Resumen: Hermione debió presentir esa mañana en clase de Transformaciones que aquellos extraños conjuros que Seamus y Ron recitaban a media voz, se debían a un hechizo que iba a tener catastróficas consecuencias. Dramione.

Nota de la autora: ¡Hola! Los personajes de Harry Potter no me pertenecen, son propiedad de J. K. Rowling. Está terminantemente prohibido cualquier intento de plagio de esta historia o de cualquiera de las que están bajo mi autoría. La imagen de la portada no me pertenece, reconozco los créditos a la autora de la foto que es BlueButter-Art, a quien he pedido permiso para utilizarla. ¡Muchas gracias por permitirme usar tu fantástico fanart! Es una artista con un talento increíble, si os gusta el Drarry echad un vistazo a su cuenta de Instagram o Tumblr donde sube sus trabajos. Por último me gustaría agradecer a mi amigo A. por animarme a escribir otro Dramione, por ayudarme con los diálogos, resolver mis dudas y corregir mis errores, y sobre todo por su infinita paciencia conmigo.


Metamorfosis.

Hermione debió presentir esa mañana en clase de Transformaciones que aquellos extraños conjuros que Seamus y Ron recitaban a media voz por miedo a que la profesora Minerva los descubriera y sancionara a Gryffindor, se debían a un hechizo que iba a tener catastróficas consecuencias. Esbozó una sonrisa forzada intentando concentrarse en la clase pero por más que lo intentaba los murmullos de sus compañeros no le permitían hacerlo, sin embargo la clase de McGonagall era su predilecta y no iba a perderse la explicación. Estaban a mitad de curso y los exámenes cada vez estaban más cerca lo que significaba que debía esforzarse todavía más con los estudios, no por casualidad era la bruja más brillante de su promoción. Parpadeó varias veces, trató de seguir la explicación que estaba en el encerado pero fue en vano, incluso estuvo a punto de regañar a sus compañeros pero no le parecía lo más apropiado.

—¿Algo que objetar, señor Weasley? ¿Puede explicar al resto de la clase cómo funcionan los hechizos conjuradores? —inquirió la profesora con cierto resabio al ver como de costumbre el muchacho pelirrojo no atendía a su clase, interrumpiendo su propia explicación para hacerlo callar.

—Lo siento señora, no lo sé —respondió el susodicho abochornado por la vergüenza mientras agachaba la cabeza, sintiendo la mirada acusadora de todos sus compañeros recayendo sobre él y Hermione puso los ojos en blanco al escuchar la respuesta de su amigo.

—Señor Weasley, si está tomando el nivel ÉXTASIS de esta asignatura significa que quiere llegar a hacer el examen en su séptimo año, ¿no? Os recuerdo que estos exámenes no son para tomárselos a la ligera, si quieren tener una oportunidad de superarlos, les recomiendo que presten toda la atención posible en clase o tendrán que tomar clases de refuerzo. Además no olviden que todo aquel alumno o alumna que no entregue la tarea asignada para la próxima semana tendrá una severa detención por mi parte. Podéis marcharos —dirigió una última mirada de soslayo a toda la clase antes de volver a su cátedra y recolocarse las gafas sobre el puente de la nariz con resignación.

La mujer de avanzada edad dio por terminada la clase antes de que sonara el timbre y de inmediato todos los alumnos de sexto año salieron presurosos hacia la puerta para disfrutar del breve tiempo de ocio que tenían antes de la próxima clase. Hermione recogió lentamente su material y suspiró con pesadez cuando salió del aula tras Harry y Ginny, se percató de que ambos estaban agarrados de la mano y no paraban de lanzarse intensas miradas en silencio con un ligero sonrojo en sus mejillas. Realmente se alegraba por ellos, ambos eran sus dos mejores amigos y era evidente que sentían una atracción innegable el uno por el otro desde hace años, pero no se sentía cómoda estando en medio en ese tipo de situaciones. Además desde que habían iniciado su relación amorosa, Ron no hacía otra cosa que empeorar la situación con frases poco ocurrentes y Hermione no era capaz de concebir que estuviera molesto porque su amigo estuviera saliendo con su hermana. Debería aprender a ser menos egoísta y a alegrarse más de verlos tan felices. Recordó haberlo regañado en un par de ocasiones por comportarse de manera infantil e inmadura, a diferencia de los gemelos Weasley que no paraban de gastar todo tipo de ingeniosas bromas a los enamorados cada vez que se cruzaban con ellos por los pasillos.

Salió de clase en silencio perdida en sus pensamientos sobre las palabras de McGonagall y la premura de los ÉXTASIS mientras la recién pareja se alejaba por el pasillo en dirección contraria, hasta que desafortunadamente se cruzó con Malfoy. Estaba tan ensimismada que apenas se había dado cuenta de su presencia, el susodicho esbozó una soberbia sonrisa al ver a la joven despistada y no pudo resistirse a soltar comentarios despectivos y desagradables sobre la muchacha, quien trató de ignorar su presencia, pero ya era demasiado tarde porque sabía que no podría contener su lengua viperina y volcar todo su odio hacia ella. Nunca entendería a las personas como él que disfrutaban dañando a los demás pero estaba segura de que lo hacía porque necesitaba creerse mejor que el resto. Hermione había notado hace semanas que Malfoy había dejado de meterse tanto con sus amigos para convertirse exclusivamente en el blanco de sus desprecios y hostigamientos.

—Mirad a quién tenemos aquí, la insufrible sabelotodo sin sus amigos, el patético Weasley y San Potter. ¿Te has perdido, Granger? —siseó con su habitual arrogancia mientras se cruzaba los brazos con cierta superioridad. Hermione lo miró fijamente con el ceño fruncido y mala cara, en ese momento sintió ganas de propinarle un puñetazo en la cara, recordando el incidente de varios años atrás y se rio mentalmente, tratando de ignorar las venenosas palabras del Slytherin.

—Lárgate Malfoy, hoy no tengo tiempo para tus tonterías —respondió de forma cortante pero aquello no intimidó al rubio que continuó con su habitual sarcasmo, deseoso de continuar en su pelea verbal y alzarse con la victoria. Estaba claro que disfrutaba metiéndose con ella más que con cualquier otra persona y Hermione no era capaz de comprender el motivo.

—¿Cómo te atreves, asqueroso ratón de biblioteca? ¿Es que acaso tus ridículos padres no te han enseñado a responder con educación o la decencia es algo que ya no se enseña en el mundo muggle? —el muchacho frunció el ceño recalcando cada palabra con desprecio, clavándole violentamente su gélida mirada y con una sonrisa sádica adornando su rostro.

—Para eso hay que ganarse el respeto y eso es algo de lo que tú careces, Malfoy. Te das tantos aires de grandeza que cuando te miras al espejo lo único que ves es un ego desproporcionado. Siento lástima por ti pero todavía siento más lástima por todos los que te rodean —contestó resabiada con una sonrisa y aquello estaba empezando a agotar la paciencia del Slytherin. Por lo general no solía responderle para no terminar cayendo bajo pero estaba harta de que siguiera comportándose de esa forma y nadie le dijera nada.

—Cierra la boca, asquerosa sangre sucia, ¿acaso has olvidado con quién estás hablando? Yo no soy la comadreja ni la cara rajada con los que vas por ahí salvando al mundo y tratando de llamar la atención de todos los alumnos de este patético colegio. ¿Alguien está en peligro? Esperad, que ahí va la insoportable Granger a salvar a todos para que el patético Dumbledore regale puntos a Gryffindor —Crabbe y Goyle que estaban cada uno a su lado empezaron a carcajearse como si lo que hubiera dicho su compañero de casa fuera lo más hilarante del mundo. Draco descruzó los brazos con brusquedad, adoptando una postura más altanera y manteniendo la agresividad en su mirada mientras aquellos gorilas que tenía por amigos continuaron riéndose hasta que una contestación cortó su risa en seco.

—Yo por lo menos no salgo huyendo de los problemas y les planto cara —respondió haciendo acopio de valor. No iba a mostrarse débil delante de él porque si no no la dejaría en paz.

—¿Disculpa…?

—Draco, es verdad que… —Gregory intentó hablar pero no pudo terminar la frase porque rápidamente fue interrumpido.

—¡Cállate, Goyle! ¿Acaso he pedido que dieras tu opinión? —espetó el rubio con brusquedad al haberlo interrumpido en su feroz conversación contra la Gryffindor, dirigiendo su mirada de odio hacia su compañero antes de volver a establecer contacto visual con Hermione. Odiaba la pedantería con la que Granger se dirigía a él, odiaba su forma de hablar tan sabelotodo en clase y odiaba que el descerebrado de Gregory le restara credibilidad delante de ella. ¿Cómo demonios se atrevía a hablarle así y a faltarle el respeto de esa forma?

—No sabía que mi vida te interesara tanto, Malfoy. A diferencia de ti no necesito a nadie que haga las cosas por mí, ni utilizar mi apellido familiar para ganarme favores y popularidad. Algunos nos valemos de nuestros propios méritos y talento. Así que lo que yo haga no es asunto tuyo y si me disculpas no voy a continuar perdiendo mi tiempo contigo —respondió con una sonrisa ladina, satisfecha por su sagaz contestación y por haberle plantado cara. Desde luego solía ignorar todo aquel desplante de abusos pero le apetecía cerrarle la boca a Malfoy, pero aquello no hizo más que incrementar las risas de los Slytherin y por supuesto Malfoy ya tenía una contestación con la que alzarse con la victoria.

—Parece que la sangre sucia tiene garras de león y todo. Por supuesto que no puedes utilizar el apellido de tu supuesto padre para conseguir algo, difícilmente puedes obtener beneficios utilizando el patético nombre de un asqueroso… ¿cómo se dice? Ah sí, muggle —los ojos de Malfoy brillaban con maldad y recalcó cada palabra con lentitud buscando hacerle el mayor daño posible. Estaba harta, aquello fue suficiente para Hermione que había herido su orgullo como persona, trató de mantener una expresión de firmeza, conteniéndose las lágrimas y con la mayor dignidad posible consiguió esquivar a Crabbe y Goyle que le había cerrado el paso y continuar por el pasillo.

Estaba claro que Malfoy era una persona mezquina y cruel que disfrutaba dañando a los demás por diversión, pero ella era una bruja inteligente y no estaba dispuesta a caer en sus estúpidos juegos de provocación, así que agarró los libros contra su pecho con fuerza y caminó con la cabeza alta, lo que provocó una risita airosa en el muchacho. No iba a perder su valioso tiempo discutiendo con el estúpido de Malfoy y mucho menos seguir aguantando sus impertinencias. Este continuó gritando improperios y burlándose con sus compañeros pero no parecía surtir efecto en la joven, que se alejó ignorando lo que sucedía a su alrededor sin volver la vista atrás. Malfoy no había pasado desapercibido el hecho que durante varias semanas Granger trataba de evitarlo y no cruzarse con él, pero desde luego no perdía ocasión para llamar su atención de alguna manera, aunque ni ebrio de cerveza de mantequilla admitiría que la leona de Gryffindor le despertaba interés. Se quedó inmóvil por un instante observando como el rebelde cabello rizado de la joven se movía al ritmo de los pasos y desaparecía con premura por el pasillo hasta que Theodore Nott, Blaise Zabini seguido de Pansy Parkinson captaron su atención, y recuperó su mueca pretenciosa cuando su compañera se abalanzó sobre su cuello como solía hacer.

.

Tratando de no estallar en un ataque de cólera y contando mentalmente hasta diez, Hermione cruzó con rapidez los pasillos del ala oeste y atajó por los invernaderos para dirigirse hacia el bosque, apreciando desde lo lejos como el otoño estaba llegando a su fin porque una fina capa de nieve cubría la frondosa vegetación. Fue cautelosa, procurando no ser vista ni seguida pues no le apetecía tener otra desagradable conversación y mucho menos cruzarse con alguno de sus compañeros ni dar explicaciones. Necesitaba tener un momento a solas para ordenar los aturullados pensamientos que embargaban su mente desde hacía semanas porque sentía que iba a explotar. Los exámenes estaban a la vuelta de la esquina y últimamente no había tenido ni un momento de descanso entre la ingente cantidad de tareas de Herbología, Encantamientos y Defensa contra las Artes Oscuras, además de ayudar a Harry y Ron con los pergaminos de Pociones. Estaba tan ocupada que apenas tenía tiempo libre y el poco que tenía lo empleaba adelantando materias en la biblioteca, donde se pasaba todas las tardes. Además Ronald no hacía otra cosa que sacarla de quicio con sus comentarios poco apropiados sobre Ginny, Lavender no paraba de merodear durante sus sesiones de estudio como excusa para estar con Ron y Harry estaba más despistado de lo habitual, por no hablar de lo sola que se sentía en los desayunos. Neville era el único con el que podía mantener una conversación medianamente interesante. Todo eso sumado al hecho de que Malfoy y sus guardaespaldas no la dejaban en paz y buscaba desquiciarla cada vez que la veía por los pasillos.

Inspiró aire para luego exhalarlo con lentitud, concentrándose para tomarse el tiempo necesario para ordenar todo aquel caos mental y no estallar en un ataque de nervios. Por lo general era una persona que se mantenía firme y constante pero notaba como el cansancio y la ansiedad empezaba a hacer mella en ella desde hacía tiempo. ¿Es que nadie se daba cuenta de lo agotador que resultaba todo? Se detuvo en la espesura del bosque, cerrando los párpados y dejando que la invernal brisa acariciara sus pálidas mejillas, sintiendo como incluso desordenaba sus rizados mechones. Empezó a concentrarse en el sonido de la suave brisa acariciando los árboles, el peculiar trino de los pájaros, el corretear de las liebres en la nieve, perdiéndose en los recovecos de su mente, empezando a sentir una sensación de sosiego y tranquilidad y olvidándose de lo sucedido. Cuando estaba muy saturada le gustaba relajarse en la biblioteca pero estando allí no era capaz de desconectar de todas las preocupaciones que tenía, así que optaba por dar paseos en la soledad del bosque o en la orilla del lago. Era su pequeño secreto que nadie sabía, ni siquiera sus amigas. Le fascinaba el invierno en Hogwarts, el gélido frío, el ambiente que se respiraba, los adornos que había en el Gran Comedor, como las orillas del lago se congelaban, como todo era cubierto por un espeso manto de nieve y por supuesto la cálida sensación que desprendía el fuego de la chimenea de la Sala común de Gryffindor.

Tras varios minutos de profunda tranquilidad y de liviandad mental tras haber calmado ese caos emocional y cuando ya se estaba sintiendo con los ánimos suficientes para afrontar una ardua y dura tarde de estudio de vuelta a sus libros, se vio sorprendida por unas familiares risas que interrumpieron su pequeño momento de soledad. Abrió un ojo molesta para recriminarle silencio a aquellos intrusos, sin averiguar de quiénes se trataban pues estaba de espaldas a ella y por el atuendo que llevaban no fue capaz de identificarlos. Decidió no darle mayor importancia y continuar con su ejercicio de relajación hasta que el alboroto era cada vez mayor y le impedía escuchar su propia respiración. Su ritmo cardíaco cada vez se estaba acelerando más y no era capaz de volver a su estado de sosiego, así que la irritación estaba creciendo en su interior casi tanto como cuando había tenido el encuentro con Malfoy. Aquellos desconocidos continuaron bromeando y riendo cada vez más fuerte hasta que en un momento dado sacaron sus respectivas varitas y empezaron a lanzarse hechizos a diestro y siniestro, esquivando y contraatacando con todo tipo de encantamientos de diversa índole como si fuera un juego de niños. Todo hubiera quedado en una broma de mal gusto hasta que sin pretenderlo uno de esos rayos se desvió de su trayectoria y fue a parar hacia Hermione atravesándola fatalmente, sintiendo como un horrible pinchazo recorría todo su cuerpo.

En ese momento la joven apenas tuvo tiempo para reaccionar, sintió que todo daba vueltas a su alrededor y que perdía el sentido del equilibrio, provocándole náuseas. Lo que al principio había sido una leve molestia empezó a convertirse en una sensación bastante dolorosa que empeoraba cada vez más, y aquel pinchazo empezó a extenderse por todas sus extremidades. Empezó a experimentar una sensación indescriptible, notó cómo su cuerpo empezaba a cambiar de forma, como su estructura ósea y sus músculos se retorcían y contraían haciéndola gritar por el dolor, así como la parte más primitiva de su mente empezaba a dominarla, perdiendo la mitad de su raciocinio. ¿Qué estaba pasando? Hermione sintió cómo su cuerpo y mente empezaron a luchar contra una transformación no deseada y como esa resistencia incrementaba el dolor físico que sentía. Quiso gritar en ese momento pero ya no reconoció su voz y un extraño gruñido salió de su cuerpo. Al escuchar los gritos los intrusos dejaron de carcajearse, siendo conscientes de que su estupidez había ocasionado un problema mayor y sin dar crédito a lo que sus ojos estaban presenciando.

—Esto ha sido un error, yo no quería… —habló atemorizado uno de los alumnos con un hilo de voz, observando cómo había sido el responsable de que aquella figura humana se retorciera de dolor y cómo su cuerpo cambiaba de forma.

—¿Y ahora qué hacemos? ¡McGonagall nos ha prohibido practicar transformación humana fuera de clase! —exclamó el otro desesperado, llevándose las manos a la cabeza con preocupación con los ojos puestos en la extraña criatura. "Pero ¿qué hemos hecho?" pensó alarmado.

—¡Corre, vamos a avisar a Harry, él sabrá qué hacer! —gritó su compañero y acto seguido escaparon despavoridos sin volver la vista atrás.

Al cabo de unos minutos aquella extraña y dolorosa sensación fue aminorando hasta desaparecer del todo. Hermione se horrorizó cuando contempló dentro de su amplio campo de visión que lo que era su delgado cuerpo vestido con el impecable uniforme y túnica habían desaparecido, y en lugar de eso adivinó cuatro piernas musculosas con pezuñas recubiertas de pelo. "¡Oh no! ¿Qué me ha pasado?". Empezó a notar como su corazón bombeaba sangre más rápido y como sus sentidos se agudizaban más de lo normal, ahora era capaz de percibir olores que antes su olfato no captaba y podía escuchar cualquier sonido por muy lejano que fuese. Su horror no disminuyó cuando presintió que en sus cuartos traseros había una especie de cola que se balanceaba y lo que era su rostro juvenil se había convertido en un alargado hocico peludo. No podía creer lo que estaba pasando. Giró el cuello y para mayor horror advirtió un pecho musculoso recubierto de pelaje además de notar cómo las hebras de su rizado cabello caían en cascada hacia un lado. No era capaz de reconocer su propio cuerpo y eso la estaba horrorizando más. La habían transformado por error… ¿en un caballo frisón? ¿Qué clase de broma pesada era aquella? Era cierto que el segundo año había tomado por error una poción multijugos con pelos del gato de Millicent Bulstrode y por equivocación se acabó transformando temporalmente en un felino, pero esta situación era todavía más seria. "¿Por qué estas cosas tienen que pasarme a mí? ¿Y por qué de todos los animales… tiene que ser un caballo?" pero lo único que emitió fue un agudo resoplido que salió de sus belfos mientras se lamentaba mentalmente.

Hermione escuchó los pasos de sus compañeros alejarse y su irritación contra aquel inconsciente alumno empezaba a incrementar. ¿Cómo se les ocurría ponerse a jugar con magia de esa manera tan despreocupada y sin pensar en las posibles consecuencias? ¿Cómo no eran conscientes de lo peligroso que resultaba aquello? Desde luego que era algo bastante grave, digno de ser sancionado además de incumplir unas cuantas reglas ya que no había ningún profesor supervisando. Como bien había dicho uno de los susodichos los hechizos trasformadores estaban terminantemente prohibidos fuera del aula por lo que supondría una infracción doble. No solo habían lanzado un hechizo por error a una persona ajena sino que debido a la falta de pericia todavía estaba sintiendo el dolor físico a la par que mental. Fuese quien fuese no debió lanzar un hechizo de transformación como aquel sin tener un dominio absoluto y mucho menos envalentonarse para intentarlo con un animal tan grande.

No tardó mucho en deducir qué había pasado exactamente y quiénes habían sido los responsables de aquella catástrofe que no eran nada más ni nada menos que Ronald Weasley y Seamus Finnigan, quienes habían estado practicando con poco éxito hechizos aquella mañana en clase de Minerva. Solo alguien tan insensato como Ronald sería capaz de hacer algo así. Hermione estaba tan irritada en ese momento que sintió ganas de golpear al Weasley. ¿Por qué siempre la estaba perjudicando? Parecía que lo hacía a propósito. ¿Cómo no se había dado cuenta de que era ella la persona que estaba en el bosque? Y ¿cómo se le ocurría ponerse a lanzar hechizos de ese calibre? Desde luego si conocía a alguien tan inconsciente como para hacer algo así, ese era Ronald Weasley. Juró que cuando terminara el efecto del hechizo y volviera a su forma humana pensaba tener una pequeña charla con el susodicho y estaba barajando la posibilidad de retirarle la palabra durante unas semanas. Pero ahora mismo se encontraba en una situación nueva y desconocida, sin recursos y sin saber cómo solucionarla.

Torpemente dio un par de pasos al frente y casi se cayó de bruces contra el suelo por tropezar con varias raíces, su nuevo cuerpo animal era extraño e inestable para ella y todavía no terminaba de asimilar que acababa de sufrir un hechizo transformador en nada más ni nada menos que un caballo. Tendría que acostumbrarse a su nueva forma porque hasta que alguien fuera a ayudarla no podría volver a su forma humana. "¿Cómo lo harán los centauros?" pensó levantando sus patas. A lo largo de su vida había visto un par de ellos, le resultaban criaturas mágicas sabias y admirables pero nunca se había parado a pensar en lo complicado que podría ser coordinar las dos patas traseras con sus delanteras. No sabía cómo moverse o actuar así que dio un par de pasos más, intentando no tropezar y caminar tranquilamente por el bosque. No podía ser tan difícil. Continuó caminando, levantando de forma exagerada los antebrazos y rodillas de sus patas hasta que sentía que tenía más equilibrio y percibiendo cómo iba dejando huellas a su paso. La ira que se había acumulado fue desapareciendo paulatinamente y se sintió más apaciguada, por lo general era una persona bastante razonable y no se dejaba llevar fácilmente por sus emociones ni impulsos pero esto había sobrepasado los límites. Era grave pero por suerte nadie más había salido perjudicado y estaba segura de que pronto alguien se daría cuenta de su ausencia o Harry vendría a socorrerla.

Al cabo de un buen rato cuando ya se había acostumbrado un poco a aquella forma y ya no le resultaba complicado esquivar raíces y árboles empezó a ir a un paso medio hasta que escuchó pisadas a su alrededor, imaginándose esperanzada que Seamus y Ron habían avisado a Harry y Ginny que acudían a su rescate con la profesora McGonagall. Tal vez serían sancionados con un par de puntos por persona, a ellos por practicar hechizos prohibidos fuera de clase y a ella tal vez por estar sola en un lugar tan alejado del castillo. Con un simple movimiento de varita Minerva podría devolverla a su forma humana y aquel fatídico hechizo que su compañero de casa le había lanzado por accidente iba a quedar en una anécdota más que contar pero nada más lejos de la realidad.

Empezó a escuchar las pisadas cada vez más cercanas, su cuadrúpedo cuerpo se empezó a llenar de tensión y sus orejas se pusieron en alerta. Empezó a inquietarse porque no veía a nadie, dio un par de pasos hacia atrás, quiso huir pero no fue capaz ya que el miedo la había paralizado. Fuera quien fuera debía estar alerta y no confiarse. Vio un par de arbustos moverse y su respiración se aceleró debido a la ansiedad que sentía, en ese bosque habitaban muchas criaturas mágicas desconocidas que tal vez serían peligrosas y se sentía indefensa en aquella forma. Un escalofrío recorrió todo su lomo cuando una figura extraña dio un paso en la penumbra y reveló a un esbelto muchacho de cabello platinado, perfectamente vestido de negro excepto por el cuello blanco de su camisa ceñido por una corbata, y se acercó con cierta temeridad al imponente animal. Hermione asustada al ver a su compañero de clase con el que había tenido un desagradable encuentro esa mañana se estaba acercando, intentó retroceder y escapar pero el miedo la volvió a paralizar. "Malfoy otra vez, no puede ser. ¿Qué voy a hacer ahora?" pensó aterrada notando los latidos de su corazón.

—No tengas miedo, no voy a hacerte daño —habló el muchacho con voz sosegada para que el animal no se asustara ni huyera, tratando de acercarse y extendiendo la mano aun con cierto temor, quien por supuesto ignoraba que se trataba de su compañera de clase.

"No podría creerme una palabra de serpiente como la tuya ni aunque estuviera bajo el efecto de la maldición Imperio" pensó la joven asustada por la cercanía de Malfoy y en el iris de sus ojos marrones se presentía que el animal estaba en una situación de ansiedad. Hermione empezó a ponerse nerviosa y a inquietarse, su cuello se tensó, los belfos se torcieron y empezó a moverse agitada. Tenía miedo, no sabía de qué era capaz Draco y dudaba mucho de que fuese benevolente con los animales ya que no lo era con ninguna persona que lo rodeaba. Jamás había visto en él un signo de amabilidad.

Cerró los ojos con brusquedad temiendo que le golpease el hocico pero le sorprendió la suavidad con la que deslizó sus finos y largos dedos, primero tanteando la suavidad de su pelaje para luego recorrer su rostro y le costó creer que aquel muchacho que la insultaba por los pasillos fuera el mismo Malfoy que acariciaba con tanta delicadeza un animal tan noble como un caballo. Abrió lentamente los párpados, las cuencas de los ojos del caballo se engrandecieron y todo aquel miedo e intranquilidad que sentía fueron desapareciendo poco a poco. Hermione se quedó quieta, advirtiendo como los tenues copos de nieve se depositaban en el impecable traje negro y se deshacía en gotas mientras olfateaba el masculino aroma que desprendía el muchacho. Aquel olor le resultaba conocido pero no supo identificar por qué.

—Tranquilo —murmuró esbozando una leve sonrisa al ver que el animal empezaba a dar signos de comodidad —Vamos, no voy a hacerte nada —aquellas palabras extrañamente reconfortaron a Granger aun nerviosa por la situación. "¿Debería creerte?" sopesó durante varios segundos. Aún sin saber si confiar en Malfoy dio un paso al frente, agachando la cabeza y se permitió a sí misma acercarse más, deshaciéndose de su terquedad. El joven continuó acariciando con la mayor de la suavidad al peludo animal, ignorando en verdad que se tratase de aquella estudiosa chica que se pasaba el día encerrada en la biblioteca con la única compañía de los libros y pergaminos. Aquella chica que lo ignoraba y se resistía a darle contestaciones a sus desplantes, aunque no admitiera jamás que aquello le resultaba extrañamente satisfactorio. Por supuesto Hermione siempre había sido una chica orgullosa y no le gustaban las personas como Malfoy, así que nunca había tenido interés en involucrarse con alguien como él pero esta situación era diferente. Nunca había imaginado que Draco se comportara con gentileza como lo estaba haciendo y estaba bastante sorprendida.

Sus ojos almendrados se encontraron con el azul gélido del blondo, ya no parecía la misma persona agresiva de siempre y no dejó de observarlo con extrañeza. Por un instante Malfoy imaginó que el caballo estaba entendiendo sus palabras pero se deshizo rápidamente de ese absurdo pensamiento. Extendió la mano aun temeroso de que el animal embraveciera pero le permitió acariciarle las orejas además de las hebras oscuras, al que parecían gustarle aquellas suaves caricias y Hermione se deshizo de toda la tensión acumulada. Nunca se había parado a observar los estilizados y finos dedos del muchacho que lucían una costosa joya de plata con una serpiente con la cola enroscada en su mano derecha, así como la finura de sus labios que permanecían entreabiertos y a causa del frío emitían un pequeño vaho. Deslizó sus manos desde su testuz hacia sus belfos y Draco se quedó observando el color marrón oscuro del pelaje del animal, mientras Hermione sentía la calidez que desprendían sus manos. Todo aquello estaba siendo extraño pero no le desagradaba.

—Lo siento amigo, no te he traído nada de comer —murmuró sin dejar de admirar embelesado la cabeza del caballo, quien lo miraba fijamente y movió las orejas en señal de que estaba escuchando lo que decía. El viento movió un mechón de cabello rubio que tapó sus finas y rubias cejas y Hermione reparó en que realmente Malfoy era un joven apuesto con unas facciones delicadas. Pero, ¿servía de algo la belleza exterior cuando se carecía de la interior? —Espera, creo que tengo una manzana por aquí. ¿Te gustan las manzanas? —rebuscó en su bolsillo hasta sacar una reluciente manzana verde que inmediatamente le ofreció al animal y que aceptó de buen grado.

Hermione estaba aún manteniendo un poco la distancia pero perdió todo su miedo en ese instante y dio un par de pasos para acercarse más al Slytherin, olfateando el alimento pues era capaz de captar el aroma agridulce. Sentía que podía confiar en él, le había sorprendido ese gesto de amabilidad, así que abrió la boca y empezó a mordisquear con entusiasmo aquella apetitosa fruta. "Creo que si realmente supiera que soy yo saldría corriendo" no pudo evitar pensar un poco apenada por la situación.

—Eres muy cariñoso —bromeó Draco al ver que el animal estaba más calmado, disfrutando de la manzana, además que respondía a sus caricias y le pareció imaginar que el caballo esbozó una sonrisa por el halago. Hermione no era capaz de apartar el contacto visual, simplemente asombrada a la par que atónita por el cambio de actitud del joven. Pudo advertir que en sus ojos no había esa malicia habitual ni esa crueldad o desprecio con el que trataba a todo el mundo como si fuera superior al resto, le parecía una persona totalmente diferente y no le estaba desagradando. "Así que este el verdadero Draco, lástima que no sea siempre así y se comporte como un idiota la mayor parte del tiempo".

—¿Sabes? —aquella pregunta retórica captó de nuevo la atención del animal después de engullir la fruta y movió sus orejas al percibir el sonido —Cuando era pequeño mi padre me regaló un caballo pura sangre inglés cuando cumplí los nueve años, ese día aprendí a montar para que me llevara a cabalgar con él, pero él nunca pasaba tiempo conmigo. Siempre estaba ocupado con el trabajo y nunca tenía tiempo para mí. Yo siempre estaba con mi madre, ella me decía que mi padre me quería pero que estaba demasiado ocupado para jugar conmigo. Yo quería mucho a aquel caballo, siempre cabalgaba con él hasta que un día… se marchó y nunca más lo volví a ver —Hermione podía apreciar cierta tristeza en la voz de Malfoy, en cómo este apartaba la mirada y detenía sus caricias en el suave pelaje. Nunca se había imaginado que a pesar de que Malfoy había tenido una infancia perfecta llena de lujos, caprichos y todo tipo de comodidades, en el fondo lo que había detrás era un niño al que le faltaba el cariño de su padre, que tuvo que crecer a su sombra y tratar de ganar su aprobación —Tú… no sé por qué… pero me recuerdas mucho a ese caballo —sus ojos azules se perdieron en las cuencas marrones del animal advirtiendo su simple reflejo en él —Mi madre me explicó que los caballos son espíritus libres que vagan por las llanuras y que no tienen dueño, yo esperé que un día volviera pero jamás lo hizo. Tal vez encontró un nuevo hogar y una familia —concluyó con nostalgia en su voz al revivir en su memoria un tiempo ya triste y lejano —Supongo que desde entonces siempre me han gustado los caballos, es mi animal favorito —murmuró como si fuera un pensamiento en voz alta.

El muchacho se quedó en silencio como sumido en su propia reflexión y sus facciones denotaban una melancolía mezclada con un sentimiento de aflicción. Las palabras de Malfoy inevitablemente hicieron mella en Hermione que a pesar de haber sido transformada por error en un caballo aún conservaba algo de su parte emocional y lo miraba con curiosidad. No le extrañaba mucho lo que acababa de contarle, su padre no parecía una persona muy cariñosa ni cercana y era todavía más arrogante que su hijo, al contrario que su madre que parecía más comprensiva y abierta. Debió ser duro para él tener una infancia así, ella siempre había crecido rodeada del cariño de sus padres y familiares en un ambiente cálido y acogedor. No envidiaba en absoluto la vida de Malfoy pero sentía lástima por él y por todo lo perfecto y vacío que había a su alrededor.

—No pasará nada porque me ausente un par de horas, Nott y Zabini podrán darle una excusa creíble a Slughorn —escuchó salir de sus sonrosados labios al cabo de un rato y el espiritual caballo volvió a mover las orejas. Hermione abrió los ojos con sorpresa mientras el joven deslizaba aquellos alargados dedos por su grupa y con agilidad se montó de un salto sobre él. En ese momento Hermione si tuviera su forma humana juraría que se habría puesto más roja que el color de pelo de los Weasley. Una cosa era escuchar algunos de los recuerdos más íntimos de Malfoy y otra muy diferente es que se montara sobre su nueva forma animal. ¿Es que acaso quería dar un paseo con ella? Aun no daba crédito a lo que estaba pasando pero desde luego aquella extraña tarde estaba siendo más prometedora que estudiar en la biblioteca en compañía de sus amigos.

Draco asió las crines del animal con seguridad y este obediente empezó a ir a un calmoso trote hasta que adquirió más velocidad para ir a galope. Ella misma descubrió que todo lo que le había contado era cierto, no había mentira ni engaño en sus palabras, Malfoy era un excelente jinete, era elegante conduciendo, se movía con tranquilidad y en ningún momento mostró signos de violencia. Hermione estaba a gusto, sentía una sensación de libertad indescriptible galopando por la llanura nevada del terreno de Hogwarts como nunca lo había hecho, olvidándose que todo aquello había sido fruto de un hechizo mal lanzado. Se sentía viva galopando hacia el horizonte mientras sus hebras volaban en el viento y sentía que la brisa la empujaba. Solo existía ella y Malfoy, explorando lugares que nunca había visto y perdiéndose en la infinitud del paisaje. Le gustaba su nueva forma animal, los caballos siempre le habían parecido animales majestuosos, libres, dueños de sí mismos, inteligentes y aéreos ya que volaban con el viento, relinchando con potencia hacia el horizonte. ¿Y si su nueva forma era su auténtico espíritu animal? ¿Y si tal vez el hechizo no había sido fruto del azar? Hermione tenía muy claro que las casualidades no existían pero se deshizo de este pensamiento mientras cabalgaron durante horas, perdiendo la noción del tiempo e incluso pararon en varias ocasiones cerca del lago para que el animal calmara su sed.

Si estaba en lo cierto las apariencias engañaban, el heredero Malfoy no era como parecía ser, a sabiendas de que se comportaba como un auténtico cretino con ella y sus amigos e incluso con cierta saña disfrutando. Sabía que había crecido siendo adoctrinado desde que nació con una ideología sobre la superioridad de la pureza de sangre, por supuesto su familia pertenecía a ese privilegiado estatus de sangre pura y no era un secreto que Lucius apoyaba la causa y engrosaba parte de la lista de mortífagos. Siempre le había parecido que Draco era una persona superficial, engreída y arrogante que buscaba tener atención y personas que bailaran a su alrededor y que por supuesto contentaran todos sus caprichos y excentricidades, para continuar los pasos de su padre. ¿Y si todo aquello era simplemente una máscara para ocultar su verdadera personalidad? ¿Lo había juzgado mal y tal vez merecía una segunda oportunidad? ¿Y si en el fondo no era más que un niño asustado que había crecido sin el cariño de su padre? Sus actos estaban inclinando la balanza a su favor y estaba reconsiderando esta cuestión.

El caballo frisón cambió el ritmo para empezar a ir al trote y en un determinado momento Draco se bajó de su lomo para volver a acariciar con cariño los mechones oscuros de sus crines rizadas. Eran verdaderamente suaves y se enredaban entre sus dedos. Pero no sin antes volver admirar el majestuoso porte del animal, sus pequeñas orejas puntiagudas sobresalían así como las flamantes curvas dibujaban la cuadrúpeda anatomía de su caja torácica y su henchido pecho. Su poderosa musculatura de gran envergadura, cuyas patas de abundante pelo terminaban en las esbeltas rodillas y en los cascos. Aquel caballo era si no tal vez el más hermoso que jamás había visto, de gran docilidad con un agudo sentido de la inteligencia.

El muchacho tomó aire y meditó bien lo que iba a decir, ignorando el hecho de que en realidad estaba hablando con una de sus compañeras a la que no le profesaba especial simpatía. En parte se sentía estúpido hablando con un caballo porque era evidente que el animal no entendía sus palabras pero por otro lado, el animal tenía unos ojos nobles y puros que lo observaban con curiosidad y sentía que entendía lo que decía. No le importaba, necesitaba desahogarse con alguien porque aquella carga que llevaba sobre sus hombros estaba siendo demasiado pesada y no se atrevía a hablar con Blaise o Pansy sobre el tema. Hacía semanas que apenas dormía ni comía y su aspecto estaba empezando a verse desmejorado porque la preocupación lo consumía.

—Sé que no puedes entenderme pero hay algo que no me deja dormir por las noches. ¿Ves esto de aquí? —los ojos de Hermione brillaron con temor cuando el joven levantó la manga de su antebrazo izquierdo y le mostró un tatuaje negro de una calavera de la que salía una larga serpiente enroscada. No había duda, aquella era la inconfundible Marca Tenebrosa. Las sospechas de Harry de hace un par de semanas acerca de Malfoy estaban en lo cierto y ardió en deseos de correr a advertirle pero no fue capaz de mover un solo músculo y emitió un nervioso chillido. Recordó aquel momento en que tanto ella como Ron se habían mostrado incrédulos ante las insistencias de su amigo y habían tratado de disipar su temor sobre los mortífagos que ahora estaba siendo acertado —Ha sido una venganza del Señor Tenebroso que me está haciendo pagar para salvar a mi padre de Azkaban. Yo no he elegido ser mortífago, no he querido serlo ni he tenido elección. Si no hago lo que me ordena me matará a mí y a toda mi familia. El mayor de mis miedos es no poder volver a verlos, intento no pensar en ello pero el miedo y la incertidumbre me consumen. Apenas duermo sin dejar de pensar cómo estarán y cuando lo hago me despierto angustiado por las pesadillas. Toda mi vida he temido defraudar a mi padre, he intentado ser como él y seguir sus pasos pero no he estado nunca a la altura. Él es un mago excelente mientras que yo sólo soy un mediocre.

Hermione no daba crédito a lo que estaba escuchando. Malfoy ya no se mostraba tan seguro como de costumbre, si no que pareció advertir cierta vulnerabilidad en su rostro y en sus ojos. Su voz sonaba más apagada y en cierto modo sintió misericordia por él, sus ojeras estaban más pronunciadas de lo habitual, señal de que no estaba descansando bien y su rostro estaba cada vez más pálido y demacrado. Era evidente que no estaba mintiendo. El blondo ya no era capaz de sostener la mirada al frente, en ella Hermione advertía temor, miedo y parecía a punto de estallar en lágrimas. Hermione jamás se consideró una persona vengativa pero sentía cierta compasión por la situación que estaba pasando, a pesar de que Malfoy nunca había sido amable con ella. Recordaba haberlo visto varias veces en clase sin atender a las lecciones o en las mesas del Gran Comedor con la mirada perdida, tal vez ese era el motivo por el que actuaba así. Sin saber que hacer dio un paso al frente y con su largo hocico tocó el brazo del muchacho, quería brindarle apoyo pero no sabía cómo reconfortarlo y este se aferró a él mientras sollozaba. Los ojos del caballo no eran capaces de apartarse de aquella imagen del chico roto por el miedo, desconsolado, desvelando sus mayores temores y su fragilidad.

—¿Y tú, tienes familia? Seguro que están preocupados por ti. De ser así, seguro que tienes nombre. ¿Cómo te llamas? Ojalá pudieras entenderme —musitó al cabo de un rato aún con cierta tristeza, tratando de recuperar su estado habitual y secando sus finas lágrimas. "Draco en realidad sí te entiendo" pensó la muchacha perdida en sus propios pensamientos. En los ojos de Malfoy no había vacilación y Hermione supo que decía la verdad —Me temo que he estado demasiado tiempo ausente y debería volver a la escuela pero me gustaría venir a visitarte cuando vuelva a tener ocasión —habló acariciando por última vez las orejas y crines del frisón con ternura. Apenas se habían dado cuenta de que habían pasado horas porque habían estado a gusto el uno con el otro pero alguien podría darse cuenta de la reiterada ausencia de cualquiera de los dos. Draco emitía un pequeño vaho de sus finos labios y siguió propiciando con delicadeza caricias al caballo, pero cuando apartó la mano por última vez extrañó la suavidad con la que lo tocaba. Malfoy se fue en silencio con su firme y elegante andar dejando pisadas en la nieve, desapareciendo en la espesura del bosque. Hermione permaneció quieta, emitiendo un pequeño sonido de despedida y observando cabizbaja. ¿Y ahora qué iba a hacer?

¿Debía contarles a sus amigos lo sucedido o debía respetar la intimidad con la que Malfoy se había abierto? Por un lado ardía en deseos de confirmarles que había visto la Marca Tenebrosa con sus propios ojos, pero por otro lado sentía que si lo haría estaría traicionando la confianza que Draco depositó en ella, y si lo hiciera podría verse envuelta en serios problemas. Pero no hacerlo y guardar silencio podría ser contraproducente. Era la primera vez que Draco le había mostrado esa faceta sensible y vulnerable y tampoco sería correcto exponerlo de esa manera porque estaba segura de que Harry y Ron no la creerían. Pero al fin y al cabo eran sus amigos y si no les contara lo ocurrido sentiría que estaría traicionándoles a ellos. ¿Qué debía hacer? Mientras se debatía mentalmente entre ambas opciones unas voces conocidas llamaron su nombre a lo lejos y sus pequeñas orejas percibieron el sonido poniéndose rígidas. No se movió del sitio, atisbó que se trataba de la profesora Minerva acompañada de Harry, Ginny, Ron y Seamus, los culpables de aquel accidente y Hermione sintió un halo de esperanza al ver cómo corrían hacia ella. Tuvo sentimientos contradictorios en ese momento y estaba un poco aturdida después de estar con Malfoy, hace horas hubiera deseado que se deshiciera aquel hechizo pero después de todo lo sucedido ya se había acostumbrado a su forma animal e incluso le agradaba ser un caballo. Sabía que tarde o temprano todo volvería a la normalidad aunque no podía evitar apenarse porque no se sentía preparada. Arrugó la frente al ver al muchacho pelirrojo con una expresión de culpabilidad en el rostro mientras su hermana mantenía una mueca de asombro. Juraba por Godric Gryffindor que iba a retirarle la palabra al Weasley durante un buen tiempo.

—¡Hermione! Yo… lo siento mucho… no sabía que eras tú ni que estabas en el bosque en ese momento… —Ronald fue el primero en precipitarse al hablar intentando disculparse con torpeza y como respuesta el caballo emitió un agudo relincho con notable enfado a modo de recriminación. Harry miró de reojo a su amigo, conocía a Hermione y estaba seguro de que iba a tardar un tiempo en perdonarle. Potter pudo confirmar que aunque ella estuviera bajo una forma animal mantenía sus emociones y su personalidad pero estaba casi tan sorprendido como los demás al ver que ese majestuoso caballo era su mejor amiga.

—Pobre muchacha. No te muevas, te volveré a transformar en seguida. Y en cuanto a ustedes dos, señor Weasley y señor Finnigan, su insensatez no hace más que ocasionar problemas a los demás. Lamentándolo mucho, me veré obligada a sancionaros con 50 puntos menos por cada uno y con 2 horas de detención mañana en mi despacho. Den gracias de que el castigo no sea mayor, el profesor Snape los habría expulsado del colegio así que no quiero quejas. Espero que este incidente no vuelva a repetirse o me veré obligada a comunicárselo al director —al principio la voz de Minerva parecía ligeramente preocupada por ver a una de sus mejores alumnas convertida en un caballo y su tono de voz se volvió más severo cuando regañó a los muchachos —Puede que al principio estés un poco mareada pero te prometo que no te dolerá —volvió a dirigirse a ella con mayor suavidad en su voz. Acto seguido agitó su varita con delicadeza y tras pronunciar las palabras correctas transformó a Hermione en su forma humana, envuelta en un halo mágico azulado.

La joven sintió como las oscuras crines de su cabizbaja cabeza volvían a convertirse en su rebelde cabello rizado de siempre, como su alargado hocico recuperaba la forma ovalada de su rostro y como dejaba de sostenerse sobre sus patas traseras. Estaba notando una gran diferencia entre lo dolorosa que había sido la primera transformación y esta en la que apenas percibía nada, fruto de la amplia experiencia de McGonagall. Seamus y Harry miraban impresionados la nueva metamorfosis de su compañera y por la expresión de sus rostros se podía advertir lo asombrados que estaban con las habilidades de su profesora y jefa de casa. Apenas duró unos segundos pero casi sintió desdicha por abandonar su forma animal, todo lo que había sentido y experimentado, esa sensación de libertad y velocidad, de sosiego y paz, cabalgando con Malfoy por la nieve. Temía olvidarse de todo eso. Hermione notaba cómo recuperaba toda su racionalidad, cómo su cuerpo estaba volviendo a ser el mismo de antes y cómo sus sentidos volvían a estar más limitados. La transformación fue en un abrir y cerrar de ojos e inspiró aire profundamente, intentando no estallar en una cólera desmedida hacia Ron mientras Harry le tendía la mano para que se levantara del suelo.

—Mucho mejor así, Hermione. Estábamos preocupados por ti, te estuvimos buscando por todos lados e incluso le pedimos ayuda a Luna —le esbozó una sonrisa sincera que reconfortó a la joven y acto seguido abrazó a la muchacha, fundiendo su cuerpo en un abrazo mientras observaba a la joven Weasley que estaba a su lado y que le devolvió la sonrisa.

—Es agradable recuperar mi verdadero cuerpo humano, aunque ya me había acostumbrado a ser un caballo —murmuró con cierta tristeza en su voz tras separarse de Potter mientras Minerva observaba orgullosa como su mejor alumna había vuelto a su forma humana.

—Hermione, ¿cómo te vas a acostumbrar al cuerpo de un caballo? ¡Es ridículo! —añadió el Weasley frunciendo el ceño sin entender lo que estaba diciendo, a lo que Granger volvió a devolver una mirada poco amistosa. ¿Es que acaso había perdido el juicio? ¿Cómo le iba a gustar ser un caballo? "La culpa de todo esto ha sido tuya" pensó la joven, "aunque no sé si debería darte las gracias".

—Ron, cállate si no quieres empeorarlo. ¿Y qué has estado haciendo todo este tiempo? —inquirió la pelirroja para suavizar el ambiente al ver que su hermano no había hecho un comentario muy oportuno otra vez.

—Pasear por el bosque —mintió tratando de no delatar nerviosismo con su voz. No le gustaba mentir pero pensaba que lo más sensato sería guardarse lo sucedido con Malfoy para ella porque posiblemente a sus amigos les resultara difícil de creer.

—¿Pasear? —repitió Ronald con una mueca desagradable sin entender nada y Harry le devolvió una mirada amonestadora.

—Bien, será mejor que volvamos al castillo, sus compañeros estarán preocupados por ustedes —añadió la profesora con un tono severo después de recolocarse los pequeños anteojos sobre la nariz. No era lo más idóneo que estuvieran fuera del colegio a esas horas cuando empezaba a anochecer así que asintieron con la cabeza. Volvieron al castillo sin replicar tras la profesora McGonagall pero Hermione no dejaba de pensar que había vivido una de las experiencias más maravillosas y extrañas de su vida y en silencio escuchaba los reproches de Ginny a su hermano y a Seamus, con una pequeña sonrisa que a Potter le parecía sospechosa. Conocía demasiado bien a su amiga como para no intuir que había pasado algo que no le había contado pero no le dio mayor importancia cuando Ginny le agarró la mano en silencio.

Nadie se había percatado que a lo lejos escondido entre los árboles el joven Malfoy había presenciado toda la escena. Las voces de sus compañeros y de la profesora le habían llamado la atención cuando se estaba dirigiendo al castillo, así que decidió esconderse para ver qué pasaba. Estaba seguro de que Potter y Weasley se habían visto envueltos en un problema y no iba a perder la ocasión para burlarse de ellos al día siguiente. Pero se sorprendió gratamente cuando descubrió que el brioso y peludo animal con el que había pasado la tarde no era nada más ni nada menos que Hermione Granger. La chica nacida de muggles que se pasaba las tardes leyendo viejos manuales y estudiando las asignaturas para los ÉXTASIS, la misma de la que se había burlado ese mismo día en el pasillo después de la clase de Transformaciones y que conformaba una parte indispensable de la tríada dorada. Quiso gritar de la sorpresa en ese momento pero las palabras enmudecieron en su garganta y no salieron. ¿Cómo era posible que durante todo este tiempo estuviera con Granger sin darse cuenta? ¿Por qué de todos los alumnos tenía que ser ella? ¿Cómo iba a mirarla la próxima vez en clase o en el Gran Comedor? Tal vez debería contarle todo lo ocurrido a Zabini o Goyle pero estaba seguro de que no iban a comprenderlo porque era algo que todavía ni él mismo era capaz de entender, además de que lo tomarían por loco.

Jamás hubiera imaginado que aquello fuera fruto de un hechizo mal ejecutado pero no le importaba, se había sentido extrañamente cómodo al lado de aquel animal que le inspiraba confianza, no solo eso, si no que había confesado algunos de sus recuerdos o secretos que ninguno de sus amigos sabía. No iba a negar que le había gustado pasar la tarde con ella porque eso sería hipócrita. ¿Acaso tenía algo de malo? Si su padre se enterara se lo prohibiría expresamente pero no iba a saberlo, era un secreto que iba a guardarse para él. Estaba seguro de que la joven no se atrevería a contarle a nadie lo sucedido pero debía asegurarse de que el secreto de su Marca estuviera a buen recaudo. Era algo que nadie debía saber y mucho menos Potter que había empezado a vigilarlo con insistencia porque posiblemente sospechara algo. Debía recapacitar su relación con Granger por llamarlo de alguna forma, reconocía que nunca se había portado bien con ella a lo largo de seis años. Tal vez podrían ser… ¿amigos? Eso no podría ser posible porque un abismo infranqueable los separaba, la rivalidad entre Gryffindor y Slytherin aumentaba ese abismo sin contar además su estatus sanguíneo. ¿Qué dirían los demás si lo vieran paseando con una muggle? Le llamarían traidor a la sangre y sería el hazmerreír de todo Slytherin. Pestañeó con fuerza porque todavía no daba crédito a lo que había presenciado hace tan solo unos minutos. "Así que eras tú, Granger" pensó esbozando una media sonrisa sin darse cuenta. En ese preciso momento aparecieron Theodore, Blaise y Pansy que lo sorprendieron por la espalda, interrumpieron sus reflexiones e hizo que el joven diera un respingo, adoptando su eterna fachada de altivez.

—¿Dónde has estado, Draco? Te hemos estado buscando —preguntó Zabini con tono arrogante y Draco odiaba que se atreviera a hablarle con tanta condescendencia. ¿Quién era él para hablarle de esa manera? Y aún peor, ¿por qué tenía que darle explicaciones? El muchacho de color levantó la cabeza esperando una respuesta y sus demás compañeros también, así que se vio obligado a contestar.

—Estaba harto de Pociones y me apetecía tomar el aire. ¿Me echabas de menos, Blaise o es que necesitas que alguien bese tu pomposo culo? —respondió de la misma forma petulante que su compañero pero aquella respuesta no pareció ser demasiado convincente para el muchacho. Pociones y Defensa contra las Artes Oscuras eran las clases favoritas de Malfoy y nunca faltaba a ellas, había algo que no le encajaba pero ya descubriría el qué. Era obvio que estaba mintiendo porque había apartado la mirada bruscamente y por mucho que sus compañeros le creyeran ciegamente porque eran unos descerebrados, él mantendría sus dudas.

—Pansy creía que te pasaba algo. Incluso le preguntamos a Crabbe y Goyle pero no sabían dónde podías estar —habló Theo frunciendo el ceño y cruzando los brazos por encima del pecho. Malfoy odiaba que Nott se pusiera del lado de Blaise y no le gustaba en absoluto el papel de liderazgo que este último estaba teniendo. Era el más inteligente de sus amigos y debía tener cuidado con él.

—Como desapareciste sin decir nada después de insultar a la sangre sucia en el pasillo —secundó la chica de cabello oscuro con los ojos vidriosos mientras se aferraba con fuerza al brazo del muchacho, pero no respondió a su gesto e incluso la miró con desdén. Incluso Parkinson notó que algo le pasaba porque normalmente solía corresponderle el contacto y lo miró al borde de las lágrimas, no era propio de Draco comportarse así con ella. Al mencionarla Malfoy recordó lo sucedido aquella mañana después de salir de clase y en el fondo se arrepintió de haber actuado así con Granger. Tal vez no era demasiado tarde para pedir disculpas.

—Lo que yo haga en mi rato libre no es de vuestra incumbencia —aquella contestación aumentó las sospechas de Blaise todavía más, apartando a su compañera bruscamente y le dio la espalda para ir hacia el castillo. No tenía por qué justificarse o dar explicaciones a nadie. Necesitaba pensar y reflexionar sobre lo sucedido aquella tarde y no quería que nadie le molestara. Lo único que quería era estar solo —Y ahora dejadme en paz —sus tres amigos observaban como la solitaria y lánguida figura del joven heredero de Slytherin se alejaba en la frialdad del bosque nevado, siguiendo el camino que sus otros compañeros de Gryffindor había tomado, mientras cavilaba sumido en sus pensamientos.

—Lleva semanas comportándose de manera rara y desapareciendo a cada rato. Estoy preocupada por él. ¿Y si se está viendo con otra chica a escondidas? —murmuró Pansy en un hilo de voz agachando la cabeza y tapándose los labios. No solía ser desconfiada pero sentía que le estaba dando motivos para serlo.

—Malfoy solo tiene ojos para ti —respondió Blaise con escepticismo. Si Draco estuviera interesado en otra chica se lo diría pero no creía que fuera eso lo que le preocupaba.

—Déjalo Pansy, ya sabes cómo es cuando está de malhumor —contestó Theo para intentar reconfortar a su compañera.

.

La mañana siguiente los alumnos de sexto año salieron de la clase de Defensa contra las Artes Oscuras del tercer piso agotados y sin fuerzas. Las clases con Severus Snape cada día eran más exigentes y requerían mayor concentración, además el temario era muy extenso y el profesor no se contentaba con los débiles resultados de sus alumnos, debían saber cómo defenderse contra las maldiciones imperdonables y de todo tipo de sortilegios. Incluso a Hermione le resultaba complicado seguirlo en algunos momentos pero le reconfortaba saber que tenía todo el fin de semana para estudiar. Cuando terminó la clase recogió sus libros con lentitud y salió del aula como de costumbre notando como Malfoy mantenía la mirada fija en ella. Se había percatado que durante toda la clase no la había dejado de mirarla de manera indiscreta y no paraba de inquietarla cuando clavaba sus ojos azules en ella de esa manera. ¿Es que acaso intuía algo? ¿La había descubierto? ¿Se había dado cuenta de que era ella transformada en un caballo? Su corazón se aceleró al pensarlo, empezó a sudar frío, trató de actuar normal como si nada hubiera pasado y de ignorarlo como siempre, hasta que el muchacho obstaculizó la puerta sin dejarla pasar. "Oh, otra vez no".

—Malfoy, ¿qué quieres? Déjame salir —suspiró malhumorada al ver que oponía resistencia física. Tras poner los ojos en blanco, lo confrontó, era mucho más alto y robusto que ella y aunque tenía la maña no tenía la suficiente fuerza contra él. Lo último que le apetecía era que volviera a insultarla con su retahíla de desprecios a los que ya estaba acostumbrada. Por lo general no le afectaban lo más mínimo porque había aprendido a ignorar sus palabras, pero no estaba de humor después de la clase de Snape y aún seguía molesta con Ron y Seamus.

—No —aquel monosílabo la pilló desprevenida ya que normalmente lo único que escuchaba eran insultos y lo que escuchó a continuación hizo que los latidos de su corazón se paralizaran durante un segundo —Sé que eras tú —murmuró el joven mirando fijamente los orbes marrones de la muchacha que eran tan similares a los ojos del cuadrúpedo de ayer y pareció advertir en ellos el mismo brillo.

—¿Qué? —las mejillas de la joven en ese momento empezaron a incendiarse fruto de la vergüenza mientras el rostro de Malfoy permanecía tranquilo e inexpresivo. ¿Había escuchado bien? ¿Se estaba dirigiendo a ella? ¿La había descubierto? No podía ser.

—Granger, sé que eras tú el caballo frisón con el que estuve paseando ayer por la tarde en el bosque. Vi como McGonagall te transformó. La comadreja es demasiado inútil como guardián de Quidditch como para lanzar bien un hechizo de ese calibre —Malfoy contestó con su habitual voz petulante pero la penetrante mirada seguía recayendo sobre ella y la estaba inquietando todavía más y tragó saliva sin saber qué responder.

—Yo… —aunque Hermione quisiera decir algo las palabras no salían en ese momento. Normalmente no solía perder la facultad del habla pero la había descubierto y estaba bastante avergonzada. ¿Qué pensaría ahora de ella? Quiso disculparse pero no sabía cómo hacerlo así que con nerviosismo apartó un mechón de pelo que tapaba su cara —No debí… Yo…

—No imaginaba que fuera tan agradable pasar tiempo contigo, Granger. Tal vez no eres tan insufrible sabelotodo como pensaba y los estúpidos de Weasley y Potter no son tan idiotas después de todo —esbozó una sonrisa maliciosa burlona pero la joven se dio cuenta de que el comentario dirigido hacia ella carecía de su maldad habitual. Le había sorprendido demasiado que hubiera dicho aquello pero estaba empeñada en disculparse por él, aunque no hubiera hecho nada malo.

—Te prometo que no le diré a nadie lo de tu Marca… Lo siento —agachó la mirada incómoda, fruto del nerviosismo sin escuchar lo que había dicho el blondo e intentó marcharse hasta que una mano la agarró con fuerza del brazo.

—Más te vale, Granger —Malfoy dio un paso hacia ella reduciendo la distancia con su cuerpo, Hermione prácticamente notó el agradable aroma que desprendía el muchacho y este susurró a su oído —Puede que de ahora en adelante piense en dar paseos por el bosque más a menudo —aquella voz viperina le causó escalofríos por todo el cuerpo. ¿Había escuchado bien? ¿Acaso Malfoy le estaba insinuando que quería volver a pasar más tiempo con ella en secreto? ¿Lo había soñado? No, no habían sido imaginaciones suyas, había oído bien. Entonces Draco soltó su brazo, dándole la espalda dispuesto a irse pero antes la miró con una media sonrisa dibujada en sus labios.

Hermione se quedó en mitad del pasillo confundida y aturdida. ¿Qué debía hacer? ¿Debía quedar con Malfoy a escondidas de sus amigos sabiendo que era mortífago o confesarlo todo ante el director y McGonagall? La proposición era irresistiblemente atrayente y volvía a debatirse por enésima vez entre lo que era correcto y lo que no. Tal vez el desafortunado hechizo de Ron y Seamus le había servido para darse cuenta de que Draco no era la persona que aparentaba ser y que su metamorfosis no solo había cambiado su forma humana, si no sus pensamientos sobre él. No pasaría nada si se ausentara un par de veces a la semana para pasear con él. ¿O sí? Harry y Ginny estaban tan enamorados que apenas se percataban de nada de lo que pasaba a su alrededor, Ronald seguía demasiado enfurruñado por este tema y Neville estaba empezando a pasar más tiempo con Lovegood. Nadie se daría cuenta pero debía ser cautelosa. Se colocó un rebelde mechón detrás de la oreja y se fue por el pasillo en dirección contraria a Malfoy con una pequeña sonrisa de satisfacción, apretando los libros contra su pecho. Guardaría el secreto, haría gala de su valentía de leona y se permitiría conocer mejor al joven muchacho de Slytherin.

Fin.


Nota de la autora: ¡Hola de nuevo! Gracias leer y por haber llegado hasta aquí. Me gustaría agradeceros a todos la gran acogida que ha tenido Corbata, mi anterior Dramione (si todavía no lo has leído y tienes debilidad por ver a Hermione deshaciendo la corbata de Malfoy en los baños de prefectos, esa es tu historia). La idea de este fanfic se me ocurrió a raíz de ver una imagen en Instagram del actor que interpreta a Draco Malfoy (Tom Felton) acariciando la cabeza de un caballo y a partir de ahí empecé a desarrollar toda la trama con la idea de que el caballo en realidad era Hermione transformada. Esta vez me apetecía hacer algo más narrativo y novelesco, donde hubiera un fortuito acercamiento para provocar un cambio de pensamientos y percepciones entre ambos protagonistas y este ha sido el resultado. Sé que ha quedado demasiado extenso, es la primera vez que escribo un oneshot tan largo pero tendréis que perdonarme porque me fui emocionando a medida que continuaba. Me hubiera gustado publicar esta historia un poco antes ya que es de temática invernal pero me ha resultado imposible. Espero que os haya gustado tanto como a mí. ¿Qué te ha parecido? Cuéntamelo en comentarios o apoya mi trabajo con un favorito/voto. ¡Nos vemos en la próxima historia!