Disclaimer: Los personajes de esta historia no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi, autora de InuYasha.
Aclaraciones:
*Este fanfic participa en la dinámica Flufftover del 2021, actividad propuesta por EsdeFanfics y de InuYasha Fanfics en facebook
11. Por esa sonrisa
Tema: primera vez (no lemon)
—Ten cuidado con su cabeza, utiliza tu brazo para acunar su cuerpo —le indicó Kagome pacientemente mientras colocaba en sus brazos a su hija recién nacida. InuYasha se mordió los labios en un intento inútil de dejar de temblar. Era una bebé tan pequeña, tan frágil, que tenía muchísimo miedo de hacerle daño.
La arrulló contra su pecho tal y como había visto a Kagome hacerlo, la observó por un momento que, si duraba para siempre, él no pondría objeción: su nariz era pequeña, sus ojos eran del mismo ébano que el de Kagome pero su cabello, oscuro de la noche, no era como el de su esposa. Era el mismo tono que tomaba su cabello en las noches de luna nueva, es decir, el tono de cabello de su madre, Izayoi.
—Moroha —la llamó Kagome endulzando su voz hecha un susurro, la niña dirigió su mirada llena de curiosidad hacia ella haciendo que Kagome sonriera—. Te presento a papá —lo señaló delicadamente como si la niña entendiera lo que le estaba diciendo—. ¿Recuerdas lo emocionada que estabas cada vez que lo escuchabas llegar?
InuYasha tragó saliva tan lentamente que le quemó, recordando aquella dicha que sentía cada vez que regresaba a casa, Kagome le ponía la mano sobre su hinchado vientre y le aseguraba que su bebé estaba feliz por tenerlo de vuelta.
—Moroha —ahora fue su turno de llamarla, su voz fue un poco más ronca de lo que hubiese querido, producto de la emoción que le provocaba tener a su hija ahí, con ellos, después de tantos meses de espera.
La niña actuó como si de verdad reconociera su voz, dirigió a él toda su atención, con esos ojos tan grandes y brillantes como los de Kagome destellantes de alegría. Su corazón se detuvo por un instante cuando vio a la pequeña sonreírle.
Era la primera vez que veía a su hija sonreír, y decidió que estaba terminantemente perdido por ella.
—Moroha —volvió a hablarle ahora con mucha más confianza—. Soy papá.
Decidió que haría hasta lo imposible por esa sonrisa.
