Capítulo 7. Verdad expuesta I.

Cuando Haruhiko se dio cuenta de quién era la mujer que estaba allí, lo primero que hizo fue una inclinación de noventa grados para mostrar sus respetos. Cuando volvió a erguirse, escuchó la puerta por la que salía Toshiko.

–¡Hola! Ya estás aquí. –saludó Toshiko sin haberse percatado de la presencia de Natsuko. Entonces la vio y percibió la tensa mirada de aquella mujer.

–¡Señora Ishida! –la llamó Haruhiko cuando vio que Natsuko volvía a alejarse e ignorando que ya no se apellidaba así. Pero Natsuko hizo caso omiso y comenzó a trotar hasta perderse en la esquina. –¿Por qué habrá venido hasta aquí?

–Debe de ser la que ha estado acosándonos. –dijo Toshiko.

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–Nosotros hemos visto esto antes, ¿verdad? –comentó Yamato arrancando una naranja. Entonces se percató de que era de la misma variedad que la que tenía Taichi cuando lo vieron en aquel puente peatonal de Tokio. –La vimos cuando encontramos a Taichi, ¿te acuerdas? Creo que Taichi ha estado aquí recientemente. Quizás ayer, antes de ayer o incluso hoy.

–Eso no puede ser. –dijo Sora.

–¿Acaso no es algún tipo de mensaje para tu familia? –preguntó Yamato dándole la naranja.

–¿Un mensaje?

–Sí. Que ha estado aquí.

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–Ayúdame con los platos, Rika. –le dijo Miyako a su hija mientras le pasaba unos platos para poner la mesa.

–Sí, mamá. –dijo la niña.

–Me salto la cena. –dijo Maki entrando y cogiendo un par de rosquillas alargadas.

–¿Qué? Pero ya la he preparado. –se quejó Miyako.

–Estoy a dieta. –dijo Maki, que se dirigió a la niña, se puso a su altura y le ofreció una rosquilla. –Toma, esto es para ti.

–Gracias. –agradeció Rika aceptándola.

–¡No le des eso justo antes de cenar! –la riñó Miyako.

–Muy bien. –dijo Maki. Le quitó la rosquilla a la niña y se la comió ella. –Tener a esta pequeña debe de causarte muchas preocupaciones, ¿no?

Tanto madre como hija se quedaron atónitas, aunque enseguida entró Goro.

–¡Abuelo! –saludó Rika.

–Esa Maki me da escalofríos. –confesó Miyako mientras su padre tomaba a la niña.

–Parece que mamá está de mal humor, ¿eh? –le dijo Goro a Rika.

Mientras tanto, Maki se dirigió hacia donde estaba Taichi, que se encontraba con un bidón rellenando la mochila de fumigar.

–Taichi Takenouchi. ¿Conoces a Daigo Nishijima, del gimnasio? –preguntó Maki, insistiendo en el nombre real de Kenji mientras comía del picoteo que había cogido de la cocina. –Pues es mi ex novio. Sabe casi cualquier cosa. Rompimos cuando lo encarcelaron de nuevo después de moler a palos a un amigo. ¿Verdad que mataste a una niña de primaria cuando estabas en secundaria? ¿Cómo te sentiste?

Aunque Taichi seguía en sus labores, comprendió entonces cómo Maki sabía su verdadero nombre e incluso lo que hizo. Además, parecía muy emocionada con ello. Pero al contrario que ella, pasó de seguirle el juego.

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Natsuko creyó que estaba preparada para enfrentar a la familia del asesino de su hija, pero su primera reacción cada vez que encontró a un miembro de aquella familia fue huir. Pero lo que no podía quitarse de la cabeza fue la camiseta que vio a la menor de la familia. Era la misma que le vio a Saku. Necesitaba explicaciones, por lo que fue a casa de su hijo. Como vio que no estaba, decidió esperarlo, hasta que ya habiendo anochecido entró seguido de Saku.

–¿Ocurre algo? –preguntó Yamato al ver la cara de preocupación de su madre, a la que no esperaba ver allí.

–Hola. –saludó Sora.

–Hola. –la saludó también Natsuko.

–Por cierto, he traído el fular que me prestó el otro día. –dijo Sora pasándole la bolsa, pero Natsuko no hizo el menor gesto de cogerla.

–Ella me ha ayudado a buscar los informes de Aki. –le informó Yamato.

–Bueno, no hice nada. Sólo lo acompañé. –dijo Sora restándose importancia.

–Quería invitarla a algo, pero se nos ha hecho tarde y está todo cerrado. –dijo Yamato. –¿Has cenado?

–¿Tú también lo has leído? –preguntó Natsuko.

–Sí. –asintió Sora, sabiendo que se refería al informe de la autopsia.

–Debes de sentirte aliviada, ¿no?

–¿Aliviada? –preguntó Sora, sin comprender a qué se refería Natsuko. Evidentemente se sintió aliviada, pero debía seguir fingiendo.

–Perdona. –dijo Natsuko viendo la incomodidad de Saku.

–No, perdóneme a mí. Ha sonado muy insensible. –dijo Sora.

–Tú eres Sora, ¿verdad? Sora Takenouchi. –dijo entonces Natsuko, que recordaba muy bien quién era. No por nada había tenido a una agencia de detectives contratada. Ambos jóvenes se quedaron sin habla. –Antes he ido a tu casa y he visto a tus padres. No quería verte.

Al decir aquello, Sora dejó la bolsa con el fular encima de la mesa y se marchó. Yamato decidió preparar una infusión para calmar a su madre, a pesar de que no había perdido los nervios en ningún momento.

–Me he estado preguntando cómo no la he reconocido antes. Ha crecido tanto. Y es tan bonita. –dijo Natsuko mientras tomaba la infusión.

–¿La recuerdas? –preguntó su hijo. Natsuko asintió con la cabeza.

–Sí. Alguna vez jugó con Aki. ¿Su hermano está con ellos? –preguntó Natsuko.

–Ni si quiera han intentado encontrarlo. –dijo Yamato.

–El padre hacía muy buenos relojes. –divagó Natsuko. –Era uno de los responsables de la fábrica de relojes y era un hombre muy reputado entre los vecinos del pueblo.

–¿De la élite?

–Sí, algo así. Pero parece que a su hijo no le gustaba la confianza que había entre tu padre y el suyo. Una vez, Taichi vio el reloj barato que llevaba durante el aniversario de la apertura de un snack-bar del barrio y le elogió por el reloj que llevaba, que evidentemente no era de la fábrica de su padre. Parecía que lo hizo por incomodar a su padre. Tu padre simplemente rió para restarle importancia. En ese momento, Taichi puso la misma mirada que tú ahora. –dijo Natsuko, viendo la mirada perdida de su hijo.

–¿Por qué le hizo eso a su propio padre? –se preguntó Yamato.

–¿Puedo verlo? –preguntó Natsuko. Yamato asintió con la cabeza. El haber estado recordando a Haruhiko le hizo querer presentar sus respetos. Yamato la acompañó hasta la habitación que fue de su padre, donde su hijo había montado el pequeño altar dedicado a él. Se arrodilló, cerró los ojos y juntó sus manos durante unos segundos. –Descansa en paz.

–Es el altar más barato de todos. –dijo Yamato para justificar que el altar no fuera demasiado bonito. De hecho no podía ser más básico.

–Está bien. –dijo Natsuko. Sabía que la economía de su hijo no era muy boyante. No obstante, sonrió y habló con tono de broma. –Es el altar que se merece. La postura de tu padre nunca fue buena y su cara parecía la de la urna funeraria.

–No digas esas cosas horribles. –dijo Yamato sonriendo ante la broma de su madre.

–¿Sabes dónde me llevó en nuestra primera cita? Aunque yo era muy moderna, me llevó a una exposición de caligrafía. ¿Te lo puedes creer?¿Sabes lo que me dijo de vuelta a casa? Dijo "gracias por el esfuerzo", como si hubiera sido un trabajo. ¿Qué dijo en sus últimos momentos?

–Quería buscar a Taichi. –respondió Yamato.

–Comprendo. –dijo Natsuko. Entonces volvió a mirar hacia el altar. –Gracias por el esfuerzo.

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–Buenos días. –dijo Sora sentándose a la mesa, donde su familia ya estaba desayunando.

–Buenos días. –saludaron todos.

–Ayer vino la madre de Aki Ishida, ¿verdad? –dijo Sora tras unos segundos de silencio, en los cuáles pensó si debía de hablar de aquello o no. Ni Haruhiko ni Toshiko se explicaban cómo su hija sabía aquello. –Se lo oí decir a ella misma. Olvidé comentároslo anoche. Lo cierto es que últimamente he estado con su hijo.

–¿Estás loca? –preguntó Hikari.

–En realidad son buena gente. –dijo Sora. –Dime, papá…

–¿No llegas tarde al instituto? –interrumpió Toshiko preguntándole a Hikari.

–No me digas que nos tenemos que volver a mudar. –dijo Hikari.

–Claro que no. Todo estará bien. –dijo Toshiko.

–Llamemos a la policía. –sugirió Hikari.

–¿Por qué íbamos a llamar a la policía? –preguntó Sora sin comprender.

–Bueno, porque las llamadas anónimas son una violación de la ley, ¿no? –justificó Hikari. –Podríamos pedirles que los cazaran. Si lo hicieran podríamos vivir aliviados de una vez.

–No podemos sentirnos aliviados. –dijo Sora. –Somos la familia del asesino de su hija.

–Esto no tiene nada que ver contigo, Hikari. –intervino Toshiko. –Esto ocurrió antes de que nacieras.

–Creo que deberíais reuniros con ellos. –opinó Sora dirigiéndose a sus padres. –No os habéis disculpado apropiadamente en estos quince años.

–Hikari, vete al instituto. –ordenó Toshiko, que no quería que su hija menor se incomodara más con un tema con el que Sora parecía que iba a insistir.

–No conseguimos verlos. –habló Haruhiko por primera vez.

–¿Cuántas veces fuisteis? –preguntó Sora.

–Muchas.

–Entonces, ¿no deberíais haber insistido más? ¿Decenas, cientos o miles de veces más?

–Si los vemos ahora, ¿qué haremos si nos piden una indemnización? –preguntó Hikari.

–Hikari, ya son las ocho. Márchate. –volvió a ordenarle Toshiko.

–Está bien. Mamá, ¿me has firmado la autorización? –preguntó Hikari levantándose por fin para hacer caso a su madre.

–Sí. Te la he metido en la mochila. Haruhiko, te estoy lavando los zapatos, ponte los otros. –dijo Toshiko dando por finalizada la conversación.

Una vez que desayunó, Sora subió a preparar su bolso.

–¿Vas a una entrevista de trabajo? ¿Te llevo? –preguntó Haruhiko al ver a su hija meter una carpeta en su bolso.

–Sí. –dijo ella. Entonces Haruhiko se percató de la naranja que había sobre el escritorio de su hija. –¿Qué?

–Nada. –dijo Haruhiko, pero Sora se había dado cuenta que su padre había visto la naranja, por lo que la cogió y se la mostró.

–¿Es por esto?¿Sabes qué es?

–Es hyuganatsu. Es como mitad naranja y mitad pomelo. –explicó Haruhiko.

–¿Se llama así? –preguntó Sora.

–Sí. Venga, vamos. Te dejaré en la entrada Este de la estación. –dijo Haruhiko.

–Papá. ¿Sabes algo de Taichi? –preguntó Sora una vez fuera. –Sé que sabes algo. Esta fruta es de donde estaba nuestra casa en Matsumidai. Y también vi a Taichi en Tokio. Lo llamé pero se marchó.

–¿Lo llamaste?

–Haruhiko, te olvidas del almuerzo. –interrumpió Toshiko saliendo para darle el obento a su marido.

–Gracias. –dijo él mientras metía el almuerzo en la furgoneta.

–Recuerda hacer contacto visual y cuida tu postura. –aconsejó Toshiko para la entrevista. Padre e hija montaron en la furgoneta y se marcharon.

–Gracias por traerme. –dijo Sora cuando llegaron a la estación.

–Sora. No le digas a mamá ni a Hikari que has visto a Taichi. –le pidió Haruhiko.

–Está bien.

–Y no vuelvas a reunirte con esa familia de nuevo. –añadió el hombre. –Te lo digo porque me preocupo por ti. Nos detestan.

–Eso no es cierto. –dijo Sora. –Tan sólo quieren saber la verdad. Están realmente desesperados por conocer la verdad y por saber en qué pensáis mamá y tú.

–Eso es producto de tu…

–No es mi imaginación. –interrumpió Sora. –Porque yo tampoco sé qué pensáis.

Tras decir aquello, Sora se bajó de la furgoneta.

–Sora. –dijo Haruhiko bajándose él también. –Me encontré con Taichi una vez.

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Takeru aprovechó su pausa para comer para ir donde estaba su hermano, por lo que básicamente, Yamato le preparó la comida, ya que él ya había comido.

–Oye, ¿no crees que vendrían más clientes si renovaras esto? –preguntó Takeru mientras comía y miraba a su alrededor de la recepción-comedor.

–Como si tuviera dinero para reformas. –dijo Yamato con ironía.

–Pero ahora que has encontrado a la familia del asesino puedes pedir una indemnización, ¿no? Es una ironía cómo has acabado envuelto en todo esto. –dijo Takeru. –No malgastes esfuerzos. De todas formas Aki no va a volver. En las guerras no hay bando bueno o malo. Ambos bandos piensan que son los buenos. Lo dijo Doraemon.

–¿Doraemon?

–Sí. De los memorables comics Tentomushi, volumen 1, capítulo 8, "Animando a los ancestros". –dijo Takeru, que era un ferviente aficionado a cualquier género de manga. El móvil de Yamato interrumpió la conversación de los hermanos.

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–Hace tres años, cuando trabajaba como taxista en Tokio, vi por detrás la figura de un chico frente a una pastelería en Aoyama. Enseguida supe que se trataba de Taichi. –dijo Haruhiko sosteniendo el hyagunatsu. Padre e hija se habían sentado en un banco cerca de la estación para que pudiera explicarle con más detalle su encuentro con Taichi. Haruhiko cerró los ojos para transportarse mentalmente a ese día –Había crecido mucho. Seguía siendo delgado y parecía trabajar duro descargando cajas de fruta de una camioneta. De hecho, descargaba esta fruta. Estaba cubierto en sudor. Entonces bajé del taxi. Pensé en llamarlo. Pensé en que no importaba en cuánto insistiera. Me lo llevaría a casa. Pero no lo llamé.

–¿Por qué no?

–Olía a curry procedente de algún local cercano y recordé el curry que hizo Hikari por primera vez para cenar la noche anterior. Lo comimos todos juntos. Dimos nuestra opinión sobre él. Que si estaba bien o que si estaba demasiado dulce. Y aún así todos repetimos. Al final, cuando miramos dentro de la cazuela vacía con la esperanza de que hubiera más, Hikari parecía muy feliz. Recordé su cara. Todos sonreíamos. Entonces pensé que si llamaba a Taichi, esas sonrisas podrían desaparecer. Que la familia que había intentado proteger durante tanto tiempo se desmoronaría. Así que, volví al taxi, porque eso significaba volver a vosotras. Emití un suspiro de alivio y cené con vosotras de nuevo.

–¿Por qué? –insistió Sora.

–Dejé de lado a mi hijo para proteger al resto de la familia. –dio Haruhiko. –Aunque lo lleve tintado, tan sólo unas semanas después de que arrestaran a Taichi, el pelo de mamá comenzó a volverse blanco y Hikari todavía estaba en su vientre. Pensé que no podríamos resistir mucho más, aunque mamá intentaba con todas sus fuerzas estar con alguien como yo y ser vuestra madre.

–¿La de Taichi también? Mamá también es la madre de Taichi, ¿no?

–Es culpa mía. Taichi mató a una niña. Compréndelo. –dijo Haruhiko.

–No puedo. Creo que hiciste algo terrible. Un padre no haría algo así. –dijo Sora. No aprobaba lo que hizo Taichi, pero también pensaba que como familia, debían acogerlo, y no darle de lado.

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Tras la entrevista de trabajo, Sora decidió ir al lago Mifune dando un paseo. Llegando, encontró a Yamato bajo el sol abrasador intentando arreglar unas tablas del embarcadero. Cuando se levantó y comprobó su resistencia con el pie, vio a Sora.

–¿Qué haces ahí? –preguntó él.

–¿Está tu madre?

–No. No te preocupes por ella. Está mucho mejor. –dijo Yamato, consciente de que la última vez que se vieron Sora acabó marchándose al verse descubierta.

–¿Hoy no tienes clientes?

Era evidente que no. Y como para ese día tampoco había reservas, Yamato decidió hacer un descanso. Se montaron en una barca y remó hasta el centro del lago mientras Sora miraba hacia arriba para que le diera un poco el sol. Una vez que la barca estuvo centrada, Yamato preparó una caña de pescar.

–¿No es esto genial? –dijo Sora refiriéndose a la tranquilidad que se respiraba allí. –Podrías enseñarme a pescar.

–Imposible. En realidad no pesco. –dijo Yamato mientras miraba su teléfono.

–Me parece muy raro que estés inmerso en el teléfono en un entorno así. –dijo Sora.

–Recibí una llamada de Mimi y me dijo que volvería a llamarme. Sólo comprobaba si me había llamado. –dijo Yamato. Sora le pasó la caña de pescar a Yamato cuando ella se cansó y no pescó nada. Él recogió el hilo y dejó la caña en el interior del bote.

–Cuando estoy en un lugar como este siento como si no hubiera nada malo en el mundo. –reflexionó Sora.

–¿Nada?

–Sí. Ni el pasado ni en el futuro. No hay nada malo, ninguna noche a la que temer. Nada negativo.

–Ahora que lo dices, yo también me siento así.

–¿Ah , sí?

–Sí. Dime, ¿crees que somos normales?

–Sí. Supongo que dentro de nuestras circunstancias, lo somos.

–Genial, entonces. Aunque acabemos imaginando cosas raras.

–Sí. Ojalá las cosas fueran así siempre. –dijo Sora relajada.

–Pero eso significaría que Aki nunca podría venir aquí. –dijo Yamato.

–Es cierto. –dijo Sora. –Por cierto, he averiguado el nombre de la fruta. Es hyuganatsu.

–¿Hyganatsu?

–Sí. Mi padre sabía el nombre. Es como mitad naranja, mitad pomelo.

–Entonces…

–Mi padre me dijo que no sabe dónde está Taichi.

–Pero quizás te haya mentido.

–No creo que mintiera.

–¿Por qué?

–Igual que mi hermana es más cercana a mi madre, yo siempre fui más cercana a mi padre. Por eso puedo asegurarlo. Además, cerró los ojos cuando me lo dijo. Cuando me habla de algo importante tiende a cerrar los ojos. Cuando huyen, los ojos de la gente se ven sin vida. Pobre papá.

Entonces el móvil de Yamato rompió el momento. Pero cuando lo sacó de su bolsillo, se le escurrió de las manos y cayó al agua, haciendo que Sora soltara una carcajada.

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Antes de que comenzara a oscurecer, Yamato acercó a Sora hasta su casa en la furgoneta. Justo cuando ella entraba en la propiedad, Yamato vio llegar una furgoneta de una lavandería industrial que también entró en la propiedad. A pesar de los reflejos del parabrisas, Yamato alcanzó a reconocer a Haruhiko, el padre de Sora.

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Aprovechando que no había nadie por ahí, Maki Himekawa se encontraba hurgando por los cajones de la zona que hacía las veces de oficina de la finca del señor Inoue. Entonces apareció Kenji.

–Si buscas a Rika ha ido a comprar zumo con el señor Inoue. –dijo Maki disimulando. Kenji no hizo caso y dejó unas llaves en el portallaves de la pared. Fue entonces cuando vio a Miyako dormir sobre la mesa. Se acercó y la arropó con su propia chaqueta. Aunque era verano y hacía calor, una mala brisa podía hacer que se enfriara.

Continuará…