Capítulo 14. En la oscuridad de su corazón II.
Flashback.
Meiko comenzó a leer el diario que encontró:
28 de junio.
He empezado a trabajar en un taller. Estoy a cargo del taladro. Es un poco diferente de lo que me enseñaron en el correccional, pero creo que mejoraré poco a poco. Cuando llegué al apartamento me comí las gyozas que Meiko había preparado. Meiko estaba muy contenta y yo trataba de desviar mi mente a otras cosas.
Meiko pasó a otra página:
19 de julio.
Hemos comido gambas fritas en un restaurante. Cuando Meiko fue al lavabo, una niña de primaria entró y se sentó en la mesa de al lado. Entonces dejé el tenedor que sostenía en ese momento y esperé a que Meiko volviera. Fui capaz de contenerme.
Fin del flashback.
–Tuvo el impulso de matar a la niña que vio en el restaurante. Hubo un tiempo en el que comenzó a llegar a casa más tarde. Vio a una mujer en el tren y la siguió hasta su apartamento.
Flashback.
Meiko comenzó a leer una página en la que había una ilustración. Era un pez aunque parecía tener cabeza humana. Era un dibujo bastante difuminado, por lo que no se distinguían rasgos, pero sí se intuía que era un pez con alma humana.
5 de septiembre.
He ido al apartamento de ayer. Pensé en que debía confirmar el color de las cortinas una vez más. No lo veía claramente, por lo que pensé en abrir la puerta, pero no lo hice. Subí al tejado y veía la calle claramente. Miré detenidamente en el agua dentro de mi cabeza, pero no había agua. Tenía sed. Quería echar agua. Estaba frustrado y quería morir.
1 de octubre.
He tenido un sueño. En él golpeaba la cabeza de Meiko con un martillo una y otra vez. Ella no podía devolver los golpes, pero continuaba haciendo gyozas. Cuando desperté, Meiko estaba preparando el desayuno y me lo comí. No saboreé nada. Creo que lo volveré a hacer algún día. Ella no debió nacer.
9 de noviembre.
Me siento realmente bien. El cielo es azul y la hierba es de un intenso verde. Meiko sonríe. La pecera está llena de agua.
9 de noviembre.
Los humanos son tristes. No saben por qué nacen pero aún así, nacen. No saben cómo seguir viviendo, pero aún así, siguen viviendo. Así, sin más. Sin saber nada. Y sin saber nada, morirán.
9 de noviembre.
Soy un asesino. Mi yo asesino seguramente mató a mi propio hijo. Yo sólo miré. Sólo miré a mi yo asesino matar a mi hijo. Aún así, seguiré viviendo.
Meiko cerró el diario y comenzó a llorar, bajo la mirada de los peces de origami que había acumulado desde que lo conoció.
Fin del flashback.
–Al leer su diario me di cuenta de que para él no soy ni mujer, ni madre. Ni siquiera una persona. En aquel entonces sólo era una pecera. Una pecera que contenía a un triste pececillo y que se rompería al caer. Aquel día, antes de que él volviera del trabajo, dejé el apartamento y huí. No lo he visto desde entonces. Yo…, no pude salvarlo.
Meiko finalizó su historia. Ni Yamato ni Natsuko ni Takeru sabían qué decir. Aquella estremecedora historia les confirmó que a pesar de haber pasado años en el correccional, seguía siendo un monstruo.
–Gracias por contarnos esto. –habló Yamato por fin. Meiko negó con la cabeza. Lo cierto es que a ella también le vino bien hablar de todo aquello. Jamás lo había verbalizado con nadie y, al fin y al cabo, eran la familia de la primera víctima.
–¿Todavía queréis verlo? –preguntó Meiko.
–Sí. –respondió Yamato.
–Un día vi a su agente de la condicional y le pregunté por él. A día de hoy trabaja en un huerto de frutas en Chiba. –dijo Meiko.
–Voy a hacer más té. –dijo Yamato tras una larga pausa y visiblemente nervioso. En realidad el té era una excusa para salir de allí.
00000000
–Señor Inoue, ¿podemos hablar de mi sueldo? –preguntó Maki.
–Ya hablaremos cuando vuelva. –dijo Goro, que parecía andar con prisa. Cuando el hombre se fue, Maki vio a Rika corretear por allí con un par de raquetas de bádminton y un peluche. Mientras tanto, Miyako hablaba por teléfono rodeada de varias maletas.
–Sí. ¿Podemos quedarnos allí un tiempo? –preguntó Miyako. –Sí, mi hija y yo. No, no es que haya ocurrido nada. Gracias.
Cuando Miyako colgó pidiendo a una amiga que le dieran alojamiento durante un tiempo para que su hija no estuviera con aquel asesino, se percató de que no estaba allí. Con decisión, fue hasta la habitación de Taichi y la abrió, encontrando a Taichi haciendo sentadillas.
–¿Dónde está Rika? –preguntó Miyako con dureza. Taichi paró y se giró, pero no dijo nada. Sólo se escuchaba respirar fuerte por el cansancio. –¿Dónde está?¿Dónde la has escondido?
Miyako comenzó a mirar entre el armario, pero la niña no estaba allí. Entonces vio un dibujo en el suelo. En él se apreciaba una niña tirada en el suelo. A poca distancia de ella, había un hyuganatsu. Miyako se temió lo peor.
–¿Quién diablos eres? –preguntó Miyako. –¿Dónde está Rika?
Como Taichi no contestaba, Miyako salió corriendo para buscar a su hija.
00000000
Haruhiko esperaba en el aparcamiento de la cafetería que el señor Inoue le había indicado.
–¿Es usted el Señor Takenouchi? –preguntó Goro cuando llegó a través de la ventana de la camioneta. Haruhiko asintió con la cabeza.
00000000
–¡Rika!¡Rika! –gritaba Miyako buscando a su hija por el huerto.
Lo que Miyako no sabía era que la niña estaba jugando al bádminton con Maki en una explanada de campo al acabar la zona de cultivo del señor Inoue.
–Tienes que inclinar la raqueta un poco más y entonces, golpeas el volante con la raqueta. ¿De acuerdo? –le indicaba Maki a la niña.
Maki golpeó el volante, la niña también consiguió darle, pero al hacerlo, perdió el equilibrio y cayó al suelo.
–¿Estás bien? –preguntó Maki yendo hacia ella.
–Sí. Pero creo que tengo una herida en la rodilla. –dijo la niña.
–¿Quieres volver? –preguntó Maki.
–Estoy bien. Vamos a seguir. –dijo la niña.
–Eres muy valiente. Está bien. Voy a por el volante. –dijo Maki con orgullo. Cuando encontró el volante entre unos arbustos, Maki se encontró de frente con Taichi. –Me has asustado.
Pero Maki percibió una actitud extraña.
–¿Qué pasa? ¿Qué estás sujetando? –preguntó Maki. Entonces vio que era un martillo. –Deja eso. Es peligroso.
–¡Maki!¿Lo has encontrado? –se oyó a la niña.
–¡Rika!¡Vuelve con tu madre!¡Rápido! –le gritó Maki para poner a salvo a la niña.
–¡¿Por qué?! –preguntó la niña.
–¡Sólo corre!¡Rápido! –insistió Maki.
–¡No quiero!
–¡Vete! –gritó Maki mientras retrocedía.
Taichi la sujetó y con el forcejeo, el volante cayó al suelo.
00000000
–Seguramente se estará preguntando por qué no lo he buscado después de tanto tiempo. –le dijo Haruhiko al señor Inoue.
–Bueno. No importa lo que yo piense. Tan sólo le diré que Kenji, quiero decir, su hijo quizás no quiera verle. –dijo Goro rectificando.
–Lo sé.
–Nunca habla de sí mismo o de su familia. Pero si insiste en verle, no debería abandonarle. –dijo Goro. –Si no puede hacer eso, será mejor que se marche sin verle.
–Déjeme verlo, por favor. –le pidió Haruhiko.
00000000
Rika vio salir de detrás de los arbustos a Kenji.
–¡Kenji!¿Vas a sustituir a Maki? –preguntó la niña con inocencia. Ni siquiera se había percatado de que sostenía un martillo.
00000000
Yamato llevó a Meiko hasta la estación para que pudiera volver a Tokio.
–Muchas gracias por todo. –le agradeció Yamato.
–Sé que no debería decir esto pero, sácalo de su miseria, por favor. –dijo Meiko. Tras decir aquello y hacer una reverencia, Meiko se marchó. Yamato volvió a la furgoneta, donde lo esperaba Takeru.
–¿Qué te ha dicho? –preguntó Takeru.
–Nada en particular.
–Yo también soy el hermano de Aki. Si no hay nada que te detenga, si te conviertes en un asesino, estaré en problemas.
Tras dejar a Meiko en la estación, Yamato y Takeru emprendieron ruta hacia Chiba.
00000000
Tras su periplo por Tokio, Sora se fue directamente a casa de Yamato, pero allí, en el lugar donde se solía recibir a los clientes no había nadie, por lo que decidió tocar.
–¿Quién es? –preguntó Natsuko saliendo y parándose en seco al ver a la pelirroja. –Sora. Entra y siéntate.
00000000
Taichi tenía a la niña a varios metros. Como no había contestado, comenzó a entretenerse con algunas flores mientras él luchaba contra sí mismo para contenerse.
La niña comenzó a quejarse de que le escocía la herida que se había hecho antes jugando con Maki.
–Rika.
–Kenji, me duele. –se quejó la niña.
–Entonces, vamos a volver con tu madre. –dijo él.
–Vale. –dijo la niña comenzando a caminar. Mientras Taichi, con el brazo estirado y sujetando el martillo daba unos golpes al aire. Cuando comenzó a sentir que perdía el control de sí mismo, se sujetó la muñeca y por fin, tiró el martillo.
00000000
–¿Dónde está Yamato? –preguntó Sora.
–Ha ido a un huerto de Chiba. –respondió Natsuko. –Puede que tu hermano esté allí.
Sora se levantó y se inclinó formando un ángulo recto.
–Lo siento. Mi hermano no está arrepentido. –dijo Sora una vez erguida. –Lo he confirmado tras encontrarme con él. Mi hermano…Esa persona…, no ha mostrado ni un ápice de remordimientos por llevarse la vida de Aki. Lo siento mucho.
00000000
Desesperada por no haber encontrado a su hija, Miyako levantó el teléfono para llamar a la policía, cuando por fin escuchó su voz infantil.
–¡Mamá! –exclamó la niña entrando.
–¡Rika!¿Dónde has estado?¿Qué te ha pasado? –preguntó al verle la herida en la rodilla.
–Me he caído.
–¿A qué estabas jugando? –preguntó todavía muy nerviosa. Entonces vio entrar a Taichi. Como acto reflejo, Miyako abrazó a su hija y la apartó de Taichi. Éste, tras una pequeña inclinación con la cabeza, se fue directo a su habitación. En cuanto desapareció de su vista, Miyako comenzó a revisar a su hija.
–Mamá, me duele.
–Rika, ¿por qué estabas con él?
Mientras tanto, Taichi comenzó a meter su ropa en un bolso. Pero Miyako no pensaba dejar las cosas así y fue hasta la habitación del castaño.
–¿Qué le has hecho a Rika? –preguntó Miyako con un cuchillo de cocina en la mano. Él sólo negó con la cabeza pero no la miró en ningún momento. –Te he preguntado que qué le has hecho. Actúas como si nada hubiera pasado. ¿Cómo puede ser que una persona que haya matado a una niña pueda estar tan tranquila? Ni siquiera entiendo como sigues vivo. La niña que mataste también tenía madre. Una madre que la consideraría un tesoro y que la cuidaba con todo su amor. Incluso tú tienes una madre, ¿no?¿No lo entiendes?¿Cómo puedes estar tan tranquilo cuando le robaste lo más preciado? Habría sido mejor que una persona como tú no hubiese nacido. No deberías haber nacido.
Tras decir aquello, Taichi levantó su vista hacia ella lentamente. Taichi comenzó a acercarse de forma pausada hacia Miyako, a la que le temblaba el pulso de la mano que sostenía el cuchillo, hasta que la acorraló.
00000000
–He sido una idiota. –dijo Sora. –Me engañé a mí misma al pensar que quizás, por remotas que fueran las posibilidades, se arrepentiría.
–¿Qué quieres decir?
–Esperaba y deseaba que mi hermano volviera a casa y que mi familia volviera a reír, juntos. Y que algún día, llegaría el momento en el que pudiera reír con Yamato. Pero eso es imposible que ocurra. Definitivamente no va a ocurrir. –dijo Sora.
–Oye. Está bien. –dijo Natsuko al ver a Sora tan afligida. –Está bien tener deseos de felicidad. Incluso tú y Yamato. No es seguro que vosotros dos encontréis la felicidad. Y para ello, tenéis que empezar a pensar en vosotros.
–Yamato y yo…–musitó Sora para sí. Era como si su madre les diera su bendición.
–Yamato tiene que pensar en tu felicidad. Y tú tienes que pensar en la suya. –dijo Natsuko.
–Yo…
–¿Sí?
–Me gustaría comprarle calcetines y zapatos a Yamato. –dijo Sora. Natsuko sonrió. –Cuando está por aquí siempre anda con unas zapatillas casi andrajosas, y por alguna razón, la mayoría de sus calcetines tienen extraños colores. También me gustaría cocinarle de vez en cuando. Siempre es él el que cocina. ¿Cuál es su plato favorito?
–Las reitou mikan, creo. –dijo Natsuko, refiriéndose a las mandarinas escarchadas.
–Entonces no tiene mucho sentido que le cocine. –dijo Sora sonriendo. Natsuko también le sonrió con ternura.
–Gracias por pensar así de Yamato. –dijo Natsuko. Sora sólo negó con la cabeza. –Dime Sora, ¿qué te gustaría que hiciera Yamato por ti?
–Pues…, nada.
–Algo debe de haber. –dijo Natsuko.
–No. Nada en absoluto.
–Entonces, sólo ten fe en Yamato. –dijo Natsuko.
00000000
Haruhiko siguió en su furgoneta al señor Inoue, hasta que ambos hombres llegaron al huerto.
–No creo que evite verte, pero seguro que se sorprenderá. –dijo Goro mientras caminaban entre los cultivos hasta llegar a la casa.
–¡Abuelo! –exclamó Rika al ver entrar al hombre.
–Hola, Rika. ¿Dónde está tu madre? –preguntó Goro.
–Se fue arriba. –dijo la niña.
–¿Puedes esperar un momento? –preguntó Goro a Haruhiko.
–Por supuesto.
–Kenji, ¿está Miyako ahí dentro? –preguntó Goro desde afuera. Pero no recibió respuesta. –Voy a entrar. ¡Miyako!
Haruhiko escuchó el grito de apuro del señor Inoue.
00000000
Yamato paró en un área de servicio.
–Voy a mear. –dijo Takeru. –¿Quieres algo?
–Lo que quieras. –dijo Yamato. Cuando su hermano se perdió dentro, Yamato abrió la guantera donde guardaba el cuchillo que una vez preparó su padre. Como vaina tenía un cartón que envolvía la hoja. Decidió entonces guardárselo en el bolsillo interior que tenía el chaleco de trabajo que solía llevar cuando estaba en el lago Mifune. Quizás no tuviera una oportunidad tan clara de ocultarlo sin llamar la atención. Mientras lo guardaba, Yamato tenía una mirada decidida.
Continuará…
