Raki se adelantó y esperó por ella a los pies de la escalera. Ella bajó con solemnidad reverente, como si debiera alguna forma de respeto monacal al anfitrión. Este se encontraba junto a Raki, una tensión expectante recargada contra sus músculos. Pudo oír una moribunda exclamación cuando sus plateados ojos hicieron contacto con los suyos. Klein retrocedió unos pasos, pero no perdió la compostura. Los tres permanecieron en silencio por unos instantes, evaluando la situación con cuidado.

Se sentaron a la mesa, pero no cenaron. Hubo una breve puesta al corriente para el novio que escuchaba con cuidado. Contrario a lo esperado, pidió muchos detalles sobre la guerra del norte. Clare respondió como pudo, manejando con cuidado la información que ofrecía. No se refirió a todos los detalles, solo los más necesarios. Al terminar, Klein se reclinó en la silla y colocó ambos codos en la mesa, entrecruzó los dedos y reclinó el mentón sobre ellos. Meditó sus palabras con cuidado antes de decidirse a hablar.

—Es verdad que es una situación extraña. Pero esta es la cuestión. Hace años, mi futura esposa, Leonor, se hallaba en Pieta con su tío cuando la ciudad fue atacada por monstruos. Estaban en la plaza central cuando un monstruo apareció de la nada. En un parpadeo, todos estaban muertos excepto ella. El monstruo la capturó y comenzó a reírse mientras decía que la había dejado con vida para devorarla. Fue entonces que una de las Claymor apareció y la salvó. Ella pudo vivir ese día gracias a una Claymore.

Klein extendió una mano y trazó un símbolo en el aire que Clare reconoció de inmediato.

—Incluso hoy en día recuerda el emblema grabado en la espada de la guerrera.

—Miria —dijo Clare.

Klein escuchó el nombre y meditó el asunto por unos segundos más. Esta vez relacionando el nombre con la guerrera de la que Clare había hablado.

—Ella no siente un afecto especial hacia tus congéneres, pero si tiene la misma gratitud hacia esta mujer que la que tendría por un humano. Y yo por consiguiente, comparto sus sentimientos. Y siendo tu una de sus subordinadas, también tienes mi gratitud.

Miró a Raki

—De no ser por eso, dudo que nuestra amistad fuera suficiente para que sostuviera mi invitación. Hablare con Leonor mañana. Creó que es justo que ella sepa de esto. Pero en cualquier caso, pueden quedarse aquí hasta mañana.

Discutieron un poco más, pero nada relevante surgió de eso. El plan había quedado definido y le siguió una cena tranquila en la que Clare notó que el muchacho trataba de hacer conversación normalmente, pero cada tanto sus reservas se hacían evidentes mediante gestos o silencios incomodos. Pese a eso, la situación no fue desagradable y definitivamente resultó mucho más amena que el trabajo que hubiera implicado sostener la fachada. En defensa de esa noche, pudo disfrutar de una comida deliciosa que nunca antes había probado. El pollo se deshacía en su boca y la salsa le dejaba un cosquilleo agradable en el paladar. Últimamente estaba comiendo más de lo que solía y en esa ocasión pudor dar cuenta de una pata entera del ave. Al terminar, por primera vez en mucho tiempo se dio cuenta de que le hubiera gustado poder comer un poco más. E incluso le hubiera gustado poder disfrutar de esa comida a solas con Raki. Incluso sin un techo bajo sus cabezas, y con la oscuridad de la intemperie, se habría sentido cómoda.

Más tarde, Clare se hallaba de nuevo en la buhardilla, sentada en la cama y mirando por la ventana. El cielo despejado adornado por cientos de estrellas le transmitía cierta paz y quietud. Klein se había retirado a descansar y en esos momentos Raki subía por las escaleras. Se sentó a su lado, a cierta distancia y mirando también por la ventana.

—Tal vez no salió muy bien, pero tampoco salió tan mal.

Ella asintió.

—Es agradable no tener que fingir, al menos en esta casa y por esta noche.

Un hilo de plata cruzó el cielo en dirección a la tierra ante las miradas de los jóvenes y no tardó en ser seguido por otro. Luego un tercero y un cuarto. Después de eso perdieron la cuenta. El joven no pudo evitar notar los destellos que estas luces celestes causaban en los ojos de Clare. Ella en cambió contemplaba el espectáculo con una frágil sonrisa en su rostro.

—Estrellas fugaces —dijo ella—. Tenía mucho tiempo que no las veía.

—Es verdad.

La plateada lluvia siguió deslizándose en el firmamento y la contemplaron en silencio. Raki se encontraba absortó en esta e indeciso sobre cuando retirarse a dormir. No quería permanecer allí más tiempo del necesario y volverse una molestia, pues sabía lo mucho que la mujer apreciaba algunos momentos de privacidad. Pero estas preocupaciones desaparecieron cuando la cabeza de Clare se apoyó sobre su hombro con suavidad. Sin saber qué hacer, solo pudo tragar algo de saliva con dificultad y entrujar las sabanas entre sus dedos. Su cuerpo se había tensionado ante ese repentino contacto.

—Si no estás cansado ¿Te molestaría quedarte conmigo un poco más?