El escudo tembló cuando Natasha lo golpeó. Sólo el propio vibranium podía hacer que se inmutara de esa manera. Darcy dio un traspiés y cayó al suelo, rodando para no perder el pie. Respiraba pesadamente. Hacía rato que había perdido la cuenta de a cuántos robots había eliminado. Ya habían llegado varias oleadas más. Parecían no tener un final.

La cosa sólo había empeorado cuando Agatha y la segunda Natasha habían aparecido. Los robots despedían un brillo malva con los conjuros de la bruja, y se habían vuelto muchísimo más duros. La pelirroja la miraba, en apariencia aburrida.

_ Darcy, no puedes ganar… Vais a acabar muriendo todos. _ Suspiró. _ He tomado en cuenta todos los riesgos. Mis posibilidades de victoria son del cien por cien, con un margen de error del 0.03 por ciento.

_ Noventa y nueve con noventa y siete, entonces… eso me basta. _ Se puso en pie. _ De todas formas estoy segura de que no has tenido en cuenta todas las variables.

Se adelantó, golpeándola con el escudo, pero Natasha se protegió con un grácil movimiento. Debía haber cargado no sólo el aspecto de Natasha, si no sus habilidades, porque se movía de forma escurridiza, como la espía.

La segunda Natasha estaba centrada en Jane, ayudada por uno de los escuadrones de robots. El Martillo se movía con soltura. Al golpear a Natasha, generaba estallidos de choque. Por momentos el vibranium destellaba, rompiendo la ilusión, pero no parecía estar haciéndole mella.

Los robots, por otro lado, sí que se hacían trizas con las ondas expansivas de los impactos, así que siguió golpeando. Sabía que tenía que haber una manera de romper a ese avatar, no se podía rendir, más cuando había dos a falta de uno.

Morgan estaba en las alturas, enzarzada en un combate aéreo. Aún no terminaba de ajustarse a los controles de vuelto, por suerte, JARVIS era capaz de compensarlo. Le preocupaba la cantidad de energía que estaba gastando. No iba a durar indefinidamente.

Quizá fuera por esas preocupaciones, quizá fuera por la falta de energía, o quizá, sencillamente, no lo vio venir, pero un golpe le dio en la nuca y empezó a caer sin control, impactando directamente en el asfalto.

_ ¡Morgan! _ Darcy apartó a Natasha de una patada y salió corriendo en su dirección, alzando el escudo para protegerse.

Cassie estaba pasándolo francamente mal. Desde que los robots habían recibido la ayuda de Agatha, no lograba desconectarlos como había hecho antes. Siguió uno a uno, cambiando de tamaño entre los repentinos ataques. Hasta que la atraparon. El robot la rodeó con su mano y comenzó a apretar. Presa del pánico, Cassie no lograba alcanzar el botón para recuperar su tamaño.

Cuando finalmente lo hizo, logró poner cargarse al robot. Pero, presa del pánico, logró meterse en un sótano, y se quedó bajo la escalera, se abrazó a sí misma, temblando. Quizá tenía que haberse quedado en casa.

May, en cambio, no cedía. Esquivaba los ataques con celeridad, avisada por su sentido. Estaba empezando a agotarse, pero no se rendía. Seguían llegando más y más robots. Se veía superada. Pero no se echó atrás.

Darcy destrozó el cráneo de metal de uno de los robots cuando alcanzó a Morgan. Se dejó caer a su lado y golpeó la armadura.

_ ¡Morgan! ¡Morgan! _ gritó a pleno pulmón.

_ La señorita Stark sigue con vida. _ Le informó JARVIS. _ Pero me temo que está inconsciente.

_ Sácala de ahí. _ Le pidió. _ La llevaré a un lugar seguro.

La armadura se abrió y Darcy cogió a Morgan en brazos. Se giró y se vio de cara con Natasha. Instintivamente cubrió a Morgan con el escudo.

_ ¿Se trata de eso? ¿De Morgan? _ Natasha se cruzó de brazos. _ ¿Por eso no te rindes?

Darcy no contestó, manteniendo la mirada en ella.

_ Está bien… Si tanto la quieres con vida, quizá podamos llegar a un acuerdo.

_ No quiero ninguno de tus acuerdos. _ La miró con firmeza a los ojos. _ Apártate o te apartaré yo, Natasha.

_ Me gustas, Darcy. Tienes agallas. _ La miró a los ojos. _ Pero no seas tonta. ¿Por qué morir así? No es tu vida la única que te estás jugando.

_ ¡Darcy!

Elevó la visto justo a tiempo para alcanzar el martillo que Jane acababa de lanzar. Sujetó a Morgan con la mano izquierda, apoyándola en el escudo, y sostuvo el martillo con la derecha, lanzando un relámpago que le abrió camino, huyendo entre los callejones de algunas casas que aún parecían intactas.

Jane reclamó su martillo de nuevo y se interpuso, impidiendo que la siguieran. Su mirada se dirigió directamente hacia Natasha, desafiándola con ella.

Hela había subido a lo más alto de aquella montaña, hasta encontrarse ante el refugio nuclear. Por un momento se le ocurrió volar la puerta, pero finalmente decidió llamar de forma normal, rozando los nudillos contra el metal.

El ruido resonó más abajo y, todo el mundo se puso tenso. Janet abrió los ojos instantáneamente. Algo se agitó en su interior, un desasosiego que provocó que emitiera un largo suspiro y mirase a todos. Acarició lentamente el pelo de Faith, que la estaba mirando a los ojos.

_ No. _ La niña parecía haber leído su hilo de pensamientos. _ No vas a salir.

_ Créeme que nada me gustaría más que quedarme aquí contigo. _ Le susurró, besándole la frente. _ Es lo que he intentado todo este tiempo…

Se detuvo a tomarla del mentón.

_ Pero si no salgo, van a perder. _ Mantuvo el escaso tono de voz. _ Y cuando hayan acabado con ellos… vendrán aquí. Quizá no hoy… quizá no ahora… pero lo harán.

_ ¿Y por qué tienes que salir tú? _ Esta vez fue Jason el que habló, apoyado por una comitiva. _ Si necesitan refuerzos que llamen al ejército, no es asunto tuyo.

_ En realidad, sí que lo es… _ Se detuvo a mirar a su hijo. _ Seguramente nada de esto habría ocurrido de no ser por mí.

_ No puedes echarte la culpa de todo lo que pase a tu alrededor, mamá. _ Jason la encaró. _ Quédate aquí, con nosotros, a salvo.

Janet negó con la cabeza y se colocó el arco a la espalda. Jason y Faith se colocaron ante la salida, extendiendo los brazos.

_ Chicos… no podéis detenerme. _ Janet sonrió. _ Pero os quiero por intentarlo.

Jason bajó los brazos, alicaído, y su madre le dio un abrazo y le besó la mejilla. Acto seguido se inclinó y besó en la frente a Faith, que estaba haciendo un puchero.

_ Esta noche te haré lasaña para cenar, ya verás… _ Le revolvió el pelo. _ Y para mañana, torrijas.

_ Pero si no tenemos pan duro… _ Respondió la niña en voz baja.

_ ¿Estás dudando de tu madre, Faith Jones?

La niña se quedó un instante mirando a su madre y se echó a reír. Aquella forma de decirle que pensaba volver había sido suficiente para la niña. Janet le dedicó una última sonrisa antes de encaminarse hacia la salida.

Cuando abrió la puerta se encontró con Hela, pero antes de decirle nada dirigió la vista hacia abajo, hacia el pueblo arrasado, las máquinas campando a sus anchas… y cómo los vengadores no lograban contenerlas.

Pudo ver a Aisha, que había dejado salir su poder negativo y aún así hacía esfuerzos para contener a Agatha y una armada de robots que la habían elegido como su blanco. Janet emitió un hondo suspiro y miró a Hela.

_ ¿Cómo sabías que tenías que venir?

_ Puede que no pudiera ver lo que te pasa por la cabeza, pero reconozco a un guerrero cuando lo veo. Quizá te quedes sentada rezando con la gente que confía en ti… pero puedo ver que hay fuego y furia guardado en ti, esperando salir. _ La miró a los ojos. _ Por eso mismo te esfuerzas tanto por alejarte del conflicto. Perdiste algo… y no quieres que te vuelva a pasar.

_ ¿Qué sabes tú?

_ Soy la diosa de la muerte, Janet… Puede que no pueda desentrañar lo que ocultas… pero he visto a todos los guerreros caer, he visto a miles alcanzar el Valhalla… y a millones hundirse en las tinieblas de Hel. Sobre la pérdida sé más de lo que nadie puede saber. _ Hela apartó la mirada. _ Pero hace tiempo que no tengo que sufrirla yo misma. Y no quiero que se repita.

Volvió a mirar hacia Janet, pero la mujer ya no estaba. La puerta del refugio también se había cerrado. Hela alzó una ceja.

_ No sé si es muy rápida o es que ha cambiado de idea…

Cassie estaba recluida bajo aquella escalera. Escuchó a los robots sobre ella y se encogió. Creía que estaba preparada, pero el miedo la había bloqueado. Uno de los robots bajó, y estaba a punto de alcanzarla, cuando una flecha le atravesó el cráneo de metal. Alzó la vista y sus ojos se cruzaron con los de Janet. La pelirroja estaba claramente distinta, había fuego en su mirada.

_ ¿Estás bien? _ Le preguntó, mirándola.

_ Sí, creo que sí. _ Se sentó. _ Lo siento… se suponía que yo tenía que ayudar no… que me ayudaseis vosotros.

_ Recuérdame, ¿Cómo te llamas? _ Jane se inclinó para quedar a su altura.

_ Cassandra. _ Se mordió el labio.

_ Escúchame, Cassandra. No importa quién ayude a quién, lo importante es acabar con esta amenaza. Ahí arriba, en la montaña, están mis hijos. Y ellos cuentan contigo. Yo cuento contigo. ¿Me has entendido, Cassandra?

_ Sí.

_ Si no puedes seguir, dímelo. Puedo conseguir que estés en ese búnker, segura. _ Hizo una pausa. _ Pero si estás aquí, es porque eres una Vengadora. Y una vengadora no se echa atrás. Sé que puedes salir ahí y darlo todo. Porque tus compañeros te necesitan. Y yo te necesito. ¿Está claro?

_ Sí… sólo necesito un momento. _ Cassie la miró a los ojos. _ Gracias.

La energía negativa era poderosa, y Aisha la había dejado salir. Toda una corriente de emociones oscuras y siniestras que, sin embargo, no estaban siendo suficiente. Quizá podría haber retenido a Agatha en solitario, pero aquel escuadrón de Robots la estaba superando.

_ Eras más útil cuando eras un perrito faldero, Shin. _ Suspiró la bruja.

_ Mi nombre es Aisha. _ Le recordó, lanzando un envite del que dejaba manar toda esa energía, a través de sus puños.

Pero se vio rodeada por los robots, que absorbieron el impacto. Cayeron varios, unos diez. Pero no era suficiente. Lanzó un grito de frustración cuando escuchó una flecha cruzando el aire. La flecha parpadeó en el aire y en un pestañeo, dejó de ser una, para pasar a ser múltiples, que empezaron a trazar un arco imposible, alcanzando una velocidad impensable.

Formaron un enorme cerco que la rodeaba, matando a los robots que tenía a su alrededor. Aisha pudo serenarse y recuperar la compostura, abandonando el poder negativo y retornando a la calma que precisaba su magia. Extendió las manos e hizo aparecer dos escudos de un brillante color dorado.

_ Vamos… no podemos quedar mal delante de una bruja de tres al cuarto…

Agitó las manos y su imagen comenzó a multiplicarse, arrojándose contra los robots como un ejército propio.

Mientras tanto, May estaba haciendo esfuerzos por tenerse en pie. Por lo que veía, sólo Jane, apoyada por la recién llegada Hela, estaba aguantando el tipo. No podía ser ella la que se rindiera. Pero el último golpe que recibió en el rostro la dejó agotada y cayó al suelo. Escuchó el silbido de una flecha y elevó la vista al cielo.

Una flecha trazaba un arco en el aire… parpadeó, y esta se había convertido en una lluvia que empezó a diezmar a los robots que la rodeaban. Janet Jones, arco en mano, se encontraba arrodillada junto a JARVIS.

_ Me sorprende que no te hayan despiezado aún. ¿Morgan está bien? _ Preguntó.

_ La señorita Stark se encuentra bien.

_ ¿Y tú, JARVIS? ¿Cómo estás? _ Janet sonrió. _ Te veo desmenuzado.

_ Señorita Jones, soy una inteligencia artificial, no tengo capacidad para procesar un estado anímico.

_ Mientes fatal… _ Janet lanzó la vista hacia Natasha. _ Pero Morgan se creyó que no tienes idea de quién soy… sabes… casi me lo creo yo. Pero en la torre de los vengadores no me delataste… Bueno, no delataste a Janet Jones, quiero decir. Así que dime… ¿Sabes quién soy?

_ Afirmativo. _ JARVIS sonaba incómodo.

_ Y no se lo dijiste a Morgan… _ Negó con la cabeza. _ ¿No se salta eso todos tus protocolos?

_ ¿A dónde quiere llegar, señorita Jones?

Mientras Janet miraba fijamente a la Natasha que se dirigía hacia ella en aquel instante, caminando entre el caos, hubo una explosión. Cassie emergió de la casa donde la había dejado, alcanzando un tamaño de proporciones titánicas. Natasha se distrajo, y con razón, sus fuerzas estaban siendo aplastadas, irónicamente, como hormigas.

_ Verás… JARVIS. Me lo dije una y otra vez. No lo fuerces, Janet… no debes hacerlo… _ Su mirada seguía clavada en la Natasha distraída por Cassie. _ Pero esta situación… no la he provocado yo… ¿Sabes? Y es probable que no sea del todo ética, pero…

_ ¿Qué es lo que sucede, señorita Jones?

_ Sucede que tú estás aquí… y tengo justo delante de mí un sintezoide de vibranium, JARVIS… eso es lo que sucede. Además… Janet ni siquiera es mi verdadero nombre… así que ya me echarás la bronca después.

Janet adelantó la mano y Natasha se detuvo en seco. Su rostro se movió hacia la pelirroja, formando un rictus de terror. Su mirada se vació… los ojos blancos y la boca abierta en una expresión vacía. Alargó la otra mano hacia JARVIS.

_ Dime que no lo haga. _ Miró a los ojos de aquella armadura. _ Pídeme que me detenga y no lo haré. Júrame que sólo eres una máquina y te creeré.

Hubo un instante de quietud absoluta, un momento de gracia en el que el tiempo pareció congelarse antes que la voz de JARVIS resonase, casi apagada.

_ Hazlo…

Un haz de energía roja surgió de JARVIS, que se apagó en el acto, cruzó las manos de Janet y salió despedida hasta Natasha. Hubo un fogonazo y una explosión de un brillante color rojo que cegó a todos los presentes. La otra Natasha se quedó en silencio un par de segundos. Sus sistemas habían perdido toda la comunicación con su alter-ego y no era capaz de entender el por qué.

No pudo hasta que lo vio con claridad. Levitando unos centímetros por encima del suelo, con la piel de un brillante color rojo, la capa amarilla, las prendas de un tono verde apagado… y una gema brillante sobre la frente.

Darcy acababa de volver de entre los callejones, y se quedó atónita ante lo que acababa de ver. Su mente no lograba procesarlo. Era una imposibilidad. Y, sin embargo, tras frotarse los ojos, allí seguía.

_ Vale… ese es visión… _ Habló consigo misma. _ Pero eso es imposible… a menos que…

Su mirada se dirigió hacia Janet, que se encontraba a pocos metros de ella.

_ ¿Wanda?

La pelirroja se giró instintivamente y sus miradas se cruzaron.

_ Hola, Darcy. _ La miró a los ojos. _ Lo siento… por lo que te causé.

_ ¿Sabes qué? Da igual… _ Se encogió de hombros. _ Bienvenida al equipo… ¿Tienes entonces un nombre chulo o eres simplemente Wanda?

_ La Bruja Escarlata… pero Wanda está bien, me gusta Wanda. La echaba de menos.