La pareja no pensaba detenerse en el puesto, pero una voz llamó la atención de Raki al pronunciar su nombre. El joven la había conocido durante su tiempo con Isley y Priscilla y hasta ese momento no había vuelto a pensar en ella. Mepto, según tenía entendido era el nombre de la aldea, estaba siendo un lugar de reencuentros para él.

—Amanda. No puedo creerlo.

—El chico de las tortillas está aquí.

Ese era un apodo vergonzoso y esta vez fue Raki quien se sintió abochornado. Ella no pareció darse cuenta de esto al rodear el mostrador y colocarse junto a él. Clare se colocó al otro lado del joven.

—¿El chico de las tortillas? —preguntó la guerrera con curiosidad y algo más.

Raki volteó a verla y se llevó una mano a la nuca.

—Conocí a Amanda hace algunos años. Su caravana pasó cerca del campamento. Ellos tenían hambre y no muchas provisiones. Y en el campamento había muchos huevos así que…

—Cocinó para toda la caravana —terminó Amanda—. Tortillas simples, pero después de que unos bandidos se llevaran nuestras provisiones el día anterior… Las recibimos con gratitud. Y de ahí el apodo.

—Ah, él nunca habló de eso —dijo Clare sorprendida.

—Bueno —intervino Raki algo apenado—, la verdad es que no había pensado en el tema en mucho tiempo.

La voz de Amanda se hizo oír con un claro tono de indignación.

—Ey, no debes decirle a una chica que no has pensado en ella.

—Lo siento —dijo él, más apenado que antes.

Amanda se cruzó de brazos y lo miró de arriba abajo con sus profundos ojos negros. Sin decir nada más se inclinó hacia Raki y lo besó en la mejilla.

—Perdonado.

Ella sonrió ante la mirada confundida del joven, pero entonces notó por primera vez a la mujer junto a él. Era una joven hermosa, pero algo en ella la desconcertaba. Como si algo estuviera emanando de ella para alterar sus fibras más sensibles.

—¿Y ella es…

—Clare —respondió la guerrera.

—Bueno, Clare…Encantada.

Ella extendió la mano y por respuesta recibió un apretón. Nada agresivo, pero muy firme. Y uno que además le dio una oportunidad de atacar.

—Pero que bonitas manos tienes —dijo Amanda con un tono sincero a oídos de Raki—. Están tan bien cuidadas. Una oda a la vida acomodada.

En efecto, sus propias manos estaban llenas de cayos y al compararlas con las de Clare, lo primero que cruzó por su cabeza fue que la joven llevaba una vida de lujos. Su vestido solo reforzaba esa impresión. No parecía la clase de persona que estaría junto a Raki. El joven si mostraba los cayos y músculos que evidenciaban su duro trabajo. Por comparación ¿Qué podía tener él que ver con una chiquilla tan malcriada como aquella?

Raki, incapaz de ver la ofensa escondida, no pudo evitar sonreír ante esas palabras. Decidió continuar la conversación al creer que las mujeres se estaban llevando bien.

—Y por cierto ¿Qué haces aquí?

—Crema de pétalos.

La joven regresó al otro lado del mostrador dónde retiró un mantel que cubría una gran olla de metal. Pese al nombre, el contenido era una especie de sopa de un amarillo suave y aroma dulce.

—Te daré un poco. Es mi especialidad.

—La mía es la tarta de gallo —dijo Clare interviniendo en la conversación de repente.

—¿Cómo?

Amanda estaba confundida. Tanto por la repentina intervención como por el platillo en cuestión. Para ella ese solo era un berrinche de niña rica.

—Sí, no será tan delicado que tu crema, pero es más fácil de hacer.

Amanda empezó a recuperarse de la sorpresa y buscaba nuevas formas de contrarrestar la ofensiva. Sin darse cuenta estaba construyendo una fuerte rivalidad hacia Clare que iba más allá de Raki. O mejor dicho hacia la Clare que estaba construyendo en su mente. Fue de inmediato, pero ya sabía que no le agradaba esa mujer.

—Desde luego, supongo que no debe ser un problema prepara eso. En especial después de que alguien más mate al gallo.

Clare sonrió.

—Oh, pero esa es la parte fácil.

Sin dejar de sonreír se llevó un pulgar al lado izquierdo del cuello y trazó una línea recta hasta el derecho.

—Sé cortar cabezas.

Y sin decir más nada dio media vuelta y se marchó. Amanda miró a Raki con una expresión de asombro y miedo. La forma fría en la que lo había dicho se oponía a su mimado aspecto, pero algo en su semblante y voz le decía que no exageraba.

—Raki ¿Quién es esa mujer?

—Una persona muy amable… Cuando la conoces bien.