02

La noticia de la muerte de María Hill había tomado por sorpresa a todo SHIELD, de momento, no sabían qué hacer ante la situación. Fue Natasha quien se puso en movimiento antes que nadie y decidió ir al asilo psiquiátrico donde la habían asesinado. No tenían ni idea de cómo era que la agente de SHIELD había llegado a ese lugar, pero Black Widow se encargaría de descubrirlo. Sin pensarlo dos veces, y sin demorarse demasiado en hablar con Fury acerca de sus planes, la chica fue al asilo y pidió hablar con ese tal Joker.

El lugar le inspiró desconfianza a Natasha desde que puso un pie dentro. Antes había estado en asilos mentales, pero este era el peor de todos. Las paredes y ventanas le provocaban una sensación de claustrofobia que no podía explicar, nunca había tenido problemas con los lugares cerrados, pero los sonidos de puertas metálicas, alarmas de cuando éstas se abrían y los olores a medicina de ahí dentro la incomodaban. Pensó que tal vez no había sido una buena idea ir ahí después de todo. Pero no se arrepentiría, ya estaba ahí y le interesaba hablar con ese payaso asesino. Lo llevaría al cuartel de SHIELD y ahí…recibiría su merecido.

—¿Cómo es que pudo asesinar a alguien dentro de sus instalaciones? —cuestionó Black Widow al guardia que la guiaba a través de los pasillos hasta la celda donde tenían a Joker.

—Nosotros tampoco lo sabemos, ese maldito es más listo de lo que aparenta —respondió el guardia, con tono sombrío y resentimiento en la voz—. Será mejor que no se confíe y trate de guardar la calma, lo primero que tratará de hacer será sacarla de sus casillas. El infeliz es un experto en eso.

—No lo logrará, de eso estoy segura.

Susurró Natasha, sintiendo su sangre hirviendo dentro de sus venas. Era verdad que Joker sabía muy bien cómo sacar de quicio a las personas, pero también era cierto que Natasha se mantenía siempre en calma y no permitía que sus emociones la traicionaran bajo ninguna circunstancia.

A medida que se acercaban a la celda en la que Joker estaba aislado, las luces se hacían cada vez más tenues. Natasha tuvo la sensación de que estaban adentrándose en una cueva, o algo similar. En las celdas colocadas a los costados del pasillo, los reclusos se acercaban a los barrotes y miraban a Natasha, le decían cosas y estiraban las manos tratando de tocarla. Todos ellos se excitaron con el solo hecho de verla pasar. Uno de los reclusos, incluso comenzó a masturbarse delante de ella. Natasha apartó la mirada, asqueada por el comportamiento del enfermo mental.

Cuando llegaron a la celda al final del pasillo, el guardia y Natasha se detuvieron un momento, mientras el primero llamaba por radio y pedía que abrieran la puerta. Ese nivel de seguridad, era demasiado como para que el payaso solo hubiese podido asesinar a su amiga, algo no estaba bien. Natasha se preguntó si los guardias estarían involucrados. Definitivamente era una posibilidad que no podía ignorar. Lo consideraría más seriamente después de interrogar al payaso, de momento, lo primero que debía de hacer era encontrarse con él por primera vez y sacarle toda la información de la que fuera capaz.

La puerta se abrió después de la alarma con un ruidoso quejido oxidado de las bisagras. En el interior, se encontraba únicamente Joker, sentado en una silla de metal. El asesino estaba sometido con una camisa de fuerza y un bozal sobre el hocico. Al ver a los recién llegados, en sus labios se asomó una sonrisa enorme que le cruzó la cara de oreja a oreja. Con las manos hacia atrás, Joker clavó su mirada en la chica pelirroja. Ella trató de aguantar su mirada fijamente, no obstante, un movimiento del guardia llamó su atención y tuvo que desviar la mirada.

—Este es el infeliz que asesinó a su amiga —le indicó el guardia, sin que Joker le prestara atención, su mirada y su sonrisa desquiciada debajo del bozal seguían clavados en la mujer—. Tenga cuidado y, por favor, no se acerque demasiado.

Natasha miró a Joker, examinándolo detenidamente con la mirada. Se dio cuenta desde ese momento de que el asesino no era una persona normal, no era un psicópata como los tantos anteriores a los que se había enfrentado, este era diferente. En sus ojos se veía que no tenía nada que perder, pero sí mucho que ganar, aunque sólo fuera diversión estúpida y peligrosa.

—¿Cómo lo hiciste? —cuestionó Natasha, tajante y de inmediato, con lo que sólo provocó que la sonrisa de Joker aumentara en su rostro.

—¡Oh, vamos!, ¿ni siquiera merezco que me presenten a nuestra invitada? –cuestionó Joker, sonriendo y cambiando el tema a algo que le interesaba más—. No es correcto que hablemos así nada más, sin una presentación apropiada.

—No vine a ser tu amiga, asesino, vine a llevarte conmigo para que recibas tu castigo.

—¿Cuál de todos? —rió Joker—, he hecho tantas cosas malas que ya no sé por cuál deberían de juzgarme primero.

—Empezaremos por el asesinato de María Hill, payaso.

—En ese caso, soy inocente, yo no le hice nada a esa perra.

—No la llames así. —gruñó Natasha, dándole armas a Joker para lograr su cometido.

El guardia, al darse cuenta de esto, colocó una de sus manos sobre el hombro de Natasha, indicándole que se tranquilizara un poco. La chica le dedicó una mirada y asintió. Ella pensó que no tenía nada de qué preocuparse, aún tenía la situación bajo control. No obstante, la situación pertenecía a Joker, desde el momento en el que Natasha había entrado en Arkam.

El interrogatorio continuó, poco a poco, con cada una de las preguntas, Joker lograba hacer enfadar un poco más a Natasha, quien, a pesar de los constantes toques del guardia, no conseguía mantenerse calmada. La muerte de María era un tema que no podía tratar tranquilamente, el asunto la tenía furiosa y por más que trataba, Joker era el mejor para hacer que la gente perdiera los estribos, Natasha no tenía ninguna posibilidad en contra de él.

—¡¿Por qué lo hiciste?! —gritó Natasha, tratando de acercarse a Joker, mientras el guardia la sujetaba de los brazos con todas sus fuerzas. Ella, estaba convencida de que si se decidía, podría someter al guardia y después encargarse de Joker, pero trataba de mantenerse calmada y despejada para continuar con el interrogatorio, cosa que no sucedería.

Joker, por su parte, tenía esa gran sonrisa en el rostro y no dejaba de burlarse de Natasha. Antes de responder a su pregunta, lanzó una sonora risotada, el punto que Natasha marcaría como el inicio de la pesadilla. Aunque en realidad la pesadilla había iniciado mucho antes.

—Porque puedo. —replicó el Joker, con una mirada siniestra en el rostro y la voz convertida casi en un susurro. El villano estaba un poco inclinado hacia delante, como si tratara de provocar a Natasha e incitarla a que se acercara a él. Su respuesta encendió por completo a Natasha, sabía que era una provocación y estaba segura de que eso era lo que él esperaba. Sin embargo, no pudo contenerse y dejó que su furia se liberara contra el Joker. Se liberó del guardia que la sujetaba, haciendo que éste cayera delante de ella, a los pies del Joker.

—¡Voy a matarte, maldito! —gruñó Natasha, levantando los puños delante de ella, antes de que se acercara a él, Joker gritó:

—No, ¡no lo harás!

En ese momento la electricidad de Arkam falló y todo quedó a oscuras. La oscuridad duró demasiado, mucho más de lo que a Natasha le gustaría. Escuchó algunos ruidos en medio de las sombras, un golpe y el quejido bajo de un hombre. Esperaba que el guardia, por seguridad, hubiese dejado fuera de combate al Joker. Recordó que ella había dejado al guardia vulnerable y a los pies del villano, desconocido para ella. Lo que sabía de Joker eran muy pocas cosas, sólo algunos datos en una hoja de papel estéril que no tenía nada que ver con la persona real delante de ella.

Cuando la luz volvió, el Joker ya no estaba en la silla, sólo estaba la camisa de fuerza botada a un lado y el guardia derribado a un costado de ésta. Natasha retrocedió instintivamente, por su cabeza lo único que pasaba era la idea de salir corriendo de ahí. Se giró para correr a la salida y chocó de frente contra Joker.

—Espere un momento, agente Romanov, aún tenemos mucho de qué platicar. —expresó el Joker, haciendo su sonrisa cada vez más grande con cada una de sus palabras.

De un brinco, Natasha se alejó de él y su pie pisó el brazo del guardia, perdió el equilibrio y estuvo a punto de caer al piso, pero cayó en la silla. Joker no hizo ningún movimiento, se la quedó mirando con absoluta atención, mientras las luces parpadeaban, denotando que la falla eléctrica aún continuaba.

"A todo el personal de seguridad se les informa que una falla eléctrica ha dejado libre a los presos del pabellón de alta seguridad. Repórtense a sus estaciones para recibir órdenes. Mantengan la calma".

—Oh, vaya, tal parece que tendremos mucha compañía —dijo Joker, sin dejar de sonreír tras escuchar el anuncio por los parlantes a lo largo de los pasillos del asilo—, ¿sabe usted qué pabellón es este, agente Romanov?

Era, por supuesto, el pabellón de alta seguridad, un loco como él no podía estar en cualquier celda. Natasha se preguntó si de verdad había sido una falla inesperada en el sistema eléctrico, o había sido algo provocado. De inmediato desechó la idea, no era posible que un payaso pudiese provocar algo así estando encerrado en un pabellón de alta seguridad.

¿O sí?

Por supuesto que era posible, no obstante, Natasha no conocía el alcance ni el poder del Joker y tampoco conocía a su mano derecha, la única mujer tan loca como él que podía seguirlo en todos sus malévolos planes dentro y fuera del asilo.

En los parlantes, se cortó la comunicación, se escuchó el sonido de forcejeo, una pelea y al final un golpe contundente que hizo caer algo pesado, como un costal. Algunas palabras demasiado alejadas del micrófono con voz femenina y luego el sonido de cómo la chica se aclaraba la garganta.

"Hola, disculpen esa interrupción, estamos todos bien, nosotros nos encargaremos de esto, no se preocupen. A todo el personal de seguridad, les hacemos la atenta invitación de que se alejen del pabellón de alta seguridad, si es que no quieren morir claro ja, ja, ja. No, ya en serio, necesitamos dejarlo libre para que el increíble y poderoso, siempre guapo Joker se encargue de un asunto. Cuando termine, podrán volver a sus actividades diarias. Y no se preocupen tampoco por Scarecrow, al finalizar el espectáculo, volverá a su celda", un momento de silencio, "o tal vez no ja, ja, ja, cambio y fuera, este fue el final del anuncio de seguridad, ¡adiosito!"

—Eso sí que es una sorpresa —gritó Joker, exagerando su sorpresa, como si de verdad no supiera que algo así iba a pasar—. Tal parece que estaremos más solos de lo que yo esperaba, aunque sabes, la verdad es que me habría gustado tener más compañía. Creo que es usted una chica demasiado fuerte, agente Romanov, sin duda podrá derrotarme fácilmente en un encuentro uno contra uno. ¡Estoy en desventaja! Por favor, ¡no me mate, por favor! ¡Ja, ja, ja, ja, ja!

Joker se carcajeó y le lanzó un puñetazo a Natasha, ella lo esquivó sin dificultad alguna y le aplicó una llave al brazo que lo lanzó de frente contra la silla de metal. Esta, al estar clavada en el suelo, no se movió ni un centímetro de su lugar.

—¡Lo sabía, lo sabía! —dijo Joker, sobándose la nariz entre risas—. Es usted muy fuerte, agente Romanov, lástima que no haya estado aquí al mismo tiempo que María, eso la habría salvado. ¡Ja, ja, ja, ja!

La furia cegó a Natasha, quien se lanzó contra él y le propinó un par de golpes en el rostro, lo sometió del cuello y le hizo golpearse de nuevo contra la silla, en esta ocasión en el asiento. La nariz de Joker crujió al tiempo que se rompía por el golpe. El payaso se carcajeó de dolor, retrocedió y se tropezó con el cuerpo derribado del guardia. Cayó contra la pared, sin apartar las manos de su rostro, mirando a Natasha con los ojos muy abiertos, como si estuviera aterrado por la cercanía de la mujer. Natasha avanzó hacia él, levantó el puño y antes de que pudiera descargarlo de nuevo sobre el rostro de Joker, éste apartó las manos del rostro y le escupió toda la sangre que estuvo acumulando en su boca. Joker le manchó el rostro de rojo a Natasha y comenzó a carcajearse mientras brincaba dentro de la celda. Mientras tanto, Natasha se apartaba el líquido espeso del rostro, sometida por el asco.

—Eres buena, agente Romanov —dijo Joker, haciéndole un cumplido repentino a Natasha, mientras se colocaba junto a la puerta—, pero también eres muy descuidada, no te diste cuenta de que eres parte de la trampa, dejaste que tus impulsos te guiaran y ahora estás… ¡aquí! ¿Qué es lo primero que quieres hacer con ella, compañero?

Cuestionó Joker, sin apartar la mirada de Natasha. La puerta se abrió lentamente y en el umbral apareció Scarecrow, seguido por varios hombres con las caras pintadas de payaso. Al verlos, Natasha se replegó un poco, ahí dentro no tenía suficiente espacio para maniobrar, y si todos los que estaban formados entraban en la celda, estaba segura de que la someterían sin problema alguno rápidamente.

—Nada nuevo, compañero —respondió Scarecrow a la pregunta de Joker, con una voz salida de ultratumba, fría, oscura y completamente desinteresada de Natasha—, sólo divertirnos un poco.

Scarecrow entró en la celda y se colocó a un lado, dejando que los demás hombres también entraran. Ellos, eran seis en total, se formaron delante de Natasha para evitar que pudiera escapar del lugar.

—Muy bien, en ese caso —dijo Joker, con un brillo demencial en los ojos, sobándose las manos mientras contemplaba con ávido interés a Natasha—, acaben con ella, chicos.

Los seis payasos se colocaron delante de Natasha, cerrándole la única vía de escape que había en la celda. La chica los miró y se preparó para darles una paliza, estaba segura de que ninguno de ellos sería difícil de derrotar. No obstante, los otros dos que se habían quedado atrás, junto a la puerta, ellos dos sí le preocupaban. Conocía muy poco de Joker, y del otro no sabía absolutamente nada.

Uno de los payasos inició el ataque, seguido muy de cerca por otro de ellos. Natasha se las arregló para repeler el ataque de ambos, al primero le hizo irse de frente contra la pared detrás de ella. Mientras al otro, lo sometió contra la silla e hizo que se rompiera la nariz contra el respaldo metálico de ésta. Ambos quedaron derribados en el suelo, gimiendo de dolor por el golpe que los había sacado de combate.

—Qué imbéciles, les dije que no se confiaran. —se quejó Joker, llevándose la mano a la cara, fastidiado y divertido por la actitud de sus secuaces.

Los otro cuatro payasos se acercaron a Natasha y trataron de someterla todos al mismo tiempo. Natasha trató de defenderse, golpeó a uno en el rostro, trató de derribar a otro pero le sujetaron los brazos, la colocaron contra la pared y ahí ya no pudo hacer nada, sólo esperar a tener la oportunidad de liberarse, tenía la confianza de que en algún momento, alguno de ellos cometería una tontería y podría liberarse de ellos.

Scarecrow se acercó a ella lentamente. Natasha pudo ver pesadillas en sus ojos profundos, la mueca en su rostro era una herida provocada por algún monstruo salida desde un rincón oscuro en una habitación vacía. Le dio un poco de miedo, la cercanía de ese hombre enmascarado (sólo es un hombre con máscara, se repetía Natasha una y otra vez). Scarecrow la miró fijamente y levantó una de sus manos hacia ella, con la palma hacia arriba, cerca de su rostro.

—Este es un nuevo compuesto, experimental, podríamos decir —explicó, hablando de lo que fuera que tuviera en la palma de la mano, Natasha imaginó que sería un nuevo tipo de droga, pero era algo mucho peor—. La idea detrás es bastante simple, a decir verdad, pero esperamos que sea efectiva. Sólo juntamos el gas del miedo y el gas de la risa, ¿te lo puedes imaginar? Morirás de horror mientras te partes de la risa. La mejor de las noticias, es que tú serás la primera en probar su efectividad.

Al terminar de decir esto, Scarecrow sopló los polvos que tenía en la palma al rostro de Natasha, creando una pequeña nube de humo de color violeta y verde. La chica trató de evitar el gas, pero este le rodeó el rostro como si se tratara de una burbuja. Lo aspiró sin poder evitarlo y la pesadilla comenzó de verdad.

—Suéltenla, no es necesario que sigan sometiéndola. —indicó Scarecrow, retrocediendo un par de pasos. Los payasos obedecieron.

Natasha cayó al suelo de rodillas, mientras aspiraba el gas en su rostro, tocía fuertemente y comenzó a tener arcadas. De pronto escupió una bilis de color anaranjado y siguió tosiendo.

—¿Se va a morir? —cuestionó Joker, preocupado de verdad por el resultado de su gas experimental, de verdad esperaba que funcionara.

—Aguarda un momento, dijiste que era una chica dura, seguro se repondrá. —replicó Scarecrow, con toda su atención puesta en las reacciones de Natasha.

La chica continuó tosiendo y momentos después volvió a vomitar una bilis, en esta ocasión de color verde. Luego de eso comenzó a temblar espasmódicamente. De ella emanó una risa muy bajita, como si estuviera tratando que nadie la escuchara reírse. Levantó el rostro y clavó la mirada en sus agresores.

En los ojos de Natasha se veía un horror profundo, generado en oscuros recovecos de fantasías oscuras e inimaginablemente terribles. Tenía el rostro de alguien que veía todas sus pesadillas desfilando delante de su rostro, sin saber si eran reales o todas ellas se unirían en una bestia que la devorarían con vida. Pero no era eso todo lo que sucedía en el rostro de Natasha. Sus labios estaban heridos por una sonrisa de oreja a oreja, similar a la de Joker, y de entre sus labios quería escapar una carcajada que le hacía convulsionar el pecho. Natasha, con los ojos llenos de horror, se llevó las manos a la boca y la cubrió, sin poder detener la carajada que escapó por entre sus dedos. De sus ojos emergieron lágrimas espesas de puro horror.

—¿Qué me hicieron? —cuestionó, sin dejar de temblar de risa y horror.

—¡Funciona! —clamó Joker, lleno de júbilo—. Somos unos maestros del gas.

—Muy bien, salgamos de aquí y dejemos que ellos se encarguen, debemos preparar lo demás, de lo contrario el murciélago no vendrá.

—¡Tienes mucha razón! Por poco lo olvido, llamemos al murciélago. Muchachos, hagan con ella lo que quieran.

Scarecrow tomó de los pies a los dos hombres que no habían podido enfrentarse a Natasha y los sacó arrastrando por el suelo, prefería llevárselos así a que estorbaran en el lugar y fueran un detonante para que la chica pudiera defenderse. Cuando Joker y Scarecrow salieron, uno de los cuatro payasos cerró la puerta detrás de sus espaldas y los cuatro se prepararon para divertirse con la chica. Ella, sin dejar de sonreír a causa del gas, miró a los cuatro con los ojos pelados por el miedo. Su visión comenzaba a danzar y las figuras delante de ella se convertían en terribles pesadillas que no podía identificar del todo. Las sonrisas de los payasos encerrados junto con ella se transformaron gracias al gas del miedo. Para ella, los cuerpos de estos cuatro se estaban transformando lentamente en criaturas enormes y aterradoras, de garran en lugar de manos y las sonrisas grandes convertidas en muecas llenas de navajas muy afiladas. Natasha retrocedió, sin poder ponerse de pie debido al enorme terror que sentía en su pecho.

Uno de los payasos se acercó a ella y Natasha sólo acertó a huir de él hacia una de las esquinas de la habitación, mientras se burlaba de él. El payaso bramó y se acercó a ella de dos pasos. La tomó del cabello y la atrajo hacia él, gritándole al rostro con afilados colmillos que escurrían de veneno. Le dio un zarpazo en el rostro y la proyectó contra la pared. Los otros tres payasos se acercaron a ella también, sin borrar las sonrisas demenciales en sus rostros desfigurados. Natasha tembló, agazapada contra la pared e inmovilizada por el horror. El payaso que se había acercado a ella le dio un fuerte golpe en el abdomen, haciéndola doblarse de dolor. Después le golpeó el rostro con la rodilla y la sujetó del cuello, con una extremidad que a ojos de Natasha no era una mano, ni una garra, sino un tentáculo viscoso que se enredó en su cuello como constrictora. La chica levantó las manos y sujetó el tentáculo, tratando de librarse de él, mas todos sus esfuerzos fueron vanos, el payaso, que tenía las cuencas vacías y todo su cuerpo parecía viscoso, la sujetaba fuertemente, sin dejarle posibilidad alguna a Natasha para respirar.

Otro de los payasos, se acercó a ella por su costado derecho, éste se había convertido en un hombre demasiado alto y fornido, parecido a Hulk, pero con la apariencia de alguien que ha sufrido muchos accidentes en vida. Tenía cicatrices por toda la cara y algunas de esas heridas seguían abiertas y supurando sangre y pus. Este payaso de heridas en la cara le golpeó repetidas veces el rostro a Natasha, haciendo que la chica se golpeara la cabeza contra la pared con cada uno de sus puñetazos.

Con un movimiento involuntario, Natasha levantó una pierna y pateó al segundo payaso, alejándola de ella. Esto hizo enfadar al de los tentáculos, quien la levantó por sobre su cabeza y la dejó caer contra el suelo, azotándola con fuerza. Un gemido escapó por entre los labios de Natasha al sentir cómo su espalda se proyectaba contra el piso. El de los tentáculos volvió a levantarla y la azotó otras tres veces con la misma fuerza. Natasha se sintió mareada por los golpes y la falta de oxigeno en sus pulmones. Levantó la mirada, borrosa por el gas y el mareo, y pudo ver a uno más de esos payasos deformes acercándose a ella.

Este se había convertido en una criatura cubierta de pelo, con un hocico grande y las manos en garras con uñas negras y afiladas. Al verlo, Natasha no pudo evitar reírse, el horror que le provocó el imaginarse desmembrada por él le causó risa y no supo decir por qué. Esta bestia enorme le pateó con fuerza el rostro. El dolor le recorrió el rostro a Natasha, provocándole un ataque de risa que desconcertó a los payasos.

—¿Está burlándose de nosotros? —cuestionó uno de ellos, mirándola con desdén y furia. Volvió a patearla y la risa de Natasha se incrementó.

Uno de ellos la tomó de los brazos y la levantó.

—¿Te parece divertido? —cuestionó, zarandeándola con ambas manos, escupiéndole las palabras al rostro. Natasha respondió con otra carcajada. El payaso que la sujetaba la arrojó contra la silla. Natasha quedó inclinada sobre el respaldo, incapaz de contener la risa y doblada por el dolor que sus carcajadas le provocaban—. ¡Sujétale las manos!

El payaso comenzó a arrancarse la ropa, al darse cuenta de sus intenciones, otros dos de sus compañeros le sujetaron las muñecas a Natasha, inmovilizándola en la posición en la que se encontraba sobre el respaldo de la silla. Mientras ella se debatía por no quedar en esa posición, no paraba de reír, sin sentido y sin saber por qué. El miedo la recorría de pies a cabeza y los ojos se le llenaron de lágrimas cuando sintió que sus nalgas quedaron expuestas al aire, sin la protección de la tela de su traje.

El primero de los golpes que cayó sobre su cuerpo fue producto de una de esas zarpas terribles en las que se habían convertido las manos del payaso que estaba detrás de ella. Sintió cómo las garras de éste le desgarraban la piel y le hacían heridas profundas en la tersa piel de sus nalgas. El otro payaso, el que quedaba libre, le propinó un puñetazo en las costillas, provocándole un fuerte dolor a la chica. El payaso que se había colocado detrás de ella acercó su miembro duro a las nalgas de Natasha, saboreando la visión de su culo expuesto y deseando penetrar su coño. Natasha levantó las dos piernas y golpeó al payaso en el abdomen, haciendo que éste impactara contra la pared. Por el agarre de los otros dos, cayó hacia delante y se sentó en la silla, para después patear la entrepierna de los dos payasos que la sujetaban. No obstante, y antes de que pudiera ponerse de pie y acomodarse la ropa, el payaso de los tentáculos le sujetó las manos en alto, y haciendo presión en su cuello nuevamente. En esta ocasión, el payaso de tentáculos tenía cerca de ocho extremidades con las cuales podía someter sin problema alguno a la chica él solo. La levantó por sobre su cabeza, le gruñó algunas palabras que ella no comprendió del todo por la falta de aire y el zumbido agudo en sus oídos.

Uno de los payasos a los que había derribado se puso de pie y se acercó a ella, le golpeó el abdomen con el puño repetidas veces y con sus garras negras le lastimó el cuerpo, haciendo trizas su ropa. El de los tentáculos la arrojó contra la pared y la bestia le sujetó las muñecas con ambas garras, proyectando contra su cuerpo desnudo el miembro tieso y aborrecible de su nueva figura. Le lamió el rostro con una lengua viscosa y apestosa, degustando del sabor acre de su terror, antes de morderle el hombro con el hocico de bestia que había ganado con su nueva transformación.

Natasha gritó de agónico dolor y forcejeó un poco en contra de la bestia, mas no logró nada con esto. La bestia le sujetó ambas manos con una sola zarpa sobre la cabeza de Natasha y con la otra le rasgó el pecho, dejando cuatro líneas rojas sobre su piel nívea.

—Anda, que nosotros también queremos divertirnos. —dijo el payaso grande, el de las cicatrices en el cuerpo, apartando a la bestia de un empujón.

Natasha cayó al suelo entre los dos payasos que comenzaron a pelearse entre ellos, demasiado calientes como para preocuparse por la chica, sino por ver quién de ellos sería el primero en aprovecharse de ella. Mientras ellos dos discutían, Natasha se escurrió entre ellos, pero no fue demasiado lejos. Un par de tentáculos se le enredaron por las piernas y la levantaron sin dificultad alguna.

—¿A dónde crees que vas, preciosa? —musitó el payaso viscoso, el de los tentáculos, mientras el cuarto payaso se acercó a ella.

—¿Qué te parece si compartimos? —le dijo al otro—, no me apetece pelear, sólo ultrajar a esta perra.

—Me parece bien. —aceptó el de los tentáculos y le separó las piernas lo más que pudo, colocando a la chica entre ellos.

Natasha quiso protestar, pero uno de los tentáculos se le enredo alrededor de la boca y la silenciaron por completo. El de los tentáculos quedó detrás de ella y le penetró el ano con una violencia brutal, mientras que el otro la penetraba por delante. Mientras uno le sujetaba la boca y las piernas con sus tentáculos, el otro le masajeaba los senos, sin dejar de hacerla brincar sobre los miembros de ambos. A pesar de que el dolor la atenazaba por su entrepierna y éste crecía con cada una de las estocadas de los payasos convertidos en monstruos, Natasha no paraba de reírse de su situación, el gas de la risa la tenía vuelta loca. Las carcajadas no cesaban de salir de su boca, a pesar del dolor y del espanto.

Los dos payasos estaban desconcertados, ellos podían ver cómo la chica mantenía los brazos en alto, como si algo o alguien la sujetara, pero ninguno de los dos lo hacía, ellos sólo le sujetaban los muslos y los senos. Ni siquiera le habían tapado la boca, Natasha la mantenía cerrada como si no quisiera gritar, como si creyera que alguien le tapaba la boca para que no llamara la atención de nadie. Los payasos pensaron que tal vez era efecto del gas del miedo, las alucinaciones provocadas y no se equivocaban.

Ambos payasos la violaron hasta quedar satisfechos, entonces la golpearon brutalmente son los puños en el rostro y la arrojaron al pasillo de salida. Natasha quedó tirada en el suelo, cansada y adolorida del rostro, más por la sonrisa que no se le borraba ni aunque se obligara que por los golpes de los payasos convertidos en bestias imposibles. Trabajosamente se puso de pie, pensando que debía de salir de ahí cuanto antes, pensando que su única salvación era llegar a SHIELD y que ellos le administraran un antídoto para el veneno que le habían metido al sistema. Sus piernas le fallaron y cayó al suelo una vez más, delante de una celda abierta. Cuando miró el marco de esta puerta, se percató de que el refuerzo que la mantenía cerrada era mucho más grueso de lo habitual, esa celda estaba diseñada para mantener dentro a alguien muy grande y poderoso.

En el interior de esta celda a oscuras, escuchó los pasos poderosos de una criatura enorme, cuando éste se acercó a la luz, Natasha descubrió a un hombre de piel semi verde, con una máscara negra y los músculos súper desarrollados. Bane, al verla, lanzó un alarido que le provocó un estremecimiento y una carcajada a la chica delante de su celda. El estremecimiento de la chica le provocó una leve sensación de placer a Bane, pero la carcajada sólo le hizo enfurecerse.

Se abalanzó contra ella, haciendo vibrar el suelo debajo de ella y le golpeó la sonrisa con un puño devastador. Natasha sintió cómo sus huesos se destruían debajo de su piel con tan sólo ese puñetazo. Se vio proyectada contra el suelo y de una patada el mastodonte la levantó casi un metro en el aire, sólo para tomarla de la cabeza con una mano y estrellarla contra la pared al frente de la celda.

Natasha resbaló por la pared, sintiendo que su ojo izquierdo había quedado completamente cerrado por el primer golpe del monstruo delante de ella. Se quedó tumbada en el suelo, sentada en sus tobillos, sin fuerzas de nada. Sentía el labio partido, o más bien completamente deshecho, y la sangre escurriendo hasta su barbilla. Escupió un par de muelas y las miró con tristeza entre sus rodillas. Sonrió al pensar que ahora su sonrisa no sería tan genial y le dolieron las mejillas.

Bane, delante de ella, chocó los puños al frente de su pecho y los descargó sobre la humanidad lastimada de Natasha, quien sólo atinó a cerrar los ojos. El dolor había hecho que el miedo, producto del gas, se desvaneciera por completo. Se sintió oprimida contra el suelo por los grandes puños de Bane y casi pudo escuchar cómo algunas de sus costillas se rompían debajo de la presión del golpe. Bane bramó, la levantó de un brazo, la azotó contra las paredes un par de veces y después la arrojó por el pasillo, hacia la salida.

El cuerpo maltrecho de Natasha rodó por el piso, las carcajadas de castigaban el abdomen y la sonrisa las mejillas. Estaba segura de que de un momento a otro la cara se le caería por completo. Sentía las costillas rotas, quizá todas, pero los costados le dolían horrores. Mover los brazos, o intentar moverlos le provocaba un estallido de ardor por todo el costado, hasta la cadera. Levantó el rostro y pudo ver un par de pies delante de ella, eran zapatillas de colores rojo y negro, como los naipes de una baraja.

De pronto, a un costado de estas zapatillas, cayó la punta de un bate metálico que resonó por todo el lugar. El golpe le provocó risa y dolor en la cabeza a Natasha. Pensó que el castigo continuaría, que no estaba ni lejos de finalizar aún.

—Por favor —musitó con un hilillo de voz, a la vez que escupía un poco de sangre, imaginó que entre ese manchón iría también otro diente, pero ya no le importaba—. Tan sólo… tan sólo…

No pudo terminar su frase, de pronto las zapatillas de la chica delante de ella le parecieron la cosa más divertida del mundo y no pudo evitar el carcajearse una vez más.

—¿Qué es lo que te da risa? —cuestionó Harley, golpeando el piso con la punta del bate, como una amenaza de madre a su hija traviesa—, no estoy tan contenta contigo como para tolerar tus insolencias, viniste a nuestro hogar y perturbaste nuestra tranquilidad, es verdad que mi amorcito te esperaba, y quería que vinieras, pero una parte de él estaba convencido de que no lo harías, así que, ¿por qué lo hiciste?

Natasha se preguntó lo mismo y no pudo ahogar una leve sonrisa divertida que le crispó los nervios a Harley.

—De acuerdo, si es así como te vas a comportar, no me queda más que enseñarte cuáles son las reglas de este lugar.

La punta del bate desapareció de la visión de Natasha, los pies se separaron un poco y de un momento a otro el dolor volvió a la espalda de Natasha. Harley descargó el bate un par de veces contra la humanidad herida de Black Widow, provocándole un dolor terrible que le recorrió toda la espalda. Natasha gimió adolorida, mientras Harley le picaba las costillas con la punta del bate insistentemente.

—No te dolió, no mientas, no lo hice tan fuerte.

Con uno de sus pies, pateó suavemente la mano derecha de Natasha, luego la apresó debajo de su zapatilla y levantó el bate una vez más. Lo descargó con una fuerza demencial sobre la mano de Natasha, la pelirroja sintió un estallido brutal en los dedos cuando éstos se le pulverizaron.

—Eso sí debió de haberte dolido. —dijo Harley, en medio de risas histéricas y sin dejar de golpear la mano de Natasha con la misma fuerza.

Los dedos de Natasha se fracturaron hasta quedar hechos polvo. El único que quedó completo fue su dedo pulgar, no obstante, los huesos de la mano estaban completamente destruidos, si trataba de mover el pulgar, toda la mano le lanzaba un latigazo de dolor absoluto.

—Eso, por otro lado —dijo Harley, liberando la mano de Natasha—, sí debió de haberte dolido, y mucho, pero no te preocupes, no será ni la mitad de lo que dolerá después.

Prometió con una sonrisa malévola. Caminó alrededor de su víctima, golpeando con cada paso el piso con la punta del bate de metal, haciendo que Natasha se sobresaltara con cada uno de los golpecillos.

—Por favor, déjame ir.

Harley silenció las palabras de Natasha con un golpe del bate en la boca. La pelirroja sintió tres de sus dientes salir expulsados por su boca, la sangre manchó el piso y el dolor se le extendió por toda la cara.

—¡No digas estupideces! —bramó Harley—, eres el entretenimiento de mi jefecito, ¿cómo esperas que te deje marchar? Pensé que ya estarías lista para ver a mi jefe, pero veo que aún te falta un poco. No te preocupes, yo te dejaré lista para él.

Harley tomó a Natasha de un tobillo y la arrastró por el pasillo hasta una de las celdas del fondo. Le preocupó poco que la chica se golpeara contra las paredes o la puerta de la celda, su seguridad le interesaba muy poco, de todas formas, lo único que quería era apalearla un poco más, hasta que dejara de proponer estupideces.

—Muy bien, querida Natasha —le dijo, soltándole el tobillo y golpeándolo después con el bate, Natasha lanzó un alarido que perturbó a lo que fuera que ocultara Harley en las sombras—, esta será la última parada antes de tu estación final, tenemos algo realmente especial preparado para ti, no podrías creer lo inteligente que es mi jefecito, se le ocurrió algo muy divertido. Sólo me preocupa si soportarás lo suficiente.

Hubo un ruido, como de algo que rasgaba en las sombras, lo cual atrajo la atención de Natasha. Harley se percató de esto.

—¿Qué sucede? ¿Quieres jugar con los perros? Eso no estaba en los planes, pero podemos hacerlo.

La mirada de Harley se ensombreció junto con sus palabras, la sonrisa en sus labios se ensanchó y se alejó de Natasha. Estando entre las sombras, golpeó los barrotes de una jaula con el bate.

—¿Tienen hambre, dulzuras? —preguntó a los perros y les abrió la jaula, del interior salieron tres perros de tamaño medio, los tres hambrientos y feroces.

Natasha los miró acercarse a toda prisa y alcanzó a patear a uno de ellos antes de que le mordiera, no obstante, no pudo detener a los otros dos, los cuales le mordieron los brazos. El dolor punzante fue acompañado con la sangre que brotó de las heridas en las fauces de los perros. El salvajismo de éstos les hizo sacudir la cabeza, tratando de arrancarle un pedazo de carne a la pelirroja. El tercero de los perros, el que Natasha había pateado, se lanzó nuevamente contra ella y le alcanzó uno de los senos. De una mordida le arrancó un pedazo de carne, dejándole una herida en el pecho muy profunda. La garganta de Natasha se destruyó con el alarido de dolor que lanzó por el ataque. Los otros dos perros le soltaron los brazos y atacaron el torso de la chica. El tercero se lanzó de nuevo al ataque y le arrancó gran parte de la mejilla.

—Pero, ¿qué demonios pasa aquí? —bramó Joker, entrando en la celda. Al escuchar su voz llena de asombro, Natasha creyó que su castigo terminaría, y que esa tal Harley sería castigada.

Pero se equivocó.

—Nada, tan sólo estoy alimentando un poco a los perros, los pobrecitos ya tenían mucha hambre.

—Tú siempre tan considerada con los demás —dijo Joker en tono paternal—. Por ahora es suficiente, necesitamos comenzar la transmisión, ya casi es hora.

Dejaron a los perros un momento más, después los devolvieron a la jaula y se llevaron a Natasha hacia la celda donde habían asesinado a María Hill. Una vez ahí, la sentarían en la única silla del lugar y transmitirían en cadena nacional lo que estaban haciendo con ella.

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