Clare había hecho el té usando el agua caliente que Klein dejó antes de salir de la casa. Mientras lo preparaba no dejó de pensar en lo inesperada que resultó su noche. En medio de la lluvia de estrellas Raki se había quedado dormido, pero sin desplomarse. Ella lo contempló en silencio e incluso le acomodó un mechón de cabello con cuidado. Necesitaba descansar, pero al mismo tiempo no quería arriesgarse a despertarlo y perder esa cercanía en la que se hallaban.
Fue su cuerpo el que decidió el final de ese momento, pues en cierto punto empezó a inclinarse hacia atrás. Ella lo sujetó con un brazo y lo recostó en la cama de manera similar a cómo había hecho aquella vez que lo llevó a una posada. Al pensar en eso no pudo evitar recordar al niño que había sido y compararlo con la persona que era ahora.
—Realmente has crecido.
Pensó en abandonar la buhardilla, pero en vez de eso se sentó junto a la cama con los brazos cruzados. La respiración de Raki le acariciaba la nuca y la sensación le resultaba agradable, por lo que mantuvo esa posición durante toda la noche. Casi como si custodiaría los sueños del muchacho.
Ahora se hallaba sentada en la mesa de la cocina. Raki bebía el té frente a ella, deteniéndose cada tanto para cortar una rebanada del bollo de miel que había tomado de la cesta. La casa estaba bien iluminada por la luz que llegaba desde las ventanas. La actividad festiva del pueblo ya entraba por ellas. Sin embargo, para Clare lo que sucedía dentro de la casa era mucho más ameno. Se llevó un dedo a la mejilla pensativa, reflexionando en lo que estaba sucediendo. Hace poco más de un año, no hubiera creído que viviría un momento como ese y mucho menos que tendría abiertas las puertas para repetir la experiencia más veces. La vida que tenía ahora frente a ella era tan diferente al futuro que se había imaginado.
—¿Sucede algo? —preguntó Raki antes de llevarse una nueva rebanada a la boca.
—Solo pensaba.
—¿En qué?
—En nosotros.
La respuesta fue tan sincera y repentina que Raki casi se ahoga. Una vez que se hubo calmado, Clare prosiguió.
—Yo… realmente quisiera poder imaginar el mañana. Pero las cosas nunca salen como creo que lo harán. Entonces solo pienso en dejarme llevar… Y es entonces que me doy cuenta de que la idea me aterra.
Esa era la primera vez que Clare admitía frente a él que tenía miedo. La muchacha que había luchado contra monstruos en sangrientas batallas, tenía miedo de su propia libertad. Una revelación inesperada para esa mañana.
—Puedes ir descubriendo lo que quieres día a día. Tenemos tiempo ahora.
—Ese es el problema. No sé lo que quiero. O si quiero algo en particular.
—¿Hay algún lugar qué te gustaría ver?
Clare negó con la cabeza. Pero de repente sus ojos ganaron cierto brillo inexplicable que fue ocultado por sus parpados. Subió un codo a la mesa y reclinó la cabeza en su palma abierta.
—De hecho, si me gustaría visitar algunos lugares. Aunque no son exactamente placenteros. Son lugares dónde perdí a diferentes personas.
—Podemos hacer eso si quieres —dijo Raki con un tono solemne.
—Y si se trata de lugares placenteros… Me gusta Rabona… Pero más que eso, me gustaría estar cerca del lugar dónde volví a ver a Teresa.
Él esperó en silencio a que ella continuará.
—Y en ese lugar… Me gustaría ver una casa.
Todavía con los ojos cerrados, Clare sonrió y Raki no pudo evitar imitarla.
—No tiene que ser muy grande y mucho menos lujosa. Pero me gustaría un lugar que pueda llamar nuestro.
