Disclaimer: Los personajes de esta historia no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi, autora de InuYasha.

Aclaraciones:

*Este fanfic participa en la dinámica Flufftover del 2021, actividad propuesta por EsdeFanfics y de InuYasha Fanfics en facebook


9. Luna nueva

Tema: beso en la frente


Un agradable sonido, parecido al golpeteo de un tambor, hizo que sus sentidos despertaran a la mitad de la noche. Abrió pesadamente los ojos, parpadeando un par de veces para acostumbrar a su vista a la casi completa oscuridad que inundaba la habitación que por un momento le extrañó, normalmente la luz blanca de la luna se colaría por el tragaluz del techo de su hogar.

Cierto, era noche de luna nueva, de pronto recordó. Así solían ser las noches sin luna, más oscuras que las otras. Arrugó su nariz un momento, como si quisiera concentrarse en su sentido del olfato aunque, sabía bien, justo ahora no era más que el de un humano común.

Una vez más escuchó aquel melodioso martilleó en su oído que le despabiló al percatarse de lo que era. Dormido en la posición que estaba, abrazado a su mujer con su cabeza recostada en su seno, en su naturaleza de medio demonio no alcanzaría a distinguirlo pero ahora, con una de sus orejas humanas pegadas al pecho de Kagome, podía escucharlo con calidad: era el latido de su corazón.

Abrazó con más firmeza su cintura, disfrutando de su palpitar dulce y armonioso, percibiendo la tranquilidad que le regalaba.

La escuchó suspirar al mismo tiempo que, aún adormilada, parecía intentar hablar.

—InuYasha —susurró sin abrir los ojos pero moviendo sus manos hasta su cabeza para acariciar su cabello—. ¿Ya amaneció?

—Aún no —le respondió en voz baja—. Faltan unas horas. Vuelve a dormir.

Kagome murmuró un afirmativo que sonó casi como un ronroneo. InuYasha se acomodó de nuevo en su pecho y cerró los ojos dispuesto a seguir su propio consejo cuando sintió la suave mano de Kagome hacer a un lado los cabellos que le cubrían la frente para después posar sus labios contra su piel en un beso que le recorrió todo el cuerpo como una llamarada.

—Descansa, pronto acabará la luna nueva —le aseguró su mujer antes de volver posar su cabeza sobre la almohada—. Aquí estoy contigo.

El corazón de InuYasha latía tan rápido que pensó que le estallaría, a veces tanta felicidad le parecía mentira.

—Lo sé —respondió InuYasha contento de hacerlo—. Sé que estás aquí.

Y él no podía estar más agradecido.