La lluvia caía con fuerza contra los cristales de la ventana por donde se filtraba la luz azulada de la noche. Derramándose sobre Clare, le daba un aire de imponencia a la guerrera sentada en el asiento de la ventana. Una pierna subida a este y la otra apoyada en el suelo. Ella observaba con la vista perdida y tarareando una canción que conocía de memoria.

—My heart, still inside your memories.

Fue en ese momento que Raki entró a la habitación de la posada.

—Parece que lloverá por el resto de la noche. No creo que podamos irnos hasta mañana.

—Me lo imaginaba —dijo Clare dando un golpecito con el dedo contra el cristal.

—Bueno ¿Qué quieres hacer hasta entonces? Hay un bardo en la planta baja dando una función. Puede ser divertido.

—Prefiero usar este cupón.

Clare levantó una mano en la que sostenía un largo papel rectangular. Raki se acercó para tomarlo y lo leyó.

—Vale por una noche de abrazos con Raki.

El joven miró sobresaltado a la guerrera. Ella asintió.

—Sí. Voy a usar ese.

—Clare, yo nunca hice estos cupones.

—Aja.

—¿No se supone que es la persona que tiene que hacer lo que dicen estos cupones la que los escribe?

Clare lo miró sin traicionar la estoicidad de su rostro.

—Y tu pregunta es…

Raki lo pensó unos instantes antes de responder.

—No, olvídalo.

Ella sonrió.

—Buen chico.