Capítulo 15. La decisión de cada uno I.

Al escuchar al señor Inoue tan apurado, Haruhiko se tomó la libertad de subir al piso de arriba para ver si necesitaba ayuda.

–¿Algún problema? –preguntó Haruhiko. Cuando se asomó, vio al señor Inoue agachado junto a una mujer joven de pelo morado y no hacía más que repetir su nombre, pero la mujer parecía haber perdido el sentido y no contestaba, lo que hacía que Goro se pusiera más nervioso de lo que ya estaba. –Llamaré a una ambulancia.

–Eh, sí, sí. –respondió Goro, que de los nervios ni se le pasó por la cabeza. –Vamos al hospital, hija.

Cuando Goro le pasó la mano por la nuca para intentar levantarla, sintió algo viscoso. Cuando se miró la mano, estaba impregnada de sangre.

Por su parte, Haruhiko había bajado para llamar. Mientras lo hacía, una Maki un poco aturdida entró en la casa.

–Sí, parece que está inconsciente. Por favor, vengan tan pronto como puedan. Sí, soy Takenouchi. –dijo Haruhiko antes de colgar.

–¡Mamá! –exclamó la niña.

–¡Tranquila, se pondrá bien! –le dijo Haruhiko, que con las prisas no se percató de que la niña estaba delante. –Vamos a sentarnos a esperar, ¿vale?

–¿Ha muerto? –preguntó Maki sin tener en cuenta de que la niña estaba presente e intuyendo que la ambulancia era para Miyako.

–No. –respondió Haruhiko, que todavía no se había dado cuenta de la presencia de otra persona.

–¿Dónde está él? –volvió a preguntar Maki.

–¿Quién?

–Taichi Takenouchi. –respondió ella, para sorpresa de Haruhiko.

–Perdona…

–Así que lo ha vuelto a hacer. –dijo Maki mientras se lavaba la cara en el fregador de la cocina, lo que le dolió a Haruhiko especialmente.

00000000

La tarde cayó y ya había oscurecido. Taichi se marchó del huerto del señor Inoue con una bicicleta que a esas horas llevaba caminando. Estaba seguro de que Maki sólo había perdido el sentido. Su verdadero objetivo no era ella, sino la niña, pero aunque con dificultad, logró contenerse, por eso había comenzado a hacer sentadillas como un loco. Necesitaba calmar esa ansia e instinto. Pese a haberlo conseguido con la niña, al ver a Miyako, no fue capaz y no estaba seguro de lo que le había pasado. Lo que era evidente era que ya no podría seguir allí.

Sus pasos le llevaron a una koban, una típica cabina de policía de barrio. Cuando vio la bombilla roja se detuvo a pensar si se entregaba o no.

00000000

Los hermanos siguieron con su viaje y aprovecharon una parada en una estación de servicio para preguntar el camino.

–Parece que es por aquí. –dijo Takeru, ya que Yamato había esperado en la furgoneta. –¿Qué vas a hacer cuando lo encuentres?¿Hablarle?¿Darle una paliza?

–No lo sé. –respondió Yamato.

–Yamato. ¿Crees que me es indiferente? –preguntó Takeru.

–¿Por qué?

–Aunque yo también odie a Taichi, estoy casado y tengo que velar por mi familia. Te estás acercando a los treinta años, y a esa edad se debería vivir la vida sin ninguna clase de remordimientos. ¿No crees que tienes demasiados?

Entonces, al realizar un giro, Yamato vio a alguien andando mientras llevaba una bicicleta. Le había parecido ver a Taichi, pero no estaba seguro. Por lo que miró por el retrovisor y detuvo el coche junto al bordillo. Desde que había visto al chico de la bicicleta había dejado de escuchar a su hermano, que no se esperaba el frenazo ni que su hermano mayor se bajara del coche y se pusiera a correr pese a sus protestas.

Entonces, escuchó el sonido del cuchillo, que se le había caído, por lo que volvió sobre sus pasos para recogerlo, pero dejó de correr al mirar el arma.

Entonces Takeru, que se pasó al asiento del conductor, apareció con la furgoneta y fue hasta su hermano, que volvió a ocultarlo entre su ropa.

–¡¿Qué haces?! –preguntó Takeru sin comprender a qué se debía aquella carrera.

–Creo que me he confundido. –dijo Yamato.

Pero en realidad, no se había confundido. Taichi, que había abandonado la bicicleta en una esquina, comenzó a subir hacia una pasarela peatonal sin haber notado absolutamente nada.

00000000

Tras unos minutos más de trayecto en busca del huerto de Chiba, pararon la furgoneta.

–Quizás nos hemos alejado demasiado. –dijo Takeru.

–¿Has seguido bien el mapa? –preguntó Yamato.

–Claro que sí. –dijo Takeru.

Entonces se escuchó una sirena que se acercaba. Por delante de ellos pasó una ambulancia, seguida de una furgoneta que Yamato reconocía bien, porque era la furgoneta de la lavandería industrial en la que trabajaba el señor Takenouchi. ¿Qué hacía una furgoneta de esa lavandería tan lejos? Entonces comprendió que Haruhiko también buscaba a su hijo.

A pesar de la oscuridad, Haruhiko reconoció a Yamato y se bajó.

–¿Dónde está Taichi? –preguntó Yamato. Haruhiko negó con la cabeza, como dando a entender que no lo sabía, pero que también había vuelto a actuar.

00000000

Taichi llegó a la estación de tren y se sentó a esperar. Mientras lo hacía, se sacó del bolsillo aquel papel con el anuncio del ferri en el que tenía pensamientos de trabajar. Después se miró el brazo casi a la altura del codo, donde tenía sangre del forcejeo con Miyako.

00000000

–He preparado esto en un momento. Espero que te guste. –dijo Natsuko.

–Tiene muy buena pinta. –dijo Sora, a pesar de la sencillez del plato.

–Buen provecho. –dijeron a la vez antes de comenzar a cenar.

–Sabe tan bien como pensaba. –dijo Sora una vez que probó la comida.

–¿No será que tenías hambre y todo te parece rico? –preguntó Natsuko.

–Te aseguro que no.

–¿Qué has estado comiendo mientras no estabas en casa? –preguntó Natsuko cual madre preocupada por cómo comen los hijos cuando abandonan el nido.

Udon.

¿Udon?

Udon. Después udon y luego, más udon. –dijo Sora haciendo memoria.

–Tenemos udon, ¿lo sabes? –le ofreció Natsuko con una sonrisa.

–No, el arroz está genial. Y esa ensalada también. –dijo Sora.

–Deberían llegar pronto a Chiba, ¿no crees? –dijo Natsuko.

–O quizás se hayan encontrado ya.

–Es verdad. ¿Quieres champiñones? –preguntó Natsuko. Entonces, el teléfono de Sora comenzó a sonar.

–Es de un teléfono público. –dijo Sora al ver el número. –¿Diga?¿Eres tú, Yamato?

Pero nadie contestaba. Y tampoco era Yamato. A muchos kilómetros de allí, Taichi estaba en una cabina de teléfonos. Hasta que por fin habló.

–Sora. –dijo Taichi con voz grave.

–¿Taichi?

–Sí.

–Esto no lo esperaba. –dijo Sora. Natsuko se levantó y permaneció atenta, consciente de que era su hermano.

–¿Por qué te sorprende?

–Olvídalo. ¿Dónde estás?¿Estás con Yamato? –preguntó Sora.

–¿Y tú, Sora?

–Yo estoy en casa de Yamato, en el lago Mifune. Estoy con su madre. –dijo Sora. –¿Dónde estás?¿Hola?¿Dónde estás?¿No estás con Yamato?

–Yamato. –dijo en tono algo molesto.

–Lo siento. Olvídate de Yamato. Dime. ¿Dónde estás? Vamos a vernos, ¿vale? Iré hasta donde estés. –dijo Sora, que no quería volver a perder el contacto con su hermano.

–Sora.

–¿Qué?

–Todo ha ocurrido porque me dijiste que no querías venir conmigo. –dijo Taichi con voz de funeral.

–¿Qué quieres decir con "todo"?

–Es tu culpa que haya matado otra vez.

Cuando Taichi respondió a la pregunta, Sora se quedó traspuesta. Lo último que escuchó Sora fue cómo Taichi colgaba el teléfono violentamente.

–¿Qué pasa? –preguntó Natsuko al ver el gesto compungido de Sora. Pero Sora parecía que se había quedado sin fuerzas para responder a la pregunta. Además, el teléfono del negocio comenzó a sonar. –Ahora me toca a mí. ¿Diga? Hola, Takeru. ¿Qué ha pasado?¿En un hospital?

00000000

En casa de los Takenouchi Toshiko también estaba al teléfono porque su marido la estaba poniendo al corriente de las novedades.

–¿Qué lo ha vuelto a hacer? –preguntó Toshiko.

–No lo sé con seguridad. Pero si es cierto…–comenzó a decir Haruhiko desde la furgoneta a las puertas del hospital, pero ni siquiera quería pronunciar las palabras. –Preparaos para mudarnos de nuevo.

–Sí. –dijo Toshiko empezando a temblar.

–Llamaré a Sora y le diré que vaya a casa lo antes posible. –dijo Haruhiko.

–De acuerdo. Cuídate. –dijo Toshiko. Hikari estaba esperando a que su madre colgara. En seguida se percató de cómo su madre comenzó a ponerse nerviosa.

–¿Mamá?

–Todo estará bien. –dijo Toshiko casi para auto convencerse ella. No podía creer que todo pudiera volver a repetirse.

00000000

Sin duda, aquella era una de las llamadas más difíciles que Haruhiko había hecho en mucho tiempo. Justo en aquel momento, vio cómo el hermano menor de Yamato salía de la furgoneta de su hermano y se despedía de alguien por teléfono.

Tanto él como Yamato entraron en el hospital, por lo que él también hizo lo propio.

Tras seguir las indicaciones de una enfermera, llegaron al pasillo donde vieron a un nervioso señor Inoue expectante de noticias, y a su nieta durmiendo en un banco, abrazada a un conejo de peluche. Entonces, un doctor salió.

–¿Señor Inoue?

–Sí. Soy yo. –dijo Goro. –¿Cuánto tiempo va a estar en el hospital? Si va a estar mucho tiempo, tendré que traer pijamas, aunque es bastante quisquillosa con la ropa.

–Cálmese, por favor. –le pidió el médico, que vio que la forma de expresar su nerviosismo era parlotear cosas sin importancia.

–Lo siento.

–Ahora mismo continuamos con la intervención, pero hemos comprobado que su cerebro está más dañado de lo esperado. Incluso aunque la operación vaya bien, debe prepararse para lo peor. Debido a su lesión cerebral, probablemente necesite cuidados. –informó el doctor.

–Entonces, ¿seguirá hospitalizada? –preguntó Goro. –Entonces necesitará champú. Ella siempre quiere uno específico.

–Todo apunta a que la tiraron del pelo. No podemos considerarlo un accidente, por lo que ya hemos llamado a la policía. –dijo el médico, haciendo caso omiso al tema del champú. Un golpe en la cabeza podía significar una caída accidental, pero cuando iba acompañado de un tirón de pelo, los sanitarios sospechan de que la gravedad de la paciente no se debía a un mero accidente.

Tras decir todo aquello, el médico volvió al quirófano.

–¿Qué vamos a hacer, Rika? –preguntó Goro a su nieta, que seguía durmiendo tranquilamente. –¿Qué pijamas le vamos a traer a tu madre? Debo ir a comprarle.

Al ver el dolor del señor Inoue, Haruhiko se dio la vuelta para marcharse.

–¿A dónde va? –le preguntó Yamato. Como el aludido no contestó, Yamato lo siguió.

00000000

–El baño está listo. –le dijo Natsuko a Sora.

–Muchas gracias. –dijo Sora un tanto compungida.

–¿Sabes? El día que murió Aki, mientras esperábamos noticias de la policía, le dije a mi marido que debía bañarse primero, pero no lo hizo y esperó a la mañana. Cuando llegó la policía y nos dieron la fatal noticia, la idea de ducharnos no entró en nuestra cabeza durante unos días. ¿También fue así en tu familia? –preguntó Natsuko. Sora sólo asintió con la cabeza. –Todos debíamos apestar durante aquellos días, ¿no crees?

–Sí.

–Comer y bañarte es algo que deberías hacer mientras puedas. Porque puede llegar un día muy largo otra vez.

00000000

Haruhiko, Takeru y Yamato fueron a una tienda de un centro comercial cercano que estaba a punto de cerrar sus puertas aquella jornada. Lo único que se le ocurrió al mayor de ellos para ayudar al señor Inoue fue ir allí para comprar un pijama para Miyako.

–¿Sabe cuál elegir? –preguntó Yamato.

–Es bastante alta. –respondió Haruhiko.

–Yo no sé ni su edad. –dijo Yamato, que ni siquiera había visto a la mujer. –Pero si esa niña pierde a su madre…

–Todavía no es seguro que vaya a morir. –dijo Haruhiko mientras seguía mirando pijamas y tallas.

–Pero por lo que ha dicho el médico, la recuperación no va a ser fácil.

–Todavía no lo sabemos. –dijo Haruhiko, que no quería ponerse en lo peor.

–Antes de morir mi padre dijo que lo volvería a hacer. –dijo Yamato refiriéndose a Taichi. –Ojala lo hubiera encontrado antes.

–Yamato, ¿qué te parece este? –apareció Takeru por detrás con un bote de champú. –Dicen que deja el pelo suave. ¿Y el aroma?¿Le parecerá importante? He llamado a mi mujer para preguntarle, pero no contesta. –dijo Takeru.

Una vez realizada las compras, los tres volvieron al hospital, donde la niña, ya despierta, correteaba por el pasillo seguida por su abuelo.

–¡Para ya!¡Te vas a caer! –exclamaba Goro. –¡No puedes correr por aquí!

Cuando por fin la atrapó, se sentaron en los bancos de la sala de espera.

–¿Me ayudáis a darle esto? –preguntó Haruhiko a los hermanos mientras le pasaba la bolsa a Yamato, que asintió con la cabeza. Yamato percibió que Haruhiko sentía demasiada vergüenza como para acercarse al señor Inoue.

–Abuelo, quiero ir afuera. –dijo Rika.

–¿Afuera? Espera un poco. –le contestó su abuelo.

–Pero quiero jugar.

–Tome, señor Inoue. –dijo Yamato pasándole la bolsa con lo que habían comprado.

–Puede usarlo, si le parece bien. –se sumó Takeru.

–Sentimos habernos tomado la libertad de comprarlo. –dijo Yamato mientras el hombre inspeccionaba el contenido de la bolsa.

–Hemos comprado dos champús diferentes, para que utilice el que prefiera. –dijo Takeru.

–Gracias. Pero, ¿quiénes sois? –preguntó Goro. Los había visto allí antes, pero con los nervios ni se había planteado hablar con ellos.

–Nuestra hermana fue asesinada por Taichi Takenouchi. –respondió Takeru.

–¿Qué?

–Él es Yamato, mi hermano mayor. –prosiguió Takeru. –Y yo soy Takeru.

–¿De verdad? –preguntó Goro, sorprendido todavía.

–¿También estás esperando a mi mamá? –preguntó Rika acercándose a Haruhiko.

–Sí. –respondió él.

–¿Juegas conmigo a las figuras de lana? –preguntó la niña.

–Claro. Siéntate. –dijo Haruhiko. Goro lo miró y Haruhiko hizo una reverencia con la cabeza.

–Así que sois los Ishida. –dijo el señor Inoue.

–Sí. –respondió Takeru.

–Cuando llegó a mi finca para trabajar conocí la historia. Pensé que reharía su vida y la llevaría de manera decente por su víctima. Incluso a mi hija le gustaba. No puedo creer que contratara a un monstruo. –dijo Goro.

–Señor Inoue. –lo llamó una enfermera.

–¿Sí?

–Tenemos que decirle algo sobre su hija. –dijo la enfermera, que iba acompañada del médico.

–Hasta luego. –dijo Goro despidiéndose de los hermanos.

–Hemos conseguido deshacer el coágulo de sangre, pero tiene una contusión cerebral bastante extensa. Las posibilidades de que recobre la conciencia son bajas. Podemos hablar con más detalle en mi consulta. –dijo el médico.

–Pero, ¿eso significa...? –comenzó a preguntar Goro, pero se interrumpió a sí mismo. –Hace mucho tiempo tuve una compañera de trabajo que se quedó en coma tras un accidente.

–Es justo eso, señor Inoue. –dijo el médico.

–Pero ella…, ella ya no despertó. Simplemente se quedó…

–Exacto. –volvió a decir el médico.

El señor Inoue, cayó de rodillas y comenzó a llorar por el destino que le esperaba a su hija, a su nieta y a él mismo.

–¡Abuelo! –exclamó la niña corriendo hacia a su abuelo. –No llores, abuelo.

Yamato miró a Haruhiko, sin poder evitar pensar que su hijo había conseguido destrozar a otra familia.

00000000

Cuando Sora bajaba tras darse el baño, Natsuko hablaba por teléfono con su hijo mayor.

–Yamato, aunque no te lo pidan, haz todo lo que puedas por ayudarlos. –dijo Natsuko. –No importa lo que pase, déjaselo a la policía. ¿Entendido? Sí, adiós.

Cuando colgó, vio a Sora en la escalera con el pelo muy húmedo.

–Voy a ir con ellos. –dijo Sora.

–¿Con quién? ¿Con Yamato?

–No. –dijo ella mientras bajaba llegó abajo para coger su bolso.

–¿Con tu padre?

–No.

–¿Con tu hermano?

–No. Con la familia de su nueva víctima. –dijo Sora. Tras decir aquello, Sora se marchó.

00000000

Toshiko colgaba el teléfono impresionada por lo que le acababa de contar su marido.

–Vete a dormir, Hikari, o mañana no podrás levantarte y llegarás tarde a clase. –dijo Toshiko, queriendo evitarle aquello a su hija.

–¿Podré ir al instituto? –preguntó Hikari, que hasta donde sabía todo apuntaba a que deberían mudarse de nuevo.

–Por supuesto. –dijo Toshiko.

–Pero esa chica no va a volver a recuperar la consciencia, ¿verdad? –preguntó Hikari, que era muy intuitiva.

–Estará bien. –dijo Toshiko mientras fregaba los platos.

–Pero Taichi lo ha vuelto a hacer. –dijo Hikari.

–Pero esta vez no voy a permitir que este asunto se interponga en nuestro camino. –dijo Toshiko. –Debes vivir una vida de una joven de quince años. No me importa lo que digan. Voy a proteger eso.

Pese a su nueva determinación, Toshiko se derrumbó y comenzó a llorar. Su hija la abrazó por detrás, consciente del sufrimiento de su madre.

–Todo va a ir bien. –dijo Toshiko.

Continuará…