Clare avanzaba por la calle principal de Rabona cubierta de barro y empapada en sidra. Los soldados que se cruzaban en su camino se apartaban aterrados solo con ver su mirada asesina. Raki corría detrás de ella y al alcanzarla la sujetó por la muñeca.
—Clare, no es para tanto.
—Eso es lo que todas dicen siempre. Pero estoy cansada de las tonterías de Helen.
—Vamos, Clare. Podría haber sido peor.
—También podría haber sido mejor.
Raki tomó sus manos entre las suyas y las besó varias veces. Clare sintió que su ira se desvanecía con el simple roce de sus labios. Más aún, se sentía indefensa ante los ojos de cachorrito con que él la miraba.
—Por favor.
Finalmente suspiró resignada.
—Está bien. Me disculparé. Pero esto me hará una persona más buena y amable. Y Raki…
Clare separó sus manos de las suyas y se inclinó hacia él levantando un dedo.
—Esa no es la persona de la que te enamoraste.
