Humanos Sobre la Tierra
Eva, madre de los doce humanos del mundo había convencido a su esposo de que Caín ayudara con el labrado de la tierra y que mantuviera a Abel pastoreando las ovejas para así dividirse el trabajo. De esa manera ella tendría más tranquilidad durante todo el día al saber que los dos jóvenes estaban separados. No habría altercados, mal entendidos, ni desacuerdos, mientras ella no estuviera cerca. Nunca le había comentado a Adán por qué su insistencia. Todo se debía a la constante pesadilla; donde todas las noches veía a Caín comiéndose a su hermano Abel. Ya sus hijos tenían dieciséis y catorce años; y ella seguía aterrada de que en cualquier momento se cumpliera la terrible premonición.
Cuando fueron expulsados del Edén, Adán no lograba entender bien por qué Eva le hiso caso a la serpiente y comió del fruto prohibido. El ingenuo nunca entendió que cuando Dios se refería al "fruto prohibido" hablaba de los seres divinos. Eva tampoco se lo iba a explicar. Algo había aprendido muy bien de Samael. Adán solo pecó al tomar como mujer a una adultera. Su esposo siempre pensó que Caín y Awan; su primera pareja de gemelos, nacieron con el pelo platino porque habían sido concebidos en el Edén. Eva muy convenientemente nunca lo sacó de su error. Luego nacieron Abel y Delbora que tenían ahora 14 años, Eliseel y Noaba de 11, Suris y Lectas de 7, Elamiel y Sifa de 3 y Brabán y Tesia de 6 meses. Todos parejas de gemelos de varón y hembra.
Adán llamó a Eva para contarle que había hablado con Dios. Según Adán, Dios le explicaba que ya los muchachos estaban en la edad de aparearse, 16 y 14 años de edad. Que debía casar a cada gemelo cruzado con el hermano del otro. No los dos que nacieron en el mismo parto. Eva palideció al pensar en su premonición; Caín y Awan eran demasiado apegados. Awan era hermosa, tan bella como su padre Samael, por el contrario Delbora, no era tan agraciada como su hermana. Eva le comentó su preocupación a Adán. Le dijo que Caín no iba a ceder tan fácilmente a su gemela; que mejor cada uno de los muchachos ofreciera a Dios una ofrenda y la que Dios viera con agrado se quedara con Awan.
