Disclaimer: Los personajes de esta historia no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi, autora de InuYasha.

Aclaraciones:

*Este fanfic participa en la dinámica Flufftover del 2021, actividad propuesta por EsdeFanfics y de InuYasha Fanfics en facebook


7. Cuidar de ti

Tema: pareja enferma


La lluvia caía fuera de la choza que compartía con InuYasha, era tan intensa que solo escuchó desordenados golpes en distintos puntos del techo una y otra vez. La tormenta probablemente duraría toda la noche.

Suspiró al mismo tiempo que retomó su labor de machacar un poco de corteza de saúco con jengibre hasta conseguir una pasta que rebajó después con un poco de agua.

—Si esa cosa sabe tan mal como huele —escuchó a InuYasha quejarse acostado en el futón que compartían—, puedes olvidarte de que lo beba.

—Tu fiebre aún no ha bajado —contestó ella sin apartar su mirada de la pasta que había conseguido en el mortero, su tono de voz se mantuvo sereno en todo momento—. Y tampoco se te ha quitado el dolor de cabeza, ¿verdad?

—Ya te dije que no es nada —refunfuñó el medio demonio.

Kagome vació el contenido del mortero en un pequeño tazón de cerámica antes de levantarse y caminar con dirección al futón donde él descansaba.

—Te has sentido mal todo el día, no me digas que no es nada —cerró el entrecejo al mismo tiempo que inflaba las mejillas, su testarudo esposo siempre ponía a prueba su paciencia, le acercó el tazón con la medicina y lo colocó entre sus manos—. Anda, te hará sentir mejor.

InuYasha no lo bebió, en lugar de eso veía el contenido del tazón con fastidio. Kagome estudió por un momento su rostro: su nariz y mejillas brillaban de un intenso rojo a causa de la fiebre, además que las bolsas debajo de sus dorados ojos delataban que el malestar no lo había dejado pasar la noche en paz.

—No tienes porqué hacer esto, Kagome —murmuró despacio.

En un gesto que no premeditó, posó su mano derecha sobre la mejilla de su esposo, acariciándole el pómulo con cariño. El medio demonio retiró su vista de la medicina y ahora la clavaba en la suya.

—InuYasha, soy tu esposa —le recordó curvando suavemente sus labios en una sonrisa, recordarse eso a sí misma le llenaba el corazón—. Déjame cuidar de ti.

Las mejillas del medio demonio se encendieron aún más, como si eso fuese posible, pero esta vez Kagome sospechó que no era debido a la fiebre.

InuYasha guardó silencio y bebió la medicina sin oponer más resistencia. Ella volvió a acariciar su mejilla, esta vez él movió su rostro para posar sus labios en el interior de su palma y dejarle ahí un pequeño beso en un acto que le decía a ella sin palabras que aceptaba su proposición.

Después de todo, cuidar el uno del otro había sido la promesa que se habían hecho. Incluso desde mucho antes de nacer.