Disclaimer: Los personajes de esta historia no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi, autora de InuYasha.
Aclaraciones:
*Este fanfic participa en la dinámica Flufftover del 2021, actividad propuesta por EsdeFanfics y de InuYasha Fanfics en facebook
10. Celosa.
Tema: confesión estando ebrio.
Definitivamente no volvería a dejar que Kagome bebiera tanto licor, decidió firmemente mientras cargaba a su muy borracha esposa en el hombro como un costal de arroz. Un muy ruidoso costal de arroz, enfatizó al escucharla reír a carcajadas de un chiste que ella misma se había contado y que sólo ella entendía por qué era tan gracioso.
—¿Qué pasa contigo? —le preguntó sin apartar su mirada del frente, divisando la casa que ambos compartían ya a unos cuantos metros de distancia—. No sueles beber tanto sake.
—Era una ocasión especial, ¿no? —se defendió su mujer en un tono que por un momento le pareció molesto pero atontado por la borrachera. InuYasha rodó los ojos y suspiró en un intento por bajar su frustración.
Cuando aquel terrateniente, en agradecimiento a Miroku y él por exorcizar su palacio, los invitó a la boda de su hija mayor sinceramente no le pareció la idea, a él solo le interesaba el pago en arroz. Esa clase de eventos humanos lo incomodaban, pero entonces pensó en que Kagome podría pasarla bien así que al final aceptó acudir.
Además, al ser invitados del padre de la novia les brindaron comida y bebida en abundancia. Con lo primero por supuesto que no tuvo objeción alguna, pero el asunto de la bebida ahora mismo estaba pagando el costo de los excesos en su esposa.
—No fue la gran cosa —objetó InuYasha sin entender que había de especial en una boda de dos personas que ni siquiera conocían.
—Eso no es lo que escuché que te decían… —murmuró Kagome entre dientes.
—¿Qué? —InuYasha detuvo su marcha a solo unos cuantos pasos de su cabaña, bajó con cuidado a la ebria sacerdotisa para colocarla frente a él—. ¿De qué estás hablando, mujer?
Kagome infló sus mejillas enrojecidas por el alcohol y desvió su mirada para evitar encontrarse con la de él.
—Es una ocasión especial, ¿no te dijo eso la hija del terrateniente? —preguntó frunciendo los labios, sin mirarlo en ningún momento a los ojos.
El medio demonio arqueó una ceja, extrañado—. ¿La novia?
—¡No, no la novia! —ahora sí que clavaba su mirada ébano en la suya. InuYasha podía notar unos destellos de furia brillar en sus pupilas—. La hija menor.
InuYasha parpadeó un par de veces, asimilando lo que estaba diciendo su mujer al mismo tiempo que rebuscaba en su cabeza. Recordó a la chica de cabello castaño enfundada en un kimono color púrpura que por alguna razón pasó casi toda la fiesta ofreciéndole de comer. Era la misma jovencita a la que, un día antes cuando acudió con Miroku a realizar el exterminio de demonios, él había salvado del monstruo que atacó el palacio cargándola en sus brazos.
—Espera, espera —pidió el medio demonio moviendo desordenadamente los brazos—. ¿Qué pasa con ella?
—Oh, por favor, InuYasha-sama, coma más Tai, está delicioso —de pronto Kagome habló en un tono más chillón al mismo tiempo que hacía movimientos de una niña bobalicona, claramente imitando a la hija del terrateniente—. Por favor, InuYasha-sama, beba más sake es una ocasión especial.
Tuvo que contener las ganas de reírse de su esposa y esa ridícula imitación que estaba realizando—. Kagome, la chica sólo fue amable.
—Ah, claro que sí —tan irracional como ebria, Kagome se cruzó de brazos y le dio la espalda.
—¡Ayer la salvé del monstruo que expulsó Miroku del palacio! ¡Sólo estaba siendo agradecida! —InuYasha alzó los brazos exasperado.
—¡Sí, muy agradecida! —Kagome levantó la voz volviendo a clavar su mirada en él—. ¡Me di cuenta de lo muy agradecida que está esa chica contigo!
—Kagome… —InuYasha levantó una ceja al mismo tiempo que se cruzaba de brazos.
—Déjame en paz —concluyó la sacerdotisa dándose la media vuelta para emprender su camino hacia el interior de su casa.
—¿Es una broma? —al medio demonio solo le bastó dar un salto para alcanzar a su esposa.
—No sé de lo que estás hablando —le evadió Kagome sin detener su andar.
—¿Estás celosa? —soltó InuYasha entendiendo por fin.
—¡Osuwari! —para cuando su mujer terminó el conjuro, con una dosis excesiva de furia, su cara ya había aterrizado violentamente en el suelo. Su grito de dolor se vio amortiguado por la tierra que le entró a la boca.
Con las manos temblorosas, tomó impulso para levantarse del suelo—. ¡Kagome, maldita sea! —gritó apenas alzó su cara del cráter de tierra que había formado su propio impacto. La vio llegando hasta la entrada a la cabaña, haciendo a un lado la cortina de paja para poder cruzar el umbral.
—¡Sí!, ¡Estoy celosa! —confesó por fin antes de entrar a la casa no sin antes darle la espalda soltando un orgulloso bufido.
Furioso, escupió los guijarros de tierra que se habían quedado en su boca.
Definitivamente no volvería a dejar que Kagome bebiera tanto licor.
Sake: licor típico japonés a base de arroz.
Tai: un tipo de pescado japonés.
