Lo había apresado fuertemente sobre la mesa. La ira y el desprecio en sus ojos era implacable. Sentía algunos vidrios rotos clavándose en su espalda, desgarrando la túnica. Apretaba de tal manera sus muñecas sobre la mesa que le estaba cortando la circulación.
Sabía que viendo sus recuerdos había aniquilado la última gota de buena voluntad que su profesor tenía para con él.
Intentó zafarse una vez, pero logró que se le cayeran los lentes y que Snape presionara su vientre contra el suyo para mantenerlo inmóvil.
Sabía que lo miraba directo a los ojos. Aunque ya no podía verlo bien, lo sintió estremecerse y flaquear por un segundo, pero enseguida volvió a reforzar su agarre.
Estaba jadeando y transpirado por el esfuerzo de intentar zafarse, y entonces notó su propia erección. Era humillante que su propio cuerpo lo traicionara de esa manera en una situación como esa.
-¡Suéltame!
Estaba colorado y transpiraba, desesperado lo pateaba con todas sus fuerzas. Sus lentes se habían caído, pero podía imaginar la expresión de furia del rostro de Snape.
No había sido su culpa que hubiese dejado el pensadero tan a la vista, porque dejar descuidadas las memorias que tanto lo avergonzaban.
Entonces sintió como la mano libre de Snape le levantaba la túnica para después volver a bajar y acariciar la cara interna de una de sus piernas, subiendo cada vez más…
Cuando despertó le llevó un largo rato darse cuenta donde estaba. Se pasó una mano por la frente empapada en sudor y buscó sus lentes.
La visión de la pequeña y modesta habitación de campo que había sido su cuarto ese último año, lo deprimió.
Así era cada mañana, enfrentarse a lo que había pasado le producía una mezcla de emociones desagradables. Casi siempre tenía ataques de pánico por las mañanas que lo paralizaban y no podía levantarse.
Habían ganado la guerra, pero no sentía que hubiesen ganado. Prácticamente todos a los que había amado ya no estaban...
Harry había tenido dificultades para asumir las pérdidas, cuando se despertó en San Mungo, con heridas superficiales y una amnesia parcial. Y se dio cuenta que no quedaba nadie a quien pudiese proteger.
La victoria había sido vacía y amarga. Todavía quedaban muchas agrupaciones a favor de Voldemort que se dedicaban a sembrar el caos.
Luego de la guerra, ocurrieron dos atentados graves, uno al ministerio de la magia y otro a, un ya bastante destruido, Hogwarts.
Como consecuencia, el ministerio estaba minuciosamente vigilado por grupos de aurores y la entrada y salida de empleados cuidadosamente restringida. El colegio de magia y hechicería había sido cerrado permanentemente hasta nuevo aviso.
Cada mañana Harry repasaba estos hechos en su mente, una y otra vez, como si en la tortuosa manía de repasar cada escena dolorosa pudiera cambiar algo. Como si en algún detalle olvidado existiera la razón que justificara el por que su vida se había convertido en una miseria.
Ron, Hermione, Ginny, Sirius, Remus, Tonks, Dumbledore, McGonagall…
Pronunciaba sus nombres con devoción, en un susurro ronco, como una oración. A veces, con los ojos vidriosos, a veces con los ojos secos y fijos en la nada...
Esa mañana lo sorprendió la revelación del sueño que había tenido, y si bien se sentía igualmente cansado y adolorido, con el pecho oprimido como era habitual, se le había olvidado repasar los hechos y los nombres de aquellos a quienes había perdido.
Sintió el estómago revuelto ante la idea de haber tenido un sueño sexual con Snape. Si es que se le podía llamar de esa manera, ya que se había despertado sobresaltado antes de que algo pasara.
Afortunadamente… - suspiró Harry, levantándose de la cama con dificultad.
Quería ir al baño, desayunar pero no quería encontrarse con Snape. Volvió a acostarse y giró perezosamente sobre la cama.
Le resultaba tragicómico que fuera Snape quien se hubiese ofrecido a cuidarlo. No era que por ese entonces quedaran muchos voluntarios vivos de todas formas, y él no estaba en condiciones para objetar.
Después de la guerra su cuerpo y su mente habían quedado totalmente quebrados. Cuando despertó en San Mungo la primera vez, tenía unas cuantas cicatrices más además de la ya característica en su frente. Estaba desorientado y confundido por el efecto de las pociones que le daban para mantenerlo sedado, pero enseguida preguntó por sus amigos.
Cuando le habían explicado que ellos no volverían, él había comenzado a gritar, o eso le habían contado, ya que él no recordaba nada del episodio.
Los gritos llevaron a las convulsiones, y tuvieron que atarlo a la cama. Lo sedaron aún más y perdió el conocimiento.
Cuando despertó por segunda vez, habían pasado dos meses. Los sanadores pensaron que mantenerlo inconsciente la mayor parte del tiempo aliviaría el trauma que había sufrido.
En cierta forma funcionó. Se despertó tranquilo, y le pidió, con voz ronca y apagada, agua a la sanadora.
Tomó dos vasos llenos y eso lo ayudó a concentrarse mejor, miró alrededor y se dio cuenta que una figura completamente vestida de negro lo observaba desde la puerta. Lo reconoció inmediatamente.
Lo primero que sintió fue una mezcla de odio y asco, recordó rápidamente todas las razones por las cuales lo detestaba.
Todo lo que lo había maltratado cuando era su alumno, las funestas clases de oclumancia, y lo peor: su traición y el asesinato de Dumbledore.
Sin embargo, también recordó cómo descubrió que fue él quién le hizo llegar la espada de Gryffindor que puso fin a la vida de Voldemort, y como le legó sus memorias luego de morir él mismo por el veneno de Nagini…
Su expresión se suavizó y lo miró con curiosidad. ¿Cómo era posible que sobreviviera a aquello? Todavía podía recordar la sangre manando a borbotones de su cuello, Y cómo el brillo decidido de sus ojos negros se había apagado mirando los suyos…
A pesar de la curiosidad, volvió a acostarse y le dio la espalda. Era la última persona a la que quería ver en ese momento.
¿Por qué tenía que haber sobrevivido justo él? ¿Por qué ni siquiera uno de sus amigos?
Se preguntó mientras se esforzaba por reprimir las lágrimas.
Sintió el toque delicado de la mano de la sanadora en su hombro, y como lo llamaba dulcemente por su nombre tratando de que se girara. Pero se negó a verlo esa vez y dos veces más después de aquella.
Hasta que una cuarta vez, Harry sintió como la exasperación alteraba su voz fría, calmada y monótona cuando le anunció que "debía llevarlo a un lugar seguro "
Créeme Potter, esta situación es tan agradable para mi como para ti...
Harry se había reído amargamente como única contestación. Pero lo había acompañado en silencio hasta la rústica cabaña en medio de la nada que ahora era su hogar.
