Hola a todos! He aquí traigo un one-shot que si soy sincera me hizo llorar. Y no miento, fue un honor haber escrito algo así de tierno estruja corazones así que sin más qué decir… COMENZAMOS!
Advertencia: Se les pide tener pañuelos a la mano por si acaso.
…
Camembert.
Capítulo único.
Adrien recién llegó de una sesión de fotos y estaba listo para poder descansar lo que le restaba de la tarde para unirse a la patrulla nocturna con Ladybug, en cambio Plagg, preparaba todo para su merienda vespertina, rodando el camembert hacia un platillo cuidadosamente seleccionado y luego rodeándolo de galletas. Tenía que admitir que la dedicación de Plagg al preparar su merienda era casi envidiable.
-Me impresiona mucho cómo es que siempre pones empeño cuando comes tu camembert.
-Es que es la cosa más deliciosa y perfecta del mundo. No existe nada igual o mejor. Este es mi consentido.- dijo abrazando al apestoso queso y Adrien rio.
-Como sea. Me daré una ducha, disfruta tu merienda.
No se lo tenía que decir dos veces. Plagg estaba dispuesto a hacerlo mientras veía su programa favorito, ya que, tenía un pequeño secreto. Adrien era su número uno, el mejor portador que había tenido y se lo había dicho decenas de veces y quizás cientas. Pero tenía a otro número uno que siempre recordaba con cariño cada vez que comía.
…
-Vamos, vamos, vamos, vamos, ¡vamos!- exclamó Plagg a su portadora que terminaba de acomodar sus mangas.- ¡Por favor, Marie! Hemos esperado lo suficiente y ya huelo ese queso.
-Paciencia Plagg. Con un minuto que pase, el queso no se volverá malo, al contrario, gana más sabor.
-Pues yo ya me estoy saboreando este.
Vivían en una pequeña y pobre granja en Normandía, en una pequeña ciudad al noroeste de Francia, y Marie le había encontrado en el río hacía ya bastante tiempo. Pero a Marie no le interesaba ser una heroína, al menos no de tiempo completo, sólo interfería contra los soldados y ladrones de las zonas aledañas atacaban el lugar, y eso le gustaba mucho a Plagg, pero lo que más le gustaba era su oficio: Quesera.
Marie bajó las escaleras y caminó hacia la caja de madera donde había dejado añejado su nueva creación.
-Muy bien, ¿preparado?
-Estoy preparado desde el momento en que lo guardaste. Vamoooooos.- Marie rio.
-No comas ansias o no tendrás espacio para este queso.
-¡Marie!- ella rio de nuevo y abrió la tapa. Plagg chilló de gusto al ver el enorme queso y de inmediato quiso lanzarse a darle una mordida pero Marie le detuvo.
-Espera Plagg, hay que revisarlo.
Lo sacó sin mucha dificultad gracias a años de acarrear leche. Cortó un pedazo para ella y le dio a Plagg otro. Asintieron al mismo tiempo que revisaban que todo parecía estar en orden.
-Color.
-Bien.
-Textura.
-Correcta.
-Aroma.
-Delicioso~ -Marie volvió a reír.
-Todo parece bien. Ahora la prueba del sabor.- dijo al kwami que estaba temblando con el pedazo en mano y este no dudó en darle una gran mordida.- Saboréalo, Plagg. Dime, ¿cómo está?- el pequeño kwami tembló del placer y al fin tragó el queso.
-Es una delicia, ¡es un pedazo del cielo! Te quiero mucho.- dijo acercándose a ella y ronroneando en su mejilla.
-Puedes agradecerle a ese clérigo refractario. Espero que esté bien y que haya llegado a salvo a su destino.
Marie había sacado a ese sacerdote del río hacía meses atrás. Cuidó de él ante la revolución francesa que comenzó a surgir y la persecución contra los sacerdotes que no quisieron realizar el juramento cívico que Plagg no entendía a qué iba. Como agradecimiento por sus cuidados, le dio la receta para crear este nuevo queso.
Marie lo probó y lo saboreó tanto como lo hizo Plagg.
-Es muy bueno. Tengo una idea, ¿por qué no le ponemos el nombre a honor del sacerdote?
-¿Quieres llamarlo Charles-Jean Bonvoust?
-No su nombre completo. Dijo que venía de la región de Brie, así que ¿por qué no lo llamamos Brie? Queso brie.
-¡Me gusta! Es corto, tiene estilo y es fácil de recordar.
-Eso mismo.- ella terminó lo último del pedazo.- Aunque sabes… creo que podría mejorarlo.
Plagg le miró con grandes ojos indignados.
-¿Mejorar ESTO? Marie, no digas sacrilegios frente al brie. Ya, ya, pequeño.- dijo poniéndose sobre el queso y cubriéndolo con sus manitas como si le tapara los oídos.
-Sólo digo que aunque el brie es bueno, y creo que puedo darle múltiples usos… puedo mejorar su receta. Vamos Plagg, dijiste que este te parecía un pedazo del cielo. ¿Qué tal probar buscar el paraíso?
Sus palabras estremecieron al kwami.
-¿Paraíso? Muy bien, ¡hagámoslo! Quiero que crees el paraíso de los quesos, Marie.
-Cuenta con ello.
Aunque Plagg era muy travieso, Marie sabía cómo mantener a raya sus travesuras y su estómago. Fue una larga temporada para la portadora y el kwami, trabajando y comiendo juntos. Por supuesto, el brie comenzó a ser bien recibido en la comunidad y en sus alrededores. La granja prosperó y empezó a verse mucho mejor. Pero cuando no estaban haciendo los pedidos de brie o descansando, ponían sus esfuerzos para poder crear el queso que los llevaría al paraíso quesero. Tuvieron sus fracasos, sus pequeñas victorias, y sus mayores fracasos que los hicieron enfermar. Para ser pequeño, Plagg sí que vomitaba mucho. Pero al final, después de dos largos años…
Marie miró a Plagg que saboreaba su última creación. Esperaba ansiosa por el resultado.
-Color, textura y aroma aprobados. Plagg, dime ¿el sabor es bueno?
Ya estaba empezando a dudar ante todo el tiempo que se estaba tomando su kwami al masticar. Pero tras unos momentos tragó y pequeñas lágrimas comenzaron a caer de su rostro.
-¿Plagg?- le llamó preocupada y entonces el kwami voló hacia su hombro.
-¡Lo hicimos Marie! ¡Vi el paraíso de los quesos! ¡Lo viiiiiiiii!
Entonces ella lo probó y comenzó a llorar con el pequeño kwami.
-¡Lo hicimos! ¡Lo hicimos, Plagg!- lloraron y rieron ante su nueva y más perfecta creación.- ¿Y cómo lo llamaremos?
-¿Qué tal Cadeau du ciel*?
-Es un poco largo, pero definitivamente es como un regalo del cielo*. Mejor no nos compliquemos.
-Entonces, ¿por qué no le pones el nombre de la ciudad?
-¿Camembert?
-¡Sí! Lo mismo que con el sacerdote ese. Además, muchas cosas tienen el nombre de donde se originaron.
-Plagg, eres un genio. Camembert, queso camembert. Tiene estilo y clase.
-¿Qué harías sin mí?
-Nada, eres mi pequeño amuleto de la buena suerte mi querido amigo.- Plagg sonrió. Nunca le habían dicho que tenía buena suerte, eso era algo de Tikki, pero cuando Marie se lo dijo sintió un calorcito en su pecho que casi le hizo llorar igual que cuando dio su primera mordida al camembert.
…
Pasaron los años. La granja prosperó todavía más a pesar de que la Revolución Francesa cayó sobre de ellos. Marie consiguió marido, tuvo familia, pero Plagg seguía con ella a pesar de que cada día envejecía más y más.
-Plagg, ¿puedes escoger el mejor queso para la merienda de hoy?- le pidió mientras lo llevaba en su arrugada mano por las vitrinas.
-Ya le tengo la nariz echada a algunos.- Plagg pasó veloz por algunos queso, olfateándolo hasta dar con uno.- Este Marie, este es perfecto.
La mujer anciana lo tomó y preparó todo para la merienda. Poniéndolo sobre un bonito plato, con galletas y algunos higos para acompañar. Los dos comían en el jardín lejos de los ojos de los demás y disfrutando su tiempo a solas.
-Hace un buen día.- dijo Marie mirando el cielo.- Pero las cosas no están del todo bien, la gente no para de hablar.
-¡Bah! Se van a cansar tarde o temprano, Marie. No debes de preocuparte. He visto muchas peleas así, ya te digo que pronto nadie se acordará de esto.- dijo zampándose un buen trozo que atrapó en el aire.
Marie le sonrió, pero a pesar de sus palabras estaba preocupada, no por ella, sino por él. Por eso, cuando un hombre del Tibet llegó buscando el anillo, Marie no dudó en entregarle al pequeño kwami.
-¡No! ¡No quiero irme! ¡Este es mi hogar! ¡Mi imperio! ¡Mi todo!
-Plagg, ven aquí.- le llamó Marie con voz cansada y arrastrada y el kwami obedeció de mala gana.- Plagg, sabemos muy bien que las cosas pueden tornarse difíciles y no sabemos cuánto tiempo más la guerra prevalecerá. Es por eso que quiero protegerte.
-Pero Marie…
-Mírame, Plagg.- levantó la mano con esfuerzo que sostenía su bastón.- Ya estoy vieja, y sé que no me queda mucho tiempo. Me hubiese gustado vivir muchos años en paz contigo pero esta guerra no parece acabar. Y si algo te pasara, y si alguien malo se hiciera de tu anillo nunca me lo perdonaría.
-Marie…- pequeñas lágrimas comenzaron a asomar en los ojos del kwami.
-No llores, mi pequeño. Vivimos muchas cosas y cada día fue muy divertido. No me arrepiento de nada.- acarició su cabeza con su dedo tembloroso.- No quiero despedirme con lágrimas. Mira esto, este es nuestro legado, nuestro regalo a todo el mundo.- dijo paseándose por las repisas repletas de quesos hasta detenerse en un queso camembert.- Así que cuando comas un camembert o un brie quiero que recuerdes todos nuestros buenos momentos juntos. ¿Me lo prometes?
-Sí, vale, así lo haré Marie.- ambos se dieron un último abrazo y Plagg besó su mejilla arrugada.- Nunca te olvidaré.
-Yo tampoco. Tú fuiste mi cadeau du ciel.- y sin más, se quitó el anillo.
…
Plagg miraba el televisor mientras comía el camembert con las galletitas. Miró a un lado y sonrió ampliamente ante el recuerdo de una joven Marie sentada a su lado y merendando con entusiasmo como siempre hacían.
Podrían pasar siglos enteros, incluso haber nuevos quesos, pero cada vez que él probara un camembert nunca olvidaría a su querida Marie. Ansioso de un día, poder volver a encontrarla en alguna otra vida…
…..
*Se suena la nariz* Y… espero que les haya gustado! Este fic vino gracias a Tsubasa23 que me dio la información sobre Marie Harel, la creadora del camembert y su historia. Espero que les haya tocado un poco el corazón. Muchas gracias a todos por leer. Dejen review, nada de tomatazos, aceptamos bebidas, dulces y quesos. Y sin más qué decir… UN ABRAZO! UN GUSTAZO! Y HASTA LA SIGUIENTE!
