Aviso: Ikari Soryu y las Dos Asukas quedan descontinuadas. Se dan en adopción.


Cuidar de ti

(Asushin)

El fin de semana había llegado y para Asuka Langley Soryu eso significa libertad. No tenía que asistir más al instituto como lo dictaban las normas de su trabajo. Tenía todo un fin de semana por delante el cual aprovecharía al máximo.

O al menos eso intentaba.

—Asuka, me voy de viaje unos días junto a Kaji-san para hablar con la JSDF y los delegados de las Naciones Unidas. Si necesitas algo, no dudes en hablarme por teléfono.

—Misato, ya soy casi un adulto, no debes decirme nada de esto.

Misato Katsuragi, su tutora y amiga de la infancia, la estaba mirando con un rostro ya cansado. La noche anterior tuvieron un discusión muy fuerte que terminó con cada en su habitación llorando mientras el único hombre de la casa arregló el desastre que ocasionaron.

Ninguna creyó que Ikari Shinji se la pasaría toda la noche limpiando. Cuando despertaron y lo vieron durmiendo en el sofá sintieron una gran culpa. Intentaron prepararle el mejor desayuno, pero sus habilidades eran tan malas que terminaron por hacerlo enfermar. Esta era la razón por la que Misato estaba hablando con ella y no con el invencible Shinji.

—¿Puedes cuidar de Shinji-kun? —preguntó Misato casi rogando porque le diera un sí.

—También es mi culpa lo que sucedió esta mañana—respondió ella en un tono seco y con algo de pesar—. No debimos hacer un desastre anoche, tampoco debemos volver a tocar la cocina sin la supervisión de Baka Shinji.

Una pequeña risa salió de entre los labios de la Mayor Katsuragi. Muy en el fondo sabía lo mucho que Asuka admiraba a Shinji. Este fin de semana sin ella debería ayudarlos a llevarse mucho mejor, y en el mejor de los casos, acercarlos.

—Bueno, me voy—anunció Misato antes de tomar sus cosas y dirigirse a la entrada—. De verdad me gustaría que lo cuidaras.

—Lo haré.

—Sé que lo harás, después de todo... ¡Asuka ama a Shinji!

Una gran ira invadió su corazón. ¿Cómo era posible que su tutora fuera tan infantil?

A estas alturas no podía conciliar la idea de que Kaji saliera con Misato. Esos dos eran tan distintos que parecía ilógico que llegaran a tener una sana relación. Envidiaba eso, pero a estas alturas su mente le daba poca importancia.

—Baka Shinji... —murmuró antes de ir a la habitación de su compañero.

Su paso se detuvo una vez llegó a la puerta marcada con el nombre del chico que lograba sacarla de quicio. Dudo por un momento si tocar era una buena idea, después de todo él estaba enfermo y para ella, hacer esto sería estúpido a estas alturas.

Con sumo cuidado ingresó dentro de la habitación notando entonces los vestidos y zapatos que Shinji guardaba para ella. No había mucho espacio, era un pésimo lugar para vivir y sin embargo, él parecía dormir sin que esto le molestara. Tenía que ser una idiota para no darse cuenta del abuso que cometía.

—Bien hecho, Asuka. No solo eres la causante de sus enfermedad, sino que también abusas de su nobleza.

Caminó entre todo el desorden que había. Miró el reproductor MP3 tirado en el suelo y de inmediato lo tomó entre sus manos. Lo inspeccionó unos segundos antes de darse cuenta de lo viejo que era. Había una historia detrás de este aparato y el cómo llegó a las manos del castaño. Tomó uno de los auriculares y procedió a ponérselo mientras buscaba alguna melodía que la ayudara a pensar muy bien lo que haría.

Sus ojos inspeccionaron una vez más el lugar. Había rastros de humedad en el techo como en las paredes. La temperatura era un poco más elevada que en el pasillo. Este sitio no estaba diseñado para que una persona durmiera cada noche por el resto de su vida.

—Si Hikari viera esto lo más seguro es que me gritaría por abusar de ti—comentó a la vez que tomaba asiento al final de la cama escuchando una melodía que calmaba su ira—. Sabes Baka, cuando estás así hasta me dan ganas de darte otro beso, uno para que te mejores.

No sabía porque dijo eso, pero el recuerdo de aquel beso fallido siempre lograba atormentarla.

Sus manos tocaron con suavidad los pies del castaño. Era muy curioso que él tuviera una complexión similar a la de ella. Podía pedirle que se vistiera igual a ella y quedarían casi como un par de gemelas. Shinji aún era un niño igual que ella, pero uno que no dudaría en lanzarse a un volcán activo con el fin de salvarla.

—No eres un niño—murmuró mientras se recostaba junto al inconsciente Shinji el cual sintió su presencia—. Eres un Baka Shinji, uno que siempre sufre a causa de una tonta pelirroja que no puede agradecer todo lo que has hecho por ella.

Sus ojos pronto comenzaron a cerrarse. Estaba tan cansada y el ambiente no ayudaba a mantenerla despierta. Antes de colapsar encima de su compañero, tomó el reproductor y lo dejó encima de una de las tantas cajas que adornaban el sitio. Miró por última vez el rostro de su compañero cediendo finalmente al sueño, uno en el que sabía iba a estar su invencible Shinji.

—Buenas noches... Baka.