Se supone que iba a ser más darks, pero simplemente no se dio.
Advertencias: OoC. Mención de muerte y cero arrepentimiento.
Solo un mortífago
Miró su muñeca con atención durante un momento, notando el leve sangrado que amenazaba con caer al suelo. Chasqueó la lengua, tirando de la manga de la capa para cubrirlo. También sentía el sabor en su boca, después de todo lo habían lanzado a los malditos escombros, tuvo suerte de no haber salido más lesionado. El mortífago había dudado, estaba a ciegas, y se notaba que dudaba sobre sus pies. Eso lo hizo pensar en que era inexperto, eso significaba que posiblemente era uno de sus compañeros.
Ese pensamiento no lo molestaba. Se había encargado de que no volviera a tener oportunidad alguna para dudar, se había encargado de que no vería el camino que tomaría ni sabría que sus intenciones poco tenían que ver con la causa.
Se acomodó la capucha sobre la cabeza y siguió su camino, yendo por los pasillos húmedos, algunos lugares tenían agua en la piedra del suelo y sonaba a cada paso que daba. Eso lo estaba desesperando, pero rezó para no encontrarse con ningún otro obstáculo con máscara de plata. Él llevaba la suya en su otra mano, escondida dentro de su capa, con la intención de evitar cualquier mal entendido si es que llegaba a encontrarse con algún estudiante.
Solo quedaban dos vueltas más y llegaría a su destino. Solo debía mantener el ritmo, atento a su alrededor.
Por suerte consiguió llegar al aula vacía, era la que solían usar los alumnos de alquimia. Gracias a que se usaba pocas veces a la semana durante el año, había sido un buen escondite.
Abrió la puerta y revisó que nadie se apareciera por la esquina antes de entrar definitivamente. Tras cerrar la puerta, se volteó y se quitó la capucha, enganchando su mirada a la de Hermione, que en dos segundos se había puesto de pie y se acercaba a él.
Alcanzó a ver la mirada atenta de Ronald antes de que Hermione lo rodeara con los brazos definitivamente. Sin dudar ni un segundo, deslizó su mano por los hombros de Hermione y la otra hacia su cabello.
—¡Hermione! —gruñó el pelirrojo, siendo completamente ignorado.
—Estás bien —La escuchó susurrar en su pecho—, oh por Merlín, estás bien.
—¿Tú lo estás? —preguntó en voz baja, inclinándose hacia su oído.
Hermione se separó levemente para mirarlo a los ojos, dejándolo notar el par de lágrimas que le recorrían las mejillas. Sin pensarlo en absoluto, tan estúpido como se volvía cuando estaba frente a ella, dejó caer su máscara con la intención de apartarle las lágrimas y estrecharla entre sus brazos hasta el cansancio. Quizás así podría dejar de sentir la angustia que había tenido que aguantar por tener que dejarla.
—Hermione, ¿qué- —Ronald se detuvo ante el ruido que hizo al chocar en el suelo, inclinándose levemente debido al reflejo de la máscara, con la intención de descubrir qué era.
—Theodore, yo-.
—H-Hermione... ¡Qué demonios! —Ella se volteó a mirar a su amigo, enfadada por la insistencia— ¡Es un maldito mortífago, aléjate de él! —Estaba yendo rápidamente hacia ellos como le era posible con sus heridas cuando Hermione frunció el ceño, provocando que se mantuviera paralizado en su lugar.
—¡Ronald! Si no lo fuera no te habrías enterado de nada antes de que ocurriera —Cuando él no dio señales de protestar a pesar de desearlo con todo su ser, Hermione regresó la vista a él— ¿No encontraste a nadie en el camino? ¿Estás... Bien?
Theodore vio la preocupación en sus ojos, sabiendo qué era lo que le estaba preguntando realmente. Le había dicho mucho tiempo antes a Hermione lo que era, lo que estaba obligado a ser, pero también le había dicho que su intención jamás iba a ser provocarle dolor a ella. Hermione lo había hecho prometer que no le haría daño a nadie, que se mantendría con las manos limpias. Solo había bastado ver a su compañero moverse hacia él tras ver su cara sin la máscara, para que él no lo pensara ni un segundo y usara la maldición. Eso, si ocurría todo lo que creía iba a ocurrir en los juicios, iba a ser muy difícil de explicar.
Había confiado en que encontraría una forma de escaparse de su castigo, pero eso tendría que esperar. Hasta el momento, tenía en mente que Hermione no descubriría la verdad por su boca.
—Estoy bien —Llevó las manos hasta su rostro—. No había nadie, fueron en otra dirección. La idea siempre fue aislar a Potter, así que nadie vendría de este lado. ¿Hicieron lo que debían?
—Sí, todo salió bien, nos encargamos de que así fuera —asintió.
—Bien —Sonrió—, esa es mi chica.
Hermione le regresó la sonrisa, y Theodore se quedó mirando sus ojos por un momento antes de inclinarse y besarla con intensidad.
Tras ellos, Ronald chasqueó la lengua, al mismo tiempo en que miraba sus manos, llenas de barro creado por el agua y el polvo. A penas podía mantenerse en pie. Miró la herida en su abdomen.
Luego de unos segundos, carraspeó, incómodo. E indiscutiblemente molesto.
—Hermione, si recuerdas, necesitamos ir con Harry.
Ella se separó de él, apretando los labios, avergonzada. Theodore asintió, transmitiéndole comprensión y apoyo, sabiendo que en ese mismo momento —ya que sabía que él estaba bien— Potter volvía a mantener el primer puesto en su lista de prioridades. No la culpaba.
—Claro —murmuró—. ¿Sabes a dónde ir, no? —Le preguntó.
—Yo me encargo.
Hermione asintió y se apresuró a ir por Ron. Dispuesta a poner su brazo en sus hombros. Theodore frunció el ceño al notarlo, sabiendo que su preocupación intercedía en su juicio. Ella no era capaz de ayudar mucho al pobre desgraciado que tenía por amigo.
—Hermione, abre la puerta. Yo me encargo de Weasley.
Theodore se acercó y con solo una mirada hacia ella le insistió, logrando que se acercara rápidamente a la salida mientras él, con mucho desagrado, tomaba el brazo de Ronald para rodearlo por sus hombros.
—Así que siempre fuiste un maldito mortífago.
—Igual que tú siempre fuiste un idiota —murmuró, tirando de él para que caminara sin señales de amabilidad, ocasionando que soltara un quejido.
Hermione estaba mirando el pasillo y se volteó hacia ellos.
—Vamos.
Todas las noches tenía pesadillas. Normalmente hubiera creído que el asesinato lo habría orillado a eso, cuando antes de la guerra pensaba en que sería inevitable. Sin embargo, era la sombra de Gregory Goyle amenazando con que Hermione se enteraría de su gran mentira. Se la había sacado por un tiempo, diciéndole que en la revisión de su varita no marcaba ningún uso de la maldición asesina porque él se había encargado de engañarlos. Hermione lo había aceptado, sabiendo que aunque todos la consideraran heroína de guerra, su palabra no iba a ser suficiente para salvar a un mortífago. Si tan solo se enteraban de que él había matado a alguien, fuera por el motivo que fuera, pondrían en duda todo.
Pero Hermione estaba diferente, se movía diferente cuando estaba cerca, y él que la conocía de pies a cabeza, sabía que sus preguntas sin respuesta estaban regresando.
Theodore la había convencido de que su palabra no sería suficiente, precisamente porque debía esconderlo a toda costa. Así ella no preguntaría por qué había decidido ocultar la vez que ella conocía.
—Es plena madrugada. ¿Podrías explicarme por qué vienes a mi casa de repente, luego de ignorarme por semanas?
Theodore le devolvió la mirada a Tracey.
—Necesitaba... Hablar.
—En San Mungo hay psicomagos que pueden ayudarte. Necesitas más que el apoyo de un amigo para superar tu maldita culpa.
—No es culpa —frunció el ceño, estirando el cuello sobre el respaldo del sofá. En su mano brillaba al cristal de la copa gracias a las tenues llamas de la chimenea.
—¿Qué es, entonces? —preguntó, cruzándose de brazos.
—Hermione no es estúpida.
—Lo es, si aún te soporta —murmuró.
—Ella no puede enterarse de lo de Gregory—La ignoró—. Pero eventualmente lo hará, me lo sacará de alguna manera.
—La única forma de que te lo saque es si te hace ojitos, porque es incapaz de incluso pensar en usar Veritaserum —dijo, rindiéndose y finalmente acercándose para tomar asiento junto a él.
Antes de apoyarse en el respaldo, acomodó su bata de seda.
—Solo estás asustado en vano, Theodore. La salvaste una vez, de Greyback. Lo mataste frente a sus ojos, y entendió que no te quedaba opción. Puedes simplemente decirle que lo de Gregory fue en defensa propia, ella solo lo conoció como el estúpido sangre pura lame botas que era, pero no sabía que era solo un niño asustado bajo la sombra de los mortífagos —Se encogió de hombros—. Si no hubieras matado a Gregory, probablemente te habría delatado. Tú no debías estar de ese lado del castillo.
—Él tampoco debía estar ahí... —dijo, abogando a favor de Gregory.
Tracey rodó los ojos.
—Intento ayudarte. Úsalo o echa a volar de aquí sintiéndote un miserable —respondió con molestia. Tras unos segundos en los que Theodore no habló, Tracey se dispuso a ponerse de pie para irse.
Antes de que lo hiciera, Theodore le tomó la muñeca, obligándola a mirarlo.
—Te enviaré una carta... Como despedida —sonrió.
Tracey sacudió la cabeza. Hermione iba a ser incapaz de matarlo por eso, pero él se esforzaba para darle drama a todo.
—¿Theodore?
Se volteó al oír la voz de Hermione, que entraba en la cocina en ese preciso momento.
—¡Hermione! ¿Ya almorzaste? —preguntó, acercándose de inmediato a ella para rodearla con sus brazos. Ella a penas le devolvió el gesto, pero al menos puso las manos en su espalda— ¿Cómo te fue en el trabajo?
Theodore la sintió suspirar, y justo después le dio un beso en la frente, seguido de uno en la mejilla.
—Lo de siempre —sonrió suavemente—. ¿Planeas hacer algo?
—Lo que tú desees —susurró sin dejar de mirarla.
Hermione asintió, riendo ligeramente. Finalmente lo abrazó de vuelta, ejerciendo algo de presión. Theodore se quedó junto a ella hasta que dio señales de intentar apartarse.
—Ya que eres tú, entonces seré el que cocine. Aunque... ¿Estás segura? A Winny le encanta cocinar para ti. Hoy podrías darle el gusto.
Hermione se mordió el labio, pensando, mientras se apoyaba en la isla de la cocina.
—Está bien. En realidad, me gustaría hablar algo contigo mientras lo hace...
—Claro —sonrió, pretendiendo estar tranquilo— ¡Winny!
De inmediato la elfina apareció a su lado.
—¿El amo desea algo? —miró a Hermione— O-oh, la ama Hermione —dijo muy feliz—. ¿Necesita que ordene la habitación, que ordene su laboratorio, amo?
Theodore la miró nerviosamente, sabiendo que a su espalda Hermione alzaba una ceja, curiosa por las preguntas de la elfina.
—N-no, Winny. Muchas gracias. ¿Podrías por favor preparar algo para los dos? Algo nutritivo, de ser posible. A Hermione le vendría bien para recuperar energía después de aguantar estúpidos todo el día en el Ministe-.
—Theodore.
—Sí sí —dijo—. Ya sabes Winny, confío en ti, luego de eso puedes ir y mantener el jardín. ¿Te parece?
—Lo que el amo desee —inclinó levemente la cabeza.
—Gracias —Se dio vuelta y comenzó a caminar hacia la salida. En el camino deslizó su brazo por los hombros de Hermione, que gracias a eso lo siguió de inmediato hasta el salón.
Theodore carraspeó y se dejó caer en el sofá, extendiendo sus brazos para recibirla.
—Theodore —suspiró ella—. Es algo serio.
—Que sea serio no quita que quiera abrazarte mientras hablas —dijo con simpleza.
Hermione frunció el ceño.
—Está bien —alzó las manos, en señal de rendición, y luego dejó caer una en su regazo y la otra la usó para apoyar su cabeza—. Te escucho.
Hermione tomó asiento en el mismo sofá, pero con una distancia que siempre le había desagradado. Había algo relajante en mantener el calor de su pequeño cuerpo junto al suyo, y sabía Merlín lo mucho que necesitaba relajarse.
—Quiero que me digas la verdad —dijo decidida.
Theodore sonrió.
—¿De qué hablas? Siempre te digo la verdad, ¿cuál es el-?
—No es cierto. Y lo sabes —respondió—. Ambos sabemos que siempre omites detalles.
Hermione se cruzó de brazos, mirándolo intensamente. Theodore se peinó el cabello hacia atrás, haciendo una mueca.
—¿En qué se supone que he omitido detalles? Además, eso no quiere decir que te mienta, estás siendo injus-.
—Los dos sabemos que tus detalles casualmente involucran muchas cosas de las que aparentan —indicó, molesta—. ¿Puedes por favor decirme cómo conseguiste que el tribunal no te enviara a Azkaban?
Theodore se encogió de hombros.
—Creí que entendías que son secretos de-.
—No me importa si son secretos de inventor, de mago o de lo que sea que vayas a decir esta vez —gruñó—. Entendí que no quisieras decirme antes. Pero ya no soy una niña, llevamos años juntos, ¿podrías compartir ese detalle —recalcó con ironía— conmigo?
Theodore carraspeó de nuevo, y se enderezó en el sofá. Miró de reojo a Hermione, que solo se dedicaba a regresarle la mirada, esperando. Con mucha paciencia cabía decir, Theodore hubiera entendido que eso se convirtiera en una discusión acalorada, no en un simple intercambio de palabras. ¿Cómo se lo decía ahora? La idea de Tracey era buena, vaya que lo era, si le decía que había sido en defensa propia no iba a sospechar. De todas formas, un muerto perdido bajo los escombros de Hogwarts no iba a delatarlo.
—Está bien —dijo, poniéndose de pie. Theodore se dio una vuelta antes de acercarse y sentarse nuevamente mientras tomaba sus manos con delicadeza—. Conseguí hacer una réplica exacta de mi varita. Todos los vendedores de varita llevan un registro en cada ciudad del mundo mágico, y esos registros los comparten con el Ministerio de Magia. Pero el arte de la confección de varitas no es complicado cuando estudias, así que solo hice una nueva varita que tuviera exactamente lo mismo que la mía, que replicara la forma y tono en madera. Luego solo debía hacer los hechizos que aprendimos durante todos los años —explicó.
—Así que, solo —puso énfasis— hiciste una réplica de tu varita —asintió lentamente después de unos segundos.
—¿No me crees?
—Entiendo que te las arreglaste para salirte con la tuya. Siempre lo haces —rodó los ojos—. Y sé que mi palabra no era suficiente para que el tribunal creyera que no habías utilizado la maldición en contra de nuestro bando —Suspiró—. Pero Theodore, te conozco mejor que nadie. Y Malfoy casualmente comentó algo sobre su compañero hace... Unas semanas.
Theodore se aguantó la maldición en contra de Malfoy y toda su estúpida descendencia.
—¿Cuál?
—Goyle.
—Ah, recuerdo que murió en el castillo esa noche. Sí —asintió.
—Dijo que no lo vio los últimos minutos, pero que era tan astutamente estúpido que se escondería precisamente en donde habían dicho que no debían estar. Así se evitaría luchar y todo eso.
—Muy bien —dijo.
—Theodore. Éramos los únicos de ese lado. Geyback pudo haber tenido otros medios para detectarnos, pero todos estaban lejos. A excepción de ti, nadie recorrió esos pasillos durante media hora —Dio vuelta la mano de Theodore para que quedara bajo la suya, mientras la miraba un momento. Luego regresó su vista a él—. A menos que hayas mentido con eso también...
—No- —Se mordió la lengua. Si admitía que no había mentido con lo que le había contado, significaba que le aseguraba que no había nadie además de él en ese lado del castillo. Si lo negaba, estaría mintiendo todavía más— Vale. Ya estoy aburrido.
Hermione frunció el ceño.
—¿Estás aburrido? ¿Es en serio? ¡Creí que al menos-!
—¡Hermione! —Alzó la voz para detenerla— Estoy aburrido de mentirte. Tienes razón. Yo... No solo maté a Greyback. También maté a Goyle.
Hermione se quedó muda por un momento. Pero Theodore no dejó que respondiera nada.
—Él vio mi rostro. Si tan solo lo dormía o algo así, nada me aseguraba que fuera a omitir el hecho de que se había encontrado conmigo si salía vivo de ahí. Y había escapado, estoy seguro de que todos lo notaron, Goyle no era fácil de ignorar. Tiritaba como niña y dudaba hasta de apuntar la varita —explicó—. Estoy seguro de que habría pagado las consecuencias si cualquier mortífago lo encontraba.
—¿Y tenías que ser tú? —escupió, entrecerrando los ojos— Él pudo testificar a tu favor.
—No iba a tomar más riesgos. Solo quería llegar contigo y asegurarme de que estuvieras bien —respondió—. Y no confiaba ni un poco en él para dejar mi vida y planes en sus manos.
Hermione lo miró con indignación.
—¿Por qué no me lo dijiste antes? ¡Soy el motivo indirecto de que murieran dos personas!
—¡Mortífagos! Y no es tu-.
Hermione chasqueó la lengua.
—¡Eras un mortífago también!
Theodore se puso de pie, tirando de ella para que lo siguiera.
—Fuiste lo que estaba en mi cabeza cuando los maté, porque no estaba dispuesto a que te convirtieras solo en un maldito recuerdo —Se acercó a su rostro—. Y mataría a cualquier idiota que se me cruce si con eso consigo mantenerte a salvo.
Hermione negó con la cabeza, dispuesta a alejarse, pero finalmente suspiró.
—No quería... Que pasara esto —Respiró profundo—. Que... Por Merlín, tuvieras que matar a alguien.
—Habrías hecho lo mismo por mí —aseguró—. Pero me aseguré de evitarlo. Y lo hice muy bien, considerando que era una guerra.
Theodore la vio dirigirle la mirada ante sus palabras, lucía asombrada y espantada.
—Tienes razón... —rió desanimada— Habría hecho lo mismo por ti. Pero Theodore...
Él alzó las cejas, en una muda pregunta, hasta que Hermione subió las manos hasta su camisa y tiró, acercándolo.
—Omite tus detalles una vez más y vas a arrepentirte — frunció el ceño.
Theodore sonrió de lado.
—Lo entiendo. No más detalles —Alzó las manos. Luego movió una de ellas, incitándola a que las tomara. Hermione exhaló con fuerza y entrelazó los dedos con los suyos suavemente.
Theodore acercó su cuerpo y deslizó una de las manos de entre sus dedos para ponerla en su espalda baja. Después apoyó su cabeza en su hombro, respirando lentamente su perfume.
—Odio las guerras —Hermione se escondió en su hombro, soltando un gran suspiro.
—Lo sé, yo también —sonrió con tristeza, sintiendo poco a poco ligeros temblores en el cuerpo de Hermione, acompañados de pequeños sollozos—. Aún más cuando estás del otro lado.
Theodore la abrazó con más fuerza, soltando su mano para enrollar su cintura con ambos brazos. Hermione deslizó los suyos por sus hombros, rodeándolo cerca de su pecho cuando él la levantó levemente del suelo.
—Lo siento mucho —le susurró, alejándose para mirarla y, finalmente, dejar un suave beso en sus labios.
—Realmente quiero que lo sientas...
Theodore simplemente sonrió, detectando el tono divertido y cansado en su voz. Le dijo al oído que estuviera tranquila, pero la verdad era que si debía matar a alguien más para mantenerla segura y mantenerse vivo a su lado, Theodore no iba a dudarlo ni por un segundo.
