Disclaimer: Los personajes de esta historia no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi, autora de InuYasha.

Aclaraciones:

*Este fanfic participa en la dinámica Flufftover del 2021, actividad propuesta por EsdeFanfics y de InuYasha Fanfics en facebook


12. De plata y onix

Tema: anillos de promesa.


El sonido del agua corriendo entre las rocas del fondo del río se mezclaba con el cantar de las cigarras en una agradable canción dedicada a la luna. Disfrutando de esa tranquilidad, InuYasha levantó su mirada hacia el cielo tan oscuro que las estrellas brillaban a todas sus anchas por todo el firmamento.

—¡Mira!, InuYasha —vio el dedo índice de Kagome señalar un punto del cielo en específico—. ¡Una estrella fugaz!

InuYasha apenas pudo verla cruzar el manto nocturno dejando una estela blanca a su paso. Con curiosidad bajó su mirada y la dirigió hacia la sacerdotisa sentada justo a su lado en uno de los claros cercanos a la aldea donde vivían. Kagome tenía los ojos cerrados, con la nariz arrugada de una forma tan graciosa que casi parecía que estaba aguantando la respiración, con ambas manos posadas sobre su pecho justo encima del corazón.

—¿Se puede saber qué estás haciendo? —preguntó arqueando incredulamente su ceja izquierda.

Kagome abrió despacio los ojos, relajado el aspecto de su rostro, lo que InuYasha pudo notar a través de esas gruesas pestañas fue unos ojos ébano destellantes de anhelo .

—Le estaba pidiendo un deseo —la joven de cabello negro se encogió de hombros, su tono de voz era tan sereno que InuYasha no podía creer que estuviera hablando con tanta seriedad de una tontería como pedirle deseos a las estrellas.

—¿A la estrella? —sonaba tan escéptico como estaba.

—A la estrella, por supuesto —se jactó Kagome, enderezando su espalda con orgullo.

—Las estrellas sólo están en el cielo —le reclamó—. No cumplen deseos.

—Las fugaces sí lo hacen —insistió la sacerdotisa sin perder su amplia sonrisa.

—¿Y qué deseo podría cumplirte esa estrella? —quiso saber, ahora estaba curioso, ver a Kagome con tanta confianza en aquella estrella le intrigó.

De pronto Kagome se mordió los labios, nerviosa, si no fuera porque solo tenía la luz de la luna para iluminar el claro, podría asegurar que el rostro de la sacerdotisa se había sonrojado.

—Le pedí que nuestra ceremonia de matrimonio sea tan bonita como la hemos estado planeando —confesó desviando su mirada, ahora su sonrojo era mucho más evidente.

Él mismo tuvo que arrugar la nariz para evitar su propio sonrojo—.¡tonta!, eso no depende de una estrella fugaz —se cruzó de brazos y ahora fue su turno de evitar su mirada—. Todo saldrá tal y como lo hemos planeado. No tienes que preocuparte por eso.

La escuchó soltar una risita para inmediatamente después sentarse más cerca de él para comenzar a juguetear con su cabello. Ese gesto hizo que sus hombros soltaran la tensión que él no había notado que tenía. Decidido a disfrutar la sensación de los dedos de Kagome entre las hebras de su cabello, cerró los ojos.

—¿Sabes, InuYasha? —comenzó Kagome rompiendo con el silencio que de pronto se había formado entre ellos—. En otra región del mundo tienen una tradición durante la ceremonia de matrimonio que siempre he creído que es muy bonita.

—¿De que trata esa tradición? —preguntó abriendo despacio sus ojos para dirigirle su atención a ella.

Kagome asintió con un suave movimiento de su cabeza sin apartar sus manos de su cabello—. Durante la boda, los novios se colocan el uno al otro un anillo como señal de su alianza —comenzó a explicarle alejando sus manos de su cabello.

—¿Un anillo? —preguntó sin comprender a qué objeto se refería—. ¿Podrías describirme cómo son?

—Bueno, es una especie de aro que se coloca en el dedo anular —la vio llevar sus manos hacia su propio cabello color ónix para arrancar un par de hebras. InuYasha dejó ir el aliento cuando Kagome tomó su mano izquierda y comenzó a enredar sus mechones de cabello negro en la base de su dedo anular—. normalmente es de oro o de plata, pero esto servirá para ejemplificar cómo es que se lleva.

—¿Esto representa su alianza? —InuYasha observó las hebras oscuras que rodeaban su dedo tal y como lo haría el aro que ella había descrito.

—También la promesa mutua de una vida juntos —le respondió ella suspirando cuando terminó de hablar—. Es una tradición muy bella, ¿no crees?

Ahora fue turno de InuYasha de llevar sus manos hasta su plateado cabello. Imitando lo que ella había hecho, se arrancó un par de mechones, le tomó la mano izquierda y comenzó a enredar las hebras platinadas en el mismo dedo en que ella había enredado sus cabellos oscuros en su mano.

Kagome había contenido el aliento mientras él enrollaba los hilos plateados a su dedo. Cuando terminó y alzó su mirada para encontrarse con la suya, por un momento creyó que ella comenzaría a llorar.

—Sí. Sí lo creo —le contestó por fin.

La promesa de una vida juntos, pensó, unida en anillos de plata y onix.