Capítulo 3.

—Su majestad, baila usted muy bien. — El rey Ginjo halago a la joven.

—Que va, a veces tengo dos pies izquierdos. — Bromeo ella, se había sorprendido cuando el rey se acercó y le pidió una pieza de baile, seria grosero rechazarlo así que aceptó amablemente.

—Es una pena que el emperador no compartiera otro baile con usted.

—Tenía otras prioridades. — Dijo con una sonrisa perfecta.

—Ya veo, si. — Ginjo dio una mirada y vio a la mujer de cabello plateado muy cerca de Ichigo. — En mi opinión, usted vale más que dichas prioridades.

Orihime había sonreído, tan halagada que se sonrojo. La falta de cariño marital la volvía sensible contra los cumplidos masculinos. Por suerte en ese momento la hicieron girar, así que nadie lo ha notado.

—Sus palabras son siempre bien recibidas, Rey Ginjo.

—Oh, ya sabe que puede hablarme sin formalidades, emperatriz.

—Preferiría que no al ojo público, aunque la ley no me lo impide, no quiero malos entendidos.

—Creo que ya los hay.

—¿Qué quiere decir?

—Luego de dar la vuelta, mire a las diez. — Muy curiosa como un gato, espera a la voltereta y no tarda en mirar en la dirección ordenada... sorprendiéndose de ver a su marido observándolos sin ni una pizca de emoción positiva. — Parece que a su marido se ha hecho malos entendidos.

—Oh, no se preocupe. — Indiferente se encoge de hombros, sin dejar de moverse por la pista. — Solo está enojado porque lo estoy pasando bien.

—Me siento honrado de ello… Orihime. — Susurra el nombre, igual audible a pesar de la música y sonríe victorioso de ganarse otro sonrojo. — Espero seguir siendo una compañía agradable.

—Siempre lo es... Ginjo, es un buen amigo.

—Me alegra, pero se lo advierto: aspiro a más.

—¿Eh?

En ese momento la música se detiene y las parejas se inclinan en agradecimiento. Ginjo toma a la emperatriz de la mano y la guía de vuelta con su grupo de amigas.

—Espero que me conceda otro baile.

—No le veo el problema, pero por favor, únase a la conversación.

—Después de todo usted se ganó la invitación a la fiesta de té anual de Rukia. — Agrega Yoruichi abrazándolo de un brazo, despreocupada de las normas sociales.

—No he ido a una fiesta de té desde los doce años, no sabría qué hacer y estoy algo nervioso.

—No se preocupe Su Majestad, solo vista elegante, suelte algunos cumplidos y traiga un buen presente. — Elogia lady Rose con una sonrisa divertida.

—Agradezco su consejo, mi lady.

Orihime se ríe con discreción y mira alrededor con discreción, queriendo encontrar a Rukia o, de mala gana, saber si Ichigo sigue ahí o se escondió con Marianne.

¿Por qué me gusta torturarme?, suspira en resignación. Iba a volver a concentrarse en la conversación pero algo llama su atención: Rukia y Renji apartando a Ichigo de Marianne y llevándolo a un lugar apartado. Eso significa problemas. ¿Debería ir o preguntar luego?

¡...jestad... Su majestad!

Orihime se sobresalto un poco al escuchar que la princesa Ploen la llamaban.

—Oh disculpen, me perdí en mis pensamientos. — Sonrió torpemente.

—Tal vez esté pensando en su fiesta. — Dijo Yoruichi

—¿Qué? Claro que no. — Se rio. — Por cierto princesa Ploen, felicidades por su compromiso.

–Muchas gracias majestad. — Jubelian era una hermosa joven de cabello platino, ojos azules y bendecida con un hermoso rostro casi como una muñeca, era la princesa del ducado Ploen en el reino de Ashet, un reino aliado a Karakura. Al ser ambas princesas de los principales ducados de sus países habían convivido mucho desde pequeñas cuando iban al reino de la otra y se habían hecho amigas.

—Creo que pronto también tendre que llamarte majestad ¿Cierto?

—Aun trato de hacerme a la idea. — Sonrió la joven.

—¿No habías venido con tu cuñada?

—Creo que está en la pista con un joven que la invitó. — Miraron y efectivamente una belleza de cabello rubio y ojos rubí bailaba feliz con lord Shuuhei el joven heredero del marquesado Muguruma y soldado protector de la Emperatriz.

— Su majestad el emperador no pudo venir, está hecho un lio con la gestión del imperio.

—Los primeros meses al subir al trono son un caos, lo entiendo bien.

—No me asuste. — Bromeo Jubelian.

—Lo siento no lo hice con mala intención. — Respondió nerviosa.

—Y bien ¿Que regalo debería llevar a Lady Rukia? — Pregunto el rey Ginjo.

—Ya que su tierra está cerca de la costa ¿Que tal algún bocadillo típico? — Sugirió lady Rose.

—Yo quisiera probar algún té o un alcohol de su región. — Sugirió Nelliel.

—Que sea el alcohol de preferencia. — Sugirió la marquesa Ichimaru con una sonrisa inocente.

—Hay un vino de la cordillera montañosa que es especialmente delicioso.

—¿Hay forma que podamos probarlo? — Los ojos de la marquesa brillaban de emoción, su marido tenía algunos viñedos y estaba metido en la producción vinícola así que probar vinos era esencial para competir en el mercado.

—No les haga caso. — Orihime tomo la palabra. — No está obligado a llevar nada, solo su presencia será un honor su majestad Ginjo.

—Pues estaré mañana en el ducado Kuchiki ¿A qué hora empieza la fiesta de té?

—A las tres.

—Bien ahí estaré. — Sonrió el pelinegro, uno de sus vasallos se acerco en ese momento y le susurró algo. — Debo retirarme damas.

—¿Tan pronto? — Se sorprendió la emperatriz.

—Me temo que debo hablar con el duque Bersen de Allios. — Dijo con pesar. —Pero estaré mañana en la fiesta.

—Lo esperaremos. — Las damas a excepción de Orihime se inclinaron mientras el hombre se retiraba.

—Tengo un vestido que he querido utilizar hace tiempo, es una buena oportunidad para lucirlo. — Hablo Nell.

—Espero que no te quedes sola en una esquina del salón.

—Estaba cansada. — Refuto la joven condesa Odelschwanck.

—¿Me pregunto porqué? — Las risitas picaras de las damas inundaron el lugar, era conocido por todas que Nelliel era cortejada por el marqués Jargerjaques.

—Tal vez pronto tengamos otra boda cerca. — Comento Orihime con una sonrisa.

—No es eso. — Dijo Nell apenada.

—Pero seguro que le gustaría. — Susurro la marquesa Sado a la emperatriz quien rio discretamente.

—Con suerte estará mañana en el ducado Kuchiki. — Le guiño un ojo a la joven. — Solo asegúrate de verte muy linda.

—Buenas noches, ¿Puedo unirme a su conversación? — Una voz dulce llego a oídos de Orihime.

Ésta se giro y se encontró cara a cara con lady Scorpio quien sonreía amigable, una perfecta mascara que le servía para mezclarse en los grupos y círculos sociales.

—Por supuesto lady Scorpio. — Orihime no se dejo amedrentar y le sonrió de vuelta con dulzura, dos podían jugar al mismo juego.

—Un placer saludarlas señoritas. — La mujer de ojos dorados sonrió y las demás respondieron con amabilidad pero levemente incómodas. — ¿Interrumpí algo?

—Oh nada importante. — La morena hablo con una sonrisa. — Solo algunos asuntos de estado y temas sin importancia.

—¿En serio? Me pareció escuchar sobre una fiesta de lady Kuchiki.

—Salió entre la conversación. — Admite Cristal con un leve encogimiento de hombros. — Ya sabe, nosotras podemos hablar cuatro cosas a la vez y los hombres tienen suerte en hablar de uno.

—Por supuesto, mis hermanos y padre son así... y ni hablar de su majestad, no consigo su atención cuando está metido en el trabajo.

Mientras sonreía inocente, por dentro se regodea con malicia del golpe que le da a Orihime, quien solo había dado la razón con un neutro asentimiento de cabeza al mismo tiempo que murmura "hombres...". Entre tanto, las demás mujeres del grupo miran a Marianne con el ceño fruncido y pensando lo grosera y mala clase que es.

—Pero volviendo al tema... ¿Acaso la fiesta de Lady Rukia a la cual se refieren es la que hace en cada estación?

—Así es. — Admite Rose con un tono que delata seguir molesta.

—No es posible que sea mañana entonces... porque no me ha llegado ni una invitación.

—La verdad marquesa Scorpio, si es mañana. — Comenta Yoruichi casual y las damas asienten. Luego sonríe igual a un gato a punto de cazar a su presa. — Estoy sorprendida que no tenga uno... me pregunto por qué será.

Marianne se muerde las mejillas por dentro, anhelando poner a esa rastrera en su lugar pero es la duquesa Shihouin y ni siquiera Ichigo puede defenderla por insultarla... en especial si la matan mientras duerme.

—Hablare con lady Rukia de inmediato

—No lo sé marquesa... — Rangiku se muestra preocupada pero todas sus amigas cercanas saben que es actuado. — ¿Conseguirá el vestido a tiempo? Incluso es con temática.

—¿Temática?

Orihime abre la boca, lista en dar su aporte solo para que Ichigo no la moleste en la noche o mañana por permitir que sean grosera con la Consorte Real. No es que le preocupe, pero no quiere dormir ni empezar el día con migraña.

—Buenas noches. — Todas miran en la misma dirección, alarmas encendidas, y se sonrojan (a excepción de Rangiku y Yoruichi) de ver al apuesto Emperador Sousuke Aizen de las Noches pulcramente bien vestido con un uniforme militar color blanco con el rango de general. — Saludos a las bellas damas del Imperio Karakura. — Con una mano en el pecho se inclina un poco a pesar de ser el de mayor rango en el grupo, aumentando el rubor femenino, y de golpe sus ojos se cruzan con los de Orihime. — Y Saludos a la Emperatriz más bella de Karakura.

—Emperador Aizen. — Orihime se celebra a si misma de hablar normalmente a pesar que su corazón late rápido a causa del poder extraño que producen esos ojos color chocolate. Las demás mujeres se inclinaron respetuosas ante el hombre. — No puedo recibir su cumplido porque soy la única Emperatriz en Karakura, no hay otra para comparar.

—Descuide, aun si hubiese otra usurpando su puesto... — Ve a Marianne, quien se asusta. — o diez, ninguna le llegaría a los talones en belleza e inteligencia.

—Muchas gracias Emperador, todo un halagador... siempre sabe cómo salirse con la suya. — Bromea un poco.

—Oh, no siempre... aun no consigo a la esposa que quiero para empezar.

Sus palabras le recuerdan al comentario que le dijo Rangiku días atrás y sus mejillas se encienden un poco. ¿Será...? No, no… solo bromea contigo.

—Quizás deba rendirse y buscar en otro lado... no siempre se gana en el amor su majestad.

—Quizás... — Detrás de Orihime, Rangiku oculta su sonrisa con un abanico. — Mi Emperatriz, ¿Sería amable de concederme un baile?

—Oh... claro, no hay problema. — Le deja a Nelliel su copa. — Sera todo un honor bailar con usted.

—Emperatriz. — Marianne se interpone con una voz firme y llamando la atención de las demás. — ¿Acaso no tiene vergüenza? Una mujer casada, en especial la Emperatriz, no debe bailar con hombres sin el consentimiento de su marido.

Todos la vieron como si estuviera loca. ¿Ella hablando de vergüenza?

—No hay ni una ley que me prohíba bailar con otra persona lady Marianne. — Dice Orihime con bastante paciencia, no quiere armar escenarios que la nobleza hablara por semanas. — Además, Las noches y Karakura tiene buenos tratados que sería irrespetuoso negarse.

Aizen ve a Marianne como si fuese una mosca molesta, quitándole la capacidad de hablar por el miedo que le dio y él aprovecha la oportunidad de llevarse a Orihime sin más retrasos, con palabras y gestos amables, muy opuesto a esos ojos de hielo hacía la marquesa platinada.

Marianne puede sentir que las demás damas y las personas cercanas se estaban riendo de ella, de su ignorancia. Como desea correr hacía Ichigo y rogarle que mate a todos los presentes, sabiendo que él lo haría a gusto.

Un excelente ejemplo a cómo tratarla.

—Negro. — Habla Yoruichi, llamando su atención. — El color de este año es negro.

—¿Negro? ¿Acaso es alguna moda? — Pregunto Marianne.

—Bueno eso lo decidió la anfitriona de la fiesta de té.

—¿Siempre es de un color diferente cada estación?

—La duquesa a veces elije temáticas curiosas, ella es la que nos informo de ello.

—¿Está segura?

—Si tiene tanta desconfianza de nuestra palabra ¿Porque no va a preguntarle directamente? — Sugirió Nelliel dando un vistazo a donde se encontraba la futura duquesa y el emperador.

—No es necesario molestar a la princesa con una tontería. — Murmuro Marianne.

—Bien, entonces convenceremos a lady Rukia para que le dé una invitación. — Cristal dijo eso con una sonrisa enorme, las otras damas miraron a la marquesa Scorpio con grandes sonrisas.

—Bien, estaré ahí. — Una orgullosa Marianne sonrió internamente al haber logrado su objetivo, era un gran honor estar en una de las fiestas de té de lady Rukia pues muy pocos aristócratas selectos eran invitados a estas.

—Claro Lady Scorpio, estaremos ansiosas de ver su vestido ¿Con que pieza nos sorprenderá?

—Tengo una modista muy capaz, aunque es algo apresurado se que podrá hacer algo de urgencia. — Presumió con arrogancia y miro hacia la rubia del grupo.–A menos que Lady Ichimaru quiera el honor de diseñarme una pieza.

—Oh por desgracia mi casa de modas esta ya algo atareado y no podría hacer algo que se iguale a la belleza de la señorita. — Comento Rangiku, claro que tenía espacio pero se negaría hasta la muerte diseñar algo a esa sinvergüenza.

—Ya veo, espero pronto poder contar con su enorme talento a mi favor.

—Bueno, solo el tiempo lo dirá. — La perfecta cara de Rangiku Ichimaru no lo demostró pero por dentro quería retorcer ese blanco cuello y ver esos ojos dorados apagarse.

La princesa Jubelian y lady Rose no podían creer el descaro de la dama, prácticamente ella estaba gritando, casi asegurando que entraría a la familia real en un futuro y debería diseñar sus prendas aunque no quisiera.


Por otra parte Ichigo terminaba de escuchar el reporte de lady Kuchiki.

—¿Sus tropas atraparon a alguien de esos extraños que merodeaban sus tierras?

—Atrapamos un pequeño grupo pero todos se suicidaron. — Comento Renji. — No llevaban algo que los afiliara a algún país.

—Sin embargo tenemos un par de pistas que podrían señalar al reino Fullber o...

—¿O qué?

—O al marquesado Scorpio.

—Cuidado con sus palabras princesa Rukia. — Hablo Ichigo molesto. — Los Scorpio son leales al imperio.

—Nunca hay que subestimar a la ambición humana majestad. — Hablo seriamente la ojivioleta.

—Son acusaciones graves princesa Kuchiki. — Comento Ichigo con seriedad. — Se que mi consorte no es de su agrado, pero esas son palabras mayores ya que hablamos de traición.

—Lo sé, sin embargo aquí estoy anteponiendo mi disgusto personal ante la seguridad de Karakura. Aun no estamos seguros y no es formal aun está acusación, pero seguiremos investigando.

—La casa del marqués Sado también nos apoyara. — Hablo el prometido de Rukia. — Le notificaremos cualquier avance su majestad.

—Bien, de momento no le comenten esto a nadie más. — Hablo con seriedad mortal. — Por el bien de la investigación no diré a nadie tampoco sobre sus sospechas.

—Si majestad. — Respondió la pareja.

—Si nos permite volveremos al salón. — Hablo el caballero.

El monarca y la pareja salió del pequeño balcón privado y grande fue la sorpresa de Ichigo al ver a la emperatriz bailar con el emperador Sousuke. Ella sonreía de oreja a oreja.

—Oh, que encantadora imagen. — Hablo Rukia a propósito. — Creo que hace un tiempo que no veía a la emperatriz tan feliz. — El pelinaranja no dijo nada más y gruño en voz baja, cosa que no paso desapercibida por la joven. — ¿Me pregunto qué habría pasado si Orihime hubiese conocido antes al emperador de las noches? — Pregunto inocente.

—No diga estupideces Lady Rukia. –Respondió Ichigo.

—Perdóneme su majestad. — Se disculpa la mujer aunque no lo sentía.

—Bueno, incluso yo admito que se ven bien juntos. — Comento Renji distraído.

—¿Tú también lord Renji? ¿No iban a unirse al festejo? — Hablo de mala gana.

—Ah cierto, gloria al emperador. — Se inclinaron levemente y se alejaron, aunque la pareja se reía cómplice.

—Eres malvada.

—Lo dices como si yo fuese una bruja, él se lo merece.

—No es necesario ser un genio para saberlo pero ¿Tanto así por la emperatriz?

—No lo entenderías querido, no es solo molestar a su majestad, se trata de lealtad entre mujeres. La emperatriz es la madre del imperio, una dama perfecta y antes que eso, una de mis mejores amigas de la infancia. — Se sincero. — Mi lealtad y la de la casa Kuchiki siempre será para ella y de seguro la mayoría de los nobles aunque no sean sus amigos directos te dirán también que la apoyan a ella.

—¿No es lady Marianne una dama también?

—Esa mujer es una zorra, pero una zorra idiota. — Lo miro con una sonrisa. — Ni siquiera sabe jugar bien sus cartas, y eso que tiene a Ichigo en la palma de su mano… realmente no esperaba mucho de la casa de un marqués de bajo rango. ¿Sabes porque se les dice así?

—En realidad no.

—Porque una vez fueron una de las casas más respetadas del imperio, pero se hicieron perezosos y han perdido su poder poco a poco.

—¿Pero no tenían caballeros a su mando?

—La mayoría son casi un hazmerreír dentro de la milicia, hay algunos talentosos pero podría contarlos con ambas manos. — Suspira con pesar. — Por eso, para mantenerse y no ser borrados de la lista de nobles del imperio, no les queda de otra más que pegarse a las faldas del poder imperial.

—Ya entiendo.

—Ante los demás aristócratas los Scorpio son las mascotas de la familia imperial, siempre siguiéndolos como si fueran perritos. — Abrió su elegante abanico de perlas y oculto su rostro. — Han perdido toda dignidad y orgullo noble, también por eso odio a Lady Marianne. ¿Como una mujer tonta y hueca como ella pudo atraer la atención del emperador?

—¿No fue por su belleza? — Rukia miro feo a su prometido. — Cariño tú eres preciosa, la flor más bella para mí. — Beso su mano y da las gracias de que se le haya pasado aquel breve enojo a su persona o iba a sufrir en casa. — Pero no hay que ser ciegos y reconocer que lady Marianne es atractiva ante el género masculino.

—Sin embargo ella no es del tipo de Ichigo, ella solo lo adula y dice estupideces. — Murmura molesta ahora por la flor barata. — Algo es sospechoso y te juro que voy a saber que es.

—Y yo estaré detrás de ti para ayudarte.

—Gracias querido. — Se aferro al brazo del pelirrojo.


El emperador Aizen hizo girar a Orihime en medio de la canción y sonrió al verla reír.

—Eso me gusta más.

—¿Perdone?

—Se ve usted más hermosa con una sonrisa que con una expresión de tristeza o una sonrisa falsa.

—¿Qué cosas dice? — Rio con suavidad. — Mi sonrisa no es falsa.

—Su majestad, cuando lo deseo puedo ser el amo del engaño y la ilusión. — Susurro en su oído poniendo las manos en su cintura. — Puedo reconocer los gestos sinceros y los falsos sin pestañear.

—Qué gran habilidad su majestad Aizen.

—Por eso vuelvo a repetir que usted es demasiado para este imperio.

—Dios, tenga cuidado con sus palabras majestad.

—Solo digo la verdad, usted no es valorada lo suficiente.

—E-eso… — Susurro nerviosa.

—Solo tiene que pedírmelo mi emperatriz Orihime. — Le hablo discretamente al oído, erizándole el cuerpo a la joven. — Dígame que desea que la saque de aquí y hare hasta lo imposible por liberarla de su yugo.

Orihime siguió bailando pero lo hacía en automático. Sonaba tentador, dejar todo el dolor, sufrimiento y humillaciones atrás pero su deber y sentido de responsabilidad le nublaban también su toma de decisiones.

—Agradezco su oferta mi señor, pero mi deber con mi pueblo y la familia real me lo impiden… además... — Desvía la mirada sin completar la frase.

—Lo entiendo, no se preocupe.

El castaño lo entendió, ese "además" quería decir "aun amo a mi esposo, y no me atrevo a dejarlo". La ojicastaña no tenía el valor de tirar todo y dejar al monarca de Karakura.

La canción terminó y la pareja se separó haciendo una reverencia.

—Gracias por el baile, me divertí mucho.

—No hay de que, yo también me la pase bien. — Le sonrió la pelinaranja.

—Si un día decide dar el paso solo debe llámeme. Yo estaré siempre de su lado, pese a que otras personas quieran usurpar su autoridad. — Miro a Marianne quien tomaba una copa de jugo y desvió la mirada al notar que la veía con desagrado.

—Gracias su majestad, sus palabras me animan. Que pase una buena noche.


Orihime se retiro a una de las salas de descanso autorizadas solo para la familia real, estaba cansada de tanta gente y necesitaba un momento a solas.

En el salón de descanso había una doncella que se acerco a la emperatriz.

—¿Desea algo su majestad?

—Tengo un poco de sed, necesito agua. — Pidió amable mientras comenzaba a abanicarse, la doncella salió y unos minutos después volvía con una jarra de agua fría. — Gracias.

—¿Quiere que le sirva algo más?

—No, estaré bien puedes irte. Si te necesito te llamaré. — Señala la pequeña campana en la mesa de centro.

—Estaré afuera entonces si me necesita.

—Sí.

La doncella salió de la habitación, pero grande fue su sorpresa al ver la imponente figura del emperador frente a ella, su sombra la cubría por completo.

—Gloria a su majestad el emperador. — Saluda la sirvienta agachando la mirada.

—¿Esta la emperatriz?

—Sí, su majestad.

—Vete, no quiero a nadie cerca, necesito hablar con ella.

—Sí, su majestad. — Respondió nerviosa la jovencita alejándose del lugar.

Orihime se había recostado en el sofá, sintió sus doloridos músculos descansar, había sido un día agotador.

—Quiero irme a la cama.

—¿Sola o acompañada por el emperador Aizen o el rey Ginjo?

Orihime abrió los ojos con sorpresa y se compuso para mirar al emperador.

—I- , Su majestad. — Corrigió rápidamente y su mirada se endureció. — No sé a qué se refiere.

—Es bastante obvio ¿No es así? Dijiste que querías ir a la cama. ¿Supongo que quieres ir a abrirte de piernas a otros hombres?

—No tiene cara para decirme algo ¿No es lo que usted hace? ¿Meterse entre las piernas de mujeres que no son su esposa? — Responde audazmente.

—No es lo mismo. — Dijo de vuelta frunciendo el ceño.

—¿Por qué? ¿Porque usted tiene un pene y yo no? — A pesar de las quejas de su cuerpo se pone en pie y lo enfrenta con toda la altura posible a pesar que él le gana por goleada. — Además, le recuerdo que las leyes de Karakura me permiten un amante, usted no es nadie para impedírmelo.

La habitación queda en un silencio tenso, los dos a punto de estallar pero no iban a ceder en ser el primero en hacerlo. Al principio como le costaba a Orihime mantenerse así de firme frente a Ichigo, aguantar su odio ella solo tiene amor por él, y ahora es capaz de volver al combate y enfrentarlo de tú a tú; no siempre gana pero es reconfortante el solo probarle, probarle a todos, que ya no iba a ser una damisela temerosa de su marido y sin voz ni voto.

—¿A venido solo por eso o me dirá de que habló con Lady Rukia y Lord Renji?

—No le diré, por ahora es mejor que nadie más aparte de nosotros tres lo sepamos.

—Espero que recuerde eso, que a nadie se le olvida que contó un secreto de estado a Lady Marianne y el enemigo casi entra en la zona sur.

—Cuida tu lengua, traidora. — Sisea, dando un paso adelante y, por mucho que el instinto le dijo a Orihime que corra, no lo hizo. — No tienes derecho de reclamarle a Marianne cuando el pecado de tu familia y el tuyo es mucho peor.

—Yo no mate a los emperadores ni a la princesa Yuzu... mi familia tampoco...

—¿Piensas seguir con esa mentira hasta el final?

—Pienso seguir con la verdad hasta el final, incluso si es la horca. — Ahora ella es quien da el paso al frente con ojos serios. — Los Tenjiro somos inocentes... y somos leales al imperio de Karakura hasta nuestra muerte... aun si el que está en el trono no se merece nuestra lealtad por imbécil calentón.

—¡Tú...!

—No tengo amantes. — Lo interrumpe con brusquedad y firmeza. — En estos cinco años no he metido a nadie en mi cama a diferencia de usted... sin embargo, no le aseguro que sea así siempre, estoy aburrida y tengo necesidades que atender.

Y se dirige a la puerta lista para irse a su palacio, ya se disculpara luego con la excusa de un dolor de cabeza.

—¡Te prohíbo tener amantes!

El grito de Ichigo la detiene.

Al parecer él exploto primero.

Ha perdido.

Ella solo voltea para verlo a los ojos.

—Tomaré en consideración su orden, esposo mío, cuando dejes tú de tenerlas.

Y se va con la cabeza en alto.

Ichigo se quedo solo en la pequeña sala pero pasados unos segundos se dejo caer de inmediato al piso con un fuerte dolor de cabeza, el dolor era tan terrible que quería golpearse contra la pared para calmarlo. Se sostuvo de uno de los sofás y se puso de pie lentamente, su vista se puso borrosa lo que le obligo a sentarse un momento.

Recordó que cuando vio al emperador de las noches y Orihime tan felices bailando quiso acercarse a ambos y arrancarla de los brazos del castaño, por suerte se contuvo y pudo evitar una crisis diplomática entre ambos países. Lo que era importante: ¿Porque le molestaba? Se suponía que no le interesaba esa mujer, la asesina de sus padres y su querida hermana menor.

No importaba que su sonrisa hiciera brillar todo a su alrededor, o que quisiera tomar su cabello entre sus dedos y... Basta, estaba pensando solo tonterías.

—¿No acostarme con otra mujer? ¿Enloqueció? — Hablo consigo mismo, sabía que era hipócrita no decirle a la emperatriz que tuviera otro amante pero algo le decía que tenía que hacerla pagar.

Ichigo finalmente recupero algo de color y se animo a salir del pequeño salón de descanso para volver al banquete, no estaba seguro de cuánto tiempo había desaparecido pero al volver Marianne se acerco al hombre molesta.

—¡¿Donde habías estado?! — Exigió saber la peliplata.

—Necesitaba descansar Marianne, no me sentía muy bien.

—¡Tienes que venir conmigo! — Lo jalo del brazo no importándole el estado del hombre, sin embargo este se dejo arrastrar. — No hemos bailado esta noche. — Le pidió la chica.

—Marianne, ahora no.

—¿Tienes idea de lo que murmurarán los círculos sociales de mí? Que el emperador se está cansando de lady Marianne Scorpio y pronto la botara ¿Eso quieres?

—No, pero entiende por favor.

—No, no quiero entender. Bailemos. — Exigió molesta. La mano en que esta su anillo toma forma de puño, presiona con fuerza. — Quiero que todos vean lo bien que lucimos juntos.

Ichigo no podía apartar la mirada de la chica, por un momento le pareció ver rojo pero cerró los ojos nuevamente y todo estaba normal.

—Como desees. — Respondió sin emoción alguna en la voz. Como en trance.

Marianne sonrió al ver la mano de Ichigo extenderse hacia ella y poso su mano sobre la masculina totalmente feliz.

—Después anunciaremos lo del bebé.

—Por supuesto.

El emperador y la consorte real fueron a la pista, varios aristócratas veían mal a la marquesa debido a su indiscreción y falta de educación, la música de la orquesta lleno el salón mientras el pequeño grupo cercano a la emperatriz veían a la mujer indignadas, Orihime había informado que se retiraría antes así que no era necesario aparentar tranquilidad por ella.

—Esa... Esa... Zorra. — Gruño la condesa Tatsuki.

—Se cree la estrella del lugar. — Murmuro una indignada Cristal. — Aprovecha que Orihime se fue para pasearse como la dueña del palacio.

—Quiero tomar ese bonito cuello y colgarlo en mi sala. — Susurro Yoruichi.

—Calma duquesa Shihouin podremos regodearnos dentro de poco. — Hablo la morena ojiazul. — ¿Sera bueno no decirle a la princesa Kuchiki?

—Claro, ella seguro nos agradecerá, está feliz con su prometido me parece una grosería interrumpirla por nimiedades.

—Quisiera un dispositivo mágico de grabación para mañana.

—Yo tengo uno. — Susurro Jubelian.

—Oh bien, llévalo mañana y cuando llegue el momento le avisare a la anfitriona.

—Con gusto lo hare. — Hablo una feliz princesa Ploen.

Tuvieron que soportar ver a la marquesa y el emperador acaramelados uno junto al otro, pero pese a la conversación tan agradable que habían tenido esa noche ésta había tenido un final amargo para las damas.

Cuando el emperador anuncio que su consorte estaba embarazada frente a todos, las ansias asesinas de Lady Kuchiki, la marquesa Sado, la duquesa Shihouin y la condesa Arisawa aumentaron a límites insospechados.


Orihime permitió que su doncella le retirara el vestido y le preparará un nuevo baño, era el segundo que tomaba en el día pero necesitaba relajar sus cansados músculos en agua caliente, también debía reponer energías para el día siguiente.

—Su majestad ¿Pongo mas aceite de rosas?

—Solo un poco. — Acepto con una sonrisa.

Ogawa acerco los aceites al agua y coloco solo un par de gotas en el agua llena de pétalos.

—Resistió muy bien hoy su majestad.

—Lo sé, quisiera no levantarme mañana pero es imposible. — Sonrió mientras Momo le daba un masaje en sus hombros. — Hice una promesa a la siguiente duquesa Kuchiki.

—¿No falta poco para que herede el título?

—Sí, solo un par de meses más y el duque traspasara el titulo a lady Rukia de manera oficial, después será la ceremonia en el palacio.

—Presiento que Lady Rukia hará todo lo que quiera una vez tome el título.

—Causara dolores de cabeza a los que estaban en contra de que herede el título.

Las tres mujeres se ríen.

Ogawa la ayuda a secarse y luego vestirse con un camisón. Estaba por irse a la cama pero la puerta se abre de golpe y entra Nelliel con un aspecto e estar preocupada y asustada.

—Emperatriz, discúlpeme por entrar así. — Se inclina constantemente que Orihime teme que se rompa un hueso.

—Nelliel, cálmate y dime dónde está el incendio.

—El Emperador lo hizo oficial... el embarazo de la marquesa.

Escuchar esa noticia le rompe otro poco el corazón, no va a negarlo. Se puede imaginar el escenario y le duele mucho más. Cierra los ojos y le caen algunas lágrimas que limpia con la muñeca.

—Gracias Nelliel, así estaré mejor preparada.

—Señorita… — Ogawa la toma de los brazos detrás de ella y la ayuda a sentarse.

—Está pálida. — Momo se agacha preocupada.

—Estoy bien. — Dice a sus doncellas y a su dama de compañía. — No va a cambiar las cosas, solo será un poco más molesto, pero... estaré bien, lo prometo.

—Mi Emperatriz... — Nelliel la toma de la mano. — Si nos deja, con gusto la matamos.

—No… no vale la pena. — Agacha la mirada. — Ichigo va a tener sus hijos... y yo tendré los míos.