El paisaje era desolador. Un día iluminado por dos soles que llegaba a su fin, proyectando una iluminación rojiza sobre el suelo de aquella ciudad en ruinas, aumentando aún más la terrorífica estampa de la montaña de cadáveres que habían dejado sobre la plaza. Y allí, justo frente a dicha montaña, habían dejado a una joven de piel malva que no lograba apartar la mirada de ella.
La habían dejado allí desde el principio, atada al suelo, y lo había visto y oído todo. En primera instancia los gritos, y luego como uno por uno iban apilando los cadáveres delante de ella. Le habían hecho una pregunta que no había sabido responder y después de eso, con toda la tranquilidad del mundo, habían comenzado aquel genocidio.
Pasaron horas hasta que finalmente la que parecía ser la líder de aquellos monstruos se sentó delante de ella y le hizo la pregunta de nuevo.
_ ¿Dónde está? _ Repitió. _ Dime dónde se encuentra. Sé que tenéis que saberlo.
_ ¿Por qué íbamos a saberlo? Hace décadas que se la llevaron. _ Miró a aquellos ojos buscando compasión… pero no la había. _ Te juro que no sé nada.
_ No sabes nada… _ Suspiró largamente. _ Sabes… esperaba no tener que llegar a esto… Pero vista tu nula capacidad de cooperación, tendré que tomar medidas más severas.
_ ¿Más Severas que lo que acabas de hacer?
_ Hay cosas bastante peores que la muerte. _ Chasqueó los dedos.
Uno de los invasores se aproximó. En sus brazos llevaba un maletín. La mujer lo abrió y extrajo algo de él, fuera de la vista de su captora. Ella tan sólo podía distinguir un brillo que la cegó. Cuando la mujer se giró, pudo ver que llevaba algo en el brazo. Colocada sobre un brazalete, una joya de un brillante color amarillo.
Fue lo último que alcanzó a ver. Segundos más tarde, la muchacha se desplomó, con los ojos vacíos, de un vivo color blanco. La boca abierta en una expresión inerte. Respiraba, pero incluso aquella mujer que parecía desalmada tuvo la compasión de desenfundar su arma y acabar con aquel tormento.
_ No sabía nada… _ Ratificó, frustrada. _ comandante, ponga la flota en marcha hacia el siguiente planeta.
A años luz de distancia, Morgan estaba roja como un tomate… y con un vestido que iba a juego con ese color. Normalmente nunca se ponía vestido, pero no había podido evitar sentir que era apropiado para la ocasión. Se sentía ridícula llevando aquellos tacones… pero Darcy era algo más alta que ella, lo cual no era difícil, y no quería estar tan por debajo.
Cuando llegó, sin embargo, se sintió bastante fuera de lugar. Darcy la había citado en un restaurante de Brooklyn, una pizzería familiar, según me había contado. Y había querido destacar… pero no tanto.
Cuando vio a Darcy vestida con unos vaqueros y una rebeca bastante casual, no pudo evitar sentirse tonta… sentimiento que empeoró bastante cuando al verse su reacción fue silbar.
_ Vaya… Morgan… no sé qué decir… estás impresionante. _ Sí, esta vez se le habían teñido las orejas. _ Debo gustarte mucho…
_ No… digo… sí… quiero decir… No sabía a dónde íbamos a venir.
_ Verás… el dueño y yo fuimos juntos al instituto. Al salir de clase solíamos venir aquí y tomarnos unas pizzas. Entonces el dueño era su padre, aunque su abuelo solía pasarse aún, era todo un cascarrabias. _ Sonrió ligeramente. _ Son las mejores pizzas de Brooklyn, te lo prometo.
_ Confiaré en tu palabra. _ Morgan se acomodó a la situación.
Tras aquel traspiés inicial, Darcy no pareció decir nada más… salvo cuando de vez en cuando se la comía con la mirada. Le preguntó sobre su último trabajo. Darcy tenía unas teorías bastante interesantes sobre el proceso de cohesionar a Friday y cuando se quiso dar cuenta ambas estaban hablando apasionadamente sobre el tema.
Darcy deslizó la mano sobre la mesa y le rozó la palma con sus dedos. Hacía un rato que se había acabado la pizza y habían seguido simplemente hablando. Morgan se quedó un segundo en silencio y finalmente le acarició los dedos, sintiéndose tonta.
_ Entonces… ¿Te llevo a casa? _ Sonrió Darcy. _ Quiero decir, vivimos juntas, tampoco es que tengas más opciones.
Morgan se rio sin tener del todo claro por qué. No era lo que Darcy había dicho, era cómo lo había dicho, y la forma en la que la había mirado desde detrás de los cristales de sus gafas. Parecía una persona distinta cuando estaba relajada.
Cuando estaban caminando de camino al coche, le cogió la mano sin pensárselo dos veces. Darcy estaba riéndose de la última ocurrencia de Morgan cuando un coche patrulla se detuvo delante de ambas sin previo aviso.
_ Morgan… ¿No habremos hecho un simpa sin querer?
_ No, he pagado yo, ni te preocupes.
_ Sí, lo hiciste a traición, además. _ Ratificó Darcy, asintiendo para darle más convicción a sus palabras.
_ Si quieres la próxima vez elijo yo el restaurante y pagas tú. _ Morgan respondió con un brillo maléfico en la mirada. _ Porque a veces me apetece langosta y…
_ Mejor veamos qué quiere esta amable agente de la ley y luego ya discutiremos eso. _ Morgan se mordió el labio para no reírse.
La agente de policía se bajó sola del coche patrulla. Darcy instintivamente alzó una ceja al ver que no llevaba compañero y se tensó de inmediato. Le había prometido no llevar el escudo a Morgan, lo había cumplido y se estaba arrepintiendo.
La agente llevaba su larga melena pelirroja en una cola de caballo, se colocó la gorra correctamente cuando se presentó delante de las vengadoras. Amy estaba nerviosa y se le notaba.
_ ¿Es usted Morgan Stark? _ Le preguntó, más seria de lo que quisiera.
_ Sí, soy yo… ¿De qué se trata? _ Morgan también se mostraba intranquila.
_ Verá… Hay una amenaza en camino. Un peligro para todos y… lo cierto es que no sabía a quién acudir. _ Amy se había ablandado con los años y no le gustaba darse cuenta.
_ Eres policía… ¿No se te ocurrió avisar a tu superior? _ Darcy sintió la necesidad de realzar lo obvio.
_ Creo que esta amenaza se le queda bastante grande… _ Amy sonrió, una sonrisa sarcástica. _ El universo entero podría estar en peligro…
_ ¿Otra vez? _ Morgan se estremeció. _ ¿De qué se trata? ¿De Galactus? Porque estamos escasos de personal para…
_ No… lo que sea está dejando los planetas intactos… pero no así a su gente… _ Las miró a los ojos. _ Me han llegado varios mensajes de socorro. Está matando… A la mitad de las personas de cada planeta que visita.
Morgan y Darcy se miraron a los ojos, y no tuvieron que decir nada para saber que ambas estaban pensando exactamente lo mismo.
_ Sí, ya, ya lo sé… alguien ha debido… inspirarse, en los planes de Thanos. _ Amy se cruzó de brazos.
_ No puede haber vuelto… ¿Verdad?
Morgan era una persona miedosa. Le tenía miedo a cientos de cosas. Detestaba no tener el control de la situación. Y eso era algo que Darcy había visto más de una vez. Pero aquella pregunta… era distinta. Aquella mirada de pura desesperación en sus ojos, reflejando un miedo primigenio.
Darcy llegó rápidamente a la conclusión de que lo más probable es que mientras que ella tenía pesadillas con hombres lobo y zombis, las pesadillas infantiles de Morgan probablemente estuvieran centradas en el titán loco que había causado la muerte de su padre.
Le puso la mano en el hombro y Morgan se le pegó como si fuera su viejo peluche de la infancia. Estaba claro que ese era un tema delicado para ella, prueba era que no estaba siendo nada racional al respecto.
_ No, Thanos está muerto… eso no es un problema. _ Amy lo dijo tan segura que hizo que Darcy alzara una ceja. _ En los mensajes dicen que la líder de esa facción es una mujer.
_ ¿Dónde encajamos nosotras en todo eso? _ Quiso saber Darcy.
_ Pensé que os interesaría detener la amenaza antes de que se presente aquí… _ Amy las miró con dudas. _ Porque tarde o temprano llegará aquí.
_ Sí, eso es cierto. _ Dijo Morgan. _ Pero no contamos con capacidad para transportarnos a planetas de distancia con soltura. Así que hasta que llegue…
_ Oh… se trata de eso. _ Amy se cruzó de brazos, aliviada. _ Yo… tengo una nave. Está hecha un desastre, pero podría llevaros a tres… cuando consiga que arranque.
_ Oh, seguro que Morgan consigue ponerla en marcha… _ Observó a la mujer menuda con cierto orgullo.
_ Tienes mucha fe en mí… _ Alzó las cejas, mirándola.
_ He visto en lo que has estado trabajando últimamente y… wow. _ La animó Darcy.
_ Sólo estoy optimizando algunos diseños de mi padre. Quiero decir, si me voy a poner una armadura… lo lógico es que no use un trasto primitivo. Tampoco tengo más alternativas ahora que he perdido a JARVIS y a Natasha. No quiero que tengas que rescatarme otra vez.
_ Te rescataría una y mil veces, Morgan. _ Se mordió el labio y Amy tuvo que toser para llamar su atención.
_ Muy bien, entonces podemos llevar a tres miembros del equipo. _ Ratificó Darcy. _ Te enviaré un correo, Amy. Necesito que me envíes todo lo que tengas.
A lo largo de los días siguientes, estuvieron recopilando la información que les había enviado Amy. Tanto los mensajes de socorro como los planos de la nave. Morgan había dicho que podría trabajar en ella si los daños no eran demasiado graves. Habían pasado tres días cuando Morgan y Darcy se encontraron frente a los ventanales de la torre.
_ Tengo que ir. _ Morgan se lo dijo sin rodeos. _ Amy me ha pasado unas fotos del estado de la nave… puedo apañarla para hacer dos o tres viajes, pero si queremos que funcione indefinidamente va a necesitar recambios que no tenemos en la tierra.
_ Todavía me cuesta creer que pueda estar involucrada en una misión espacial. _ Darcy se detuvo un momento a mirar la ciudad en la que se había criado. _ Si tú vas, yo también, Morgan.
Morgan se cruzó de brazos y se puso a la defensiva.
_ Darcy, no tienes que cuidar de mí. Ya te he dicho que con mi nueva armadura estaré bien. No necesito que estés siempre detrás de mí. _ No quería que la viera como alguien a quien proteger, no le gustaba. _ Sé cuidarme sola. Estaré preparada.
_ No lo dudo… _ Darcy sonrió tras los cristales de sus gafas. _ Pero estás loca si piensas que voy a dejar que te diviertas ahí fuera tú sola. Además… no quiero pasarme todo este tiempo sentada esperándote… ya me he pasado demasiado tiempo haciendo eso. En serio, estaba cogiendo culo de estar sentada.
Morgan no pudo evitar corresponder la sonrisa de Darcy. Asintió y decidió aceptar sus palabras. Sabía que ya se había decidido y no había marcha atrás.
_ ¿Y a quién nos llevamos? ¿A Jane? _ Inquirió Morgan, mirando por la ventana.
_ ¿Jane? Mira, la adoro, pero cuando tiene ese martillo en la mano su cabeza parece una jaula de grillos. No, nos tenemos que llevar a Natasha.
_ ¿A Natasha? ¿Por qué?
_ Es discreta, una gran espía… experta en combate… _ Hizo una pausa dramática. _ Y además es indestructible.
_ Es indestructible aquí, no ahí fuera. En el espacio hay metales más resistentes que el vibranium.
_ Sabes lo que quiero decir. Vamos al espacio y no necesita respirar… ni siquiera Jane puede darse un paseo espacial con ese martillo como si nada.
_ Supongo que ese argumento es irrefutable.
Unas horas después, armada con sus herramientas y con el material del que disponía en la tierra, quedó con Amy en una nave industrial abandonada. Natasha y Darcy habían dejado todos sus asuntos en orden al igual que ella y llevaban las maletas con ellas. Eso la hacía sentir presionada, porque originalmente no estaba segura de que pudiera hacer las reparaciones en un día. Se ajustó las pulseras de sus muñecas y se aproximó a la nave, que era bastante grande para lo esperado.
La nave era bastante aerodinámica, pero estaba claro que la pintura había visto días mejores. El azul y el naranja casi habían perdido el brillo que probablemente tuvieran en su día. Morgan la miraba con ojo crítico, buscando desperfectos que pudiera encontrar desde fuera que se le hubieran pasado por alto en la revisión fotográfica.
_ Supongo que habría que pintarla, pero lo dejaremos para cuando hayamos terminado con los arreglos, ¿No? _ Puntualizó Amy.
_ Sí, después de la parada en boxes… ¿Será antes o después de visitar el primer planeta que tenías pensado?
_ Después. _ Amy se encogió de hombros. _ Está de camino. ¿Tardarás mucho?
Morgan entró en el interior de la nave antes de contestar. En el interior todo estaba manga por hombro y lleno de polvo. Morgan no estaba costumbrada a trabajar en esas condiciones. Cuando se puso a trabajar, Darcy no pudo evitar hacer una observación obvia, que Natasha ya había estado pensando antes.
_ Amy… no he podido evitar notar que hay cinco asientos en el puente… somos cuatro. _ La miró a los ojos, cruzándose de brazos. _ ¿Me lo explicas?
_ Veréis… es que tengo un compañero… pero en este momento… digamos que está durmiendo. Cuando despierte va a necesitar esa silla.
_ Eso es sospechoso cuanto menos… _ Comentó Natasha. _ Sabes que no te quito ojo, ¿Verdad?
_ Cuento con ello. _ Amy se encogió de hombros.
_ Esto ya está listo. _ Morgan salió de entre los motores. _ Aguantará por un tiempo, pero es importante conseguir esas piezas cuanto antes.
_ Bien, sentaos y abrochaos el cinturón… la primera vez que se da un salto a velocidad luz es bastante molesto.
Morgan y Darcy se miraron después de abrocharse los cinturones. Ambas tenían la misma expresión, que denotaba que tenían la misma sensación en el estómago. Tensión, curiosidad, y al mismo tiempo… algo de miedo.
La nave salió disparada, atravesando el techo de la nave industrial. Morgan lanzó un chillido, Darcy se rio, presa de la adrenalina. Natasha permaneció totalmente impasible mientras la nave llegaba al espacio y alcanzaba tal velocidad que el espacio se desdibujaba a su alrededor.
Cuando la nave terminó su periplo a velocidad luz, Morgan tuvo que soltarse el cinturón rápidamente y coger un cubo para vomitar. Amy no había mentido, había sido desagradable. Darcy estaba revuelta, pero había logrado retener el desayuno.
_ No mentías, estoy como si me hubiera tragado un tren de carga. _ Bufó Darcy, ajustándose el escudo a la espalda. _ ¿Dónde estamos?
_ En el último planeta del que ha llegado la llamada de auxilio. Apenas debe hacer unas horas desde que la emitieron.
_ Y nosotros tardamos treinta y cuatro minutos en recibir una comunicación desde Marte… no hay justicia en este universo. _ Darcy bufó, hastiada. _ ¿Podrás aguantar, Morgan? ¿O prefieres quedarte aquí?
_ Estoy bien. _ Suspiró Morgan. Volvió a abrocharse el cinturón mientras Amy aterrizaba.
No estuvo tan bien cuando aterrizaron. La montaña de cadáveres aún continuaba siendo el adorno principal de la plaza de la ciudad. Aún corría sangre por el suelo, que manaba de aquella pila de muertos. Los gritos y la desolación llenaban el lugar. Darcy se quedó en escrupuloso silencio, con los ojos muy abiertos.
Morgan reaccionó de forma bastante más clara, echándose atrás cuando sus zapatos tocaron la sangre, colocándose sobre la rampa de la nave. Natasha se adelantó, observando a su alrededor, analizando los detalles. Para ella el impacto había sido mucho menor.
_ No han tomado prisioneros. _ Dictaminó. _ Temo que Amy tiene razón, están imitando a Thanos.
_ ¿Quién haría algo así? _ Morgan aún tenía problemas para asimilarlo. _ Después de todo lo que pasaron los Vengadores originales para deshacerlo.
_ Averigüémoslo… _ Amy se mostró fría, impasible.
Natasha la observaba. El lenguaje corporal de la agente había cambiado desde que habían abandonado la tierra. Se movía de forma rígida, mirando de un lugar a otro con fijeza, sin apenas pestañear.
Finalmente, la pelirroja pareció encontrar lo que estaba buscando. Se encaminó hacia una niña de piel azulada que, aferrada una muñeca, lloraba sentada en un banco. La muñeca estaba teñida con la sangre que aún corría por el lugar. Amy se sentó a su lado y simplemente le puso la mano en el hombro. Se miraron unos segundos y finalmente la muchacha la rodeó con los brazos.
_ Cuéntame… quién hizo esto… _ Le susurró. _ Quién te lo quitó todo.
La muchacha sollozaba copiosamente, pero no articuló ninguna palabra.
_ Cuéntamelo para que pueda darle lo que se merece.
Darcy y Natasha estaban observando en silencio. Morgan seguía sentada sobre la rampa de la nave. Amy había conectado de alguna forma con la niña, que pareció notar algo en su mirada, algo que le recordaba a lo que ella misma estaba sintiendo.
_ Estaba… buscando a alguien… Insistió mucho a madre antes de… _ Sollozó con fuerza, y Amy le rodeó con el brazo, consolándola al acariciarle el cabello.
_ Pequeña… no pasa nada. No está mal que llores… te dirán que no debes, pero te están mintiendo. _ La miró a los ojos. _ ¿A quién buscaba?
_ Eso no lo oí… _ Dijo la niña, bajando la vista. _ Pero pude oír cómo la llamaban.
_ Su nombre… _ Amy sintió que se le quedaba la garganta seca. _ ¿Cómo se llamaba?
La niña pareció dudar al ver la tensión en la pelirroja.
_ La llamaron… Gamora.
Amy se quedó un segundo congelada, abriendo la boca en una perfecta "O", producto de la sorpresa que la había envuelto en ese momento.
_ ¿Estás segura? _ Preguntó, una vez hubo recuperado la compostura.
_ Sí… _ Respondió, directa. _ Se presentó cuando llegó… Dijo que era la hija de Thanos.
_ Eso no puede ser… _ Amy le dio un último abrazo a la niña, le entregó una manzana y se dirigió hacia la nave.
_ ¿Ya tienes lo que buscabas? _ Preguntó Natasha, mirándola fijamente.
_ Probablemente bastante más…
Mientras tanto, entre las cenizas de otro planeta diezmado, la mujer de piel esmeralda aferraba a un hombre que suplicaba ya inútilmente por su pueblo.
_ Te lo preguntaré una vez más… _ Le dijo, clavándole la mirada. _ ¿Dónde está mi hermana? ¿Dónde está Nébula?
