El ambiente se volvía cada vez más cálido, a pesar de que oscurecía y el viento soplaba fuerte. Dos jóvenes de mediana estatura se besaban con ímpetu detrás de los dormitorios del cuartel. A pesar de que era un lugar concurrido, nadie pasaba por ahí en esos momentos. Eren tenía sus manos aferradas a ambos lados de la cintura de Mikasa, subía y bajaba sus manos de par en par acariciando la espalda de la chica, para terminar deteniéndolas en la posición inicial. Por su parte, la chica tenia ambas manos enredadas en el cabello del chico dando caricias torpes, lo atraía hacia ella con desesperación mientras el chico le devoraba los labios.

Pero... ¿Cómo es que habían terminado en esa situación? Hasta hace unas horas, habían finalizado la evaluación del día, era la última de la temporada. Todos los reclutas se dirigían al comedor, se les permitía tener una gran cena y celebrar. La más entusiasmada era Sasha quien no dudó en servirse una gran ración y acaparar una mesa entera, Connie y Mina trataban de mantenerla a raya pero les era difícil. Mikasa solo comió lo necesario; había alcohol en el lugar ya que había algunos reclutas que si tenían la edad para beber, aunque claramente muchos no respetaron eso siquiera.

La chica se levantó de su mesa, no se quedaría en el lugar mucho tiempo, hacían mucho escándalo y la incomodaba un poco. Eren y Armin solían quedarse a esas celebraciones, confiaba en que el rubio tendría todo bajo control. Se dirigió a la salida y mientras iba, se percató de cómo Sasha se ahogaba por meter tanta comida en su boca. Eso le sacó una pequeña sonrisa.

Mikasa iba por la parte detrás a los dormitorios, era un camino más rápido y casi todos lo usaban. De pronto, una voz la llamó y ella se giró, era Eren.

— ¿Estas cansada? —preguntó el chico en cuanto llegó a alcanzarla.

— No, solo...quería estar en algún lugar con más tranquilidad.

— Deberías intentar quedarte alguna vez, en ocasiones te puedes divertir.

— Quizás la próxima...

Siguieron caminando en silencio por un rato.

— Hace tiempo que no hablamos a solas tú y yo —comentó Eren.

— Si...creo que ha sido ya un tiempo.

— ¿Te sientes incomoda conmigo? —preguntó el chico con curiosidad— Es decir...por lo que pasó la última vez.

— No...bueno, quizás un poco —respondió ella—. Pero es algo que ya hemos aclarado.

— Que no volvería a pasar dijiste...

— Si...disculpa lo de esa vez —la chica se negaba a mirarlo y mantenía la vista al suelo.

— ¿Debo suponer que no fue de tu agrado lo de aquella vez? —preguntó deteniendo su andar.

— ¿Qué? —ella también se detuvo y levantó su vista— No, no es eso... —quiso aclarar— En realidad...a mí me gustó —esta vez, desvió su mirada un poco.

— Entonces...te gustó —una casi imperceptible sonrisa se formó en el rostro del castaño, parecía más de orgullo.

— Sí, pero... —no pudo terminar lo que iba a decir porque un par de labios se estamparon con los suyos.

Eren la atrajo hacia él y atrapó los labios de la azabache con los de él. Llevaba tiempo queriendo hacerlo, desde esa vez en el almacén para ser precisos. No estaba seguro de volverlo a hacer pero escucharla decir que en realidad, si le había gustado, fue lo que lo animó.

Por su parte, Mikasa se sorprendió enormemente; no obstante, le correspondió casi de inmediato. ¿Para qué engañarse? Ella también moría por volver a besar a Eren. Sin darse cuenta, se encontraba ya con los brazos enrollados en el cuello del chico e intensificaba el beso por su cuenta, el chico solo le siguió el ritmo.

Ninguno de los dos tenía gran experiencia en ello, aparte de la vez anterior en el almacén. Aun así, aquel beso que inició siendo lento y plausible, había terminado por volverse intenso y necesitado. Dejaba que él la tocara y acariciara, el chico parecía conocer sus límites y solo recorría desde la parte superior de su espalda hasta la cintura de la chica.

Solo se separaban para tomar una gran bocanada de aire y retomaban la acción. No sabían cuánto tiempo llevaban en ello pero la verdad era que ni importaba. ¿Estaba bien lo que hacían? No había nada de malo, ambos lo querían. Eso había sido la principal razón de continuar, pero un hilo de consciencia cruzó por la mente nublada de Mikasa.

Esto no estaba bien. Ella se había dicho que no volvería a suceder y estaba pasando. Conocía sus propios motivos de no querer continuar con algo así, por lo que, con pesar, descendió los brazos por el pecho del chico y lo empujó delicadamente.

— ¿Qué pasa? —preguntó él con la respiración entrecortada.

— Esto está mal—respondió ella luego de tomar un gran respiro.

— No está mal si ambos queremos, ¿no quieres?

— Si quiero... —el chico volvió a acercarse para besarla nuevamente, pero ella giró su rostro para evitarlo—. Dijimos que no volvería a pasar.

Eren suspiró resignado. No entendía la negativa de la chica, si ambos querían debería estar bien, pero parecía no ser suficiente para ella. No intentó persuadirla, lo más probable es que ella volviese a negarse, se la veía decidida, y él no era una persona que le gustase ser rechazado más de una vez en un mismo momento.

— Bien, tú ganas —dijo él finalmente.

Continuaron caminando hasta llegar a los dormitorios. Mikasa se despidió de él mientras entraba al de las chicas. Eren se quedó ahí fuera hasta que la chica desapareció de su vista para luego volver a la fiesta que habían armado sus compañeros. Armin aún estaba ahí.

A Mikasa le costó poder conciliar el sueño, ¿Por qué había vuelto a suceder eso con Eren? Temía que esa incomodidad de semanas antes, volviese. Pero era consciente de lo que ella quería, y eso era no cambiar las cosas con Eren, quería seguir siendo solo su familia. Dio un par de vueltas en su cama, pero no fue hasta que Sasha, Ymir y Christa volvieron a la habitación, que pudo dormir.

Parecía encontrarse en el pueblo, pero éste se encontraba en ruinas. Mikasa se encontraba de pie observando el gran desastre, parecía ser reciente. Frente a ella, estaba Jean, sentado en el suelo, parecía estar herido por lo que ella, con vendas en mano, se dispuso a ayudarlo.

Cerca de ahí, había dos personas más. Una de ellas, se encontraba de espaldas hincada en el suelo, no podía verle la cara pero reconocía la capa que llevaba encima, era de la Legión de Reconocimiento. Frente a esta persona, había un cuerpo, uno muy herido, dudaba siquiera que siguiera con vida, pues este tenia gran parte de su cuerpo quemado, además de faltarle sus cuatro extremidades. Humo salían de éstos lo cual le resultaba de lo más extraños.

— Así que, Reiner —habló aquella persona hincada, ¿era Reiner el que estaba al frente? La azabache no se lo creía—. ¿Qué es esta caja metálica que encontramos en el lado izquierdo de tu pecho?

Mikasa recién notaba que esa persona, cuya voz parecía pertenecer a una mujer, sostenía una especie de envase metalico de forma rectangular en sus manos.

— Usaste toda la fuerza que te quedaba para alcanzarla... —continuó aquella mujer que no conocía— Antes de que cortáramos tus extremidades —¿Qué? — ¿Son pastillas para suicidarte? ¿Una bomba, tal vez?

El ambiente empezaba a ponerse turbio, a su parecer. Reiner estaba tan mal herido frente a ellos, ¿Cómo es que habían llegado a eso? ¿Y por qué nadie se sorprendía o hacia algo? Parecían estar muy calmados, incluso ella misma.

— ¡Ah! —Jean soltó un pequeño grito cuando la azabache ajustó el vendaje de su torso.

— Lo siento... —se disculpó ella.

— Una carta —respondió, quien era supuestamente Reiner, y supo que era él por su voz. Le resultaba increíble que alguien en su estado siguiera vivo.

— ¿Una carta? —preguntó la mujer— ¿Qué tipo de carta?

— Una carta...de Ymir —continuo Reiner, se percibía en su voz, la dificultad que tenía para articular palabras—. Por favor...tienen que...dársela...a Christa.

— Después de examinarla —respondió la mujer tras pensarlo un poco, su voz connotaba una gran seriedad. Se levantó y sacó una de sus cuchillas—. ¡Bien! Hay un montón de cosas que me gustaría preguntarte pero... No parece que vayas a abrir la boca, ¿cierto?

— No —respondió Reiner a duras penas.

— Gracias, eso hace este trabajo un poco más fácil.

La mujer desconocida, usó su hoja para arrinconar el malherido cuerpo de Reiner hacia la pared de una de las casas. Veía como la cuchilla cortaba el cuello del chico y la sangre empezaba a salir. Quería detener todo aquello, ¿Qué demonios estaban haciéndole a Reiner? Sin embargo, su cuerpo no respondía, no se movía. Jean pareció hacerlo por ella y se levantó inmediatamente, con un gesto para detener lo que estaba pasando. En eso, empezó a ver borroso todo, hasta que se oscureció poco a poco.

Despertó. Sí que había sido uno raro esta vez. Anotó todo lo que pudo retener en su memoria y guardó su libreta. Le resultaba realmente horrible lo que percibió, ¿ese era Reiner? Qué bueno que había sido solo un sueño, no lo consideraba pesadilla pues no sintió miedo, no le gustaría ver a alguno de sus compañeros en esa situación.

Notó que, como otras veces, el lugar se encontraba aun a oscuras por lo que decidió volver a dormir. No había prisas ni nada, pues tenían el día libre; que eso le recordaba que había sido persuadida por Ymir para ir al pueblo y debía llevar a Eren y Armin con ella, aun ni se los había comentado a sus amigos. Suspiró. En fin, solo debía dormir por el momento.

Apenas había empezado a dormir profundamente una vez más cuando sintió un golpe leve. Una almohada impactó en su rostro, lo que logró alertarla y de paso, despertarla. Ymir se la había lanzado para levantarla, Mikasa estuvo a punto de devolvérselo pero se dio cuenta que ella se había llevado la parte menos dolorosa, a Sasha le habían lanzado un zapato.

— ¡Es un día libre! —se quejó Sasha, al parecer el golpe no le había dolido del todo— ¡Déjanos dormir! —usó la misma frase que Ymir siempre usaba— Me duele la cabeza... —se lamentaba.

— Me vale si ayer bebiste y ahora sufres, te dije que hoy iríamos de compras —respondió Ymir.

— ¿Sasha bebió? —preguntó Mikasa, se le hacía extraño pues, a pesar de que Sasha era mayor que ella por un año, no tenía edad para beber.

— No seas mala con ella, Ymir —pidió Christa, quien despertaba por el ruido que hacían—. Te recuerdo que tú la obligaste a beber.

— Bueno, da igual —contestó Ymir—. Vayan a hacer todos sus deberes o no podremos salir en la noche —la chica se levantaba para ordenar su cama—. Y no olviden traer a quienes les pedí —dicho aquello se fue a duchar.

— Discúlpenla chicas —dijo Christa con pesar—. Se siente atrapada aquí y eso la estresa, debe haber esperado este día libre con ansias.

— Acepté ir al pueblo porque quiero comer comida fuera de aquí —comentó Sasha—, pero no entiendo por qué tenemos que llevar a los chicos con nosotras —se preguntó recordando que esa había sido la condición de Ymir.

— Se...Seguro es porque de esa manera es más divertido... —respondió Christa, aunque dentro de sí sabía que había algún motivo oculto.

— ¿Qué haré? —se preguntó Sasha— Connie irá si le digo que habrá un festival —esperaba que Ymir no le hubiese mentido en ese dato—, pero ¿Cómo convenzo a Jean?

— Quizás puedas dejarle ese trabajo a Mikasa —sugirió la rubia con inocencia.

— ¿Yo? —cuestionó la azabache— Ni siquiera avise a Eren y Armin, quizás no vayamos.

— Oh, vamos —animó Christa—. Será divertido. No conozco mucho a Eren pero quizás a Armin si le guste, habrán muchas cosas interesantes. Coméntaselo.

La pequeña tenía razón, a Armin podría gustarle. Se los diría, si no aceptaban no pasaba nada, no perdía nada intentándolo.

— Bueno, vayamos a tomar un baño nosotras también —sugirió la rubia del grupo.

Luego de una larga ducha, Mikasa se vistió con ropa sencilla. Ese día no habría entrenamiento por lo que solo se puso una blusa blanca y una falda larga color beige. Se habría puesto la bufanda habitual, pero hacia demasiado calor para ello, incluso tenia los primeros botones de su blusa sin abrochar.

Se dirigió hacia el comedor para el desayuno. Ese día le tocaba a Ymir prepararlo, e intuía que el haberlas despertado antes de lo habitual era para manifestar su molestia de tener que hacerlo. No esperaba un desayuno con buen sabor pero rogaba por que al menos fuera comestible, no quería que Eren o Armin se enfermaran.

Eren...

Con el extraño sueño que tuvo y lo sucedido ese día temprano, se había olvidado lo que había sucedido la noche anterior. Volvió a besar a Eren a pesar de prometerse no volverlo a hacer. ¡No! Fue él quien lo hizo, ¿cierto? No había sido su culpa esta vez. Golpe mental. ¿A quién engañaba? Ella le correspondió y eso ya era suficiente para culparse.

No sabía lo que quería el chico; aunque debía admitir que ella misma no se lo preguntó alguna vez. ¿Las cosas volverían a ser incomodas como sucedió la vez anterior? Suspiró. Mejor no lo pensaba. Solo pretender que no pasó debía ser la mejor opción.

Llegó al comedor y fue por su desayuno. Encontró a Ymir con cara de pocos amigos sirviendo el desayuno a sus compañeros. Por alguna razón, le causaba gracias verla así, y tenia deseos de molestar a su compañera de habitación, pero no lo hizo, ¿Por qué siquiera prestarle atención? Recibió su ración y fue a sentarse en una de las mesas. En cualquier momento llegarían sus amigos, se mentalizaba para enfrentar a cierto castaño de ojos verdes en especial.