Disclaimer: Los personajes de esta historia no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi, autora de InuYasha.
Aclaraciones:
*Este fanfic participa en la dinámica Flufftover del 2021, actividad propuesta por EsdeFanfics y de InuYasha Fanfics en facebook
17. Pide un deseo
Tema: cumpleaños
Trató de disimular cualquier emoción cuando la vio correr hacia él con una amplia sonrisa en los labios apenas lo vio al terminar de subir la larga escalinata que llevaba a su templo familiar.
—InuYasha —lo saludó apenas estuvo frente a él—. Sólo dame un momento para preparar mis cosas y nos iremos, ¿de acuerdo?
Embobado como estaba por la alegría que ella desprendía solo pudo asentir torpemente, en un intento por fingir naturalidad bajó su mirada hacia sus manos solamente para darse cuenta que sostenía un plato de papel en el cual llevaba un extraño panecillo que no había visto antes, pero por el dulce aroma que despedía pudo adivinar que se trataba de alguna golosina.
—¿Qué llevas ahí? —preguntó sin poder ocultar más su curiosidad.
—¡Ah!, es una rebanada de pastel —la adolescente respondió inocentemente—. Hoy fue el cumpleaños de Eri-chan así que lo celebramos en la hora del receso. Pensaba compartirla contigo antes de marcharnos a tu época, ¿te gustaría?
—Mientras no perdamos demasiado tiempo en eso —el medio demonio se encogió de hombros antes de emprender su camino con dirección a la casa de la familia Higurashi.
—Por cierto, InuYasha —preguntó Kagome apenas igualó su paso, InuYasha giró a su derecha para ver a la joven a los ojos, notando de inmediato un brillo que él ya conocía bien: algo tramaba en esa loca cabecita suya—. Nunca me has dicho cuándo es tu fecha de nacimiento.
—¿Y yo cómo voy a saber eso? —soltó bruscamente regresando su vista al frente—. Fue hace muchísimo tiempo, no tengo ni idea.
—¿Quieres decir que nunca has celebrado tu cumpleaños? —el tono en su pregunta dejó entrever lo mucho que eso la sorprendía.
—¡Eh!, ¡¿por qué eso parece afectar tanto?! —se sintió un poco desesperado al notarla tan afligida por eso—. Me parece una tontería, ¿sabes?
—No lo es —refutó ella confiadamente—. La gente a tu alrededor está feliz porque eres parte de su vida un año más, te felicitan, recibes regalos, puedes sentirte agradecido por todo lo que has logrado en todo ese año, incluso puedes pedir un deseo de cumpleaños.
InuYasha suspiró de resignación, a veces le parecía que Kagome era demasiado inocente con ese asunto de los deseos o las supersticiones—. Todo lo que has dicho es una tontería.
—Para mí no es una tontería, ¿sabes? —Kagome no dio su brazo a torcer—. Yo haría todo eso por ti, si supiera tu fecha de cumpleaños.
InuYasha apretó los labios, su mente se quedó en blanco por un momento al mismo tiempo que sintió su rostro entero calentarse. Arrugó la nariz para pretender un semblante molesto y continuó el resto del camino en silencio.
Apenas llegaron a la casa de Kagome ella se apresuró a quitarse los zapatos, cuidando de no tirar la rebana de pastel malabareando el plato de papel entre una mano y otra.
—¿Ahora qué pasa contigo? —preguntó InuYasha al verla de pronto tan llena de energía. Pudo ver ese brillo en sus ojos que había detectado momentos atrás brillar con más chispa.
—Espérame un momento —le dijo esquivando de un salto el escalón del recibidor de su casa para emprender el viaje rumbo a la cocina de su casa—. No tardaré nada.
InuYasha rodó los ojos, definitivamente algo había llenado esa cabecita loca suya. Exhaló todo el cansancio de su pecho al mismo tiempo que se dirigió al salón, se preguntó si sabría cómo accionar esa caja mágica que proyectaba imágenes para distraerse mientras Kagome se preparaba para marcharse.
—¡InuYasha! —la escuchó llamarlo desde el cuarto del comedor, no había pasado mucho tiempo desde que habían regresado a su casa—. ¿Podrías venir un momento?
Resignado, se levantó del almohadón en el suelo donde había estado sentado en el salón, cruzó sus brazos sobre su pecho mientras caminaba a paso tranquilo hacia donde había venido la voz de Kagome.
—¿Ya podemos irnos? —preguntó apenas llegó al comedor pero detuvo abruptamente su andar, casi perdiendo el aliento, cuando vio a una sonriente Kagome de pie frente a la mesa del comedor.
Sobre la superficie de madera estaba la rebanada de pastel y sobre ella una pequeña vela encendida de color rojo ardía juguetonamente.
—¿Sabes por qué para mí no es una tontería? Porque yo estoy feliz que seas parte de mi vida. —empezó Kagome sin borrar ni por un instante su sonrisa—. Estoy agradecida por tu cumpleaños aunque no sepa cuándo es.
—Kagome… —no pudo decir nada más aunque hubiese querido, una vez más su cabeza se había quedado en blanco.
La vio volver a tomar el plato con la rebanada de pastel entre sus manos para ponerlo a la altura de su boca—. Pide un deseo, InuYasha.
