Capítulo 2. Convergencia Ackerman

Una vez terminó de hacer sus maletas, Mikasa se sentó en la cama a la espera de ser avisada para abandonar el reformatorio que había sido su hogar durante cinco años.

Annie, su compañera de cuarto, miró sus pertenencias de reojo mientras se preparaba para ir a sus clases. Cuando terminó de prepararse, la miró con su semblante serio y le dedicó una sonrisa un poco tétrica pero que Mikasa apreció.

- ¿Nerviosa? - Le preguntó.

Ella se encogió de hombros, quería evitarla a toda costa. Si alguien había conseguido que fuera mínimamente feliz en aquel lugar, esa había sido Annie y le estaba costando mucho despedirse.

- Espero que te acuerdes de mí cuando estés fuera. Creo que... voy a echarte de menos... - dijo en voz baja.

Raras eran las veces en las que Annie se ponía un poco sentimental, le rompía el corazón verla así de triste por su partida. Miró al suelo y luego a la puerta, aún tenían tiempo de despedirse antes de que tuviera que irse. Se acercó a ella para acariciar su mejilla. Cuando Annie cerró los ojos, Mikasa hizo lo mismo y se acercó más para posar sus labios en los de la chica.

Escuchó un pequeño gemido por parte de ella.

- Eres todo un misterio, Ackerman - susurró.

- Te llamaré, ¿de acuerdo? Voy a esperarte.

Annie suspiró.

Volvieron a unir sus labios.

- Por ahí viene la gorila - bufó Annie.

Se separaron antes de que la guarda de seguridad abriera la puerta violentamente.

- Ackerman, llegó la hora - le avisó. Al ver lo lento que iba y la mirada de Annie, intentó suavizar su tono. - ¿Vendrás tú a la puerta? - Le preguntó a la rubia.

Ella negó con la cabeza.

- Todo se queda aquí - respondió con una amarga sonrisa.

Ella intentó hacer el amago de querer ayudarla con una de sus dos maletas a ruedas pero Mikasa se lo impidió y salió con su equipaje. Estaba a punto de cruzar la puerta cuando se paró y miró a Annie una última vez. Llevó su dedo índice a sus labios y le sonrió de vuelta.

Ella asintió con una sonrisa.

- Buen viaje - le dijo con una triste sonrisa.

Mikasa asintió y fue acompañada a la entrada de la que sería su libertad. Con un semblante serio caminó cargada de su pertenencias mientras iba recorriendo con la mirada a las que habían sido sus compañeras. Le había costado sangre, sudor y lágrimas hacerse con un hueco en el reformatorio, fueron muchas las peleas que tuvo que llevar a cabo para hacerse respetar hasta el punto que no sabía quién era.

- ¡Suerte, Ackerman! - Exclamó una de ellas.

- Eres leyenda - le dijo otra.

Quizás en otro momento de su vida hubiera apreciado ese reconocimiento pero en su corazón ya no era el mismo, la Mikasa que cinco años antes entró allí no era la misma que la que salía. Levantó la mano y se despidió de las chicas hasta que la puerta se cerró y dio por finalizada esa etapa de su triste y lamentable vida pero cuando vio al hombre que la esperaba no pudo evitar emocionarse.

En aquella sala de espera, el hombre corrió a su encuentro y ambos se abrazaron.

- Mikasa... - murmuró aferrándose a ella, - ya pasó todo, ya acabó.

Quería no emocionarse pero unas pequeñas lágrimas aparecieron en sus ojos y respondió al abrazo de su tío con efusividad. Levi firmó el papeleo sin soltar su mano y juntos salieron por la puerta. Le abrió la puerta del coche y salieron de allí sin tiempo que perder.

- ¿Estás segura de que quieres quedarte conmigo? Aún puedo llevarte a casa, tu madre quería venir a recogerte pero sé que no te lo hubieras tomado bien.

Ella arrugó la frente.

De los cinco años que pasó encerrada, dejó de hablar con su madre al segundo. A pesar de sus súplicas para que contara la verdad, Yuka optó por proteger a su hermana mayor, Pieck, de una condena mucho más larga.

- Me gustaría quedarme contigo si no es molestia, buscaré un trabajo cuanto antes para poder pagarte pero no quiero volver a casa.

Los rayos de sol a primera hora de la mañana hicieron visible el alivio de Levi.

- Puedes quedarte el tiempo que necesites, no tienes nada que pagar.

- Gracias, tío Levi.

- ¿Quieres hablar del tema?

No le gustaba verse débil, había recurrido a él como una niña pequeña.

Aguantó como pudo pero al verse sola estaba comenzando a sobrepasarla. Una noche se adentró en la sala de informática junto a Annie para comprobar si era verdad lo que su madre le había contado. Mikasa sabía que no tenía a nadie más pero tenía la esperanza de encontrar a ese hermano del que su madre renegó alguna vez.

Con suerte aún podría encontrarle, estaba desesperada y necesitaba ayuda.

Después de una búsqueda en internet, pudieron contactar con Levi Ackerman, el cual se mostró muy sorprendido con la situación. Únicamente le envió un email a la dirección de correo de la universidad para, en el caso de ser descubierta, que no fuera una dirección sospechosa.

Tras dos días de espera, iba a darse por vencida cuando fue llamada a la sala de visita y encontró a su tío esperándola. Había movido sus hilos asegurando ser su tutor legal, había presionado a Yuka para cederle ese derecho. Mikasa le había contado lo ocurrido, él prometió sacarla de allí cuanto antes.

Pero sus esfuerzos fueron en vano, la sentencia era firme y ella saldría al cumplir los veinte años. De igual forma, Levi se las arregló para permitirle llevar una vida un poco más fácil. El dinero no fue un problema, era lo único que Pieck le daba por su silencio así que hizo lo posible por asegurarle a Levi que no quería su dinero.

Sólo quería a alguien.

Quería alguien que la quisiera y se preocupara por ella y ese alguien fue el Ackerman más diferente que ella había conocido, la acogió como a la hija que siempre quiso tener y le ofreció quedarse con él por tiempo indefinido.

Mikasa suspiró.

- Estoy un poco abrumada todavía.

- Todo estará bien, ya lo verás - dijo cogiendo su mano.

Cerca de una hora y media después, llegaron a la urbanización donde Levi vivía y bajaron del coche.

- Es una casa muy bonita - comentó cuando la vio.

- Ahora también es la tuya - respondió él con una sonrisa.

Levi metió la llave para indicarle que era bienvenida a su humilde hogar. Ella quedó maravillada, durante su estancia en el reformatorio, había visto como su tío era una persona muy pulcra y su casa era exactamente como ella la había imaginado. Mientras cargaba con su equipaje, le hizo una señal de que él podía solo pero aquello era demasiado así que cargó la maleta más pesada sorprendiéndole con su fuerza.

- Compré la colcha en negro, creo haber acertado - rió.

Mikasa se percató de que miraba su ropa negra y sonrió.

- Gracias, es más de lo que merezco.

Levi le revolvió el pelo y dejó su espacio para que ella terminara de instalarse.

A pesar de haber salido del reformatorio, debía seguir yendo a terapia al menos unas semanas, no fue algo negociable. Era algo que Mikasa odiaba, Zeke era el peor psicólogo con el que ella había tratado pero suspiró tranquila al saber que tan sólo le veía unas horas a la semana.

Durante la cena, Levi le demostró sus dotes culinarias. Ella quería ser de ayuda pero lo cierto era que no tenía idea, él prometió enseñarla. Mientras miraba atenta el libro de cocina para ir dictándole a su tío los pasos, se quedó pensativa.

- ¿Por qué no te conocí antes? Yuka sólo mencionó que tenía un hermano que había muerto pero nunca supe porqué te ocultó.

Levi echó un poco de sal al pollo que cocinaba y luego la miró con una triste sonrisa.

- Así que eso dijo... - comentó. - Digamos que los Ackerman son una familia humilde y muy tradicional de cara a la galería pero lo cierto es que es el mayor nido de traidores que he conocido en mi vida. Si estás en el núcleo familiar, les proteges y les apoyas no tienen problemas contigo pero si por el contrario vas por tu cuenta, te rehúyen. Lo que te ocurrió a ti no es ni la primera ni la última vez que un Ackerman exilia a otro en beneficio de la familia. Tu madre en particular me odia desde que me fui a estudiar al extranjero, pensó que las abandonaría.

- Ella no entiende nada - se lamentó.

- Dale tiempo - respondió él muy tranquilo. - Algún día lo hará.

Mikasa rió.

- Después de lo que me hizo a mí no tengo esperanzas - murmuró.

- ¿Has hablado con ella o con tu hermana recientemente?

Pero ya no estaba escuchándole.

Solía quedarse en trance muy a menudo recordando todo lo que había ocurrido la familia Ackerman aquella noche.

Recordó el miedo que sintió la primera vez que vio el cuerpo de Petra tendido en el suelo y los puños llenos de sangre de su hermana. Aunque el cuerpo de la chica seguía respondiendo, no podía creer a los extremos que Pieck había llegado por su locura. La pasiva sonrisa de la chica era algo que jamás podría olvidar. Debía presentarse en casa de Petra, debía disculparse en nombre de las hermanas Ackerman.

Sintió los brazos de Levi sobre sus hombres y la sonrisa que le dedicó la devolvió a la realidad.

- Tengo muy buenas noticias - dijo su tío. - Hablé con el decano de la universidad, te han concedido el permiso para que puedas acudir personalmente a Shiganshina. Ya no tendrás que seguir las clases online. Además, ten - dijo entregándole un teléfono - necesitarás uno ahora que no estás en el reformatorio - le explicó con una sonrisa.

- ¿No tienen problemas con... eso?

- En absoluto, el señor Pixis prometió que tu caso sería confidencial. Te recibirá mañana a las doce de la mañana.

Aunque el rencor y el sentimiento de venganza seguía en ella, la noticia de llevar una vida normal le hizo más ilusión de la que pensó que le haría.

A la mañana siguiente, se vistió y se dirigió a su entrevista con el director. Cuando Levi la vio bajar le sonrió y le entregó una bufanda de color rojo para, según él, darle un poco de color a su atuendo. Se quedó sorprendida cuando vio en persona a la Universidad de Shiganshina, únicamente había podido verla en fotos a través de internet. Levi había conseguido que siguiera las clases desde allí, había conseguido pasar los dos primeros cursos de la universidad con éxito e incluso algunos con matrícula de honor.

Mikasa se aferró a la bufanda que rodeaba su cuello y puso un pie en la entrada.

Ya estaba lo suficientemente nerviosa por no encontrar el despacho de Pixis cuando escuchó los gritos provenientes de un despacho. Su pulso se aceleró, los gritos nunca traían nada bueno e incluso se puso en posición defensiva por si algo ocurría y debía defenderse pero no pasó.

- Ho-hola - Dijo una voz detrás de ella.

Se dio la vuelta muy nerviosa.

Pero sólo era un chico.

Suspiró tranquila.

- Jean Kirstein - dijo. - Lo siento, no quería molestarte, yo sólo te había visto y... - siguió muy nervioso. - ¡tu pelo es hermoso!

Ella encarnó una ceja.

- Gracias - murmuró. - Busco el despacho de Dot Pixis, ¿sabes dónde está?

Jean parecía aún más nervioso que ella a la par que emocionado.

- Eh... ¡Sí! Es la segunda planta, el despacho 3.4. ¡No! El 3.5. - dijo.

Antes de que hubiera dicho el número cinco, ya se había puesto en dirección hacia el despacho de Pixis dejando a Jean despedirse de ella. Técnicamente aún no había empezado su nueva vida, tenía prisa pero volvería a disculparse con el chico por su actitud.

Cuando llegó la mandaron al despacho.

- Así que Mikasa Ackerman - dijo Pixis mientras la miraba curioso. - Luces muy distinta a como pareces en la foto, ¿estás nerviosa?

Ella miró la foto que él le estaba enseñando la cual era de cuando tenía diecisiete años. Ella sonreía pero su semblante serio la hacía parecer muy diferente. Miró a Pixis intentando fingir una sonrisa parecida a la que tenía. Sabía que los nervios eran un eufemismo, se había asustado al ver su cara pero era algo en lo que trabajaría más adelante.

- Así está mejor - rió el hombre. - Según veo en tus notas del primer cuatrimestre, lo hiciste online con muy buenas calificaciones e incluso antes de tiempo, no veo ningún problema a la hora de cambiar tu tipo de matrícula para que sea presencial.

- ¿Cuándo podré asistir?

- Toma - dijo entregándole una hoja, - los alumnos que la siguen online tienen fechas distintas, el segundo cuatrimestre comenzará en unas semanas.

Mikasa asintió.

Después de una serie de preguntas que ella consideró invasivas, salió del despacho para volver a casa de Levi. Tan solo debía coger un autobús y en media hora estaba en la puerta. Estaba absorta en sus pensamientos cuando se dio cuenta de que el chico que había conocido anteriormente caminaba en su dirección. Se sintió extraña pero siguió su impulso, salió de la fila para coger el autobús y le extendió la mano.

- Mikasa Ackerman - se presentó.