La alarma estaba sonando en lo más profundo de aquellas instalaciones. El complejo de los vengadores había visto días mejores. Había estado en mejor estado, había tenido más personal… y desde luego, esa alarma no habría sido ignorada tiempo atrás. El sonido precedió a la apertura de una cápsula en los almacenes. Una mujer logró salir de ella, dejándose caer al suelo. La cápsula despedía vapor producto del cambio de temperatura. Ella temblaba, produciendo el castañeteo de sus dientes.

_ ¿Hola? ¿Hay alguien en casa? _ Preguntó, mientras intentaba en vano moverse o entrar en calor.

Como respuesta a sus palabras, una corriente cálida comenzó a golpearla desde abajo y un pequeño vehículo, poco más que un coche de juguete a sus ojos, se deslizó, llevándole una manta con un brazo mecánico que tenía colocado en la parte superior.

_ Doctora Lewis. _ Intervino una voz femenina desde el propio dispositivo, por un pequeño altavoz. _ Cuando se recomponga, le agradecería que me acompañase.

_ Claro, cuando me recomponga. ¿Cuánto tiempo llevo metida en esa cubierta? _ Preguntó, mirándose las manos, tratando de concentrarse para que estas dejaran de temblar.

Darcy Lewis logró finalmente recuperar la movilidad de las piernas y se colocó la manta sobre los hombros. Apenas había iluminación en aquel sótano, y se guiaba más por la luz que portaba su robótico acompañante que por las escasas luces de los pasillos.

Tardaron un rato que a Darcy se le hizo muy largo, pero finalmente llegaron a lo que parecía una sala de reuniones. Una sala de reuniones vacía con un gran proyector holográfico en medio. El dispositivo se puso en marcha, y una figura femenina se proyectó frente a ella.

La imagen de Natasha Romanoff, para ser exactos. La muchacha tragó saliva, pensando que aquello era de mal gusto, aún con el filtro azul que envolvía a la figura que tenía frente a sí, le seguía pareciendo de mal gusto usar la imagen de un muerto para ese fin.

_ Bienvenida, Doctora Lewis. Soy Natasha, la interfaz de comunicación de la sede de los vengadores. Es un placer conocerla por fin. _ La imagen le dedicó una sonrisa, era tan realista que inquietaba.

_ Un placer Nat. Dime, ¿Puedo tomar un café? Estoy helada, literalmente. ¿Cuánto tiempo llevo metida en el congelador? Te lo he preguntado antes y no has querido decírmelo.

_ Pensé que sería mejor que estuvieras repuesta y sentada. La revelación podría preocuparte. _ El holograma se sentó con toda la naturalidad del mundo.

_ No irás a decirme que han pasado diez años. _ Bromeó Darcy.

_ Es día 15 de Junio de 2043. _ Respondió Natasha, mirándola.

Darcy se puso pálida como la tiza. Había bromeado con diez años, y ahora le estaban confirmando que se trataba de nada más y nada menos que de veinte. ¿Cómo la había dejado Jane Foster tanto tiempo metida en el congelador?

_ Vale, ahora sí que necesito ese café.

_ Comprensible. _ Natasha Asintió. _ ¿Quieres leche, azúcar?

_ Azúcar, cuatro terrones. Necesito estar despierta. ¿Dónde está Jane Foster? Cuando la encuentre, voy a…

_ Jane Foster. Estado: Fallecida.

Darcy se quedó congelada en el sitio. Aquello le golpeó como un mazazo en toda la cabeza. Cogió la taza de café que le tendía el robot con las manos temblorosas y le dio un largo sorbo, se quemó la lengua.

_ Vale… ¿Con quién tengo que hablar? ¿Qué pasa con Fury?

_ Estado: Fallecido.

_ De viejo, imagino. _ Bufó. _ ¿Rogers?

_ Fallecido. _ Aquello no le sorprendía.

_ Vale, ¿Quién más? _ Murmuró. _ ¿Qué tal Bucky Burns?

_ Fallecido.

_ ¿Sam Wilson?

_ Fallecido.

_ Vale, esta tiene que funcionar. ¿Carol Danvers?

_ Fallecida. Esta mañana, junto a Jane Foster. _ Se estremeció.

_ ¿Monica Rambeau?

_ En paradero desconocido, se estima su fallecimiento. _ Empezaba a desesperarse.

_ ¿Spider-Man?

_ Fallecido

_ ¿Wanda Maximoff? _ Insistió.

_ Fallecida.

_ ¿Qué Wanda está fallecida? ¿Qué clase de ser pudo matarla?

_ Información desconocida.

_ ¿Qué hay del Doctor Strange?

_ Fallecido. _ Repitió, una vez más.

_ Vale, creo que acabaremos antes si me dices quién no está muerto. O mejor aún. ¿Cuál es esta organización? ¿SHIELD? ¿SWORD?

_ Tras los acuerdos del 2037, la organización volvió a tomar el nombre de SHIELD.

_ De acuerdo. ¿Quién es la máxima autoridad de SHIELD?

_ Procesando… _ La imagen se cruzó de brazos, en apariencia pensativa. _ Líder actual de SHIELD…. Lewis, Darcy.

_ No… eso es imposible. _ Abrió los ojos como platos.

_ ¿Quiere que lo compruebe de nuevo? _ Preguntó Natasha, sin perder el tono.

_ ¡Sí! No puede ser.

_ Confirmado. Lewis, Darcy. No hay error. Es usted la persona al cargo de SHIELD. Felicidades, directora. _ Natasha sonrió. _ He encontrado un mensaje grabado de Jane Foster para usted. ¿Quiere reproducirlo?

_ No, lo que quiero es volarme la cabeza. Claro que quiero que lo reproduzcas. _ Bufó, alterada.

La imagen frente a ella dejó de representar a Natasha Romanoff y fue sustituida por Jane Foster, que se sentó sobre el panel y emitió un hondo suspiro antes de empezar a hablar.

_ Darcy_ Se estremeció al escuchar su propio nombre. _ Si estás viendo esto, es que he muerto en una misión. Sé que te prometí que te sacaríamos de ese hielo cuando descubriéramos como curar las secuelas que te dejó la anomalía de Westview... Pero ese proceso nos llevó más tiempo del esperado. Para cuando terminamos… nos habíamos metido en una guerra y no quise despertarte… luego todo se complicó y… no sé, supongo que lo fui dejando. Y ahora tú estás al mando. Sé que crees que no estás capacitada… pero lo estás más que nadie. Probablemente más que yo.

Hubo un sonido de click, y la imagen volvió a representar a Natasha. Darcy se llevó las manos al rostro, presionando sus sienes, y respiró un par de segundos.

_ Vale… esto es una pesadilla. Yo no puedo estar al mando. ¿Quién en su sano juicio me pondría a mí al mando? _ Se paró a pensarlo. _ Espera… ¿Esta es una organización privada, cierto?

_ Así es. _ Respondió Natasha.

_ Entonces hay un loco que subvenciona esto… o varios. Natasha, ¿Quién pone la lana, la guita, los ingresos? Porque apuesto a que tendrá algo que decir.

_ SHIELD tiene un único benefactor en estos tiempos, directora. _ Confirmó Natasha.

_ ¿Y quién está tan loco como para meter su dinero en esto? _ Preguntó.

_ Stark. _ A Darcy le dio un vuelco al corazón. _ Morgan.

_ La hija de Tony. _ Se cruzó de brazos. _ La conocí. Era una cría la última vez que la vi. Pero claro… veinte años. Ni cinco, ni diez. ¡Veinte! Gracias Jane. Tienes suerte de estar muerta. Si estuvieras viva te mataría yo misma. Muy bien. Tengo que ponerme en contacto con Morgan Stark. Necesito un transporte. ¿Tengo personal, algo que vuele? ¿Por qué está todo esto apagado?

_ En la actualidad SHIELD opera desde la antigua torre de los vengadores. Yo me he conectado mediante un enlace al recibir la señal del soporte vital de la cápsula.

_ Por supuesto... Mándame a alguien, lo antes posible. Y que traiga ropa de mi talla.

_ En camino, directora. ¿La acompaño a la salida?

_ No te cortes, tú delante. _ Dijo, mientras se sujetaba mejor la manta y comenzaba a seguir aquella vieja maquinaria.

Bastante lejos de allí, en una casa de madera junto a un lado, en el garaje, el sonido de la maquinaria estaba repiqueteando. Una muchacha menuda, de cabello castaño, se encontraba bajo una moto, esta estaba elevada, pero no sujeta por maquinaria. Por el contrario. Un imponente robot del tamaño de una persona bastante alta, superando el metro noventa, se encontraba sujetándola.

_ Señorita Stark. _ Una voz con acento británico emanaba del hombre de hojalata. _ Insisto en que esto no es seguro.

_ JARVIS, por enésima vez. Tengo confianza plena y total en ti. Sujeta bien la moto… sólo un poco más y ya… listo. _ Dijo, ajustando un tornillo. _ Como nueva.

Se deslizó bajo la moto y se empezó a limpiar las manos de la grasa cuando un enorme estruendo la interrumpió. Abrió la puerta del garaje y sus ojos se toparon con un helitransporte que estaba aterrizando en su jardín. Alzó una ceja cuando la puerta se desplegó, y una mujer empezó a descender.

_ Juraría haber pedido que no vinieseis a molestarme como parte del contrato. _ Informó, mirando a la mujer. _ ¿Usted es?

_ Darcy Lewis. Al parecer… la directora de SHIELD… alguien se ha debido dejar los nombramientos en automático.

_ ¿Y qué hay de Jane Foster?

_ Al parecer ha fallecido. _ Darcy suspiró largamente. _ Era mi mejor amiga. Hace veinte años, al menos. Escucha… Ella me ha puesto al mando, pero yo… me metieron en estasis criogénica hace veinte años. No sé en que estaba pensando, pero está claro que debe ser un error. Por eso he venido. Estoy segura de que en SHIELD hay gente más competente. Seguro que están ocupados con cosas importantes como para fingir que yo estoy capacitada para dirigirlos.

Darcy no se equivocaba. De hecho, un pequeño equipo de SHIELD había iniciado una misión hacía unos días, siguiendo las directrices de Jane Foster. Se suponía que sería una tarea sencilla, una misión de reconocimiento de una organización religiosa problemática en el medio oeste, pero la cosa se había complicado terriblemente, y aquello los había llevado a aquella situación.

Se escuchaban cánticos desde el piso superior, un coro de góspel que entonaba una letra que Robert no lograba entender desde la distancia. Durante un instante, cuando la trampilla que se encontraba en la entrada de aquel oscuro y polvoriento sótano se abrió, pudo escuchar algunos versos. Los pasos de su captora resonaron cuando pisó sobre los gastados escalones. El polvo en suspensión pareció alterarse ante su presencia.

Era una mujer que ya había alcanzado la madurez, con unos ojos claros que miraban como los de un águila. Incluso aunque la cortina de cabello pelirrojo cubría uno de ellos en aquel momento, Robert podía sentirlo clavarse en él, como si lo atravesara.

Iba vestida con un uniforme militar, su rostro estaba sucio, manchado de tierra. A su espalda llevaba un arco, ese maldito arco. Y en su mano, una pistola que colocó sin el menor ánimo de duda sobre la frente de Robert, que estaba temblando sobre la silla.

Cualquiera pensaría que un agente de SHIELD bien entrenado estaría preparado para una situación como aquella. Y lo había estado cuando unas cinco horas antes había bajado la mujer por primera vez… y había asesinado a su compañera sin mediar palabra. El cuerpo estaba a su lado… en el suelo. No había podido apartar la vista de él.

_ Dime… Bob… ¿Ha merecido la pena venir hasta aquí a espiarnos? _ Su voz era profunda, calmada. _ ¿Ha merecido la pena que Rachel haya tenido que morir por la curiosidad de tus jefes?

El pulso de Robert se elevaba. ¿Cómo sabía ella todo eso? Él no había hablado con nadie, no habían dado sus nombres.

_ ¿Qué dirán Thomas y la pequeña Lucy si aprieto el gatillo ahora y papá no vuelve? ¿Cuánto lleva Mary preparando la fiesta para la pequeña? Debe ser por lo menos un mes… sería muy triste que papá no asistiera y le cantara su nana especial, ¿No crees?

Los ojos de Robert estaban abiertos de par en par, y su expresión congelada en un rictus de terror. Estaba nombrando a su familia… ¿Cómo? ¿Cómo podía saber todo eso? Se suponía que sólo eran unos fanáticos religiosos algo exaltados y nada más. ¿De dónde había sacado esa información su líder?

_ Y por eso, Bob..._ La pelirroja bajó el arma. _ Te voy a dejar ir a casa… ¿Le darás un poco de tarta a Lucy de mi parte?

Robert no era capaz de hablar mientras la mujer le desataba y le cogía del brazo. Podría haberse revuelto y haber intentado escapar. Pero su cuerpo no le respondía.

_ Quieres ir a casa, ¿Verdad? _ El cañón del arma se pegó a su espalda. _ Entonces… ¿Por qué no me lo pides?

_ Quiero… quiero ir a casa. _ Rogó, con lágrimas de impotencia en los ojos. El orgullo no iba a sacarlo de allí.

La pelirroja extendió su sonrisa.

_ No está mal que llores, Bob. Tu padre te mintió. No eres menos hombre porque lo hagas.

Sintió como algo en su corazón se rompía mientras la mujer lo llevaba escaleras arriba. Se vio a sí mismo frente al altar de una iglesia cuando subieron las escaleras. El coro lo observó mientras avanzaba entre ellos. Continuaron cantando a pleno pulmón. Robert estaba demasiado aturdido para entender la letra. Tan sólo escuchaba aquella palabra, aquel nombre. Janet Jones… el nombre de la mujer que lo llevaba a la salida.

Lo empujó por la iglesia, y él no se resistió. Sentía que el miedo le había vencido. Cuando salió y pudo ver el sol, un asomo de sonrisa apareció en su rostro.

_ Ve a casa, Robert. _ Le dijo en un susurro. _ Y diles a tus amigos que no vuelvan a espiarme… sólo quiero paz… ¿Has entendido?

Le soltó. Y un instinto primario se apoderó de él. El coche no estaba lejos. Comenzó a correr. Pero Janet no se quedó quieta. Sacó el arco de su espalda y una flecha salió del carcaj. Lo tensó con parsimonia, ajustando la mira. Esperó a un instante en que el viento pareció calmarse.

La flecha salió disparada, produciendo un silbido cuando cortó el aire. Robert pudo escucharlo, y frenó. Pero no pudo reaccionar a tiempo… la flecha atravesó su pierna derecha. Lo hizo limpiamente. Se cayó al suelo. Robert se giró y sus ojos se encontraron con aquellos dos orbes azules clavados en los suyos.

_ Puedes volver a casa, Robert..._ Insistió. _ Pero no sin penitencia. El perdón nunca llega sin un precio.

Se giró y se encaminó a la iglesia. Antes de entrar, se volvió de nuevo hacia el hombre, que entre gruñidos y gritos intentaba sacarse la flecha.

_ Que dios te bendiga.