— Oye Mikasa, ¿puedes unirte a mi grupo para la cacería de mañana? —preguntó entusiasmada Sasha.
Era de noche y la última campana ya había sonado, lo que indicaba que debían encontrarse en sus habitaciones listos para dormir. De hecho, deberían estar dormidos ya.
— Creí que ya estaban completos... —respondió Mikasa algo confundida.
— Solo estamos Connie y yo, pero contigo, seguro que comemos carne de jabalí mañana —la castaña se escuchaba emocionada, seguro por la carne.
— ¡Silencio! Déjennos dormir —se quejó Ymir desde la otra cama, lanzando un zapato en dirección a Sasha pero falló el tiro.
— Ah... Lo siento, mi salvadora —se disculpó la chica papa. Aun llamaba así a Ymir desde el primer día que ella la llevó a su cama cuando cayó desfallecida luego de correr todo el día como castigo —. Entonces... —continuo en susurros— ¿Qué dices?
— No tengo problemas —respondió la ojigris, de todos modos ella aun no tenía equipo.
— Genial —agradeció—. Buenas noches, Mikasa.
Mikasa solo asintió y se acomodó en su cama para dormir. Llevaba ya un año conviviendo con sus compañeros de la milicia y, para su sorpresa, no le resultó nada incómodo. Desde hace un par de meses que empezó a prestarles más atención y a la gran mayoría de ellos los consideraba buenas personas. No obstante, aunque haya empezado a tomarle aprecio a los demás, no podía igualarse a cuanto apreciaba a Eren y Armin, ellos siempre serían sus favoritos por así decirlo.
Se encontraba en un lugar que no reconocía, había arena en sus pies y una gran roca justo al lado que impedía ver más lejos. Intentó observar más allá pero no podía. No veía bien, alguien le bloqueaba la mirada, era Armin. No, él no intentaba bloquear nada, era ella quien no se movía.
Armin se veía algo diferente, ¿se había cortado el cabello? Si, sin duda lo llevaba más corto, pero había algo más en él. Siempre reparó en el delicado rostro de su amigo, no había cambiado mucho desde la infancia, pero este Armin se veía... ¿más maduro? Si, tal vez esa era la palabra correcta.
Pudo distinguir a más personas a su alrededor, Connie, Jean, Annie, Reiner y... ¿Quién era esa? Había una chica de cabello negro y largo junto a ellos pero nunca la había visto. Pero lo más raro era que ella parecía estar encima de un titán, ¿por qué rayos había un titán ahí?
Todos se veían de la misma manera que Armin, se veían más adultos, ¿Qué estaba pasando?
— Dime Armin —habló Annie—. Dime tu gran plan. Tal como lo hiciste cuando me atrapaste.
¿Cuándo la atrapó? ¿A qué plan se refería?
— Ese plan no existe —contestó la desconocida—. Arreglemos esto de una vez o fallamos y perdemos el bote volador.
¿Bote volador? ¿De qué demonios estaban hablando?
— Espera —interrumpió Connie—. ¡Sabes que estamos aquí para salvar a las personas, ¿verdad?! —gritó el chico de forma desesperada— Entonces... ¡¿Por qué haces que suene como que vamos a sacrificar a toda esa gente en la isla?! ¡¿Cómo llegamos a esto?!
¿Isla? ¿Qué significaba eso?
Vio como Annie decía algo, pero un horrible pitido empezó a sonar, no pudo escuchar nada de lo que decía la rubia. Poco a poco empezaba a ver borroso y todo empezó a dar vueltas.
Despertó de forma imprevista y se vio obligada a sentarse en la cama. Soñó. Hace un par de meses que no soñaba, desde que estuvo pensando en esa frase sin sentido. Pero vaya sueño raro el de esta vez. No entendía nada de lo que pasaba pero el ambiente se sentía tenso.
Si bien, la apariencia de Armin la sorprendió, lo que realmente le llamó la atención fue Connie. Él había gritado con una expresión de real desesperación. No es raro que el chico grite pero jamás lo había visto con esa mirada, aunque no es que le haya tomado tanta atención antes. Como sea, solo fue un sueño raro, la tomó por sorpresa y la tensión aun la sentía sobre ella, pero ya debía olvidarla. Volvió a recostarse, y al igual que hace un par de meses después de su última pesadilla, se durmió casi de inmediato.
Escuchó el sonido de la primera campana y antes de que pudiese abrir los ojos, fue alertada por una voz muy animada.
— ¡Ya despierten chicas, hoy es un día especial! —como nunca, Sasha había despertado con la primera campana y se encontraba ya de pie.
— ¡Sasha, cállate! —respondió Ymir enojada e intentó lanzarle un zapato, pero el que tenía cerca ya lo había lanzado la noche previa y el par de ese no sabía dónde estaba.
— Buenos días chicas —saludó Christa estirándose con un bostezo para luego dedicarles una sonrisa.
Las cuatro empezaron a tender sus camas y fueron en dirección a las duchas. Una vez allí, bajo el agua de la regadera, empezó a rememorar. Había soñado pero nuevamente no recordaba nada, solo reconoció las voces de sus compañeros Annie y Connie, pero no se acordaba siquiera lo que habían dicho. Tal vez no había sido muy importante.
Terminó de bañarse de manera rápida y salió. Igual tendría que volver a ducharse al final del día por lo que decidió no tomarse su tiempo. Se vistió con su uniforme y fue al comedor a desayunar. La misma mesa de siempre y esperó a sus amigos con los que siempre comía. Cuando llegaron ambos, la saludaron. Mikasa al ver a Armin sintió algo raro, como si algo no encajase; para ser precisos, no reconocía bien el rostro de su amigo. Pero no había absolutamente nada diferente en él, se veía igual que todos los días. Decidió ignorar eso y continuar con su desayuno.
Pudo ver como en la mesa de al lado, Sasha comía muy animada su desayuno. Ese día tenían caza. En grupos de tres irían al bosque del este y lo que cazasen, podían cocinarlo como podían y comerlo. Nadie regresaría al campo de entrenamiento hasta la noche, de frente a las habitaciones.
— Bueno, deberíamos ir por lo que necesitamos para la cacería —dijo Eren terminando su desayuno—. Al menos con Mikasa en nuestro grupo sobreviviremos el día fácilmente.
— Ah, estoy en el grupo de Sasha —avisó la chica.
— ¡¿Ah?! —exclamó el castaño— ¡Se supone que ibas con nosotros!
— Sasha me lo pidió anoche, y como no tenía grupo aun...
— ¡Pero...!
— Ya Eren —lo interrumpió Armin—. Por eso te dije que debíamos preguntarle antes, pero tú asumías que ella iría con nosotros.
— Lo siento... Es algo tarde para decirle a Sasha que no —se disculpó Mikasa.
— No te preocupes Mikasa, Eren solo está molesto porque rechazó a Mina pensando que tú estarías con nosotros, pero no le hagas caso —explicó Armin—. A mí me dijo Mylius que aún no tenía grupo así que lo invitaremos —esta vez se dirigió a Eren.
— Si, está bien —le dedicó una aguda mirada a la chica antes de retirarse en compañía de Armin.
— ¡¿Lista, Mikasa?! —llegó Sasha y se lanzó a abrazarla por detrás, muy emocionada.
— Ah...si... —respondió la ojigris, con la mirada aun perdida en la dirección por donde habían desaparecido sus amigos de la infancia.
Fueron por las cosas que necesitarían para la cacería. Se reunió con Sasha y Connie y se dirigieron al este, el instructor Keith Shadis se encontraba en la entrada del bosque y vigilaba la entrada de todos los miembros de la Tropa de Reclutas N° 104 en grupos de tres.
Una vez dentro del bosque, Sasha tomó el liderazgo del equipo. Sugirió ir primero por la derecha para después adentrarse en el lugar, dijo que los animales grandes solían ocultarse por esa zona.
— ¡Lo veo! —gritó el chico— ¡Por ahí! —dijo señalando detrás de unos arbustos.
— Connie, no grites —le dijo Mikasa calmada mientras Sasha le daba un zape en la cabeza al chico.
— ¡No debes espantar a la presa, idiota! —gritó Sasha, pues el animal ya había huido.
— Si lo encontramos tan rápido, quizás haya muchos de ellos por esta zona —Mikasa intentó calmar a Sasha.
— Bien, ¡vayamos!
Siguieron buscando qué cazar, pero solo encontraban pequeños animales silvestres que, si bien los atrapaban, no satisfacía a la castaña del grupo.
— No creo que haya más de esos jabalís por aquí —comentó Connie algo agotado de tanto recorrer el bosque, ya ni sabía en qué parte estaban.
— ¡Sí que hay! —respondió Sasha— Desde hace un rato que llevo siguiéndole el rastro.
— Descansemos un rato, tengo hambre —se quejó el chico.
— Lo mejor sería que preparáramos la carne que ya tenemos —dijo Mikasa, sacando toda la madera que había ido recolectando en el camino—. Haré una fogata.
— ¡Sí! —exclamó Connie feliz.
— Está bien... —se resignó Sasha, nunca rechazaría la hora del almuerzo.
Luego de una hora, el trío se encontraba comiendo alegremente. Tenían muchos conejos cazados por lo que abundaba la carne, para alegría de Sasha, pero ella aun ansiaba la carne de jabalí que no pudieron cazar aún.
— ¿Saben...? No pensé que Mikasa estaría en este grupo —expresó Connie—, me sorprendió. Pensé que irías con Eren y Armin como siempre.
— ¡Si! La verdad temía que rechazaras mi invitación anoche —estuvo de acuerdo Sasha.
— Me invitaste primero, no tenía grupo así que no había razón para decir que no —respondió Mikasa.
— Bueno, supongo que es bueno que de vez en cuando te separes de ese par —comentó el chico refiriéndose a Eren y Armin —sueles estar muy pegada a ellos.
— ¿Se conocen desde la infancia, cierto? —preguntó la castaña.
— Si —respondió la azabache.
— Claro... También eres de Shiganshina —opinó el chico—. No debió ser fácil para ninguno de los tres.
— Ustedes son como una familia supongo —dijo Sasha.
Una familia... Si, se podría decir, pensó la azabache. Al ver que la chica no respondía, Connie prosiguió con otro tema.
— ¿Por dónde nos dirigiremos después? —preguntó Connie.
— Nos adentraremos más en el bosque y cruzaremos al lado izquierdo —respondió Sasha.
— Terminaríamos rodeando el bosque entonces —analizó Mikasa.
— Si, de esa manera tendremos modo de salir y de atrapar siquiera a uno de esos bebes —contestó Sasha babeando, de seguro pensando en el jabalí que quería atrapar—. Incluso...
— ¡Sh...! —interrumpió Mikasa— Hay alguien por ahí —dijo señalando a los arboles de la derecha.
Se vio como las hojas se movían y los tres se preparaban para atacar en caso fuese uno de los osos que habitaban el lugar. Sin embargo, bajaron sus armas al ver que una cabellera rubia salir de los arbustos.
— ¡Oh! Hola chicos, que sorpresa —les sonrió Christa.
— ¿A quiénes viste? —preguntó Ymir saliendo por detrás— Ah, son ustedes, que sorpresa.
El grupo de Christa, Ymir y Daz parecía estar perdido por lo que les indicaron en qué lado del bosque estaban actualmente. Con la información dada, se retiraron para no incomodarlos.
Continuaron con su búsqueda del jabalí. Después de un par de horas, identificaron las huellas del bendito animal por el lado izquierdo del lugar. Esta vez, con precaución, se acercaron. Sasha sacó su arco y sus flechas, dispuesta a realizar su gran hazaña e imaginando ya la cena que tendría. Tres flechas impactaron en el pobre animal, dejándolo en el suelo. No obstante, la perpetradora no había sido la castaña. Mylius salió por detrás, dispuesto a reclamar su premio.
— ¡Bien! —exclamaron dos voces más saliendo detrás de Mylius. Armin y Eren se mostraban contentos de la gran caza de su tercer compañero.
— ¡Hey! ¡Ese era nuestro! —gritó Sasha.
— Yo vi como las flechas de Mylius atravesaron al animal —contestó Eren.
— ¡Pero nosotros veníamos siguiendo al animal desde el otro lado del bosque! —comentó indignado Connie.
— Es una lástima —respondió Mylius con altanería.
— No peleemos chicos —Armin intentó calmar las cosas.
— El jabalí es nuestro, si lo quieren pueden acercarse a recogerlo —propuso Mikasa adoptando una pose de pelea, la verdad era que ella también quería al animal y ya estaba oscureciendo como para buscar otro. Debían salir del bosque.
— Oigan... ¡¿Es en serio?! —exclamó Mylius.
— ¡Eso es Mikasa! —apoyó Connie— ¡Acérquense si pueden!
— ¡Atrévanse cobardes! —gritó Sasha.
— Oye Mikasa —alzó la voz Eren—, eres consciente que nosotros lo atrapamos, es nuestro.
— Acércate entonces —lo retó.
Eren se sorprendió por eso. Era la primera vez que Mikasa lo retaba de esa manera, no entendía cuál era la razón de ensañarse tanto por un animal, ella no era así.
Por su parte, Mikasa se sentía curiosa por un enfrentamiento con Eren. Ella sabía que ganaría pero aun así, le agradó la expresión de sorpresa del castaño ante su reto. Ella no era de encapricharse con ese tipo de situaciones, no pelearía por un animal grande, había más animales que ya habían capturado. Sin embargo, sabía cuánto Sasha había querido cazar uno de esos y cuánto era su ansia de cenar ese tipo de carne. No importaba que fueran Eren y Armin quienes estuvieran en el otro equipo, los enfrentaría, no es como que fuese a lastimarlos mucho.
No obstante, durante esos momentos de tensión entre ambos grupos. Pasó Reiner a gran velocidad y se llevó al jabalí sin que nadie pudiera hacer nada. Para cuando reaccionaron, el grupo de Reiner, acompañados por el grupo de Ymir, se habían adentrado y no se les veía más.
— La mitad es nuestro Reiner —dijo Ymir—, te dije por dónde había ido el grupo de Sasha.
— ¡Ymir! Lo que hicimos fue injusto —se quejó Christa.
— Me siento mal por Eren y Armin —comentó Berthold con un poco de pena por sus compañeros.
— Da igual, quien lo toma se lo queda —expresó Annie de forma monótona.
Regresando a los dos grupos anteriores...
— ¡Eso pasó porque ustedes no aceptaban que el animal era nuestro! —se quejó Connie.
— Creo que te falta más que solo cabello en esa cabeza tuya, Connie —lo provocó Mylius.
— ¡¿Cómo dijiste?! —Connie se lanzó a los golpes tras esa ofensa.
— Ah... —suspiró Armin, resignado.
— Ya olvídenlo, mejor vayamos saliendo del bosque que ya oscurece —sugirió Eren.
— ¿Sasha? —la llamó Mikasa al ver que la castaña se encontraba con la mirada hacia abajo y el rostro sombrío.
— ¡Aaaaaaaaah! —gritó la chica alzando la cabeza— Ya bueno... —dijo tras un suspiro de resignación y de tristeza.
Ambos grupos salieron del bosque y regresaron al campo de entrenamiento donde pasarían lista. Fueron a las duchas ya que el esfuerzo del día lo ameritaba. Luego cenaron lo que habían cazado y fueron a sus dormitorios.
— La carne de jabalí está muy buena —exclamó Ymir, sabiendo que eso le dolería a Sasha.
— ¡Ymir! No seas así... —la regañó Christa.
— Solo digo la verdad —se excusó.
Sasha se cubrió por completo con la sábana. No tenía ánimos de pelear siquiera. Mikasa se sintió mal de ver a Sasha, quizás si no hubiese retado al grupo de Eren y se hubiesen llevado al animal, Sasha no estaría así.
— Lo siento, Sasha —se disculpó la azabache—. Debí ser más rápida y no perder tiempo con el equipo de Eren.
— ¿Qué? —la castaña se descubrió el rostro— No es tu culpa, Mikasa. En realidad... Me agradó cuando los retaste —dijo riéndose un poco—. No creí que te enfrentarías a Eren, hubiese sido interesante de ver.
— Bueno... tal vez si... —esbozó una pequeña sonrisa la azabache.
— Ya cállense las dos —las calló Ymir.
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Bueno, solo por si desean saber, esta obra esta completa en mi cuenta de wattpad, solo que recién descubro cómo se usa fanfiction 😅
