Morgan se quedó observándola un instante. Parecía pensativa, estudiando el hecho de que Darcy se hubiera presentado allí, así como la situación que se estaba dando. Estaba claro que estaba pensando con intensidad.
_ Sabes, creo que es la primera vez que alguien pretende rechazar un puesto como ese en todo el tiempo que llevo en la dirección. _ Dijo, mirándola. _ Pero… rechazo tu dimisión.
_ ¿Qué? Morgan. No soy competente para el puesto. _ Insistió Darcy. _ En estos veinte años las gente se ha vuelto loca. Me hacéis parecer seria. ¡A mí!
_ Darcy. Jane confiaba en ti. Yo no necesito más. Para ese puesto no quiero a una estratega militar perfecta… quiero a alguien con decisión, y aptitudes. Te aseguro que los que te precedieron conservaron el puesto por eso. El resto, lo aprenderás con el tiempo… es más, creo que ya va siendo hora de que me mueva yo. Si nos hemos quedado sin los vengadores, habrá que reunir un equipo.
_ Está bien. _ Darcy se sentía derrotada. _ Seré la líder de la organización militar más grande del planeta.
_ ¡Ese es el espíritu! _ Sentenció Morgan. _ JARVIS, cancela la fiesta del viernes, ¿Quieres? Nos vamos a la ciudad.
_ Pondré en marcha los preparativos, señorita Stark.
_ ¿Así sin más? Vaya, parece que te he trastocado la vida.
_ Darcy… el mal no descansa nunca. Y yo no seré mi padre, no tengo la más mínima intención de ponerme una armadura y combatir yo misma, pero lo que sí que voy a hacer es poner lo que pueda por mi parte. Porque en este momento lo más probable es que necesitemos un héroe y ni siquiera lo sepamos. Tú y yo sólo somos personas corrientes y molientes. Y eso ya no es suficiente.
Con una seguridad que a Darcy le habría gustado tener para sí misma, Morgan Stark, con su metro y medio de estatura, se metió en el helitransporte. Darcy se encogió de hombros y la siguió. No sabía en ese momento cuánta razón tenía la más joven.
Esa misma noche, en las calles de nueva york, una mujer andaba sola. Normalmente era más cuidadosa, especialmente desde que nadie la esperaba en casa. La mujer había empezado ya la cuarta década de su vida, pero andaba segura. Era modelo y el porte era algo que nunca se perdía. Llevaba una bolsa de la compra en una mano y una bolsa de deporte a la espalda.
Su cabello pelirrojo tapaba parte de su rosto. Disimulaba con unos cascos apagados en los oídos mientras andaba tratando de mantener una imagen segura, sabiendo que lo peor que podía hacer era dar una imagen vulnerable. Sólo se transmitía la tensión en sus ojos. Giró la esquina, dispuesta a cruzar un callejón, y escuchó el sonido de algo caer tras ella. Tragó saliva y se giró.
Ya se imaginaba que no iba a encontrarse con un simple ladrón. ¿Por qué no podía ser un simple ladrón con una pistola y un pasamontañas? Alguien que se llevara su cartera y la dejara en paz. Ella era, muy a su pesar, una cara conocida. Y nunca se libraría del estigma.
Ya no la sorprendía encontrarse con alguien como aquella mujer. Iba ataviada con un qipao de color negro, y unas medias ajustadas. A su espalda, una capa de un vivo color rojo, que se movía a pesar de que no había viento. Llevaba las manos enguantas y sobre su rostro, una máscara con el aspecto de un chacal. Ambos ojos estaban cubiertos por cristales, sin embargo, el del lado derecho era opaco. En el izquierdo, el globo ocular era negruzco, y el iris de un brillante color blanco. Se estremeció sin poder evitarlo.
_ Por favor… _ Rogó, en un susurro.
_ Mary Jane Parker… _ La mujer elevó la mano y ella sintió cómo su corazón se desbocaba.
_ Escucha… yo no tuve nada que ver… _ Insistió, ahogando un sollozo. _ Peter murió… Aunque me hagas daño no servirá de nada.
_ Pierdes el tiempo. Apelas a mi compasión. _ La voz de la mujer sonó ronca, antinatural. _ Y eso es una batalla perdida.
Mary Jane cerró los ojos. Era poético que después de tantos horrores, fuera a morir en un callejón por entretenerse haciendo spinning. Se preparó para lo peor. Escuchó un sonido metálico, y un chillido, pero nada le ocurrió.
Abrió los ojos de nuevo y se dio cuenta de que una segunda figura estaba frente a ella. Una que le era muy familiar. Un traje ceñido, de color negro, sólo diferenciado por los dos marcos blancos que anunciaban los ojos… y la enorme araña blanca del pecho.
_ ¿Hasta cuándo voy a tener que seguir ocupándome de ti? _ La muchacha detrás de aquella máscara suspiró. _ Márchate, puedo ocuparme de esto.
_ Pero… _ Mary Jane se mordió el labio. _ Yo necesito que…
Mary Jane siempre había sido capaz de ver a través de los ojos del traje de Peter… y podía hacerlo del mismo modo a través de aquellos. El traje era idéntico al que él había llevado.
_ Márchate. _ Insistió.
Y así lo hizo. Corrió a casa. Escapó, con lágrimas en los ojos y el corazón encogido. La muchacha se quedó frente a aquella criatura enmascarada.
_ Esperaba poder saldar viejas cuentas… y quién iba a decírmelo. He encontrado a un insecto que aplastar. ¿Quién se supone que eres tú? _ Torció ligeramente la cabeza, el ojo visible resplandeció.
_ Somos Spider-Girl… y deberías informarte un poco… las arañas no son insectos. _ Cuando habló, su voz no sonó de la misma forma que momentos antes. Sumada a la voz de la chica había una segunda voz, masculina, grave y profunda.
Se agachó, colocándose en el suelo en una posición claramente defensiva. Sus ojos estaban bien abiertos bajo la máscara. La otra mujer no reaccionó de inmediato. Pero aquello parecía divertirla.
_ Dos mentes… fascinante…
Comenzó a mover las manos, formando sellos con los dedos y estas emitieron una brillante energía. Spider-Girl notó cómo su sentido arácnido se volvía completamente loco. Saltó por puro instinto antes de que un látigo de pura energía golpease el suelo y dejase marcado con una quemadura el lugar en el que había impactado.
Cuando la hechicera alzó la vista, no logró ubicar a la joven. Ataviada de negro, en la oscuridad, resultaba complicado verla. Lanzó un quejido. Y sus dedos relampaguearon.
_ Sal arañita… No tengo toda la noche. ¿No serás una cobarde?
Escuchó un sonido, pero no pudo reaccionar a tiempo. Algo negro y pegajoso acababa de impactar contra su máscara, bloqueando su visión. Fue el primer impacto, pero no el único. Con un par de movimientos acrobáticos, se vio cubierta de aquella sustancia, aquella tela de araña, que formó un capullo a su alrededor.
_ La vieja confiable nunca falla. _ Spider-Girl se dejó caer junto al capullo. La segunda voz, la grave, emitió una risotada.
Sin embargo, sus ojos se contrajeron cuando su sentido arácnido la avisó del peligro. Dio un salto y acabó cabeza abajo, pegándose contra la pared. Un puñal de energía pura atravesó el sitio donde estaba segundos antes y alcanzó una pared contigua, dejando un hueco. La mujer que creía tener controlada había desaparecido, dejando un montón de telaraña suelta en el suelo.
_ Y por esto odio los trucos de salón. _ Dijo, observando a la bruja, que se encontraba sobre el tejado contiguo. Estaba moviendo las manos de nuevo.
_ Voto por la retirada. _ Intervino la segunda voz.
_ Eres un cobarde.
_ Un cobarde que planea que vivamos otro día. MJ ya está a salvo. Recuerda que nosotros no somos héroes.
_ Cierto, a veces se me olvida. _ De un salto se colocó en el tejado. _ Eh, bruja. ¿Cómo te llamo?
_ Shin Yang es mi nombre, si tanto te interesa saberlo antes de morir.
_ Estamos encantados, Shin Yang… ya nos veremos otro día… Adiós.
Con toda la naturalidad del mundo, se arrojó por el otro lado del edificio. La bruja reaccionó en el acto, deteniendo el hechizo que estaba preparando, y corriendo hacia el borde del edificio. En la distancia, pudo ver a Spider-Girl balanceándose entre los edificios hasta perderse en la distancia. Golpeó la barandilla con el puño, frustrada. Había tenido dos presas a la alcance y ambas habían escapado.
Era noche cerrada cuando el teléfono de Morgan empezó a sonar. Normalmente JARVIS se ocupaba de coger sus llamadas, pero en aquella ocasión, viendo al interlocutor, se ocupó ella misma. Cogió el teléfono de la mesilla y se lo llevó al oído.
_ ¿MJ? ¿Por qué me llamas a esta hora? _ Preguntó mirando el reloj. Se frotó el puente de la nariz.
_ Morgan es que… me han atacado. _ Contestó, atacada. _ Y no sabía a quién más acudir después de lo de esta mañana.
_ ¿Qué te han atacado? _ Se incorporó sobre la cama. _ ¿Quién ha sido?
_ Una especie de bruja… con vestido oriental y máscara de chacal. _ Suspiró largamente. _ Otra persona que parecía querer vengarse de Peter.
_ MJ. Estoy trabajando en la torre con la nueva directora de SHIELD. Aún tiene que habituarse al puesto. ¿Quieres venir a la torre? ¿O prefieres que te asigne una escolta?
_ La escolta suena bien. _ Susurró Mary Jane.
_ MJ… Espero que estés bien. No sé quién era esa mujer… pero la vamos a encontrar. _ Se apoyó en el cabecero de la cama. _ ¿Hay algo más de lo que quieras hablar?
MJ se quedó en silencio un instante, pensando si compartir con Morgan lo ocurrido. Morgan no pudo evitar notar la pausa que hubo tras su pregunta.
_ No. Nada más. _ Terció finalmente MJ. _ Gracias por todo, Morgan.
_ MJ… eres como mi madre. _ La castaña sonrió. _ No tienes ni que decirlo. Estoy aquí, para lo que necesites. Dame más detalles sobre esa bruja.
Darcy se despertó temprano aquella mañana. Estaba nerviosa. El mundo había cambiado mucho… lo que para ella había sido muy rápido. Su mente se había expandido enormemente desde que se había tropezado con Thor en Nuevo México. Entonces era muy joven, y aún le quedaba mucho por ver. Y a pesar de todo, la mayor parte del tiempo, aún se sentía así. Como la misma becaria que había sido, y que poco o nada entendía del mundo que la rodeaba.
_ Vamos… quién sabe… a lo mejor no están tan locas. _ Dijo, mirándose al espejo. _ Ya detuviste al malo una vez… sólo tienes que hacerlo unas cuantas más.
Se ajustó las gafas, se cuadró y se dirigió a la sala de reuniones, dispuesta a hablar con Morgan. La encontró frente al ordenador, revisando archivos y documentos.
_ Buenos días. _ Saludó. _ Siéntate. Tenemos trabajo pendiente. He recibido una llamada. Y ya tengo al primer contacto pensado.
_ Eres rápida. _ Darcy, se sentó a su lado. Dirigió la mirada al ordenador. _ ¿Puedo?
_ Es tu equipo. _ Dijo, haciéndose a un lado y dejándole que se sentara.
Darcy se puso a teclear con soltura. Había tenido que aprender a las bravas en sus años en la universidad. Se sintió abrumada por la cantidad de información que había allí disponible. Habían pasado un millar de cosas durante el tiempo que había estado fuera.
_ Entonces todos los vengadores han muerto o se han retirado. _ Confirmó. _ Ni una ficha activa. Sólo quedaban Carol Danvers y Jane Foster. Es difícil de asimilar, no te voy a mentir.
_ Sí, lo imagino. ¿Hay algo que necesites? ¿Algo que pueda ayudarte? _ Preguntó Morgan. _ Quizá quieras ayuda psicológica o…
_ Chocolate… quiero mucho chocolate… y ositos de gominola… de esos de colorines. Por favor, dime que los siguen haciendo.
_ Sí, los siguen haciendo. _ Respondió Morgan, algo contrariada.
_ Menos mal, estaba planteándome volver al congelador. _ Darcy tecleó de nuevo. _ Veamos tu contacto… ¿Cómo se llama?
_ Aisha Wong. _ Respondió Morgan.
Darcy tecleó el nombre, y el ordenador le mostró el perfil de una mujer de rasgos asiáticos, junto a una ficha muy detallada y extensa.
_ ¿Hechicera suprema? ¿Qué es esto, un personaje de rol? _ Darcy alzó una ceja.
_ Haznos un favor a las dos y trata de no gastar esas bromas cuando estemos con ella. Tiene muy mal pronto.
_ Puedo prometerte que lo intentaré. _ Darcy extendió la sonrisa, quizá se sentía demasiado cómoda con Morgan para lo que le convenía.
Mientras tanto, Aisha se encontraba en el Santuario de Nueva York, observando la ciudad desde su gran ventanal. Estaba inquieta. Lo había estado desde la noche anterior. Su expresión severa se contraponía con la suavidad de sus rasgos. Era un rostro dulce, pero la dureza de la expresión y la mirada dejaba claro que no era una persona con la que conviniese enfadarse.
Había estado todo el día practicando sus hechizos. Su instinto le decía que se aproximaba un conflicto y necesitaba estar preparada. Instintivamente observó a la pared sobre la que colgaba una armadura de un intenso color azul. Negó con la cabeza y entrecerró los ojos. Algo la hizo estremecerse y provocó que los abriera de golpe. Su instinto se puso sobre aviso y miró a su alrededor. Pero no vio nada. No había nada. Se estaba comportando como una cría.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos por un leve tono. Hastiada, comprobó que su móvil le indicaba que alguien se había puesto en contacto con ella. Morgan Stark. Puso los ojos en Blanco, preguntándose qué querría.
