A song of ice and fire © George R.R Martin
Hoster Tully se encontraba en su solar, sumido en sus pensamientos mientras bebía vino rojo y la luz de la luna lo acompañaba.
«¿Qué mal te hice yo para que me avergonzaras de esa forma, Lysa?», pensó Hoster con amargura y vergüenza. No obstante, al final decide que la vergüenza no es algo que debería de sentir; después de todo, el embarazo de Lysa ya no es un problema más. Él mismo se había encargado de eso, «No hay necesidad de pensar en eso más. A lo que a mis abanderados respectan, Lysa sigue siendo una doncella honrada… Sí, una doncella honrada.»
Hoster Tully se encontraba en su solar, sumido en pensamientos donde él se convencía a sí mismo que había tomado la decisión correcta mientras bebía vino rojo y la luz de la luna lo acompañaba.
«No hay nada de qué preocuparse» se dijo, «Ya no es ningún problema. Me encargué de eso. No hay necesidad de pensar en eso más…»
Pero en aquel momento, cuando oyó a Lysa sollozar mientras agarraba su vientre con desesperación y la sangre salía en abundancia…
«Es lo mejor. Si hubieras tenido a tu bastardo, no te tratarían mejor que a una vil puta. Pero no hay nada de qué preocuparse; te casarás con un buen señor, un señor que te dará hijos» se dijo a sí mismo, pero las imágenes de tanaceto, poleo y Lysa bebiendo del té sin cuestionar no lo dejaban en paz, «Puedes tener más hijos, me lo aseguró el maestre. Cuando dé tu mano en matrimonio, solo tienes que ser una buena esposa y la Madre te bendecirá con hijos preciosos y legítimos… Sí, hijos preciosos y legítimos.»
Hoster Tully se encontraba en su solar, sumido en la completa soledad mientras bebía vino rojo y la luz de la luna lo acompañaba, esperando que la sensación de remordimiento se fuera.
