Ya se podían escuchar los ronquidos de Sasha y, con más razón, Mikasa no podía conciliar el sueño. No. No podía culpar a la castaña de eso. La verdad era que ya llevaba un par semanas sin poder dormir hasta altas horas de la noche. Se sentía muy culpable, ¿Por qué besó a Eren? Ella no era así. Admite que realmente tenía ansias por ello y que, a fin de cuentas, le gustó pero, ¡así no era como debía ser! Probablemente las cosas cambiarían y odiaba eso. De hecho, ya habían cambiado, evitaba cualquier acercamiento innecesario con el chico y de ser posible, no le hablaba, ¡se moría de vergüenza!
Todo era tan incómodo. Cometió una estupidez y si ella pudiera, retrocedería el tiempo y cambiaría las cosas. Mikasa suspiró profundamente, ¿en qué lío se había metido ella sola? Hasta pensaba que exageraba al ver a Eren tan tranquilo, pero cuando él le pedía hablar, ella simplemente se excusaba. Aunque eso no evitaba que ella siguiera manteniendo su mirada fija en él en cada momento de los entrenamientos.
Armin parecía no saber nada. Se le veía muy confundido cuando notaba la tensión entre sus amigos y aunque hacía el intento por hablar con ella, simplemente no podía decirle lo que pasaba, ni ella sabía. Los párpados le pesaban por lo que, inevitablemente terminó quedándose dormida.
Se encontraba en una especie de bodega, había una especie de globo grande y ovalado con estructuras como ramas, una a cada lado. Nunca había visto algo así en su vida, no sabía qué era. También había personas junto a esa cosa, pero estaban algo lejos por lo que no reconocía a ninguno. Podía ver agua corriendo a un lado del lugar, pero apenas lograba verlo de forma superficial, su atención no estaba en ello. Notó como una chica rubia estaba sentada a un lado de ella, tuvo que bajar la mirada para verla, al mismo tiempo que se daba cuenta de que llevaba una caja con, lo que parecía ser, un equipo de maniobras.
— Lo lamento... —habló la chica, pudo reconocer la voz, era Annie— Pero no. Esto de salvar a la humanidad... No lo comprendo por completo —su voz se notaba decaída y hasta cierto punto, triste—. De hecho, como eldianos marleyanos, hemos sido perseguidos por esta "humanidad" que intentan salvar.
Mikasa no entendía de que hablaba Annie, pero no se esforzó en comprender, solo dejó que la rubia siguiera.
— Durante toda mi vida... Incluso si el retumbar se detuviera aquí, Marley ya ha caído, así que... No hay nadie que respalde a los eldianos ahora. Nadie nos protegerá...
"Eldianos" "Marley" eran términos que Mikasa no entendía, y ¿a qué se refería con "el retumbar"?
— Me siento mal, de verdad... —continuo Annie— Ellos están apostando todo por la vaga esperanza de que pueden salvar su tierra natal —dijo observando a aquellas personas que Mikasa no había podido reconocer antes—. Pero... ya no puedo seguir luchando. Al menos, dame mis últimos momentos...para vivir...en paz.
Mikasa volvió a ver al grupo de ahí. Ahora los veía con más claridad pero no conocía quienes eran. No obstante, pudo distinguir a Armin entre esas personas. Un Armin mucho más alto del que conocía, y cuyo rostro de niño había desaparecido por completo.
La primera campanada del día se escuchó fuerte y la chica despertó de pronto. Había vuelto a soñar después de un par de semanas pero en esta ocasión, parecía que su sueño fue interrumpido. Siendo consciente de la hora, se levantó para hacer sus actividades de rutina y se dirigió a la ducha rápidamente.
Lamentablemente, a pesar de no haber vuelto a dormir, Mikasa no recordaba por completo su sueño. Estaba Annie, una chica con la que, hasta el momento, no había intercambiado más de tres palabras. No recordaba lo que la rubia había dicho en su sueño, pero se acordaba de su voz y el tono de la misma, este era apagado y con un aire de tristeza. No sabía por qué pero se sentía intranquila.
Se vistió y fue a desayunar, a pesar de la serenidad de su rostro, se podía distinguir un aire de incomodidad. Como casi siempre, ella era la primera en llegar al comedor. Al cabo de unos minutos llegaron Eren y Armin.
Armin empezó la conversación con entusiasmo. Ese día tenían clase teórica, lo que no suponía ningún esfuerzo físico, es por ello que ninguno vestía uniformes de combate ese día. El rubio sabía que era en lo que más destacaba por lo que se veía muy confiado.
Por otro lado, Eren se la había pasado mirando a Mikasa todo el desayuno, al igual que todos los días previos. Esto ponía muy nerviosa a la chica, ¡y él lo sabía! No había dicho nada hasta ahora pero la situación era muy incómoda.
— Deja de mirarme —pidió la chica de forma serena.
— ¿Por qué? —preguntó Eren.
— Porque me incómoda —respondió ella.
— Tú me ves todo el tiempo y no te he dicho nada —atacó el castaño. Mikasa no tenía defensa para eso.
— Pasa algo entre ustedes —dijo Armin, era más una afirmación que una pregunta.
— No
— Si —la respuesta afirmativa de Eren contrastaba con la negativa de Mikasa.
— La clase empezará dentro de poco, vamos —se levantó la chica de la mesa y se fue dejando a sus amigos aun ahí. Realmente muy incómodo todo.
— ¿Qué pasó? —preguntó Armin a Eren.
— Que te diga ella —respondió el chico levantándose también para ir a la clase.
Mikasa llegó al aula donde recibirían la teoría, no había muchas personas aún. Ella solía sentarse con Eren y Armin a mitad del salón, en la tercera mesa de la columna del medio para ser precisos. Pero en esta ocasión, y después de la escena en el comedor, la chica no tenía ganas de compartir mesa con Eren.
Vio la mesa del fondo, la última para ser exactos, ahí estaba sentada Annie. Se dirigió hacia ella y se sentó a su lado. Conociendo a Annie, o lo que conocían todos, ella al menos no le hablaría en todo el tiempo que tomaba esa clase, ni le prestaría atención.
Tal y como supuso, Annie permaneció en silencio toda la mañana, ni siquiera hizo reparos en que la azabache estaba a su lado, aunque tampoco parecía prestar atención a lo que el profesor decía. Ella estaba como...ausente.
Mikasa, desde el lugar que se encontraba, podía observar a Armin y Eren, ambos muy concentrados en la clase. Sabia ella que Eren no destacaba en ninguna materia, pero se esforzaba en ser buen soldado, su objetivo era la venganza contra los titanes. Esa era su prioridad y la chica lo sabía muy bien.
Cuando acabaron las clases de la mañana, los reclutas salieron del aula rumbo al comedor para el almuerzo. Mikasa salió junto a la multitud, pero en el camino tenía una lucha interna. Después del suceso de la mañana, ella se sentía insegura de comer con sus amigos de la infancia. No quería volver a pasar por esa tensión incómoda. Sabía que debía arreglar las cosas de inmediato pero quería pensar bien lo que iba a decir.
Vio como Annie iba con su comida, directo a una de las mesas del lugar. Mikasa decidió seguirla. Ya se había sentado con ella en clases, no hacía daño sentarse con ella para comer también. Se sentó frente a la rubia y empezó a comer. Annie levantó la mirada para ver a la azabache, ¿Qué hacía ahí?
— ¿Y tus amigos? —preguntó Annie, dejando salir su voz por primera vez en el día.
Mikasa levantó la mirada para ver a Annie. ¿Le estaba hablando a ella?
— ¿Me hablas a mí? —preguntó la ojigris.
— ¿Hay alguien más aquí? —respondió con otra pregunta— Olvídalo, no es que me importe —y siguió comiendo.
— Solo déjame comer tranquila —contestó desviando su vista del frente—. No he tenido una comida que no sea incómoda en semanas.
— ¿Es por Eren?
— ¿Cómo lo sabes? —se sorprendió la chica.
— Porque trapear el piso con él ha sido más fácil de lo habitual en las últimas semanas.
— Cierto que sueles ser muy agresiva con Eren en los entrenamientos —dijo Mikasa apretando su puño sobre la mesa.
Annie solo ignoró a la chica y siguió comiendo. Por su parte, Mikasa sentía que necesitaba hablar de lo que estaba pasando. En quien más confiaba, aparte de Eren, era Armin, pero no estaba segura de acercarse a él, además de que Eren estaba con él también.
Miró a Annie frente a ella. La rubia siempre se mostraba inexpresiva y parecía no interesarse en nada ni nadie. Quizás si le hablaba a ella, no importaría, y Mikasa necesitaba desahogarse con alguien. Annie parecía ser una buena opción. Podía intentarlo, no creía que Annie siquiera reaccionara.
— Besé a Eren —soltó de la nada. Annie empezó a toser, se estaba ahogando con la comida, esa declaración no la esperaba —. Así que la situación entre nosotros se ha vuelto incómoda. Debería hablar con él y aclarar las cosas, tal vez disculparme pero no sé cómo—decía con una velocidad increíble—. También me siento mal por Armin, se le ve preocupado pero no tengo idea de cómo explicarle lo que está pasando y...
— ¡Espera! ¡Cállate! —la interrumpió Annie, — ¿Por qué me estás diciendo eso a mí?
— Solo ignórame, necesito decirlo.
— ¡Pero no a mí!
— ¿Por qué no? A ti no te importa.
— Precisamente por eso —dio su respuesta—. Ve a hablarlo con alguien más. No quiero saber de tus temas románticos con ese bastardo suicida.
— No es un tema romántico —respondió Mikasa—, es un error que cometí.
— Pues arréglalo, no me metas en eso.
Annie tenía razón, solo debía ir a arreglarlo. Y ahora que lo había dicho, de alguna manera se sentía mejor. Ahora que ya no tenía nada que decir, las cosas se pusieron silenciosas. Ambas comían con tranquilidad y en eso, Mikasa pudo recordar parte de su sueño. Como siempre, nunca recordaba por completo, pero sabía que Annie estaba allí y tenía una conversación con ella; o mejor dicho, Annie fue la única que habló.
— Tú... —Mikasa quiso iniciar una conversación— No hablas mucho, ¿cierto?
— ¿Te importa? —respondió la rubia.
— No —dijo Mikasa de forma desinteresada—. Solo que se me hace raro.
— Tú tampoco eres de hablar mucho con los demás, no sé qué te pasa hoy.
— Claro que hablo con los demás —contestó la ojigris—. Bueno, más ahora que antes.
— No hay razón para hablar con ellos, no es como que me sumen o resten.
— Sí que eres arisca —comentó la azabache.
— No eres la más indicada para decir eso.
— No pero...al menos sé que Sasha es divertida a su manera, Christa es una chica muy linda y amable...ah, pero que no te engañe su rostro inocente, una nunca sabe... Ymir es muy antipática y arrogante, pero puedo asegurar que tiene más vida social que tú y yo juntas. Mina es...
— ¡Hey! —interrumpió Annie— No te he preguntado, así que deja de hablar.
— Solo quería introducirte lo poco que sé —explicó Mikasa—. Me ha dicho Ruth que nunca le hablas a tus compañeras de habitación a no ser que lo requieras. Ella piensa que deberías interactuar más con los demás.
— No se me da la gana, es todo. Ahora cállate —la rubia continuo comiendo.
Mikasa siguió el ejemplo de Annie y continuo con su comida. Podía escuchar como todos los demás conversaban en sus mesas y parecía ser que solo ellas comían en silencio. Cuando terminaron de comer, Annie se levantó y se dirigió nuevamente al aula, pues aún tenían otra clase más ahí. La azabache se levantó y la siguió al aula también.
Una vez en el salón. Annie se sentó en el lugar donde había estado previamente sentada, y Mikasa se sentó a su lado. Antes del almuerzo, a Annie no le importó la presencia de la otra chica, pero después de lo que pasó en el comedor, ahora solo quería sacarla de ahí.
— ¿Te incomodo? —adivinó Mikasa.
— Si, y mucho —respondió Annie, mostrándose un poco molesta, así nomás ella no mostraba expresión alguna.
— Pues así me siento yo con Eren, así que te aguantas porque no me iré.
A Annie no le dio ninguna gracia aquello, pero no podía echarla tampoco, ella no era dueña del lugar y, admitiría que la estaban molestando. Vio como más personas entraban al aula, entre ellos Eren y Armin quienes se sentaron en el mismo lugar de siempre. Tomó una hoja de su libreta, escribió algo, hizo bolita el papel y se lo lanzó a Armin.
El rubio se vio golpeado en la cabeza, era ligero pero sintió el impacto. ¿Empezaría el bullying hacia él en la milicia también? Notó un pedazo de papel en el piso, lo recogió y desdobló el objeto. Había algo escrito, "Dile a tu amigo que hable con Mikasa, no la quiero aquí".
Armin giró su mirada hacia al fondo del aula y vio a Annie mirándolo, entendió que había sido ella. El rubio le mostró el papel a Eren y él volteo a ver a ambas chicas. En eso ingresó el profesor, y la clase dio inicio.
Terminando la segunda parte de la clase, tenían como última actividad del día, limpiar las áreas de concentración. No era la tarea favorita de muchos, pero al menos entre todos, podían terminar si se dividían las zonas. Lo recomendable era ir en pequeños grupos de dos o tres personas.
Los reclutas salieron del aula en conjunto, se encontraban cansados mentalmente así que lo único que querían era terminar rápidamente e irse a descansar. Annie solía saltarse ese tipo de actividades y sorprendentemente, el instructor nunca se daba cuenta. La rubia se escabullia como normalmente, hasta que notó que tenía compañía.
— Esto tiene que ser una broma... —se dijo Annie girándose para ver a Mikasa detrás de ella— ¿Por qué me estas siguiendo?
— No tengo ganas de hacer la limpieza hoy —respondió tranquilamente la chica—, y tú eres la que sabe cómo escabullirse.
Suspiró, Annie perdía la paciencia. Nunca le importó lo que hiciesen los demás, para ella, lo único importante y que debía prestar atención, era ella misma, ella y sus intereses. Solía aprovechar los espacios de tiempo que tenía libres, en reunir información acerca del titán fundador. Sin embargo, con Mikasa siguiéndola, eso no iba a ser posible.
— El día de hoy te has vuelto la persona más odiosa que he conocido —dijo la rubia deteniéndose. Ya se encontraban bastante alejadas del lugar por lo que su fuga era un éxito.
— ¿Y eso qué?
— La mejor opción para mi es eliminarte ahora, antes de que te vuelvas una amenaza aún más grande, ¿no crees? —dijo Annie adoptando su característica pose de pelea.
— ¿Pelearás conmigo? —se preguntaba la azabache colocándose en una posición de pelea también.
— No tengo esperanzas de ganar fácilmente —al menos no sin transformarse—. Pero creo que debo intentarlo.
— Piénsalo mejor Annie —decía Mikasa confiada—, ninguna de las dos lleva ropa cómoda para pelear, solo terminaríamos ensuciándonos.
— Bueno...necesitamos una evidencia de que estuvimos limpiando con los demás, ¿no?
Empezó la pelea. La primera en atacar fue Mikasa, se acercó con la fuerza necesaria para levantarla y tumbarla, pero Annie la esquiva e intenta dar una fuerte patada en la pierna. La ojigris lee los movimientos de la otra y rápidamente evita el golpe lanzándose a un lado, apoyándose en su mano para levantarse y continuar. Ambas vuelven a la posición inicial.
Annie se da cuenta de que Mikasa no solo tiene fuerza, sino también habilidad. No podrá ganarle, la azabache ni siquiera parecía tomarse en serio la pelea, y la verdad, ella tampoco. La única forma de ganarle de forma segura era transformándose, pero no haría eso, no era el momento, así que optó por detener la pelea. Lo más seguro es que continuaran lo mismo por horas y eso sería un desperdicio de tiempo y energía.
— Sígueme —sugirió Annie—, hay un bosque pequeño por este lado —señaló a la derecha—. Si lo rodeamos, estaríamos llegando para la hora de la cena exactamente. Es mejor eso a esperar sentadas aquí quedándonos calladas —se encaminó por dónde había dicho y Mikasa la siguió.
El camino fue en silencio, ninguna dijo nada pero tampoco era necesario. A diferencia de lo que pensaba, no fue incomodo, para ninguna. Sin que se percatase, ya estaba oscureciendo y habían vuelto al lugar. Justo a la hora de la cena, como mencionó Annie.
Y al igual que en el almuerzo, Annie fue a sentarse a una mesa y Mikasa la siguió, sentándose al frente. En serio que la situación se volvía extraña para Annie, a los ojos de los demás podrían pensar que ambas chicas se habían hecho cercanas y no era así. La rubia nunca se volvería cercana a ninguno de esos demonios de la isla; ella tenía una misión y la iba a cumplir, solo así podría volver con su padre. Pero aun así, no explicaba que la sensación de incomodidad se hubiese ido parcialmente.
Empezaron a comer, aún no había mucha gente, pero poco a poco, empezaban a llegar sus compañeros. En eso, llegaron al comedor Eren y Armin, ambos chicos recogieron su ración y se disponían a buscar una mesa. Cuando Eren vio a Mikasa con Annie en una de las mesas del fondo, se acercó a ellas, Armin solo lo siguió.
El castaño tomó asiento al lado de la rubia para poder ver de frente a la de ojos grises, mientras que Armin se sentó junto a su amiga. Ninguno decía nada, solo comían en silencio. Incluso cuando el rubio quería comentar algo, se arrepentía rápidamente al notar la tensión en el lugar.
Annie notaba la misma tensión y decidió acabar con ella. De un movimiento brusco, pisó el pie de Mikasa por debajo de la mesa. Mikasa reaccionó, por reflejo, con un movimiento brusco de sus brazos por sobre la mesa.
— ¿Qué pasa? —preguntó Eren viéndola.
— No...nada —respondió la chica, a lo que Annie volvió a repetir la acción previa—. Eren...quiero hablar contigo —dijo rápidamente. Al parecer eso quería Annie o volvería a pisarle los pies.
— ¿Ahora sí quieres hablar? —respondió con otra pregunta el chico mientras desviaba su mirada hacia la comida sobre la mesa.
— Lo siento...debí hablar contigo antes... —se disculpó la chica. Los demás solo continuaban de espectadores sin decir nada— Espero puedas olvidar lo que pasó y que continuemos como siempre hemos sido.
— ¿Olvidar, dices? —por alguna extraña razón, el chico se mostraba algo enojado. Él también iba a sugerir lo mismo si eso era lo que incomodaba a la chica, pero saliendo de la boca de la misma, no le resultaba agradable.
— Acepta sus disculpas y olvídalo, ¿quieres? —intervino Annie— Vuelvan a ser los amigos felices de antes y que ella deje de seguirme.
El trío de amigos se sorprendió de que Annie interviniera en el tema. Les impactó tanto que no tenían forma de contrariarla o siquiera decir algo. Se quedaron en silencio un rato, ¿Qué procedía?
— Si eso es lo que quieres, está bien para mí —dijo Eren al final.
Mikasa subió su mirada para verlo y un sentimiento de alivio se instaló en su pecho.
— Gracias... —fue lo único que dijo.
Annie suspiró de alivio por lo bajo. Solo había sido un día, pero Mikasa sí que resultó ser molesta. Sus días pacíficos volverían.
— No sé qué pasó pero supongo que todo está bien ahora —dijo Armin feliz —. Annie —llamó a la rubia.
La aludida alzó la mirada al escuchar su nombre.
— Gracias —dijo con un movimiento de labios, nada audible pero entendible.
— No hice nada... —susurró la rubia para sí misma, recibiendo una sonrisa de Armin, una sonrisa brillante de las que solo él daba.
