Contenido: Oneshot, yaoi, romance, angst, y un poco de drama. Una línea temporal donde Baji no está muerto, con un leve spoiler del manga (Takemicchi le cuenta a Chifuyu de sus viajes en el tiempo).
Pareja: BajiFuyu (Baji Keisuke x Matsuno Chifuyu)
Disclaimer:
Hikari: Ya han pasado varias semanas desde mi último fanfic, asi que este es solamente un pequeño atisbo de inspiración, mientras trato de terminar varios oneshots que tengo a medias en mi computadora xD. En fin, no hace falta decir que ni Tokyo Revengers ni sus personajes me pertenecen, todo es auditoría de Ken Wakui, por lo que este fanfic fue escrito únicamente por ocio y no tiene fines lucrativos. Notas al final.
o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o
A pesar de que el frío comenzaba a calar sus huesos, Baji se rehusaba a moverse de aquel lugar donde se encontraba.
Con solo su ropa ligera de casa, el pelinegro estaba cómodamente sentado en el balcón de su propia habitación, en un departamento de un complejo de edificios, justo en el quinto piso. Desde ahí, podía ver perfectamente la entrada principal, por lo que era común ver a vecinos ir y venir una y otra vez por ese pequeño tramo.
El frio de fin de año comenzaba a llegar, aun cuando aún faltaban algunas semanas para que comenzara el invierno. Aquel nublado clima provocaba que su imaginación volara, pensando en las opciones que tenía para el regalo que podría a darle a Chifuyu el 25 de diciembre, o tal vez, el tipo de cosas que harían juntos en aquella fecha.
Compartir el kotatsu mientras comían algún tipo de pastel mientras leían algún manga shoujo (cortesía del rubio) sonaba como la mejor alternativa, sin embargo, el imaginar salir con él a algún lugar bonito, cenar en un restaurante al que no acostumbraban ir, rodeados de luces y el ambiente navideño… bueno, eso tampoco se oía para nada mal.
Interrumpió su tren de pensamientos cuando una gélida brisa se coló a su lado. Hasta el propio Peke J, quien se encontraba recostado sobre su regazo y quien parecía estar completamente dormido hasta hace algunos momentos, se erizó al sentirla. Alzó su pequeña cabeza, sus orejitas temblaron con advertencia y, dejándolo solo, decidió refugiarse del frio dentro de la habitación.
-¡Dijiste que me acompañarías hasta que él regresara!- se quejó Baji, viendo a sus espaldas cómo el felino desparecía hacia alguno de los pasillos. Haciendo un puchero digno de cualquier niño de parvulario, Baji regresó su vista hacia abajo, no queriendo admitir su derrota ante el clima, no al menos hasta que llegara la persona a la cual esperaba.
Persona que correspondía al nombre de Matsuno Chifuyu.
Era extraño, desde que había sido dado de alta en el hospital, eran pocas sus oportunidades de ver al teñido, a pesar de verse entre clases y durante el almuerzo en la escuela, con la restricción de Baji de no poderse involucrar en pleitos o peleas hasta que su cuerpo se recuperara por completo, las horas que compartía ahora con Matsuno se habían reducido al mínimo.
Después de sobrevivir milagrosamente del Halloween sangriento, fueron varias semanas las que le tomó a Keisuke recuperarse exitosamente en el hospital. Había pedido disculpas a su madre, por preocuparla, a Mikey por sus egoístas y precipitadas decisiones, a Kazutora, a quien aún no podía ver de frente por haber sido llevado a la correccional juvenil, a todas las personas que había involucrado en aquella pelea sin sentido.
Y finalmente, a Chifuyu.
Por haberlo golpeado de aquella horrible manera, por no haberle confiado su espalda tal vez cuando la situación más lo ameritaba. Y él, a pesar de haberle recriminado sus acciones, terminó aceptando y cediendo ante aquellas disculpas.
Y luego de lo que pareció un casi eterno silencio incómodo, ambos se besaron.
Fue desde aquel día, rodeados de paredes blancas, sabanas limpias y el olor a medicamentos, que Baji y Chifuyu comenzaron a salir juntos, más allá que solamente como amigos.
Luego de aquello, cuando al final Keisuke fue libre de su estadía de hospital, que trató de enmendar su error y pagar debidamente. Renunció con dignidad a la capitanía de la primera división de la ToMan y, aunque su verdadero objetivo era realmente abandonar la pandilla también, la insistencia de Mikey, Draken y Mitsuya, junto con los ruegos de Takemicchi y del propio Chifuyu, lograron convencerlo bajo la excusa de seguir perteneciendo a la primera división y ayudar en todo lo posible a Hanagaki Takemichi, el nuevo capitán.
Agradecido pero avergonzado por la bondad de sus amigos, el pelinegro terminó acepando a regañadientes con un leve rubor en sus mejillas.
Y aunque oficialmente aun pertenecía a la pandilla, la rehabilitación de Baji llevaba su tiempo, y con ello estaba claro que aun cuando sus nervios comenzaban a carcomerlo por dentro por aquel horrible aburrimiento, no le quedaba otra opción más que esperar pacientemente a que su joven cuerpo terminara de sanar. Involucrando con ello el hecho de tener que esperar a Chifuyu en calma en casa hasta que él regresara de sus actividades con Takemicchi.
"Sí que está tardando. Exactamente, ¿que se la pasan haciendo…?" pensó para sus adentros, sintiendo nuevamente como su piel se rizaba con otra pequeña brisa.
Estaba a punto de abortar su misión de espera cuando, finalmente, reconoció aquella caballera rubia cruzar por el portón del complejo de edificios. Sintiendo como su propio corazón daba un brinco, no lo pensó más antes de entrar a su habitación, tomar la chaqueta más cercana que encontró y presuroso, salir de su propio departamento para dirigirse así al segundo piso. Aunque a mitad del camino decidió reducir la velocidad (no quería verse demasiado impaciente ante el menor), sus pies lo encaminaron hasta la puerta de la vivienda ajena antes de que el otro adolescente terminara de subir las interminables escaleras.
Queriendo verse casual, alzó desinteresadamente su mano a modo de saludo, fingiendo que estaba dispuesto a seguir bajando los escalones cuando lo interceptó poco antes de llegar al segundo piso.
-Oh, Chifuyu, que coincidencia…- sin embargo, su torpe intento se detuvo de golpe al notar el semblante en el rostro del menor. Parece que realmente lo había sorprendido con su presencia, al punto de desviar casi de manera inmediata la mirada cuando lo notó, tal vez queriendo ocultar sus mejillas rojizas y levemente humadas, junto con el borde de sus ojos ligeramente hinchados.
-¡Oh, Baji-san…!- un tanto avergonzado, Chifuyu tardó algunos segundos para plasmar un intento de sonrisa alegre.- ¿Que sucede? Creí que estabas arriba, iba a subir más al rato. ¿Peke J está contigo?- su voz sonó un tanto ahogada, por no mencionar ese pequeño temblor que se dejó escuchar en las primeras silabas.
-¿Quién fue?- dejando de lado su fachada amigable, la cara de Baji se tornó intimidante.
-¿Eh?... ah no, no fue…- ni siquiera tuvo la paciencia para recibir algún tipo de coherente respuesta antes de que Baji tomara de la muñeca al más bajo y lo llevara, casi arrastrando, escaleras arriba, directos hacia el quinto piso.
La puerta del departamento de Baji hizo gran estruendo al cerrarse tras sus espaldas.
Sin delicadeza alguna, hizo que Chifuyu se tuviera que recargar en la pared más cercana, y estampó su mano fuertemente en ella a un lado de su rostro. Tal vez, en algún otro momento, Chifuyu hubiese gritado de emoción al encontrarse en una típica escena shoujo con aquel agresivo pero seductor kabedon, pero ahora mismo ni siquiera sentía el valor necesario para ver directamente a los ojos al más alto.
-¿Quién fue?- repitió nuevamente, de manera sepulcral. Chifuyu desviaba la mirada, mordiéndose levemente el labio inferior, tratando de encontrar alguna buena explicación. Por supuesto, ni siquiera tuvo que preguntar a qué se refería Baji, era obvio a estas alturas.
"¿Quién fue el idiota que te hizo llorar?"
-No… no es eso, Baji-san…- su voz tembló cuando al fin logró articular palabras.- Takemichi, bueno él…
Al escuchar un nombre, Baji se separó del rubio, con claras intenciones de salir por la puerta. En realidad, poco importaba si se trataba de Takemichi, Draken, o el mismísimo Mikey, hubiese agarrado a cualquier inocente como saco de boxeo por la simple y errónea interpretación que su furia le empujaba a creer.
Abriendo sus ojos con espanto, Chifuyu se colgó de su brazo derecho para detenerlo.
-¡Espera, Baji-san! ¡No fue Takemicchi! ¡Él no ha hecho nada malo!
-¡Entonces dime quien fue el bastardo! ¡Iré a molerlo a golpes ahora mismo!- gritó, volteándolo a ver y tratando de deshacerse de aquel agarre. Chifuyu usaba todo su peso para seguir prendado a él.
-¡No fue nadie! ¡Solo… solo tuve un mal sueño!- sin creer realmente aquella excusa, Baji dejó de pelear, para ahora sí, voltear su cuerpo y ver mejor al otro, quien cuando sintió que Baji se había calmado, poco a poco decidió soltarlo del brazo.
-¿Un sueño?- preguntó con retórica. Las mejillas de Chifuyu se colorearon de un leve sonrojo mientras asentía en silencio.- Mas te vale darme una mejor excusa que eso.- frunció su ceño y cruzó los brazos, retomando probablemente el hábito de querer parecer su capitán y una figura de autoridad ante el rubio. Claro, que logró imponerse ante él.
-Una pesadilla… solo eso.- Chifuyu rogaba para sus adentros que Baji-san ya no preguntara más sobre el tema, pero la manera en que levantó su ceja izquierda le indicó que aquella respuesta no era suficiente para saciar su curiosidad.
¿Cómo se supone que le explicaría aquello de todas maneras?
¿Le creería? ¿O es que acaso lo tacharía de un lunático que ha perdido la razón?
No podría culparlo si es que ocurría lo segundo.
No era fácil que alguien creyera tan fácilmente el hecho de que alguien de la ToMan, el ahora actual capitán de la primera división, Hanagaki Takemichi, fuese en realidad, un viajero en el tiempo.
Todo se reveló aquella misma tarde, cuando el mismísimo Takemicchi dejo ver su sinceridad ante él, contándole el mayor de sus secretos. Sin más, Takemicchi le contó que ésta no era la primera vez en su vida con 14 años de edad, que su misión era salvar a su amada Hina, que el futuro de dónde provenía solo era un futuro lleno de dolor, llanto y sufrimiento. Que se había prometido a sí mismo a salvar a todos, a Draken, a Kazutora, a Baji…
Y que el inevitable culpable de todo era siempre Kisaki Tetta.
Para Chifuyu, aquello en realidad, más que una loca historia, le pareció la explicación más lógica que su compañero podría haberle dado. ¿De qué otra manera podría explicar el hecho de saber lo que ocurriría? Supo lo que sucedería la noche que trataron de asesinar a Draken. Le dio una advertencia a Baji-san en aquel puente peatonal. Sabía de antemano que Mikey podría matar a Kazutora, cegado por su furia.
Siempre lo supo todo.
Le creyó de inmediato.
Sin embargo, no podía negar que fue un duro golpe a su corazón cuando escuchó el relato de cómo era el futuro al que ahora mismo se dirigían.
El simple hecho de imaginar que existía una línea temporal donde Baji-san no había logrado sobrevivir al Halloween sangriento fue suficiente para que se doblara de dolor.
"Siempre buscaste vengarlo Chifuyu, aun cuando habían pasado 12 años, tú nunca lograste olvidarlo" las palabras de Takemicchi trataban de sonar acogedoras, melancólicas, pero funcionaban como dagas en su contra. Imaginó, por un momento, que Baji-san no se encontraba en su vida. ¡Era tan desolador! ¡Tan solitario!
Sintió pena y lástima por su yo futuro que tuvo que aguantar toda aquella pérdida.
Cuando la charla con Takemicchi terminó, al fin se dio permiso a sí mismo de dejar de sonreír, de soltar aquella fachada de haberlo comprendido todo, y, sabiéndose completamente solo en un columpio de algún parque cercano, soltó fuertes gritos acompañados de insistentes lagrimas que mojaron con insistencia sus mejillas.
¿Por qué lloraba? ¡Habían ganado! ¡Se encontraban en una línea donde Baji-san se encontraba aún vivo! Su relación era más fuerte de lo que jamás había sido nunca. Lo podía tocar, ver y sentir, escuchar llamarlo por su nombre y hablar por interminables horas cada día.
Pero, de alguna manera, ese dolor imaginario seguía destrozando su pecho, le impedía respirar y pensar en alguna otra cosa a parte de la tarde del 31 de octubre.
Era como si su mente le estuviese mostrando continuamente el "y si" que jamás ocurrió.
Pasaron los segundos y se convirtieron en largos minutos. Creyendo que ya había sacado todo tormentoso sentimiento de su sistema, al fin encontró la fuerza para tratar de regresar a casa. Planeando darse un tiempo para calmarse y limpiar su rostro, quería convencerse que ser capaz de sonreír como siempre cuando volviera a ver a su ex capitán.
Pero todo se derrumbó cuando él apareció justo al final de las escaleras.
Quería abrazarlo, quería besarlo, convencer a su ridícula cabeza que realmente Baji Keisuke estaba ahí, con vida, a su lado.
Con fuerza, al fin rodeó con sus brazos el cuerpo del mayor, quien se quejó y trató de distanciarse.
-¡Oye, Chifuyu! ¡Explícame! ¿¡Qué mierdas ocurrió!?- creyendo que era un intento para no afrontarlo, Baji intentaba verlo a su rostro, pero la fuerza e insistencia de Chifuyu fueron los ganadores en esta ocasión.
Soltó un suspiro cansado, dejando caer lentamente su cuerpo hasta que ambos terminaron sentado y arrodillado, sobre el suelo de madera.
-Tienes que explicarme ahora, no podré estar en paz hasta que le aplaste la cara a quien te haya hecho llorar.- su voz salió ahora más como un susurro, mientras que con su mano derecha palmeaba de manera cariñosa la cabeza de Chifuyu.- Y si no me lo dices, ese idiota de Takemicchi será el sustituto, aunque no tenga la culpa, él debió de haberte protegido.
Chifuyu soltó una pequeña risita, parecida más a un breve llanto, inquietando aún más a Keisuke.
-Takemicchi no es el culpable, Baji-san. No descargues tu ira con él.- Chifuyu recargó sus ojos sobre el pecho de Baji, disfrutando el toque sobre su cabeza.
Su compañero jamás le dijo que no contara su secreto, pero aun así, sabía que era un tema demasiado delicado como para irlo contando a todo el mundo. Aun entre los miembros de la ToMan, aquella historia era demasiado surrealista para que todos encontraran la sencillez para creerla.
"¿Se la podría contar a Baji-san?" se cuestionó mentalmente, sin poder dar con la respuesta.
-Te lo diré algún día… ahora mismo no puedo, pero…- escuchó como Keisuke tronaba los dientes, inconforme con aquella línea.- Confía en mí, Baji-san. Me encargaré de que todo salga bien…
-Lo hago, no tienes que pedirlo. Pero…- usando nuevamente su fuerza y aprovechando la guardia baja del rubio, Baji lo tomó de los hombros, para ahora si obligarlo a verse cara a cara. Los ojos azulados de Chifuyu brillaban con gran intensidad, denotando que se encontraba a punto de romperse en llanto otra vez.- No cargues con ello tú solo. Cuenta también conmigo, Chifuyu.
Sus palabras, fueron la gota que hizo desbordar nuevamente las emociones del más pequeño.
-Sé que no fui el más confiable la última vez, que traté de hacer todo por mi cuenta y… pudo haber resultado peor de como al final fue.- se mordió levemente, tratando que la culpa no lo carcomiera al recordar lo sucedido.- Así que, más te vale contar conmigo cuando lo necesites. No necesitas pretender ser el más fuerte.
Las mejillas se humedecían nuevamente y tuvo que apretar fuertemente su quijada para no soltar un sonoro sollozo, sin más, volvió a recargar su cuerpo sobre el de Baji, sintiendo ahora, leves palmaditas en su espalda, reconfortándolo y alentándolo a sacar toda su ola de sentimientos.
Entre sus puños, arrugó la chaqueta de Baji, quien no parecía importarle sentir cómo su hombro se humedecía por las lágrimas de Chifuyu, simplemente guardó silencio esperando a que el otro se desahogara por completo.
No envidió para nada a su yo de 26 años. De ser posible, lo abrazaría y se encargaría de decirle que todo ahora era mejor que en su propio pasado, que no sufriera más. Porque Baji-san no se había marchado de su vida, y que ahora, no importa lo difíciles que fueran los obstáculos, él se encargaría de proteger su vida, para que en un futuro, no tuvieran que despedirse de nuevo.
¿Un futuro sin Baji Keisuke? Era algo demasiado doloroso como para querer imaginarlo.
o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o
Hikari: ¿Solo tenía ganas de imaginar a Baji consolando a un Chifuyu llorón? Efectivamente. Y por esa simple excusa es que escribí esta bola de cursilerías, así que espero que les haya entretenido tanto leerlo así como a mí me entretuvo escribirlo. Mil gracias por leer y espero que nos volvamos a encontrar en algún futuro no muy lejano. ¡Bye bye-perowna!
