EL sol de mediodía entraba por la ventana cuando una enfermera zarandeó suavemente por el hombro a Sasuke, que se había quedado dormido en uno de los asientos de plástico del pasillo. Se incorporó en el asiento, soñoliento y desorientado, pero al instante recordó por qué estaba allí.

—¿Cómo está Sakura? —le preguntó. La enfermera, una morena joven de pelo rizado le sonrió y dijo:

—Está despierta y ha preguntado por usted.

—Oh, gracias a Dios —murmuró Sasuke frotándose la cara y levantándose.

Siguió a la enfermera hasta la unidad de cuidados intensivos con la esperanza de que, si había pedido verlo, quizá no lo odiara después de todo. Cuando llegaron al cubículo en el que habían instalado a Sakura, la encontró incorporada sobre varios almohadones. Todavía tenía puesto el goteo, pero la habían desenchufado de las demás máquinas. Estaba aún muy pálida, y parecía tremendamente frágil allí echada con la camisola azul del hospital y el cabello recogido en una coleta.

Sin embargo, nada más ver a Sasuke, el cansancio y el dolor se borraron de su rostro, siendo reemplazados por una sonrisa, y de pronto volvió a estar tan bonita como siempre. Su primer pensamiento, nada más recobrar la conciencia, había sido para él, y cuando la enfermera le había dicho que estaba fuera esperando, que había pasado allí toda la noche, la joven se dijo esperanzada que no podía serle tan indiferente después de todo.

—¡Oh, Sasuke! —susurró con los ojos llenos de lágrimas por la dicha, extendiendo los brazos hacia él.

Sin dudarlo dos veces, Sasuke fue a su lado y la abrazó ignorando a las enfermeras, a los demás pacientes, a todo lo que los rodeaba. Con la mejilla apoyada en su suave cabello y los ojos cerrados, inspiró con fuerza, dando gracias a Dios por aquel milagro.

—Dios mío... creí que te había perdido... —murmuró con la voz temblorosa por la emoción.

Sakura le había rodeado el cuello con los brazos y lo abrazaba como si no quisiera separarse nunca de él. El día del concierto se había preguntado si Sasuke no la habría alejado de él porque había creído que sería lo mejor para ella, y en ese momento, viéndolo tan agitado y aliviado a la vez, supo que así había sido.

—Me han dicho que fuiste tú quien me trajo hasta aquí —le dijo dulcemente.

Sasuke alzó el rostro para mirarla a los ojos. —Ha sido la noche más larga de toda mi vida, temiendo que pudieras morir.

—Oh, los Haruno somos como los gatos, tenemos siete vidas —bromeó la joven esbozando una sonrisa—. Cielos, Sasuke, tienes un aspecto terrible -le dijo entre suaves risas.

Volver a oírla reír, verla sonreír... para Sasuke era como si le hubieran concedido una segunda oportunidad. Entrelazó sus dedos con los de ella. —Me sentí tan mal al escuchar la noticia del accidente... sobre todo por las cosas que te había dicho por teléfono. No sabía si me odiabas por ello, pero no podía quedarme sentado en casa esperando a que otros te encontraran —acarició con el pulgar el dorso de su mano—. ¿Cómo te sientes, cariño?

—El dolor físico pasará, pero aún me siento muy conmocionada. Aquellos dos hombres que murieron... Uno de ellos estaba teniendo un ataque al corazón, y el otro hombre y yo tratamos de ayudarlo. Por eso teníamos desabrochado el cinturón. Es tan triste... ¿Por qué ellos sí y yo no? Te hace plantearte ciertas cosas… Se quedaron los dos callados un momento. —Sasuke. ¿crees que algunas cosas están predestinadas a ocurrir por mucho que intentes evitarlo? —inquirió la joven pensativa, recordando también a la chica que había muerto en aquel concierto.

—Supongo que sí —sonrió él con tristeza—. Pero estoy agradecido por que aún no fuera tu momento -murmuró mirándola a los ojos.

—Yo también —musitó Sakura. Extendió la mano y le acarició la mejilla perdida en su mirada. De pronto, una sonrisa se dibujó en sus labios al ocurrírsele una idea traviesa—. Bueno, ¿y dónde está?

Sasuke frunció el entrecejo. —¿Dónde está qué?

—Mi anillo de compromiso, por supuesto —respondió ella sonriendo más aún—. Ya no puedes echarte atrás: tengo entendido que vas diciendo por ahí que eres mi prometido, así que ahora no tienes escapatoria. Vas a casarte conmigo.

Sasuke enarcó las cejas anonadado. ¿Estaría soñando? —¿Qué voy a «qué»? —inquirió boquiabierto y con los ojos como platos.

—Vas a casarte conmigo —repitió Sakura muy segura de sí misma—. ¿Dónde está Naruto? ¿Lo ha llamado alguien?

—Lo llamé yo ayer —respondió Sasuke sin salir del todo del estado del shock en el que estaba. Miró su reloj de muñeca y contrajo el rostro—. Vaya, había prometido llamarlo esta mañana, pero me temo que ya es demasiado tarde. Ya habrán salido. Llegarán de un momento a otro.

—Bien, porque Naruto te saca dos cabezas y cuando se enfada es como un tigre furioso —bromeó Sakura entornando los ojos—. Le diré que me sedujiste, que podría estar embarazada.

Sasuke estaba cada vez más atónito. —¡Eso es imposible! Yo nunca...

—Pero lo harás —contestó ella riéndose—, espera a que estemos solos. Me echaré sobre ti y te besaré hasta que te pille desprevenido, y entonces...

—Tú jamás harías eso —repuso Sasuke casi alarmado, preguntándose si sería capaz.

—Exacto, y por eso precisamente tenemos que casarnos, porque yo no soy esa clase de mujer... igual que tú tampoco eres esa clase de hombre —dijo ella riéndose—. A Harry le caigo bien, Sanosuke y yo nos hemos hecho grandes amigos, y creo que incluso podría tolerar al viejo McNaber si quitara las trampas... —se llevó un dedo a los labios, pensativa—. Por supuesto está la gira, que es ineludible, pero en cuanto haya acabado me retiraré de la escena y solo grabaremos en el estudio, y tal vez un video de vez en cuando. Te aseguró que estarán encantados con la idea. Aunque no le lo parecieran por su aspecto, son todos bastante tímidos, y estamos tan cansados como yo de ir rodando por ahí como guijarros. Podría componer las canciones en casa, y ayudaría a Harry con la cocina, y a Sanosuke con los estudios, y a ti con los terneros, y tendríamos varios niños —concluyó sonriente.

A Sasuke le daba vueltas la cabeza. Como siempre solía ocurrir, la mente de las mujeres iba mucho más deprisa que la de los hombres, y él ni siquiera se había planteado todo aquello. Solo había estado preocupado por que despertase del coma y arreglar las cosas con ella.

—Escucha, Sakura —le dijo poniéndose muy serio—, ¿estás segura de que es eso lo que quieres? Tú eres una cantante de éxito, y yo estoy arruinado. No tengo más que un rancho en medio de ninguna parte. No sería capaz de vivir a tu costa, y además tengo un hijo, aunque no sea mío.

Pero Sakura había tomado su mano y la había puesto en su mejilla, frotándose amorosamente contra ella. —Todo eso no importa. Te quiero —le dijo, mirándolo con adoración.

Sasuke se sonrojó profusamente y se quedó mirándola como si fuera la primera vez que la veía. A excepción de su madre y de Sanosuke, nadie más le había dicho jamás esas dos palabras.

—¿Tú me... me...? ¿a pesar de lo que te dije?, ¿a pesar de que me marché de aquel modo?

—Sí, a pesar de todo —murmuró ella—. Te quiero con toda mi alma. Quiero pasar contigo el resto de mi vida, Sasuke, y no me importa si es en las montañas de Wyoming, o en una isla en medio del Pacífico, o en una cueva. Mientras estemos juntos lo demás no me importa.

Sasuke sonrió abiertamente por primera vez con el corazón henchido de felicidad. Tomó la mano de Sakura y le besó la palma con tanto sentimiento que la joven sintió que se estremecía por dentro.

—Yo también te amo, más intensamente de lo que nunca imaginé que podría amar. Sin ti seguiría perdido —le dijo Sasuke mirándola a los ojos—. Te compraré ese anillo hoy mismo, pero me temo que no podrá ser de diamantes ni...

Sakura le puso un dedo en los labios para imponerle silencio. —Me conformaría con la vitola de un puro con tal de casarme contigo.

—Tampoco soy tan pobre —respondió Sasuke ofendido, provocando las risas de Sakura. Se inclinó hacia ella y, rozando sus labios, le dijo—: Y nada de un compromiso largo.

—Creo que se tarda tres días en conseguir una licencia matrimonial —murmuró ella contra sus labios—, y a mí eso ya me parece una eternidad, así que... ¡ve a solicitarla ya!

Sasuke se rio y la besó dulcemente. —Ponte bien —le susurró—. Creo que voy a repasar esos libros que tengo en casa, para prepararme —le dijo guiñando un ojo.

La joven se sonrojó y sonrió, pensando maravillada al verlo salir en lo inesperadamente que llegaba a veces la felicidad. Los chicos fueron a visitarla por la tarde, cuando ya la habían trasladado a una habitación privada en otra planta, fuera de la unidad de cuidados intensivos. El resto de supervivientes del avión habían sido rescatados, y todos, a excepción de uno que permanecía en el hospital por shock postraumático, habían sido dados de alta. Los reporteros habían tratado de entrar para hablar con Sakura, pero Naruto los había despachado con unas breves declaraciones. Jerry, por su parte, aunque llamó diciendo que desearía haber podido estar también en el hospital, tuvo que ir a San Francisco para cancelar la actuación que iban a haber hecho esa noche.

Cuando Sasuke regresó, una media hora más tarde, la joven estaba sentada en la cama rodeada por los demás miembros del grupo. Tenía mucho mejor aspecto. —Naruto ha traído su metralleta —bromeó en cuanto lo vio aparecer—, y Neji, Kiba, y Shikamaru te escoltarán hasta el altar, para que no te pierdas. Oh, y Jerry me ha dicho que ya ha raptado a un sacerdote y que la licencia matrimonial...

—Ya la he solicitado yo —la cortó Sasuke riéndose—. Hola, muchachos, me alegra veros —dijo estrechándole la mano a cada uno—. Oh, y lo de la metralleta es una buena idea, por si «ella» trata de escapar.

—¿Yo? ¿Qué te hace pensar eso? —se rio Sakura, abrazándolo cuando se acercó a la cama—. ¿Dónde está mi anillo? Quiero ponérmelo para que las enfermeras dejen de echarte miraditas —le dijo sonriendo—. Me he fijado en que esa morenita...

—Yo no tengo ojos para nadie más —le aseguró Sasuke, sacando una cajita del bolsillo de la chaqueta y poniéndosela en la mano. Era una sortija bastante sencilla, pero a la joven le pareció lo más hermoso y perfecto que había visto en su vida.

Sakura fue dada de alta un par de días después. Su recuperación había sido asombrosamente rápida y, como había dicho el doctor con un guiño, probablemente tenía mucho que ver con cierto hombre de las montañas. Justo antes de abandonar el hospital se casaron, en la pequeña capilla, con una enfermera como dama de honor, Naruto como padrino, y los demás miembros de la banda como testigos. Harry y Sanosuke por supuesto estaban también, felices de ver que todo había acabado tan bien. Fue una ceremonia breve y sencilla, pero tan emotiva que Sakura estuvo segura de que nunca la olvidaría.

El único problema tuvo lugar cuando la prensa se enteró del enlace, y los persiguieron a ellos y a los chicos cuando salían. Por fortuna, Naruto y los otros lograron entretenerlos, y pudieron escapar en un taxi. Sasuke había reservado la suite nupcial en el hotel de Jackson. Por sus ventanales, podía admirarse una vista hermosísima de las montañas nevadas.

—La verdad es que no sé si volveré a pensar en ellas como una postal —murmuró Sakura pensativa mientras Sasuke deshacía la maleta.

Él se colocó detrás de ella y le rodeó la cintura con los brazos. —No es malo tenerles respeto —le dijo—, pero no se estrellan aviones todos los días, y cuando estés completamente recuperada te enseñaré a esquiar.

La joven se apartó de él y se volvió para mirarlo a la cara. —Mientras las miraba, estaba pensando en el momento en que el avión empezó a caer —le dijo—. Tenía tanto miedo de no volver a verte...

—Yo también pasé mucho miedo, incluso cuando logré encontrarte —murmuró él, desanudándose la corbata y desabrochándose los botones de la parte de arriba de la camisa—. Incluso después, cuando la enfermera vino a decirme que habías despertado... incluso entonces tuve miedo, de no poder darte lo que necesitabas, de no poder darte las cosas a las que estás acostumbrada.

—Me he acostumbrado a ti, Sasuke Uchiha —repuso ella con dulzura. Lo rodeó con sus brazos y lo miró a los ojos amorosamente—: incluso a tus enfurruñamientos —dijo riéndose suavemente—. Ya te lo he dicho —le reiteró—, no necesito nada, solo a ti. Además tienes a Sanosuke, y a Harry, y dentro de unos años Sanosuke tendrá un montón de hermanitos y hermanitas para ayudarle con el rancho. Sasuke se sonrojó ligeramente. —¡Señor Uchiha...! —exclamó ella divertida al ver su azoramiento—. ¿Siempre es usted tan tímido? —murmuró acariciándolo a través de la tela de la camisa, y desabrochándola hasta dejar al descubierto el musculoso y bronceado tórax.

—Por supuesto que soy tímido —contestó él sintiendo que le ardía la piel cuando ella empezó a acariciarla. Contuvo el aliento excitado cuando besó uno de sus pezones y enredó las manos en su vello rizado—. Oh, Dios... —jadeó—. Mmm, Sakura...

La joven se apartó un momento para mirarlo con los ojos brillantes de deseo. —¿No te gustaría hacerme lo mismo a mí también? —le susurró.

Aquella era toda la invitación que Sasuke necesitaba. Le desabrochó los botones del sencillo vestido color crema que se había puesto para la ceremonia y, al dejarlo caer, vio que llevaba puesto un body de encaje muy sexy con tirantes, que abrazaba deliciosamente sus femeninas curvas, y unas medias de seda blancas.

—Solo tienes que tirar hacia abajo —le indicó Sakura tímidamente.

El corazón había empezado a latirle a Sasuke como un loco, y no estaba seguro de poder hacerlo sin desmayarse. La idea de ver a Sakura totalmente desnuda lo excitaba muchísimo. Tragando saliva, enganchó los pulgares en los finos tirantes y fue deslizando el body poco a poco, dejando al descubierto los gloriosos senos, el estómago... más abajo, más abajo... hasta llegar a las medias de seda. Enganchó en ellas los pulgares también y siguió descendiendo, hasta que ambas cosas quedaron hechas un pequeño lío a los pies de la joven, que se agachó y terminó de sacárselos, irguiéndose de nuevo a continuación, tan excitada que la timidez estaba empezando a evaporarse.

Aquello era tan nuevo para ella como para él, y eso lo hacía mucho más hermoso, un verdadero acto de amor. Sakura se quedó de pie frente a él, permitiendo que la admirara, encantada de ver la mirada de fascinación en su rostro. Sus ojos la recorrieron como el pincel de un pintor, capturando cada curva antes de tocarla.

—Oh, Sakura... eres la criatura más hermosa que he visto jamás... —murmuró—. Me recuerdas a un dibujo de un hada que vi una vez de pequeño en un libro de cuentos... toda de oro y marfil.

La joven le rodeó el cuello con los brazos y se aproximó a él, estremeciéndose ligeramente cuando sus senos tocaron el pecho desnudo de él. Era como si el vello de su tórax la abrasara. Gimió involuntariamente, frotándose contra él.

—¿Quieres ayudarme tú también a mí? —inquirió Sasuke sacándose la camisa y llevándose las manos al cinturón.

—Yo... —la joven dudó. Su coraje se había disipado de repente ante lo íntimo que resultaba aquello. Se rio al notar que estaba enrojeciendo—. ¡Oh, Sasuke, qué cobarde soy...! —ocultó el rostro en su pecho y lo escuchó reír a él también.

—Bueno, no eres la única —murmuró—, yo tampoco soy un exhibicionista. Escucha, si quieres podemos meternos bajo las sábanas e imaginar que es de noche.

La joven lo miró y se rio. —Esto es ridículo —dijo.

Sasuke se rio también. —Tienes razón —dejó escapar un suspiro—. Bien, ¡qué caray!, estamos casados, supongo que ha llegado el momento de afrontar todo lo que eso implica...

Se sentó en la cama y se quitó los zapatos y los calcetines. Se puso de pie de nuevo para desabrocharse el cinturón, el botón de los pantalones, bajarse la cremallera… Instantes después, Sakura se encontró contemplando lo que hace diferentes a los hombres de las mujeres.

—Se ha puesto usted colorada, señora Uchiha —la picó Sasuke.

—Igual que usted, señor Uchiha —respondió ella.

Él se rio y extendió los brazos en una muda invitación. Sakura le tendió las manos y dejó que la atrajera hacia sí, estremeciéndose al sentirlo completamente desnudo contra sí. Sasuke agachó la cabeza y empezó a besarla mientras sus manos recoman cada centímetro del cuerpo de la joven con verdadera avidez. La joven gimió dentro de su boca cuando sintió que tiraba de sus caderas para apretarla contra las suyas, y se puso como la grana al entrar en tan íntimo contacto con él,

—No tengas miedo —murmuró Sasuke, apartándose de ella un momento para mirarla a la cara—. Creo que sé lo bastante como para que no te resulte doloroso.

—Te quiero, Sasuke... —susurró ella, forzando a sus tensos músculos a relajarse — . No me preocupa que me duela un poco. Quiero ser tuya, y sé que hagas lo que hagas estará bien.

Sasuke la besó con exquisita ternura mientras le acariciaba los senos, formando arabescos imaginarios sobre las areolas. Segundos después, fueron sus labios los que descendieron sobre ellos, cerrándose sobre cada una de las dos cumbres, succionando hasta arrancar gemidos extasiados de la garganta de Sakura. Sasuke la alzó en sus brazos y la depositó sobre la cama, encontrando otros lugares donde besarla que la hacían gemir y suspirar con idéntico placer.

Los libros que había leído eran muy completos y bastante explícitos, pero la teoría era algo distinta de la práctica. Nunca había imaginado que las mujeres tambien pudieran perder el control, ni que sus cuerpos fueran tan suaves, ni que sus ojos adquirieran un brillo salvaje al hacer el amor... De pronto, dar placer a Sakura se había convertido en su único objetivo, y cuando finalmente se colocó sobre ella para la culminación de aquel acto maravilloso, ella estaba totalmente dispuesta para él, desesperada por tenerlo dentro de sí. Sasuke se introdujo con cuidado en su interior, tratando de controlarse todo el tiempo para poder satisfacer la necesidad de ella antes que la de él.

Hubo un instante en que Sakura se tensó, y pareció querer apartarlo, pero Sasuke se detuvo y la miró a los ojos, leyendo el temor en ellos. —El dolor solo durará un momento —le susurró con voz ronca—. Toma mis manos y apriétalas. Lo haré rápido.

Sakura confió en él y tragó saliva. Sasuke empujó con fuerza, y Sakura dejó escapar un leve gemido de dolor, pero al instante notó que su cuerpo lo aceptaba sin más dificultades. Sus ojos brillaban, y el aliento escapaba entrecortado de sus labios. Una sonrisa se dibujó poco a poco en sus labios. —El dolor... ha desaparecido —murmuró.

Sasuke se inclinó para besarla con sensualidad y empezó a moverse dentro de ella, su cuerpo bailando sobre el de la joven, estableciendo el ritmo. Sakura lo seguía, gimiendo a medida que la cadencia se hacía más rápida, y pronto sintió que la espiral de sensaciones iba a más. Comenzó a temblar, su cuerpo totalmente arqueado hacia él por la tensión del momento. Se estaba haciendo casi insoportable. Hubo incluso un momento en que quiso

apartarlo, porque creía que iba a morir si no acababa pronto con aquel delicioso suplicio, pero de pronto alcanzaron el climax, que los inundó como una ola de intenso calor, sacudiéndolos al mismo tiempo, mientras Sasuke gemía su nombre una y otra vez. Unos minutos después yacían juntos, exhaustos pero satisfechos. Sasuke hizo ademán de apartarse, pero la joven lo rodeó con sus brazos y lo retuvo.

—No, Sasuke, quédate un poco más dentro de mí, es tan delicioso... es como ser uno solo —murmuró.

—Te aplastaré con mi peso —repuso él.

La joven sacudió despacio la cabeza con los ojos cerrados. —No, es maravilloso —le aseguró deleitándose en la sensación de su cuerpo sudoroso y palpitante sobre el de ella.

—Parecías una tigresa hace un rato —dijo Sasuke riéndose suavemente—. Me mordiste en el hombro y me clavaste las uñas en las caderas.

—Tú también me mordiste —replicó ella sonrojándose—. Mañana tendré cardenales en los muslos...

—Oh, serán muy pequeños —repuso él alzando la cabeza y mirándola a los ojos—. No pude evitarlo. Me vuelves loco. ¿Sabes?, me siento como si llevara toda mi vida siendo una mitad, y solo ahora estuviera completo.

—Yo también —musitó ella acariciando el contorno de sus labios con el índice. De pronto, para ponerse un poco más cómoda, Sakura movió un poco las caderas, aún unidas íntimamente a las de él, y vio que los ojos de Sasuke relumbraban. Contuvo el aliento y volvió a hacerlo, comprobando encantada que la reacción se repetía, acompañada de un suave gemido.

—Esto es imposible... —murmuró Sasuke incrédulo—, el libro decía que...

Pero un brillo salvaje se había encendido en los ojos de Sakura, y susurró contra sus labios, sonriendo pícaramente: —Al diablo con el libro —y comenzó a moverse de nuevo, reavivando el deseo de los dos.

Sanosuke y Harry estaban esperándolos en la puerta cuando regresaron al rancho. En la mesa del salón había una enorme tarta de bodas que Harry había preparado, y Sanosuke había hecho que el anciano lo llevase a la ciudad para comprarle a su padre un regalo muy especial: el último álbum de Desesperado. La portada era una foto del rostro de Sakura, y estaba realmente preciosa en ella.

—Qué regalo tan estupendo —dijo Sasuke, admirando la fotografía—. Bueno, ahora no tengo excusa para no oír tus canciones —dijo volviéndose a su esposa.

—Papá, ¿a que no sabes qué? ¡Naruto Uzumaki me firmó un autógrafo! Mañana voy a enseñárselo a todo el mundo en el colegio. ¡Verás que envidia! Me estaba volviendo loco tener aquí a Sakura y no poder contarlo.

—¿Tú sabías que era...? —inquirió Sasuke frunciendo el entrecejo incrédulo—. ¿Y no me lo dijiste? — Sanosuke se frotó la nuca y esbozó una sonrisa culpable a modo de disculpa—. De modo que por eso desapareció aquella cinta...

—¿Te diste cuenta de que faltaba? —dijo el chico.

—Cuando regresé a casa, después del concierto, me sentía fatal —contestó Sasuke esbozando una sonrisa triste en dirección a Sakura—. Quería volver a oír su voz, y busqué la cinta, pero me encontré con que no estaba.

—Lo siento, papá —dijo Sanosuke—. Te juro que no volveré a hacerlo, pero es que me temía que la echaras del rancho si te enterabas de que en realidad era una cantante de rock... Sakura es la mejor. ¿Oíste lo que dijo aquel presentador de que habían ganado un Grammy?, pues la canción la compuso ella —dijo admirado.

—Para, Sanosuke, vas a hacerme sonrojar —se rio Sakura.

—No sé si Sanosuke podrá, pero yo sé muy bien cómo hacerlo —murmuró Sasuke rodeándola por la cintura y atrayéndola hacia sí. Y, al instante, la joven estaba roja como una amapola.

—¡Oh!, ¿y sabes qué, papá? ¡Has salido en el periódico! —continuó Sanosuke muy emocionado—, ¡y en las noticias de las seis! Han hablado de cuándo estuviste a punto de formar parte del equipo olímpico de esquí. Dijeron que eras unos de los mejores esquiadores de eslalon del país. ¿Por qué lo dejaste?

—Es una historia muy larga —contestó Sasuke.

—¿Fue por mi madre, no es cierto? —inquirió el chico con expresión grave.

—Bueno, tú estabas en camino, y no me pareció bien dejarla sola en esos momentos.

—¿A pesar de lo mal que se portó contigo? —musitó el muchacho.

El ranchero puso las manos en los hombros de su hijo. —Escúchame bien, Sanosuke, y no lo olvides nunca: para mí fuiste hijo mío desde el momento en que supe que ibas a venir al mundo. Estuve esperando tu nacimiento tan ansioso como un niño que espera el día de Navidad. Compré un montón de cosas para ti, y leí libros sobre cómo ser padre para poder ayudar a criarte. Tenía la esperanza de que cuando nacieras, fueras tan especial para tu madre como ya lo eras para mí, pero por desgracia no fue así. Siento que las cosas tuvieran que ser así.

El chico meneó la cabeza. —No importa —dijo con una sonrisa—. Tú me querías, y para mí eso es lo que cuenta.

—Ya lo creo que te quería, y te sigo queriendo -dijo Sasuke abrazándolo con fuerza.

—Bueno —continuó Sanosuke apartándose de él y esbozando una sonrisa traviesa—, y ya que a los dos os gustan tanto los niños... espero que pronto empecéis a tener unos cuantos. Yo podría ayudar. Harry y yo les cambiaríamos los pañales, y prepararíamos biberones...

Sakura se rio. —Eres un sol —le dijo abrazándolo también—. ¿Seguro que no te importará dejar de ser hijo único?

—¡Claro que no! —exclamó él con contundencia—. A veces es muy aburrido, y los chicos en el colegio tienen casi todos hermanos y hermanas.

—Oh... casi lo olvido —dijo Sakura de pronto—: Naruto te manda un regalo. Está en la camioneta. Salieron todos fuera.

—¡Es un teclado profesional! —exclamó Sanosuke con los ojos como platos. De repente, sin embargo, los miró preocupado—. Oh, Dios... seguro que estoy soñando, o quizá tenga fiebre —dijo tocándose la frente.

—No, estás despierto y estás perfectamente —lo tranquilizó Sasuke entre risas.

—Sakura, ¿vas a seguir con el grupo? —inquirió el chico.

—Sí, solo que hemos decidido que no haremos más giras —contestó ella—. La verdad es que todos estamos cansados, y nos merecemos una vida más tranquila después de trabajar tanto. Además, así podremos concentrarnos en el nuevo álbum y lo disfrutaremos más.

—¡Oh!, ¿pues sabes qué? Sé me ha ocurrido una idea genial para un video que...

Sakura se echó a reír. —Está bien, podrás compartirla con los chicos cuando vengan.

—¿Van a venir de visita'?¿Cuándo? —inquinó él con los ojos iluminados por la emoción.

—Mi tía va a casarse con el señor Dan —lo informó Sakura —, Se van a vivir a Hawái, y nos han dado permiso para usar la cabaña siempre que queramos, así que...

—¡Genial! —exclamó Sanosuke—. ¡Verás cuando se lo cuente a los chicos!

—Además a Naruto se le ha ocurrido que para un tema que compusimos hace poco podíamos grabar el video aquí, con las montañas como fondo, y tú y tus amigos podríais salir en él, os meteríamos en una escena o dos —le prometió—. Incluso podríamos encontrar una escena en la que meter a Harry... —dijo sonriendo divertida en dirección al anciano.

—¿A mí? ¡Ni hablar! —exclamó Harry alarmado—. Si lo hace huiré de aquí.

—En ese caso no he dicho nada —se rio la joven—. Si tuviera que cocinar yo tendríamos que vivir a base de huevos fritos con patatas...

Harry se rio y ayudó a Sanosuke a llevar dentro el teclado. Sakura y Sasuke entraron también. La joven iba a sentarse en el salón, pero Sasuke la tomó de la mano, la llevó al estudio y cerró la puerta.

—¿Te acuerdas de la última vez que estuvimos aquí? —le preguntó entre beso y beso.

—¿Cómo iba a olvidarlo? —susurró ella con una sonrisa—. Por muy poco estuvimos a punto de perder el control...

—Me alegra que no lo hiciéramos —dijo Sasuke entrelazando sus dedos con los de ella—, quería que nuestra primera vez fuera muy especial, una auténtica noche de bodas.

Sakura le acarició la mejilla suavemente y lo miró a los ojos. —Yo también me alegro de que esperáramos —le dijo—. Te quiero, Sasuke, te quiero tantísimo... —murmuró estremeciéndose cuando él la rodeó con sus brazos.

Él la atrajo hacia sí, y la joven apoyó su mejilla en el pecho de él. —Nunca imaginé que encontraría a alguien como tú —suspiró Sasuke acariciándole el sedoso cabello—. Había dado todo por perdido después de mi primer matrimonio. Había renunciado al amor, y creo que también a la vida, a una vida plena... hasta que apareciste tú —dijo mirándola a los ojos—. Tengo miedo de despertar, que todo esto sea solo un sueño.

—No estás soñando —murmuró ella apretándose contra su cuerpo con fuerza—. Estamos casados y pienso amarte durante el resto de mis días, en cuerpo y alma —alzó la cabeza y sonrió traviesa—. De modo que ni se te ocurra intentar escaparte. Te he atrapado y eres mío para siempre, Sasuke Uchiha.

Sasuke se rio suavemente. —Y ahora que me tienes... ¿Qué piensas hacer conmigo?

—Oh, tengo mis planes... —murmuró la joven con una sonrisa conspiradora—. Has cerrado la puerta, ¿verdad? — inquirió con voz seductora.

—Um, sí, la he cerrado. ¿Qué es lo que...? ¡Sakura!

La joven sonrió contra sus labios mientras le desabrochaba el pantalón. —Ese es mi nombre —susurró mordisqueándole el labio inferior, y echándose a reír encantada cuando Sasuke empezó a ayudarla a desvestirlo—. La vida es breve, es mejor que empecemos a disfrutarla ahora mismo.

—No podría estar más de acuerdo —asintió él.

Sus suaves risas se mezclaron en el silencio de la habitación. Junto a ellos, el fuego crepitaba en la chimenea, y fuera había comenzado a nevar de nuevo. Sakura había sido quien había empezado aquello, pero al cabo de un rato Sasuke tomó el control, y ella lo dejó hacer riéndose suavemente. Sabía que en el rancho las cosas se hacían a la manera de Sasuke Uchiha y, por aquella vez, no le importó en absoluto.