DISCLAIMER: Los personajes del siguiente one-shot no me pertenecen, son propiedad de Alejandro Amenábar y de todo el equipo que logró llevar a cabo la maravillosa producción del film Ágora, así como de la historia misma de Alejandría.

La trama tampoco es creación mía, es propiedad de una chica italiana llamada AMARYLLIS, apasionada por las letras y también por esta película al igual que yo, por lo que en agradecimiento de que haya creado este hermoso escrito y reconociéndole todos los créditos, me he encargado aquí de TRADUCIRLO al Español esperando que otros fans lo puedan encontrar, puesto que merece ser leído en otros idiomas.

Nota:

Adjunto los datos originales de la obra y dónde puede ser encontrada:

*Sitio web: Efp fanfic (punto)net

*Título original: "Bellezza delle parole"

*Autor: Amaryllis

*Fecha de publicación:13/05/2016

*Género: Introspectivo - melancólico

*Idioma original: Italiano

(A quién pase por aquí, muchas gracias por leer)

Belén

LA BELLEZA DE LAS PALABRAS

Esa llama que solía arder por ti se ha descontrolado con ira. Y fui al encuentro de un Dios que me hizo sentir vivo aún sin ti. ¿Ilusión o verdad?

Todo lo que soy es sólo para ti.

(De Davo a Hipatia)


"Cuando te contemplo a tí y a tus palabras, te venero

contemplando la casa estelar de la Virgen,

pues en el cielo están tus asuntos,

distinguida Hipatia, belleza de las palabras,

estrella inmaculada de la sabia enseñanza".

(Antología Palatina, IX, 400)

Todo lo que soy es para ti. El poder de tu mirada, la fuerza de tu palabra.

Me sentí vivo, mirándote a la luz de la luna. Me sentí como en casa, en las escaleras del Serapeum contigo a mi lado.

Me sentí traicionado al escuchar tu insulto "¡Idiota!" dirigirse hacia mí. Y esa llama que solía arder por ti se descontroló con ira. Así que fui al encuentro de un Dios que me hizo sentir vivo aún sin ti. ¿Ilusión o verdad?

Todo lo que soy es sólo para ti.

¿Recuerdas, Hipatia, los días enteros pasados en el Serapeum? ¿Cuántos rollos han tocado tus dedos? ¿Cuántas palabras has leído? ¿Y cuántos pensamientos esconden… escondían tus ojos, Hipatia, mientras los míos se perdían en contemplarte?

Y no sé si en mi mente realmente me atrevía a pensarte como mía, ni tampoco siquiera cómo permití que ciertos pensamientos, no lícitos para un esclavo como yo, tomaran forma.

Pero no pude evitar regocijarme con tu mirada sorprendida y feliz por mi intuición, porque aun no siendo un alumno tuyo, me mirabas con admiración.

Y señalaste las estrellas, me confesaste tus dudas, escuchaste mis torpes palabras, y a mí, a mí primero, me prometiste que algún día resolverías el misterio de las errantes.

Tú, seguidora de la Verdad.

Tú, mujer y filósofa.

Tú, mi ama… La única frase en la que me es legítimo llamarte mía.

Y no importa que me hayas liberado. Ahora comprendo que nunca pude guardar rencor, en absoluto, por ese desprecio que vi en tus ojos, mientras tus manos me liberaban de una carga material. Ese día un peso nuevo, invisible, eterno, sentí sobre mí. La repugnancia hacia mí mismo. Te había traicionado y yo mismo nunca me hubiera concedido el perdón.

Y cuando pude haberte salvado...

¿En qué estaba pensando, pobre loco? Te hubiera salvado, ¿cómo? Habríamos huido, ¿adónde?

Te miré a los ojos, esperando tu asentimiento. Quería tranquilizarte, abrazarte. Pedirte disculpas.

Hipatia.

No sé cómo te sentiste en ese momento: miedo, resignación, arrepentimiento.

Tu asentimiento hizo que todo fuese tan real: yo era quien tenía que quitarte la vida. Y lo hice, pensando que así no sufrirías. Y en cambio, mientras caía al suelo junto con tu cuerpo ahora inerte, el destino nunca me pareció más injusto que entonces… Yo también estaba muerto contigo.

Yo también morí contigo.

Un muerto no siente dolor.

Entonces, ¿qué daño puede hacerme una espada? si ya estoy muerto, si también me morí contigo.

Mi mano no duda ni un momento en agarrar este arma que llevo conmigo desde la noche en que te apiadaste de mí, de un esclavo miserable y escuálido.

Y por un instante me parece ver tus ojos en el reflejo de la hoja - ¿Me abandona la claridad o es que has venido a mi encuentro?...-

Solo sé que te amé, Hipatia.