Capítulo 2.
A veces quisiera que Rangiku no vistiese tan bien a su marido. Le ayudaría a soportar mejor su indiferencia y no que fantasee con lo apuesto que es uniformado.
Lo ve arreglándose los guantes de cuero negro con una mirada indiferente; sus pantalones de tela son del mismo color como también la capa que cuelga sobre su hombro derecho que le cuelga el broche de una azucena hecho de diamantes; camisa blanca y un terno del mismo color que le llega hasta las rodillas, con bordados de azucenas, en hilos dorados, rodeando su cintura.
En resumen: guapo.
Apenas Ichigo es consciente de su presencia, la mira de arriba abajo con aburrida indiferencia que le duele pero lo oculta.
—Emperatriz, puntual como siempre.
—Buenos días Emperador. — Agarra su falda y con delicadeza se inclina. — ¿Todo esta lis-...?
—¡Ichigo! — Grita contenta una voz cantarina.
El matrimonio mira en la misma dirección, la marquesa Marianne hace presencia con un vestido rojo escotado, sin mangas y con la falda pomposa hasta los tobillos. Su cabello se lo recogió al completo y adorno con una diadema, dejando su cuello bastante expuesto.
—Marianne — Ichigo le sonríe como una vez le sonreía a Orihime. — ¿Vienes a desearme buena suerte?
—Claro que no tontito, voy contigo... — Ve a Orihime y hace una mueca por lo bellísima que esta. — y con su majestad.
No solo está molesta por ello, también porque van combinados. Usa un cintillo con un broche de azucena igual de diamante en el pelo; un vestido blanco con las mangas cortas ocultas en la capa que cuelga en sus dos hombros y que le llega a la cintura; la falda tiene dos cortes que se puede ver la tela interior que va debajo y con los mismos bordados dorados de la flor en su cintura; sus guantes negros son transparentes y de encaje; y de sus orejas cuelgan unos pendientes de oro.
—¿Qué?— Dice la Emperatriz.
—¿Algún problema Emperatriz en que quiera ir con mi Ichigo?
—¿Eh?— Se le escapa a ella mientras todos los presentes miran a Marianne como si estuviera loca. — ¿Vestida así?
—Por supuesto, ¿Algún problema?
Orihime abre la boca, con una respuesta en la boca, luego se encoge de hombros y les da la espalda.
—Tu consorte, tu problema. — Dice a Ichigo al tiempo que se sube al carruaje real que no lleva techo.
—Ichigo, tu esposa está siendo grosera conmigo. — Reprocha al momento que lo abraza del brazo izquierdo y una mano sostiene la del hombre. — ¿No vas a castigarla?
—Yo... sí... luego... — Sonríe y le besa la coronilla. — No hay que llegar tarde. Ya luego hablare con ella.
—Andando entonces.
—¿Segura que quiere venir?
—Quiero estar contigo y debo empezar a participar en estos eventos.
—¿Sí?
—Claro. — Ichigo la ayuda a subir, quedando frente a Orihime. — Pronto será mi deber cuando nazca nuestro hijo. — Dice mirando a su contrincante con malicia.
Orihime no enseña ni una prueba de debilidad, simplemente se lleva una mano a los labios y oculta un bostezo, creciendo el enojo de la marquesa, quien abraza de nuevo a Ichigo al tenerlo al lado. La Emperatriz observa la falda roja invadiéndola por culpa del falso que lleva debajo, pensando en lo molesto e invasivo que es.
—¿Cómo va las preparaciones de Wolfsong? — La pregunta de Ichigo rompe el silencio.
—Tengo una base, pero primero quisiera actualizarme del reino... no habrá un escándalo allá que se me haya pasado de largo y se arruine todo.
—Con lo resentido que es el Rey Kiba, será lo mejor, lo último que necesitamos es el tratado roto y acabar en una guerra. — Mueve la cabeza en asentimiento. — Imagino que le pediste ayuda a la duquesa Yoruichi.
—Soi Fong es una de sus mejores espías.
¿Qué significa esto?, piensa Marianne con los ojos enfurecidos hacia la pareja. ¿Por qué esta Ichigo hablando de cosas aburridas de hombres con la ladrona? Ni siquiera habla conmigo de política o cualquier cosa importante.
—¿Cuál es el problema si nos declara Wolfsong la guerra?— Bufa y se cruza de brazo. – Es solo un reino, en cambio nosotros somos un imperio.
Ichigo se la queda mirando incrédulo y avergonzado. ¿De qué? ¿De ella? ¿Por qué? Sin embargo, Orihime suspira en señal de agotamiento y luego la ve con fastidio.
—¿Finges o en verdad eres ignorante?
—¡¿Qué?! ¡¿Cómo te atreves?!
—Cualquier noble con más de dos neuronas sabe que no es bueno tener una guerra con Wolfsong cuando sufrimos una ahora mismo.
¿Qué? Marianne da gracias que no se le haya escapado en voz alta un ¿estamos en guerra?, o quedaría en ridículo.
—¿Qué importa eso? Igual ganaremos. Tenemos muchos soldados bajo nuestro Imperio. ¿Verdad Ichigo?
—No es así de fácil Marianne. — Responde al mismo tiempo que frunce el ceño, preocupando a su Consorte. — Actualmente la mitad de nuestras tropas se encuentran en la guerra contra Eyre.
—Un poco menos. — Agrega Orihime con burla. — El hermano de tu consorte no ha llevado ni la cantidad ni los suministros requeridos después de todo. Y ni hablemos de Klaus, que se quedo aquí en vez de ir a la guerra.
—Ya dio su explicación, no insistas más en ello. — Viéndola con fastidio y regresa con Marianne. — Si nos vamos en guerra con Wolfsong, no usaríamos la misma cantidad, sino con suerte un treinta por ciento ya que el veinte estaría dispersos mayormente en las líneas fronterizas, los nobles importantes y el palacio... y aun así no sería suficiente, ni ofensiva ni defensiva… ¿Y qué ocurre si en Eyre hay que llevar refuerzos? No podríamos porque los refuerzos pelean en Wolfsong.
—Y la fuerza militar de Wolfsong es igual de fuerte que la nuestra a pesar de la desventaja numérica por parte de ellos. Sus soldados son fuertes y bravos como los lobos que podrían durar uno o dos años en guerra si estuviéramos en nuestro mejor momento. — Agrega Orihime, mirándola con su porte de Emperatriz. — Le recomiendo ir a la biblioteca del palacio a estudiar un poco si quiere en verdad ocupar mi lugar algún día.
Marianne se sonroja de vergüenza, puede sentir las miradas de toda la escolta real sobre ella y de seguro lo van a conversar con todo el personal y todo el imperio sabrá de esto. Su vergüenza pasa entonces a rabia porque todo eso es por culpa de la perra Emperatriz, si tan solo pudiera matarla...
—Claro que aun no te enseñamos porque es malo en tema de tiempo y suministros.
—Yo... — Sus ojos se aguan y agarra la mano de Ichigo. — Lo siento tanto mi Emperatriz, me esfuerzo mucho estudiando pero aun me queda mucho.
De seguro ni sabe lo que es un libro, piensa la mujer con mirada indiferente.
—No te preocupes Marianne, con el tiempo y esfuerzo saldrás adelante. — Apoya Ichigo con una sonrisa reconfortante.
—Ichigo... — Quería besarlo delante de Orihime y así obtener su venganza... pero el carruaje de detiene de golpe. — ¿Qué pasa?
—Mi emperador, mi emperatriz, hemos llegado. — Dice un soldado personal de Ichigo.
—Al fin. — Comenta Orihime.
–Eso no es cierto. — Dice la marquesa.
—Claro que sí. — Su "rival de amores" interviene con una sonrisa. — Como usted sabe, el aniversario empieza con el Emperador y la Emperatriz caminando, entrando a la Capital como otro aldeano más y comer entre ellos en la Plaza Principal.
¿Caminar? ¿Ser invadida por esos mugrientos piojos? ¿Comer basura? ¿Y con su vestido?
—Cuanto la admiro marquesa... yo jamás podría caminar dos horas con un vestido como el suyo.
¿Vestida así?, le había dicho Orihime y ahora entendía por qué.
¿Por qué gente tan importante como Ichigo y ella debe hacer este sufrimiento por ignorantes que no darán nada a cambio? Cuando sea la Emperatriz, acabara con esta parte del aniversario, después de todo no es importante.
—¡Ichigo! — Lloriqueo la peliblanca. — ¡Me está insultando haz algo!
—Es suficiente emperatriz. — Dijo Ichigo mientras miraba a su esposa fríamente. — No te permito insultar a mi consorte. — Abraza a la mujer de ojos dorados.
—¿Insultar? — Orihime se ríe con elegancia, no demostrando el dolor que le provoca ver al hombre que ama abrazar a otra frente a sus ojos. — Dígame lady Marianne ¿En qué parte de la oración la insulte directamente?
—Eso… — Dudo la joven. — Usted dijo que visitara la biblioteca. — Acuso como niña pequeña.
—Sí, tan solo mencioné que debía ir a la biblioteca real, es bueno cultivar la mente mi lady ¿Acaso es un insulto? — Sonrió amable. — Un buen libro la puede ayudar a abrir temas de conversación interesantes con personas importantes, también buscar soluciones a...
—Detente ahí emperatriz. — Exigió Ichigo fríamente. — He escuchado suficiente.
—Su majestad si de verdad planea que la dama a su lado sea la siguiente emperatriz que se siente a su lado por favor háblele mas de la situación actual del imperio, después de todo llevar la corona requiere una enorme responsabilidad.
—Lo haré, aprecio sus amables palabras su majestad.
Marianne apretó con fuerza la tela de su vestido, esa estúpida se creía mucho por portar la corona pero cuando ella subiera la tiraría al calabozo y la mataría lentamente el solo pensar en ello la hacía ponerse de buen humor.
El día de la fundación se celebraba en dos partes, el primero era el desfile conmemorativo en el que la emperatriz y el emperador caminaban por las calles confirmando que todo estuviera bien, tomaban un almuerzo con ellos en la plaza principal esto con el fin que el pueblo sintiera más cerca a la familia real esa tradición llevaba haciéndose desde que el primer emperador subió al trono, la segunda fase era que al volver se hacia un banquete con los burócratas y toda la nobleza del imperio, se hacia un brindis donde el emperador daba un pequeño discurso, bendecía un año más y finalizaba en un baile que duraba toda la noche.
Kira y Kenpachi lideran la fila en caso de un ataque frontal, luego iban los emperadores, Orihime detrás del rubio e Ichigo de su maestro, luego de ellos camina Marianne ya sintiendo el calor bajo su vestido a pesar de que un mozo le cubre con una sombrilla, y al final iba el resto de la guardia.
Marianne no deja de observar a Orihime con malos ojos, le estaba echando la culpa de estar pasando ese calor a pesar de que ella misma se ha puesto aquel traje y también por estar caminando al lado de Ichigo cuando ese derecho es suyo. La emperatriz siente sin problema aquella mirada furiosa clavándole en la nuca pero no le da importancia, solo juega haciendo rodar el palillo de su sombrilla y hace un comentario de lo fuerte que pega el sol. El emperador mantiene silencio todo el viaje aunque de vez en cuando le echa un vistazo a Marianne con el fin de saber si estaba bien, le ofreció dos veces a que regrese al palacio pero la marquesa se ha negado a pesar de estarse muriendo.
No iba a dejar a esa ladrona sola con Ichigo.
Luego de dos horas por fin llegan a la entrada de la Capital en el área de la clase media, en donde el alcalde ya los estaba esperando con su señora. El hombre de cabello rojo viste unos pantalones café, una camisa blanca y zapatos sencillos negros para evitar el calor; su esposa de cabello castaño oscuro luce un vestido amarillo sencillo, el más elegante de su guardarropa a pesar que parece un trapo a comparación del estrafalario vestido rojo de Marianne.
—Sus majestades. — La pareja matrimonial llevan la mano al pecho y se inclinan en una reverencia. — Que los dioses Suzaku y Euphemia bendigan al Padre y a la Madre de nuestro amado Imperio.
—Alcalde Félix. — En cuando Ichigo menciona su nombre, éste se levanta. — Señora Lily. — Ella hace lo mismo. — Que los dioses también sean benevolentes con ustedes.
—Les agradecemos sus amables palabras. — Félix inclina la cabeza.
—Todo está listo para su llegada. — Asegura Lily a Orihime, quien le sonríe, y entonces nota a la marquesa. — ¿Uh?
—Ella es la marquesa Marianne Scorpio. — Orihime hace las presentaciones con un tono amable. — Ha querido este año ser parte de esta tradición.
—Espero no incomodar. — Marianne finge amabilidad a pesar que por dentro está furiosa porque esos campesinos no se han inclinado ante ella y la miran desconformes; deben ser aliados de esa zorra.
—Solo debemos agregar otra mesa. — Lily junta las manos con una sonrisa. — Se sentara entre mi hijo y yo.
—¡¿Qué ha dicho?! — Grita sin aguantar más aquella falta de respeto. Tanto la mujer como su marido la miran entre sorprendidos y confundidos. — ¡¿Cómo…?!
—¡Marianne! — El tono severo de Ichigo sorprende tanto a la amante como a la esposa. — Discúlpate ahora mismo.
—Que yo… ¡¿Qué?!
—Disculpe alcalde y señora Lily, mi Consorte está embarazada y más con el calor su temperamento no es el ideal.
—Oh bueno… — Félix suelta una tos incómoda. — Lily igual tenía su temperamento en sus dos embarazos.
Aunque Lily no le haya gustado el comentario, acepta aquel gesto de paz y ve a Orihime algo incómoda, la Emperatriz solo se mantiene en silencio aun asimilando aquel acto de Ichigo aunque no debería sorprenderle ya que es bastante obvia la metedura de pata magistral de Marianne. No puede permitirse un descontento en el pueblo.
—Le dije que controle a su amante. — Susurra Orihime a Ichigo apenas la pareja matrimonial dan media vuelta.
—Lo hice por si no me escucho.
—Después que casi nos mete en un problema… tenemos suerte que no se hayan ofendido o mañana mismo tendríamos una rebelión fuera del palacio. — Ichigo hace un gesto de desagrado porque sabe que tiene razón. — Dile que se mantenga en silencio u ordenare a Kenpachi que se la saque de aquí, será tu maestro pero con gusto se la llevara de vuelta al palacio o al calabozo.
—Cierto. — Dice Kenpachi, que había oído la conversación, observa a Marianne y le sonríe malicioso que la mujer palidece.
—¡Ichi! — Marianne se aferra al brazo del emperador desde atrás, Orihime hace un gesto de desagrado por oírle decir tal apodo que solo era de ella cuando eran niños. — Me están insultando, haz algo.
—Marianne, tú fuiste la que empezó, ¿Acaso has olvidado que este es el único día en que los plebeyos están en igual de condición que los nobles?
¿Qué, que? ¿Esos harapientos tienen derecho de creerse igual a ella? ¿De sonreírle con burla en vez de ponerse de rodillas en el suelo? ¿Y sentarse con esa gentuza en vez de su Ichigo? ¡Que lo haga la ladrona! ¡Iba a desaparecer esta tontería de tradición en cuanto tenga la corona! ¡Los esclavos son esclavos y no deben olvidarlo jamás!
—Mejor no hables mucho Marianne, lo último que necesitamos es una rebelión en el aniversario del Imperio.
¿Y qué si ocurre una rebelión? Solo hay que sacar a los soldados para que los ejecute y así aprendan su lugar.
—Pero…
—Pero nada o le haré caso a Orihime y te enviaré a palacio.
¿Por qué se está comportando así con ella? ¿Está descuidándolo? Extrañada mira su anillo y luego a Ichigo con una mirada seria. Si va a ser así, entonces…
Las personas ya andan en la plaza colocando lo último para el almuerzo, los niños juegan en donde no molesten y en cuando ven a los emperadores corren hacía ellos felices y emocionados. Orihime sonreía de ver al niño que le estaba ofreciendo un pañuelo blanco con el bordado del ejército y le informaba que sería su caballero real ese día; los niños hacían eso todos los años, hacían retos y el ganador iba a tener el honor de ser el caballero acompañante de la Emperatriz.
—Vaya. — Orihime se pone en cuclillas, recibe el pañuelo y besa el niño en la mejilla para horror de Marianne. — Gracias mi leal caballero, dejo mi vida en sus manos.
—¡Emperador! — Una niña se acerca a Ichigo y éste igual se acuclilla, la niña le enseña el peluche de un oso sosteniendo un ramo de rosas. — Las rosas más hermosas de mi huerto.
—Muchas gracias mi bella dama. — Ichigo le da un beso en el dorso de la mano como todo un caballero ante una dama, aumentando el enfado y horror de su Consorte. ¡¿Acaso quiere contagiarla con esos microbios luego?! Le iba a ordenar que se bañara y quemara esas porquerías.
Los niños toman a los soberanos de la mano y los guían al centro de la mesa en donde hay dos sillas con un cojín y adornado de ramas. Marianne se sentó tal como aviso Lily, entre ella y su hijo mayor; no quería obviamente pero las miradas de Ichigo le advertían que no podía hacer escándalo. ¿Por qué? Pero si de verdad quiere ganar puntos, al menos frente a los soldados que observan todo, no le quedaba más remedio que morderse la lengua y fingir sus malestares del embarazo para no comer esa porquería llena de microbios.
Muchas madres con bebés en brazos se acercaron a Orihime pidiéndoles su bendición, cosa que la emperatriz acepta a gusto y enfurece más a la marquesa porque se le había negado aquello a su bendición; les da unas palabras y obsequia al bebé un largo collar de plata para que lo use toda su vida (Kira se las llevaba en el bolsito que le colgaba en el lado izquierdo de su cintura), convirtiéndose en una persona bajo la protección tanto de los dioses como de la Emperatriz. Ichigo obsequiaba a los niños soldados de madera, tanto hombres como mujeres con el fin que no haya discriminación, y a los que ganaron el concurso de talento, él le obsequio nada menos que una moneda de oro dentro de una bolsita de cuero para que sea secreto junto a un rey de madera.
Todos reían muy felices menos la Consorte, solo quería irse de ahí, quitarse el vestido apestado de mugre y darse un baño de tina por no aguantar el calor.
En cuando todo ha acabado, Ichigo se pone en pie, ayuda a Orihime hacer lo mismo y se queda mirando a todos los habitantes del pueblo presente.
—Con esta cena concluida, damos oficialmente la bienvenida a otro año más de nuestro Imperio; que los dioses nos sigan bendiciendo con salud, riquezas y amor.
—Recemos para que el imperio de Karakura prevalezca otro año más… y cien más… y mil más. — Sigue Orihime alzando el pequeño vaso lleno de un jugo. — Mientras mi marido, nuestro benevolente Emperador, esté en el trono, les garantizamos seguridad y un techo sobre sus cabezas.
—¡Larga vida al Emperador Ichigo!
—¡Larga vida al Imperio!
—¡Larga vida a la Emperatriz Orihime!
—¡Que los dioses alarguen su vida y se las llenen de prosperidad!
—¡Que los dioses pronto nos bendigan con un legítimo heredero!
La mano de Orihime que sostiene el vaso ejerce más presión, su cara no muestra algún gesto de incomodidad, solo sonreía, muy distinto a Marianne, ella está furiosa por oír que su hijo no lo están considerando legítimo.
—Un niño tan guapo como su majestad el emperador.
—Todas las jovencitas del mundo locas por conocerlo.
—O una niña… ¿Te imaginas igual de bella que la Emperatriz?
—Todos los príncipes y reyes del mundo se pelearían por ella.
—De seguro su majestad la celaría demasiado.
Todo eso tiene que escuchar la marquesa y debe hacer un gran esfuerzo por no perder los estribos recordándose que eso no va a pasar, que el Emperador solo tendrá hijos con ella y la zorra terminara muerta o como su tapete para descansar los pies. Mira a la ladrona, quien sólo sostuvo otro bebé más en sus brazos, comentando un alago a la madre de lo bonito que es y luego pasar a darle una bendición sin preocuparle que aquel bicho diminuto le haya agarrado un mechón de pelo con sus manitas. Le molesta tanto lo bellísima que es con un niño en brazos que no nota la mirada que Ichigo tiene sobre la Emperatriz… pensando por primera vez en cinco años lo hermosa que se vería embarazada y cargando al hijo de ellos.
—Listo. — Celebra Ogawa con una sonrisa a su obra maestra. — Mi señorita luce hermosa como siempre.
Orihime sonríe a su doncella y se contempla en el espejo cuerpo completo: un vestido blanco que le llega por arriba de los tobillos, enseñando sus zapatos rojos con una rosa hecha de rubíes en cada uno, encima hay otra capa de tela, color roja que inicia por debajo de los hombros y cae bajo los senos, hilos de oro que forman ramas de árboles y en el centro otro rubí, y oro en los bordes, con forma de una calavera dentro de una figura en forma pentágono, símbolo de la familia real. Orihime decide honrar a su madre recogiéndose el pelo como ella y adornarlo con palillos de jade que tienen grabado la T a mano por su propio padre.
—Siempre te luces Ogawa.
—Eso es porque mi Emperatriz es bellísima, hace mi trabajo más fácil. — Orgullosa.
La mujer más poderosa del Imperio se ríe y la besa en la mejilla, dejándole una leve marca de pintura labial.
—¡El maquillaje!
—Tranquila, nadie lo va a notar — Se encoge de hombros. — No es como si tuviera a alguien para besar.
Sin embargo, al entrar Nelliel, la doncella le entrega la pintura por cualquier cosa. El viaje al carruaje fue agradable, quitándole el mal sabor de boca aguantando la presencia de Marianne y cómo miraba todo con enfado, incluso asustando a unos niños y rechazando toda la comida de los aldeanos. Claro, no va a ser una ingenua tampoco, hubieron antepasados que eran igual a la marquesa, la diferencia es que sabían disimular por el bien del Imperio y su propio trasero.
El transporte se detiene frente a la entrada exclusiva de los Kurosaki y Kira ayuda a la mujer bajar y después a Nelliel. Ichigo la espera usando un traje oficial de dos piezas de color azul oscuro casi llegando al negro; debajo de la casaca militar usaba un chaleco color oro y un corbatín rojo con bordados en hilo dorado, sobre su hombro derecho había una capa larga color rojo con bordados también en color dorado, el borde de la capa tenía un tejido mullido color blanco y en su pecho había numerosas medallas por condecoración militar, después de todo Ichigo también era parte del ejercito y había tenido sus hazañas en el campo de batalla. Lo saluda con una leve inclinación de cabeza.
—¿Qué significa esto?
—¿Qué cosa?— Extrañada.
Ichigo, para sorpresa suyo, la ha tomado del mentón y tiene miedo que se dé cuenta como se le sube la temperatura y el corazón latía rápido. El emperador le alza el rostro un poco y mira con malos ojos los labios pintados de rosa oscuro.
—¿Con quién te andas besando?
¿Eh? ¿Es una broma?
—¿Emperador?
—La pintura labial está un poco corrida.
—Claro que no. — Reprocha pensando que Ogawa tenía razón al comentar que alguien si lo notaria, pero de seguro no se imagino nadie que sería su marido. — Y si fuera así, no es asunto suyo, así como usted dejo bien en claro que no es problema mío con quien se besa usted mientras lloraba en su alcoba y lo disfrutaba. — De un manotazo suave lo aparta de su toque. — Ahora que el asunto acabo, vayamos pronto al baile.
Camina ya al salón antes de darle oportunidad de discutir, con Nelliel detrás. Dos segundos tarda su marido en seguirle el paso y puede sentir la mirada fría de éste sobre ella pero actúa que no.
Cerca de la entrada, Ichigo toma su mano, provocándole escalofríos que la hace sentir ridícula. ¿Por qué no puedo dejar de amarlo como él a mí? No es justo. Los soldados abren la puerta tras una señal de Ichigo y la pareja es recibida por unas escaleras que los hacen bajar a un salón enorme que está lleno de vestidos coloridos, candelabros bellísimos con sus velas nuevas encendidas, mesas llenas de comida y bebidas y una orquesta que toca sin descanso música que todos bailan si no están conversando.
Todo se detiene apenas son conscientes de su presencia. Los nobles se los quedan viendo y, apenas dan un paso, estos se inclinan hasta que sus líderes bajan toda la enorme escalera. Un mayordomo en sus sesenta años se acerca con una charola llena con dos copas de champagne.
—Gracias Richiro — Susurra Orihime.
—Es un honor.
—Nobles de Karakura, hoy es otro año en que seguimos existiendo en la historia y otro año en que mi familia se posiciona con el deber de proteger nuestra historia, nuestras tierras, nuestro oro y nuestra gente. — La gente aplaude en emoción. — Por supuesto, también seguimos aquí, existiendo como imperio gracias a ustedes y a nuestros aldeanos.
—Y este año... — Orihime toma la palabra. — Debemos alzar nuestras copas a la condesa Retsu por su descubrimiento a la cura de la Peste Negra que reducirá mucho más la muerte de nuestros habitantes.
Los aplausos y halagos no se hicieron esperar hacia la condesa, su esposo la miraba también orgulloso de sus logros pero lo disimulaba perfectamente.
—Que la bendición de dios caiga sobre cada uno de ustedes ya sea hombre, mujer, niño o anciano. — Continuo Ichigo. — ¡Por la gloria de Karakura!
—¡Por la gloria de Karakura! ¡Larga vida al sol y espada del imperio el emperador! — Dijeron todos al mismo tiempo mientras bebían de su bebida.
—Emperatriz. — Ichigo extendió su mano y Orihime coloca la suya en automático sobre ésta.
Acercándose juntos al centro de la pista el baile comenzaba oficialmente cuando dos miembros de la familia real tomaban el primer baile. La música comenzó a sonar mientras ambos monarcas se movían por la pista, Orihime no pudo evitar recordar el baile de su recepción de bodas había sido hermoso con pétalos de rosas rojas por doquier e Ichigo moviéndose lentamente mientras sonreía, a diferencia de ahora que lo hacia rápido y mirando hacia la nada, sin un ápice de emoción en su mirada.
—Por mas que le desagrade le pido que por favor aguante hasta el final su majestad, pedí a la orquesta tocara una canción corta. — Sonrió amable para disimular, no era un secreto que su esposo la despreciaba, pero al menos podían disimular frente a las personas lo mejor posible.
—Lo sé, no tienes que decirlo. — Respondió desganado y en voz baja. — ¿Estará cerca Marianne? — Se pregunto internamente el pelinaranja, no la divisaba entre la gente.
Era obvio lo que su esposo estaba pensando, una grieta más se abrió en el corazón de la ojicastaña e hizo una pequeña mueca de dolor al sentir como presionaba su mano con fuerza.
La música deja de sonar por lo que emperador y emperatriz se separaron con una elegante reverencia.
—Muchas gracias por la pieza su majestad. — Sonríe la joven Emperatriz al finalizar.
—Sí. — Responde distante el hombre mientras el salón se llenaba de aplausos y momentos después otras parejas pudieran entrar a la pista.
La pelinaranja aprovecho esto y se disperso discretamente entre las parejas. Orihime diviso entre la multitud a la duquesa Shihouin quien era rodeada por otras damas y conversaban con esta sin embargo al ver a la emperatriz el grupo se abrió e hicieron una reverencia.
—Gloria al escudo del imperio. — Saludaron las mujeres.
—Arriba, pueden levantar la cabeza.
—Majestad justamente hablábamos de usted. — Sonríe la duquesa Yoruichi.
—¿Si? Espero que hayan sido cosas lindas o algún rumor que me beneficie. — Las jóvenes nobles se rieron por la broma. — ¿Y bien? ¿De qué se trata?
—Se acerca su cumpleaños.
—¿Mi...? Oh cierto. — Abrió su abanico de plumas y oculto sus mejillas rojas. — He estado tan ocupada que olvide mi propio cumpleaños.
—Despreocúpese su majestad, me he encargado de todo.
—¿Todo?
—Por supuesto que debemos celebrar a lo grande.
—Duquesa creo que olvida que no puedo hacer fiestas grandes. — Dijo con pesar y las otras nobles cuchichearon.
—Lo sé pero eso no evita que no pueda hacer una reunión con algunas damas nobles ¿Cierto? — Susurro lady Rose Artheon, hija del conde Artheon.
—Bueno, no.
—Entonces solo debe hacer una fiesta con nobles selectos, eso lo hará aun más especial. — Finalizo Yoruichi orgullosa que saldrá tal como ha planeado. — De hecho ya lo hable con la princesa Kuchiki.
—¿Con Rukia?
—Queríamos que fuera sorpresa así que... ¡Sorpresa!
—Duquesa, ladys… muchas gracias. — Sonríe sinceramente.
—No hay problema, nosotras siempre seremos fieles a la emperatriz. — Dijo Lady Ashley.
Las demás asintieron dándole la razón.
—Bien, entonces ¿Cuando? ¿Hay algo en que pueda ayudar?
—Tu cumpleaños es en tres semanas será en el salón de banquetes de su palacio. Ya tenemos todo organizado, como la festejada tú solo debes verte bien y entrar al salón.
—Bien, bien, prometo no meter las narices. — Mira el entorno con curiosidad. — Por cierto ¿Donde está lady Rukia?
—Dijo que necesitaba algo para aguantar a la marquesa esta noche y volvería pronto.
—Seguro estará con lord Renji.
—Es probable, casi un noventa y nueve por ciento seguro que estará con él.
—Entonces solo queda esperar… ¿Me acompañan con una bebida? — Pregunta la pelinaranja.
—Sera un honor su majestad. — Respondieron todas.
En otra área del salón Ichigo buscaba una cabellera larga color plata y deslumbro a Marianne, quien usaba un vestido verde de corte asimétrico sobre un fondo blanco con manga corta y escote en U; hablaba con algunas nobles y caballeros, y reía por alguna broma que habían hecho.
—Marianne. — Llama a su consorte de forma cariñosa.
—Su majestad. — Lo llama melosamente mientras dejaba al grupo. — Volveré pronto.
—Vuelva pronto Lady Scorpio. — Saludaron los nobles.
—¿Me concede una pieza mi lady? — Pregunto Ichigo aunque algo en su cabeza le susurraba que algo pasaba y no le hizo caso.
—Por supuesto. — La peliplata tomo la mano del hombre y se inclino levemente al tiempo que la mano grande del hombre rodeaba su cintura y empezaban a moverse. — Te vi en la pista, te veías muy guapo.
—Gracias, aunque lo único que hacía era buscarte entre la multitud.
—Lo sé ¿Pero sabes algo?
—¿Qué es?
—Creo que yo me hubiera visto mejor combinada contigo. — Refunfuño suave.
—¿Lo crees?
—¿No lo piensas tú?
—Claro que lo pienso. — Lo dijo inconsciente. — Pero en el día de la fundación, solo el emperador y la emperatriz pueden vestir trajes de pareja.
—Mmm. — Marianne lo trataba de ocultar pero envidiaba el hermoso vestido y lo bella que se veía Orihime en la prenda. — Entonces ¿Prometes que iremos combinados la próxima vez?
—Si es lo que deseas. — Algunos nobles cercanos fruncieron el ceño al escuchar la petición de la consorte real y refutaron mentalmente.
—Y tengo una solicitud.
—Sabes que puedes pedirme lo que gustes. — Acomoda el mechón de cabello de la chica.
—¿Cuando anunciaras que estoy embarazada?
—Se anunciara más… — Unos murmullos cortaron la respuesta haciendo que la pareja se girará en dirección a donde todos miraban, grande fue su sorpresa al ver a la emperatriz y al rey Ginjo hacer una reverencia y comenzaron a bailar.
—Oh dios ¿Cómo puede aceptar la invitación de otro rey sin pena? — Susurra Marianne indignada. — La Emperatriz debería darse cuenta de sus acciones.
—Si… — Murmura Ichigo quien empieza a moverse distraído. No le gustaba la escena frente a él, quería ir donde Ginjo y separarlo de Orihime de un golpe. ¿Porque?
—Es la madre del imperio, debe cuidar su imagen ante los demás representantes de otros países ¿Qué pensaran los demás de nuestro país? — Continuo hablando mientras se acurrucaba en el pecho del monarca.
Ichigo no pudo decir más porque algo dentro de él estaba comenzando a hervir, pero en su mente algo le decía que no podía dejar ahí a Marianne en mitad de la canción.
—No importa, de todos modos nosotros nos vemos aun mejor ¿No lo crees Ichi? — La voz de Marianne taladraba su cabeza.
—Sí, nos vemos mejor que ellos. — Susurra mientras algo le atraía a prestar su atención en los ojos dorados de la marquesa.
—Entonces ¿Cuando anunciaras mi embarazo?
—Un poco más tarde.
—¿Pero será hoy?
—Por supuesto. — La mujer sonrió satisfecha, un punto más para ella, solo un poco más e Ichigo y todo lo que él conllevaba seria suyo.
—Tengo calor ¿Vamos por una bebida? — Sugiere la peliplata.
—No puedes beber alcohol. — Le recuerda Ichigo, pero su mirada se desviaba a donde bailaban Ginjo y su esposa cuando la marquesa no se dio cuenta. — Ella es una traidora y asesina, solo siento desprecio por ella. — Piensa para sí mismo.
—Vayamos al balcón y tomemos algo de aire fresco Ichi. — Le acaricia la mejilla sin saber que Ichigo sintió un frio terrible recorrerle de pies a cabeza pero lo disimula con una sonrisa.
—Ve tú primero, te alcanzo en un momento. — Por una razón que desconoce necesita alejarse de ella como un animal asustado frente a su cazador.
—No, quiero que vayamos juntos. — Pide en un pequeño berrinche. — Ven conmigo. — Hizo énfasis, tomando la mano del hombre con un poco de fuerza y haciendo que caminara tras ella.
Fue en el balcón donde Marianne y el emperador se encontraron a la princesa Kuchiki, quien salía con su prometido.
—Saludos al emperador. — Dice la pareja inclinándose ante Ichigo.
—Rukia ¿Ya estabas aquí?
—Por supuesto majestad, fui de las primeras en llegar. — Saluda la joven Rukia.
La distinguida princesa Rukia Kuchiki es la heredera del ducado Kuchiki; una pelinegra de ojos violetas, quien usaba un vestido color rojo con adornos dorados. El hombre a su lado es su prometido Renji Abarai, pelirrojo con el pelo largo hasta la cintura pero ahora lo lleva recogido; lleva el uniforme gala de un caballero de la guardia imperial, la primera orden bajo órdenes del emperador mismo.
Marianne no pudo evitar carraspear un poco y alzo el pecho levemente.
—Oh, no la había visto mi lady ¿Cómo ha estado? — Saluda Renji Abarai con amabilidad.
Éste disfruto ver la leve mueca de molestia en la mujer, era obvio que deseaba que se le saludara como si ya fuese miembro de la realeza pero el pelirrojo no le daría el gusto, más porque es consciente que ella le molesta que Renji no le dé el trato que según ella se merece por ser él de origen humilde, o sea, que a sus ojos un mugriento plebeyo siempre será un plebeyo mugriento y debe comportarse como tal: de rodillas ante su majestuosidad.
Renji es el cuarto hijo de un campesino que se listó con la edad permitida de catorce años; con talento de la espada más su trabajo duro le ha servido para que le diesen rangos altos en la milicia el día de hoy y le otorguen el sencillo título de "Sir"; para él, su mayor logro es simplemente haber encontrado la felicidad al lado de su prometida y que su suegro les diese su bendición.
A su lado Rukia se burla internamente de Marianne ya que por desgracia no puede decir lo que piensa frente a Ichigo… de momento.
—He estado bien Lord Abarai ¿Le va bien en la guardia imperial? — Pregunta la joven abriendo su abanico para ocultar su furia.
—Me va de maravilla Lady Scorpio, mejor de lo que cree.
—Majestad por favor tenga cuidado, creo que tiene una basura en sus ropas.
—¿Qué? — Dijo Ichigo desconcertado.
—Le pido me disculpe. — Rukia se acerca y sacude la manga de Ichigo, dándole un golpe a Marianne discretamente y obligándola a soltar al pelinaranja. — Listo, era una basura muy asquerosa.
Marianne se había puesto roja, era obvio que la insulto pero lo hizo indirectamente para que Ichigo no lo notara.
—¡Ichi, ell-!
—Majestad de hecho pensábamos hablar de algo con usted, ¿Podemos hablar un momento con usted a solas? Es delicado.
—Bien princesa Kuchiki, hablemos. — Miro a la ojidorada. — Marianne ¿Por qué no vas a dar una vuelta al salón?
—¿Qué? Pero…
—Marquesa, la información que le daré al emperador es confidencial, espero pueda entender. — Habla la princesa heredera del ducado Kuchiki con timidez.
—Pero… pero…
—Te iré a buscar tan pronto como pueda ¿Bien?
—Bien. — Responde a regañadientes viéndose obligada a salir del balcón y dejando al emperador y los siguientes duques a solas.
Apenas Marianne desaparece de vista, Ichigo pone una mirada seria a sus amigos.
—Entonces ¿Qué es eso tan importante?
—Es en la frontera majestad, ha habido movimientos extraños. — Rukia es quien toma la palabra.
