Disclaimer: Los personajes de esta historia no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi, autora de InuYasha.
Aclaraciones:
*Este fanfic participa en la dinámica Flufftover del 2021, actividad propuesta por EsdeFanfics y de InuYasha Fanfics en facebook
16. Invierno
Tema: compartir cama
En una noche tan fría como esa extrañaba con gran sinceridad los adelantos tecnológicos como una estufa eléctrica que le ayudara a aclimatar su habitación, pensó con añoranza mientras hacía su cuerpo un ovillo, abrazándose a sí misma bajo las varias sábanas y el grueso cobertor que la cubría.
Dirigió su vista hacia la hoguera en el centro de la cabaña, los leños ya estaban consumidos casi por completo sólo se asomaban unos trozos rojizos de entre el carbón consumido y la ceniza. Pensó en levantarse, buscar un nuevo leño para avivar el fuego y así conseguir calentarse un poco más, pero la simple idea de abandonar el futón con el calor que ya había conseguido conservar ahí, la hizo pensárselo mejor.
La brisa invernal del exterior se coló por un instante en toda la habitación anunciándole que alguien había entrado a su casa.
—¿InuYasha? —preguntó sentándose en el futón al mismo tiempo que se frotaba los ojos, arrepintiéndose de hacerlo cuando sintió el frío tocar su espalda.
Lo pudo ver gracias a la poca luz que aún arrojaban los leños del hogar, cargaba un enorme saco probablemente lleno de arroz el cuál dejó caer en un rincón del interior de la cabaña.
—¿Qué haces despierta tan tarde? —le reclamó su esposo una vez se acercó a ella—. Solo faltan unas horas para que amanezca.
Kagome tomó el cobertor con ambas manos y se cubrió con él hasta el cuello, aunque su espalda siguió descubierta—. Con tanto frío que hace, no he podido conciliar el sueño.
El medio demonio frunció suavemente el ceño, dirigió su mirada hacia la casi extinta hoguera. Soltando un cansado suspiro caminó hasta el rincón donde conservaban los leños secos, tomó uno de buen tamaño para lanzarlo al resto de leños consumidos para después comenzar a atizar las llamas hasta conseguir que volvieran a arder.
—Pensé que regresarías hasta el mediodía —mencionó en un intento por aligerar el ambiente.
InuYasha continuó atizando el fuego un momento más antes de responder—. Decidimos emprender el viaje de regreso antes de que comenzara a nevar —explicó tranquilamente regresando a su lado, pero sin meterse entre las sábanas del futón—. Si los senderos quedaban obstruidos por la nieve, nos tendríamos que quedar un día más.
Kagome asintió con un suave movimiento de su cabeza—. Lo bueno es que ya estás aquí —le aseguró con una sonrisa, acercando sus mano derecha hasta la suya, entrelazando suavemente sus dedos.
Pudo notar como InuYasha curvó sus labios finamente hacia arriba, en el esbozo de una sonrisa cuando se decidió a corresponder el gesto de sus dedos. Ella aprovechó para jalar su mano al mismo tiempo que hacía a un lado las sábanas para invitarlo a entrar en ellas, invitación que él aceptó de inmediato, acostándose justo a su lado.
Se acurrucó en el pecho de su esposo apenas éste la envolvió en sus brazos, sus ropas aún estaban frías después de haber estado afuera pero no le resultó incómodo pues poco a poco fue aclimatándose a su propio calor que seguía impregnado en las sábanas y el cobertor, además de la hoguera nuevamente avivada cumplía plácidamente su misión de envolver con su calor todo el interior de la cabaña.
Sonrió dichosa al sentir las manos de InuYasha posarse en su cintura para reafirmar su abrazo, como si no quisiera que se separara de él—. Bienvenido a casa, InuYasha —murmuró con alegría, subiendo su dedo hasta el rostro de su esposo para tocar juguetonamente su nariz. Él de inmediato la arrugó y frunció el ceño, pero casi de inmediato se relajó.
—Es bueno estar de vuelta —confesó por fin para después cerrar los ojos, dejando que el calor del futón le ablandara los músculos.
Ella volvió a acurrucarse entre sus brazos, no podía estar más de acuerdo con él.
Estando a su lado. No existía otro lugar, ni ninguna otra época, en la que le gustaría estar.
