La guerrera dejó que Raki la condujera alrededor del relieve en el que se habían levantado los puestos. El clima era muy agradable y se sentía a gusto en ese momento, pese a que ya había tomado la píldora supresora. Guardaba en su memoria las sensaciones recientes y las disfrutaba pese a su ausencia. Esa caminata le recordaba a algunas escenas de su vida humana, cuando veía a las parejas caminando de esa forma desde la ventana de la cocina. Una vez le había preguntado a su madre por qué algunas personas iban de esa forma si parecía entorpecerlos. La mujer se rió de su inocencia y le dijo que ya entendería porque a veces a las personas les gusta la torpeza.
Era una memoria placentera. Recordaba haber fruncido el ceño mientras se cruzaba de brazos. En aquel entonces pensó que solo era un comentario burlón de su madre. No había tenido tiempo de volver a pensar en el asunto. Ese sencillo comentario acababa de resurgir de manera inesperada, un poco dolorosa pero también divertida. Ahora entendía los beneficios de ese andar tan torpe y la razón de que las personas optaran por este.
Le hubiera gustado saber si Raki tenía recuerdos similares con su familia. Pero temía preguntar. No quería ser entrometida o irrespetuosa. Siempre sucedía lo mismo; sabía que era una persona más frágil que ella en muchos aspectos. Como una figurilla de cristal que podía escaparse de entre sus dedos de niña curiosa y romperse en el suelo. Una persona con tacto hubiera sido capaz de lidiar con esas dificultades, pero ella no se veía capaz de manejar ese escenario.
—Clare.
—¿Sí?
—Gracias.
—¿Por qué?
—Por esto. Cuando era pequeño me preguntaba si algún día daría un paseo como este con una muchacha. Veía a los muchachos mayores haciéndolo y nunca entendía por qué. Hoy me ayudaste a aclarar ese misterio.
Eso último lo dijo con una risita que Clare correspondió.
—Eso suena muy distinto al niño que salió detrás de una guerrera y le dijo que era bonita.
Se odió de inmediato por pronunciar esas palabras. Lo último que quería era que él supiera que recordaba esas palabras, que hasta ese día pensaba en ellas de vez en cuando. Por suerte no demostró una especial atención a esto.
—Bueno, ese niño no sabía ponerle un freno a su lengua y siempre decía lo que pensaba.
No pudo con su curiosidad.
—¿Crees que ese niño siga aquí?
Raki meditó la respuesta por unos segundos. Ella quería preguntar más cosas, pero en especial deseaba saber si ese niño seguiría pensando de la misma forma.
—Eso creo.
Y tras un instante agregó.
—Y sigue pensando de la misma forma.
