A medida que caminaban entre los puestos Raki se llevó una mano a la boca para contener su risa. Hacer sonrojar a Clare se estaba volviendo un placer culpable para el joven. No quería incomodarla, pero esos breves momentos de inocencia en la joven alegraban su día. Aunque prefería que sucediera cuando ella no se veía forzada a esconder su identidad. Ver las mejillas rojas debajo de los ojos plateados le daba una sensación de realidad al suceso.

Todo comenzó un día cuando descansaban en una pequeña pradera, entre un mar de flores. Era una de esas extrañas circunstancias en las que él se encontraba despierto mientras ella dormía. Y no podía quitarle los ojos de encima y eso lo hizo descubrir una serie de cambios. Antes, todo su cuerpo se encontraba tenso, no como si estuviera lista para luchar en cualquier momento. Eso seguía allí. Lo que su cuerpo mostraba era una rigidez que parecía venir de una gran carga que llevaba sobre sus hombros. Pero después de la derrota de Priscilla, ese peso había desaparecido y su cuerpo reaccionaba a esta trabajosa liberación.

Ambas manos debajo de la cabeza y las piernas extendidas. El esbozo de una sonrisa torcía sus labios. Una mariposa revoloteó sobre su rostro para luego posarse en la punta de su nariz. En ese momento comprendió que quería que ella fuera libre para sentir sin tener que negar lo que era. Él no podía hacerla humana de nuevo, pero podía darle algo de humanidad a sus días.