alguna clase de hongo en los pulmones que se ha estado reproduciendo por años. Es bastante serio. Voy a darte unas pociones que…

-No necesito ninguna poción- interrumpió Lucius testarudamente.

-Padre tus pulmones…

-Mis pulmones están bien- volvió a interrumpir intentando ponerse de pie- No necesito ayu…

-No, tus pulmones no están bien. Y sí, sí necesitas ayuda. Que seas lo suficientemente terco para aceptarla es diferente- dijo poniendo una mano en el pecho de Lucius para detenerlo

-Ya te dije que no…

-Que no necesitas ayuda, ya escuché. El punto es que esta no es la primera vez que te desmayas, y madre cada vez se preocupa más. Si no lo haces por ti, al menos hazlo por ella. Acepta el tratamiento para tranquilidad de ella.

Lucius pareció flaquear un instante

-¿Donde está tu madre?

-Afuera, le pedí que esperara para poder revisarte.- Lucius no dijo nada por varios minutos- Padre, si no te atiendes esos pulmones, morirás antes de lo que crees. Puede que a ti no te importe, pero madre quedará sola y con la sensación de que pudo haber hecho algo para ayudarte. ¿Eso quieres?

Después de más silencio y miradas retadoras entre ambos rubios, Lucius gruñó y desvió la mirada.

-¿Qué pociones debo tomar?- gruñó Lucius provocando una sonrisa satisfecha en su hijo.

-Dos pociones son bebibles y una debe ser disuelta en agua hirviendo e inhalar los vapores de esta. Puedo hacerlas ahora mismo. ¿El pequeño laboratorio de pociones sigue aquí?

-En el sótano, no sé qué haya ahí ni su estado.- dijo de mala manera el patriarca Malfoy

-Muy bien, iré a comprobar que haya lo necesario y haré las pociones, en unas horas tendrás tu tratamiento- resolvió Draco encaminándose a la puerta.